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3. Una gramática híbrida Implicaciones del fenómeno híbrido en la ecología

3.1 Lo ecológico en arquitectura De la conservación a la simbiosis

3.2.1. Diferenciación Formal. Heterosis

3.2.2. Repercusión dimensional. La cantidad cualitativa 3.2.3. Agregación adyacente. Colindancia termodinámica 3.2.4. Agregación redundante. La infraestructura habitable

3.2.4.1.Habitar los sitemas pasivos. 3.2.4.2. Habitar los sistemas activos.

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En el capitulo anterior se ha trazado una cronología del edificio híbrido que, partiendo de implicaciones económicas, ha evolucionado hasta la consideración de implicaciones energéticas y ecológicas en su factura. En este capítulo se abordará un análisis de las distintas teorías de control ambiental en arquitectura que permita comprender la evolución del paradigma de eficiencia energética hacia el de redundancia y complejidad ecológica1. A continuación se pretende esclarecer en qué medida estas estrategias de rendimiento se corresponden con una serie de leyes de rango formal que lo respalden y potencien. Por último, se demostrará en qué medida estas leyes formales redundan en una sintaxis híbrida.

Con ello se podrán definir las unidades gramaticales y enunciar las leyes de asociación sintáctica que permitan rentabilizar la asociación híbrida desde un punto de vista energético. Se trata pues de analizar el binomio de híbrido formativo-performativo2 en la arquitectura ecológica, cuya naturaleza trasciende el paradigma de eficiencia y optimización y se acerca al de redundancia y acumulación (Rahim 2005). Esta teoría tratará de constatarse en el último capítulo a través del método de casos, que revelará en qué medida apoyan o contradicen las tesis hasta ahora expuestas.

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A pesar la disquisición propuesta en el título de esta tesis, los términos eficiencia y redundancia no tienen por qué excluirse mutuamente, y pueden reunirse para una redundancia eficiente. Ver Palmer, T.M. 2003. Efficient Redundancy Design Practices. Water Environment Research Foundation.

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El término performativo no se ha admitido en el diccionario de la Real Academia, y sin embargo, como término científico ocupa un lugar importante. Performativo

viene a ser aquello que cobra existencia a medida que se produce, es decir, que adquiere forma de manera consecutiva a su propia evolución. Fueron J. Derrida y J.F. Lyotard los que con mayor tino propiciaron el necesario giro y la adecuación obligada del término a su uso disciplinar. La forma performativa no se predetermina sino que emerge (form-finding) del proceso de diseño (Rahim 2005).

3. UNA GRAMÁTICA HÍBRIDA

3.1

Lo ecológico en arquitectura. De la conservación a la

simbiosis.

“Confundir la vanguardia con la alta tecnología nos parece un error, más bien vanguardia es para nosotros proponer la respuesta oportuna y adecuada a un instante histórico que se acerca. (…). Por lo tanto no hay solo una arquitectura de vanguardia, sino todas las que se orientan en esta dirección lo son y, más aún, las que se adaptan a sus circunstancias, porque exaltan las diferencias.”

Stagno, B. 2004. Climatizando con el Clima. Congreso Panamericano de Arquitectos, La Guadeloupe. Ecología y arquitectura conforman una extraña pareja. La arquitectura ecológica implica de facto una profunda paradoja (Ingersoll 1996). Si la ecología estudia las relaciones existentes dentro del mundo natural, la arquitectura nace históricamente como el conjunto de ingenios diseñados por el ser humano para poder habitar frente a las inclemencias naturales. Incluso cuando se abastece con fuentes de energía renovables, su sola existencia “provoca un desplazamiento ecológico” inevitable (ibid.: 119; Braham 2010). Aunque los principios solares pasivos se habían incorporado de forma intuitiva en la arquitectura vernácula, la Modernidad inaugura una apuesta decidida por “la tecnología como respuesta al problema ambiental” (Ingersoll op.cit.: 119; Porteous op.cit.: 49). Las reivindicaciones ecologistas de la Posmodernidad se trasladaron rápidamente desde la agenda social y política hacia la teoría de la arquitectura3.

Esta divergencia entre ecología y tecnología es precisamente la que diferencia los distintos modelos teóricos de control ambiental aplicados a la arquitectura desde la Posmodernidad. Se presenta a continuación una breve historiografía que, comenzando por Banham4, reúne dichos modelos

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El término ecología no se empleaba fuera del contexto de la biología hasta la publicación de Silent Spring, de Rachel Carson en 1962 (Sargent Wood 2010: 50).

