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ECOLOGÍA Y EDAD MEDIA PERIODO CARENTE DE EVOLUCIÓN EN

EVOLUCIÓN EN CRITERIOS MEDIOAMBIENTALES

La crisis económica sufrida por el Imperio Romano a partir del siglo III afectó

irremediablemente a lo urbano, produciendo una creciente ruralización y, en

consecuencia, la desaparición de muchas ciudades como centros de consumo.

Posteriormente, con la influencia del cristianismo, las ciudades como núcleos urbanos

fueron recuperando su posición desde finales del siglo IV hasta que, de nuevo se vio

frenada por las invasiones de escandinavos, sarracenos y húngaros, en los siglos IX y

X. Pero es en el periodo que comprende los siglos XI-XIII cuando se produce el mayor

esplendor en el desarrollo del fenómeno urbano de Occidente.

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Uno de los mayores problemas medioambientales en la Edad Media era el

provocado por la quema de carbón, sobre todo en ciudades localizadas en regiones frías

con una primaria y rudimentaria industrialización, no así en regiones de clima

mediterráneo o seco.

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48 Vid. PINON, P. Establece una única diferencia urbanizadora entre ambos universos, oriental y

occidental; apunta que en éste último, desde la Baja Edad Media, se produce una reconquista del espacio público, <<… por las reglas edilitarias y las prácticas de alineamiento, de localización y de

urbanización regulares, lo que ha otorgado parcialmente de nuevo a las ciudades occidentales una nueva ordenación, mientras que en Oriente ha sido necesario esperar al siglo XIX para que tal concepción comience a ser adoptada, bajo la influencia europea… >>. “La transición desde la ciudad

antigua a la ciudad medieval. Permanencia y transformación de los tejidos urbanos en el mediterráneo oriental”. En La ciudad medieval: de la casa al tejido urbano. Actas del primer Curso de Historia y Urbanismo Medieval organizado por la Universidad de Castilla-La Mancha. Jean Passini (coord.) Ed. Universidad de Castilla-La Mancha. Cuenca, 2001, págs. 179-213. Vid. ASENJO GONZÁLEZ, M. En esta época renacieron o se construyeron la mayoría de ciudades que en la actualidad componen la red urbana de Europa Occidental. En Las ciudades en el occidente medieval. Cuadernos de Historia, Vol. 14. Ed. Arco Libros. Madrid, 1996, págs. 9-12. Desde el punto de vista de la climatología urbana, OLCINA CANTOS, J. / MARTÍN VIDE, J., interpretan que si bien esta especialidad nace en los inicios del siglo XX, tanto el mundo clásico como el medieval conocían los procesos urbanos que modifican el clima, entre ellos la contaminación atmosférica. En “La influencia del clima en la historia”, op. cit., pág. 73.

Vid. FUMAGALLI, V., que acentúa el crecimiento espectacular de las ciudades en dimensiones y

número a partir del siglo XI, sobre todo en Italia, donde no se produjo una ruptura entre campo y ciudad. En Las piedras vivas. Ciudad y naturaleza en la Edad Media. Carlos Alonso (tr.) Ed. Nerea. Madrid, 1989, págs. 35 y 36.

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A los problemas de contaminación atmosférica en este extenso periodo se refieren OLCINA CANTOS, J. / MARTÍN VIDE, J. Londres era una ciudad con niveles de contaminación alarmantes y por ello hubo que recurrir a la promulgación de bandos que prohibían la quema de carbón en la ciudad; citan el año 1306, durante el reinado de Eduardo I y también durante el reinado de Isabel I. Pero los antecedentes documentados se remontan a 1257: <<El caso más antiguo y curioso sobre contaminación

del aire […] ocurrió en el castillo de Nottingham […] donde, en una estancia allí, la reina Leonor de Provenza se quejó del hedor procedente del humo del carbón, que le obligó incluso a trasladarse al castillo de Tutbury para preservar su salud>>. Sin embargo, en las regiones de clima mediterráneo o

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Pero sin duda, uno de los focos ambientales más devastador fue el ocurrido a

consecuencia de la catastrófica epidemia de la peste [conocida como la Peste Negra

(1348-1351)] en un contexto urbano, donde se dejó sentir con especial crudeza debido a

que la propagación de la enfermedad sucedió de manera muy rápida, coincidente con

una etapa designada como la “pequeña edad del hielo”.

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Los contagios masivos precisamente se produjeron por las pésimas condiciones

de higiene, salubridad, carestía y hambruna en las que se encontraban las ciudades de la

primera mitad del siglo XIV, que arrastraban una crisis económica y social iniciada en

el mundo rural durante la segunda mitad del siglo anterior.