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Pese a su intensificación del discurso posmoderno en torno a la comunicabilidad,

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y permite una primera comparación conceptual. Con mayor o menor coincidencia semántica, nótese la concurrencia mayoritaria por la definición de dos estrategias energéticas opuestas, apoyadas en sistemas arquitectónicos bien diferenciados. Los modelos pasivos se reúnen bajo epígrafes diversos -conservativo, bioclimático, selectivo, sustractivo-, pero coinciden en facilitar “la regulación de la energía libre a través de la construcción” (Fernández Galiano op.cit.:21). Frente a estos, los modelos activos -regenerativo, heliotécnico, exclusivo, aditivo- recurren a “la explotación de la energía acumulada a través de la combustión” (ibid.:21). En oposición a este binomio surge recientemente una tercera alternativa híbrida basada en la rehabilitación y la simbiosis, ligada a una cultura entrópica emergente. La presente tesis defiende que, lejos de ser sistemas excluyentes, los tres son necesariamente compatibles y han de sustanciarse a través de una forma arquitectónica de factura (también) híbrida.

PASIVO ACTIVO OTROS

Ban h am 1969 Conservativo retener las condiciones interiores Construcción masiva Selectivo retener las condiciones interiores Regenerativo

retener las condiciones interiores mediante medios mecánicos G alia n o 1991 Bioclimático Organicismo Energía de la construcción Energía libre Heliotécnico mecanicismo Energía de mantenimiento Energía acumulada Termodinámico (Rehabilitativo) Disipación de la energía H awkes 1996 Selectivo Clima natural Forma abierta Geometría solar Exclusivo Clima artificial Forma compacta Orientación indistinta G u y& Farme r 2001 Eco-Céntrico

Reducción numérica del consumo

El edificio como parásito

Eco-Técnico

Reducción de la huella ecológica del edificio. Estética del High-tech

Eco-estético Eco-cultural Eco-social…

primer texto que “reivindica la importancia conceptual de la tecnología ambiental” dentro de la disciplina arquitectónica (Whiteley 2002: 193).

3. UNA GRAMÁTICA HÍBRIDA H aga n 2001 Simbiosis Formas existentes Pactos novedosos Diferenciación Forma novedosa Reconstrucción ciclos naturales. Visibilidad Expresión formal experimental Van H in te 2003 Conservación (autarquía) Eficiencia Simbiosis (regenerativo) Á b alo s 2 0 1 1 Sustractivo Geografía tropical Ciclo diario Bricolagista

Cultura tipológica E-W

Aditivo

Geografía del frío Ciclo estacional Ambientalista Cultura tecnol. N-S Termodinámico Hibridación de A+B H o se y 2 0 1 2 Conservación (Forma eficiente) Atracción (Forma sensual) Conexión (forma contextual)

fig. 3.1 Esquema historiográfico de distintos modelos de control ambiental en arquitectura desde 1969.

Tradicionalmente los sistemas activos han servido para corregir errores originales de funcionamiento térmico (Ábalos 2011) y su eficacia localizada es mucho menor que la derivada de las decisiones formales o tipológicas (Porteous op.cit.). Su proliferación en la arquitectura, como ya hemos visto, se sitúa en los albores de la era industrial y sólo empieza a decaer coincidiendo con la crisis energética de los 70. En la actualidad su interés ha renacido de la mano de la industria domótica. Por su parte los sistemas pasivos se sirven en cierta medida de la forma, pero actúan de nuevo a escala fragmentaria y tienen por tanto un carácter supletorio y paliativo. Su difusión se sitúa en torno a los años 30 de la mano de los maestros modernos, que vieron necesario incorporarlos para la aumentar la vigencia y versatilidad de sus primeros prototipos.

El embargo energético de los 70 estimuló un interés por la eficiencia energética en la arquitectura5 que revirtió en medidas de evaluación

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Crisis estrictamente energética, y aún no ecológica. En el contexto de la guerra de Yom Kippur de Octubre de 1973 los países productores de petróleo acordaron un embargo de 6 meses contra USA que tuvo “un devastador efecto en la economía mundial (Ingersoll 2012: 578).