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El tránsito del paganismo grecorromano al cristianismo en la ecología medieval,

convirtió al pensamiento ecológico en antropocéntrico, doctrina ya nunca abandonada y

sustentadora de las legislaciones ambientales desde sus inicios. Para la doctrina

cristiana del medievo, el hombre domina a la Naturaleza y ésta existe en la medida en

que pueda ayudar al hombre a conseguir un progreso indefinido; por tanto, se adopta un

seco, proliferaron las técnicas de construcción árabes como las medinas, con sus calles estrechas para protegerse del sol y el calor, o el uso de juegos de agua para refrescar el ambiente de viviendas oficiales y civiles, etc. En “La influencia del clima en la historia”, op. cit., págs. 75 y ss. Vid. WHITE, L., que alude también a la contaminación de Londres en 1285 por la combustión del carbón ligero (turba seca utilizada como combustible), así como a fenómenos de erosión del suelo y deforestación con motivo del uso de los primeros cañones en el siglo XIV, que afectaron a la ecología al tener que enviar hombres a las regiones donde había potasio, azufre, hierro o carbón. “The historical Roots of Our Ecological Crisis”. José Tomás Ibarra, Francisca Massardo y Ricardo Rozzi (trads.) En Revista Ambiente y

Desarrollo de CIPMA, núm. 23 (I). Santiago de Chile, 2007, págs. 78-86. La situación se repitió

transcurridos unos cuantos siglos. Al respecto vid. SOUTH, N. / WHITE, R. En 1898, Sir William Blake Richmond fundó en Londres The Coal Smoke Abatement Society como una obra de caridad (más tarde

The National Society for Clean Air, rebautizada de nuevo en 2007 como Environmental Protection UK),

con la misión de fomentar una campaña para ofrecer una respuesta a la fuerte contaminación del aire en esos momentos y dibujar alternativas apropiadas al uso del carbón en el debate científico. La controversia sobre las alternativas al carbón continúa presente hoy en día, especialmente en aquellas economías dependientes de minerales, como el caso de Australia. “The Antecedents and Emergence of a “Green” Criminology”. Conference Paper: American Society of Criminology. En Annual Meeting

Presidential Papers. Selected Papers from the Presidential Panels: Expanding the Core –Neglected Crimes, Groups, Causes and Policy Approaches–. Atlanta (USA), November 2013. Disponible en:

https://asc41.com/Annual_Meeting/2013/Presidential%20Papers/South,%20Nigel-White,%20Rob.pdf

(último acceso 12/07/2015).

50 En este sentido MORALES MUÑIZ, A. / MORALES MUÑIZ, D. <<La climatología relativamente benigna de los siglos pleno medievales (XI-XIII) se deterioró a partir de la mitad del XIV, en lo que ha venido a llamarse pequeña edad del hielo, coincidiendo con una etapa de crisis cuya imagen más paradigmática es la peste negra y sus terribles consecuencias en la demografía y en los paisajes ibéricos>>. “¿De quién es este ciervo?: Algunas consideraciones en torno a la fauna cinegética de la

España medieval”. En El medio natural en la España medieval. Actas del I Congreso sobre ecohistoria e historia medieval. Julián Clemente Ramos (ed.) Ed. Universidad de Extremadura. Cáceres, 2001, págs. 383-406; FUMAGALLI, V. “Las piedras vivas. Ciudad y naturaleza en la Edad Media”, op. cit., págs. 80 y ss.

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Vid. ASENJO GONZÁLEZ, M. Cuantifica las muertes entre un 30% y un 50% en la mayoría de las ciudades. Milán, Génova, Florencia o Nápoles se quedaron con una población inferior a 100.000 habitantes, mientras que Roma, Bolonia o Palermo la vieron reducida a una cantidad que oscila entre los 30.000 y 50.000, al igual que lo estimado en la Península Ibérica (Barcelona, Córdoba, Sevilla, Granada) o en la ciudad lusitana de Lisboa. En “Las ciudades en el occidente medieval”, op. cit., pág. 61.

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modelo antropocéntrico puro.

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A la vez, la Edad Media en Occidente supuso una

verdadera revolución industrial y científica ya vislumbrada de forma tenue varios

siglos atrás, refrendada por numerosos datos históricos

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, pero en cualquier caso su

concepción filosófica y religiosa de la ciencia no hizo posible una revolución del

mismo rango en la protección del ambiente, precisamente por la sujeción de la

Naturaleza a los deseos humanos.

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Una de las razones que nos pueden hacer pensar en la ausencia de normas

reguladoras del ruido en las ciudades, sobre todo en relación a los sujetos, se debe a la

incorporación de los gremios de artesanos y comerciantes a la vida de las ciudades (s.