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cuantificable -como el grado de aislamiento o la orientación solar- y “no motivó una aproximación más holística” al proyecto (Ingersoll 2012: 578). Esta cultura originó más tarde una proliferación normativa6 destinada a cuantificar el rendimiento energético del edificio en términos de coste- beneficio. Estos estándares recaen sobre todo en prescripciones numéricas y no tanto sobre prestaciones morfológicas que resultarían de más compleja evaluación.

fig. 3.2 Three magnets of environment, D.Hawkes (1996). Diagramas de Stefan Behling, Foster & Partners con ARUP (2002).

Los diagramas de Stephan Behling resumen de manera muy elocuente la inversión de esta tendencia y la restitución futura del valor de la forma sobre cuestiones de menor escala (ver fig. 3.2). A tal efecto el autor distingue tres grandes grupos de técnicas para el control ambiental: tecnología de los sistemas activos; tecnología de los sistemas pasivos; y tecnología de la forma arquitectónica. La inversión de la pirámide vaticina la dominancia de la forma sobre las dos primeras, que han sido las protagonistas del discurso ambientalista durante todo el siglo pasado. Esta inversión supone la obsolescencia del diseño entendido como ensamblaje de patentes tecnológicas.

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Al modo de los sellos de evaluación BREEAM en Inglaterra (Building Research Establishment Environmental Assessment Methodology) o LEED en EEUU (Leadership in Energy & Environmental Design). LEED ha evaluado en la última década más de 14.000 proyectos, basándose en criterios de coste-beneficio (ibid.: 587).

3. UNA GRAMÁTICA HÍBRIDA

La literatura sobre arquitectura ecológica ha proliferado en los últimos años tratando de concretar las claves de un término en constante transformación etimológica y gramatical7. Según Guy y Farmer (2001) la agenda de la arquitectura sostenible promueve una serie de abordajes opuestos y difícilmente reconciliables. La arquitectura eco-técnica (ibid.: 140) se destaca entre ellos por una exaltación de la eficiencia energética - encarnada en el high-tech británico de los 70- que deja poco espacio al discurso sobre cultura tipológica. Frente a esta visión, Hagan (2001) defiende la necesaria coexistencia entre las ciencias ambientales y la tradición tipológica, entre los datos empíricos y la cualificación formal8. Con esta combinación de modelos activo-pasivo nace el nuevo modelo híbrido que hemos anticipado en el esquema historiográfico inicial (fig.3.1). Los modelos exclusivos, incluso las arquitecturas consideradas eco-técnicas, “son en realidad modelos híbridos que combinan técnicas de ventilación y calefacción pasivas con maquinaria de respaldo energético” (Hagan op.cit.: 110; Bothwell 2010).

En la misma línea que Hagan, Ábalos (2008: 4) asume “un modelo técnico y estético híbrido, producto de combinar alta tecnología y sistemas constructivos masivos”. Este permite superar la dialéctica histórica entre sostenibilidad tecnológica y sostenibilidad tipológica9. La especialización tipológica de las distintas franjas climáticas del planeta se superpone, y por tanto se enriquece, con una especialización técnica que permitirá grados de adecuación aún mayores10. Los propios maestros modernos adaptaron

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En ella el término ecología se alterna con el de ambientalismo o sostenibilidad entre otros. El primer texto que hace un análisis histórico del término ambientalism

es Green Shift, escrito por John Farmer en 1966.

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En el texto la autora define una agenda práctica de diseño a través de los conceptos de simbiosis, diferenciación y visibilidad, que se analizarán detenidamente en los siguientes capítulos.

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Que corresponden respectivamente a la dominancia tecnológica ejercida por la Modernidad en sentido Norte-Sur y la cultura tipológica Este-Oeste (ibid.: 3).

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Los hermanos Olgyay fueron los primeros en considerar registros arquitectónicos específicos para las distintas regiones climáticas, condición indispensable al definir gráficamente la envolvente de confort somático (ibid.).

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lentamente el modelo continental al clima tropical, aunque fueron los arquitectos panamericanos de la 3ª generación los que propongan una renovación formal definitiva.

En lo que respecta a las exigencias morfológicas de uno y otro modelo existen opiniones contrarias. Según Bothwell (2010) las medidas pasivas comprometen en mayor grado la expresión formal del edificio que las medidas activas cuyo carácter ubicuo y conexión umbilical permite localizaciones periféricas y por tanto inocuas a nivel formal11. Sin embargo para Los (2007) las medidas activas implican más deformaciones tipológicas que las pasivas. De la hibridación entre ambas surge el enfoque bioclimático12, que ya “interfiere claramente con la configuración tradicional del edificio” (ibid.: 12). El “grado de eficiencia energética” de dicha combinación bioclimática depende en última instancia de la dominancia de los elementos pasivos sobre los activos (Bothwell op.cit.: 67).