XI), ya que tenían sobrada capacidad para intervenir en cuestiones municipales de su

52 Vid. WHITE, L. Dibuja lo que el cristianismo comunicó al hombre sobre sus relaciones con el

ambiente: <<El cristianismo es la religión más antropocéntrica que el mundo ha conocido,

especialmente en su forma occidental […] El hombre comparte, en gran medida, la superioridad de Dios sobre la naturaleza. El cristianismo, en contraste absoluto con el paganismo antiguo y las religiones asiáticas (exceptuando quizás, al zoroastrismo), no solo estableció un dualismo entre el hombre y la naturaleza, sino que también insistió en que era la voluntad de Dios que el hombre explotara la naturaleza para su propio beneficio>>. Para el autor, poco ha cambiado al respecto y el hecho de que las

religiones influyan tanto en la filosofía ecológica se debe a que las personas se ocupan de la ecología dependiendo de cómo se ven a ellas mismas en relación al mundo que las rodea; por ello <<La ecología

humana está profundamente condicionada por las creencias acerca de nuestra naturaleza y destino, es decir, por la religión. Para los occidentales esto es evidente en la India o Ceilán. Esto es igualmente cierto para nosotros y nuestros ancestros medievales>>. En “The historical Roots of Our Ecological

Crisis”, op. cit., págs. 82 y 83.

53 Vid. ACIÉN ALMANSA, M. Muestra abundantes datos sobre la actividad comercial e industrial en

ciudades como Córdoba, Granada, Ronda, Sevilla, Almería o Alicante, ciudad donde se ha documentado la existencia de una zona industrial anterior al siglo XI. “La formación del tejido urbano en al-Andalus”. En La ciudad medieval: de la casa al tejido urbano. Actas del primer Curso de Historia y Urbanismo Medieval organizado por la Universidad de Castilla-La Mancha. Jean Passini (coord.) Ed. Universidad de Castilla-La Mancha. Cuenca, 2001, págs. 11-32.

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Cfr. MATELLANES MERCHÁN, J. V., que observa en los Fueros del siglo XIII la primera respuesta ecológica ante la explotación del medio natural, mencionando incluso esta época como la primera en legislar sobre cuestiones de contaminación ambiental e incluso acústica. Pero desde un análisis integrador, concluye que la relación entre el hombre medieval y su entorno está mediatizada por la defensa de unos bienes vitales para la supervivencia, no por cuestiones conservacionistas, sino por la necesidad de proteger el equilibrio que haga posible la economía de subsistencia. “Aproximación a la política ecológica y cinegética en los Fueros del siglo XIII”. En El medio natural en la España medieval. Actas del I Congreso sobre ecohistoria e historia medieval. Julián Clemente Ramos (ed. lit.) Ed. Universidad de Extremadura. Cáceres, 2001, págs. 335-356. Vid. WHITE, L. Cuestiona la influencia que la teología pudo tener en científicos como Galileo, Newton o Leibnitz, hasta que a finales del siglo XVIII se desechó por muchos científicos la <<… hipótesis de Dios>>. En “The historical Roots of Our Ecological Crisis”, op. cit., pág. 84; CLEMENTE RAMOS, J. Interpreta la fase de la Edad Media como gran transformadora en términos generales, pero el terreno ecológico aparece como condicionante negativo de la actividad económica. Tal hipótesis se sustenta con una ausencia casi total de parajes vírgenes a finales de la Edad Media. “La evolución del medio natural en Extremadura (c. 1142-c.1525)”. En El medio natural en la España medieval. Actas del I Congreso sobre ecohistoria e historia medieval. Julián Clemente Ramos (ed. lit.) Ed. Universidad de Extremadura. Cáceres, 2001, págs. 15-56. Vid. JORDANO FRAGA, J. Considera que esta etapa histórica no presenta un enfoque ambiental en sus normas, sino que se enmarcan en la esfera de protección de derechos e intereses particulares, aunque sin proponérselo surgiera a través de las mismas un <<primigenio derecho de los recursos naturales>>. En “La protección del derecho a un medio ambiente adecuado”, op. cit., págs. 23-25.

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interés, como lo relacionado a normas o sanciones que afectaran a sus respectivos

oficios y negocios, llegando incluso a distribuirse calles enteras en las que se

instalaban por sectores específicos (alfareros, curtidores, cuchilleros, tejedores,

zapateros, cerrajeros, etc.)

Fijaban unas minuciosas ordenanzas en las que se indicaban

las técnicas de trabajo, instrumentos que debían utilizarse, número de empleados o días

considerados festivos, así como cuestiones de muy diversa índole.