Sobre su raíz cultural y aplicaciones estratégicas existe no menos controversia. La cultura de la eficiencia derivada de la crisis energética centró la atención en los consumos frente a una posible rentabilización de los residuos. Las ya históricas tres “R” propuestas por Green Peace - Reducción, Reutilización Y Reciclaje- proponían una estrategia de economía basada en la optimización del ciclo artificial de los materiales, que ha demostrado con el tiempo favorecer una degradación, aunque ralentizada, de los mismos. Frente a esta cultura paliativa, McDonough y Braungart

(2002)proponen una agenda regenerativa que, rompiendo con la tradición

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Esta aseveración explica en parte la preferencia moderna por la intensificación tecnológica.

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El término tiende a usarse coloquialmente como sinónimo exclusivo de medidas pasivas, y en realidad alude a la combinación de ambas. La voz original fue acuñada en 1900 por el climatólogo Wladimir Köppen. El concepto de “arquitectura bioclimática” fue después definido por Olgyay (1963).

3. UNA GRAMÁTICA HÍBRIDA

industrial, se centra en el solape entre los ciclos natural y artificial13. Su propuesta implica que la arquitectura puede replicar los procesos naturales de respiración, crecimiento y fotosíntesis; pero también debe promocionar la amortización de sus residuos, bien sean nutrientes biológicos para la biosfera, o técnicos para la tecnosfera (Ingersoll 2012; McDonough y Braungart 2002; García Germán 2010).

La aplicación de estos principios al ámbito de la arquitectura contemporánea ha producido muchas reacciones y algunas controversias. A este respecto pueden distinguirse tres aplicaciones estratégicas muy vinculadas a la cultura ecológica hasta aquí descrita:

1. Conservación14. Tendencia que se basa en reducir al mínimo los recursos materiales, energéticos e hídricos necesarios para la edificación tanto en el proceso de construcción como en la etapa de consumo (Van Hinte, Neelen, Vink y Vollard 2003; Lee 2011). Se centra en una cultura de la economía, y puede considerarse inherente a la evolución de la tradición tipológica15. Persigue ralentizar el agotamiento de las fuentes de energía, y demuestra un rechazo general por las innovaciones tecnológicas. El optimismo energético originado en la primera era de la máquina supone la única interrupción a esta estrategia, que vuelve a retomarse con beligerancia tras la crisis del petróleo.

2. Eficiencia. A diferencia de la anterior esta cultura es coetánea de la Revolución Industrial. Se trata de obtener el máximo rendimiento energético a partir de unos recursos dados. En la actualidad esta

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El asunto del rediseño ecológico basado en ciclos híbridos había ya sido abordado profusamente por Ian Mcharg en 1970. Ver McHarg, I. 1970. The ecological context. G. Braziller, Nueva York.

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La teoría conservacionista ha sido soportada por los textos de Patrik Geddes y su discípulo Lewis Mumford a principios de la modernidad. Según estos el grado de evolución de un sistema social depende de la cantidad de energía disponible, lo cual revierte políticas conservacionistas (García Germán op.cit.).

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Según Farmer (1999) la cultura de la reducción se remonta a la época de Vitrubio.

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tendencia se reorienta hacia un control inteligente de los sistemas mecánicos, muy en particular los de acondicionamiento ambiental. Cuando esta hipótesis se lleva al extremo se define como “autosuficiencia” e implica una gestión autónoma del suministro y los residuos. Este sistema de ciclo cerrado es el que rige en una estación espacial y en términos terrestres se define como estructura autárquica (Van Hinte et. al. op.cit.).

3. Simbiosis o regeneración16. Consiste en amortizar los residuos emitidos por una de las partes del edificio como nutriente para la otra (Lee 2011) produciendo por tanto un beneficio mutuo17. Es la última de las tres en incorporarse a la arquitectura y se origina en la cultura industrial y agraria con bastante anticipación.

Las referencias sobre arquitectura autosuficiente son abundantes y bien fundamentadas en la historia del pasado siglo. Los sucesivos prototipos autónomos de Fuller18 desde el Dymaxion tuvieron enorme repercusión al respecto en décadas sucesivas. Las primeras investigaciones desde el ámbito académico fueron acometidas por el MIT para el diseño de casas solares, y su propagación comercial se inicia a partir de los 60. Propuestas más ambiciosas como Cape Cod Ark19 ampliaban la autonomía energética de la casa solar con la producción de alimentos (Porteous op.cit.).

Esta segunda estrategia trata de sustituir el combustible fósil por fuentes locales de carácter renovable. El agua procede de la lluvia o del proceso

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Debe ser distinguido del concepto “regenerative” definido por Banham (1969) asociado a la arquitectura de control mecánico del ambiente.

17

La definición coincide con de simbiosis metabólica enunciada en el cap. 1.3.

18

Aunque parte de similares presupuestos a los de P. Geddes o L. Mumford, Fuller defiende producción y eficiencia frente a contención (García Germán 2010)

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En Massachusetts, fue la primera de las bio-cubiertas diseñadas por el New Alchemy Institute en los 70. Se basa en un invernadero solar que reproduce el funcionamiento de un ecosistema completo (Porteous op.cit.).

3. UNA GRAMÁTICA HÍBRIDA

fotosintético de los árboles y las aguas grises se emplean para riego y fertilizante. Pero cabría preguntarse hasta qué punto se trata de una autonomía ilusoria. Aparte del mencionado desplazamiento ecológico provocado por estas fuentes llamadas limpias20, los paneles fotovoltaicos, aerogeneradores y bombas de impulsión necesarios para su explotación se han fabricado e instalado con el uso de combustible y electricidad de la cadena de suministro de las que el edificio pretende independizarse (Braham 2010). La autosuficiencia comúnmente aceptada en arquitectura ofrece muchos beneficios, pero la autonomía total21 no es uno de ellos (ibid.).

fig. 3.3 Autosuficiencia y simbiosis. Casa Autónoma, R. Rogers (Aspen 1992).Molino holandés de 1390. Pabellón de Holanda, MVRDV (Hannover 2000)

Pero el problema de las fuentes de energía, que ha centrado el debate durante décadas, es solo la mitad del problema. La otra mitad recae sobre la eficiencia de las formas de uso, entendida como una reducción del consumo. A nivel doméstico la eficiencia implica un aislamiento térmico suficiente y un mejor equipamiento mecánico22. La eficiencia energética así definida tiene tal repercusión a nivel global, que puede considerarse al lado de carbón, petróleo, gas, nuclear y las renovables como el “sexto combustible” (Hosey 2012: 34) y, según algunas fuentes, la principal fuente de energía. De lo expuesto se concluye que la eficiencia es el resultado conjunto de la reducción consumo y el empleo de fuentes renovables.

20

Mencionado al comienzo de este capítulo y referido por Ingersoll (1996) y Braham (2010).

21

Greenwasher KIT, diseñado por Valentina Karga en 2010, constituye una de las más recientes y radicales experiencias en vivienda autosuficiente. El diseño pretende resolver la total eliminación de acometidas, tanto de suministro como de evacuación. Ver <www.valentinakarga.com>.

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Aunque la incidencia de este último sobre el primero según el informe PDEHU es mucho menor. Con solo reforzar las medidas pasivas, la reducción de demanda de calefacción puede alcanzar el 60% en rehabilitación energética. En esto coincide con la tesis de Bothwell (op.cit.) Fundación la Casa que Ahorra, 2012. PDEHU. Programa Diagnóstico Energético Hábitat Urbano.

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Sin embargo, y pese a su referencia constante en la literatura ecológica, los ecosistemas naturales no se rigen por el recurso de eficiencia, sino por el de cooperación simbiótica que alude ya a la tercera estrategia. El diseño simbiótico deriva de la consideración simultánea de autoabastecimiento energético y procesado de residuos térmicos y materiales –sólidos, líquidos o gaseosos-. Este tipo de asociación simbiótica, poco extendido en la práctica arquitectónica, está ya claramente aceptado en el ámbito de la industria. Su estrategia se basa en reutilizar el excedente de residuos como materia prima para otra industria receptora. Nótese que la “gran cantidad de residuos” requerida para la simbiosis industrial podría resultar contradictorio con las políticas verdes de las grandes empresas (Bermejo 2005: 258). Sin embargo ambas políticas son en realidad complementarias. La cultura del excedente es necesaria para completar la incapacidad práctica de la cultura de la eficiencia para alcanzar una huella ecológica nula

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