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El umbral de ruido tenía por fuerza que ser superior al soportado por la

civilización greco-romana, porque además de producirse un aumento considerable de

población, la profusión de iglesias, templos y monasterios generaba un constante y

diario toque de campanas como forma de comunicación, con diferentes tonalidades

propias y distintivas de cada ciudad y situación, que alertaban acerca de posibles

amenazas, desgracias, o simplemente invitaban a la calma y la quietud.

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55 Vid. TORQUEMADA SÁNCHEZ, Mª J. Las cuestiones municipales en materia de medio ambiente

del entorno rural (conservación de aguas públicas, conservación de árboles y plantas, protección de fauna autóctona) y medio ambiente urbano o local (limpieza y salubridad, polución urbana producida por carnicerías, pescaderías, fábricas de curtidos, etc. por los vertidos que depositaban, abandono de cadáveres de animales y otras acciones como defecar en la calle o lavar ropa en fuentes o arroyos que atravesaran la población) eran sancionadas con multas (en maravedíes) por los almotacenes (figura similar a la del edil romano), que a su vez eran designados por los concejos y sólo ante ellos rendían cuentas. Es más, cuando los organismos centrales de poder (las Cortes o el Monarca) intervenían en la vida urbana de la Edad Media lo hacían gracias a los concejos, o con el fin de dotar a determinadas ciudades de privilegios de índole local. <<… dado el espíritu que dominaba durante la etapa medieval y

en tanto no se vino a poner orden en la prelación de las fuentes jurídicas castellanas, cosa que sucedería ya bien entrado el siglo XIV, prevalecerían las disposiciones locales… >>. Se encuentran

numerosas y heterogéneas disposiciones que afectan al ambiente rural en distintas fuentes, como el Fuero de Madrid, de Cáceres, Ordenanzas de Loja (Granada), Ordenanzas de Chinchilla (Albacete), Fueros de Sepúlveda, Fueros de Santiago, Fuero de Plasencia, Fuero de Alcalá de Henares, Fuero de Soria, Fuero de Úbeda, Fuero de Baeza, , Ordenanzas de Ávila, etc., que, si bien a veces eran abordadas por las leyes de las Cortes castellanas en lo concerniente al agua o a flora y fauna (con independencia del concejo a que estuviese adscrito), en lo relativo a preservación de higiene y salubridad de los centros urbanos eran las normas incluidas en los fueros locales las que se encargaban de proceder a su promulgación. <<… el

Monarca castellano nunca reclamó para sí la potestad legislativa en estas materias, sino que se entendían como naturalmente atribuidas a los órganos de gobierno municipal… >>. En Derecho y medio ambiente en la Baja Edad Media castellana. Ed. Dykinson. Madrid, 2009, págs. 17-68.

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Vid. MATELLANES MERCHÁN, J. V. Uniéndose a la posición de RÖSENER, sugiere que, a comienzos del siglo XIV gran parte de Europa había alcanzado un nivel de población tan alto que los recursos naturales y el ecosistema se veían amenazados, fruto también del desarrollo económico y técnico producido entre los siglos XI y XIV. <<Las grandes roturaciones en los bosques y el desecado

de amplias zonas pantanosas, para ponerlas en explotación, llevaron a una situación crítica entre el hombre y el medio>>. “Aproximación a la política ecológica y cinegética en los Fueros del siglo XIII”,

op. cit., pág. 336. En relación a la implicación del toque de campanas en el Medievo vid. HENDY, D. “Noise. A Human History of Sound & Listening”, op. cit., págs. 105-114.

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Sucesivamente, se diversificaron las formas de vida, de comportamiento y

relaciones. No obstante, se produce una nueva visión urbanizadora, abandonando

definitivamente el modelo romano de ciudad, en el que imperaba la separación de

grupos de viviendas con una apariencia desorganizada, para dejar paso a la apertura de

grandes arterias y vías en las que se alineaban las viviendas, aún permaneciendo

muchísimas calles secundarias como acceso a diferentes puntos de la ciudad.

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Menos aún podemos olvidar el derecho musulmán, presente en los paisajes

urbanos de las ciudades peninsulares del al–Andalus, que, en cuestión de usos sociales

en los centros urbanos, se enmarca dentro de una disminuida protección del derecho del

vecino en pos de la propiedad privada.

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Un hecho relevante en materia de ruido fue

que en aquellos lugares donde confluyeron Islam y Cristianismo, como la ciudad de

Constantinopla, centro del Cristianismo ortodoxo (posteriormente llamada Estambul)

sobrevino un impacto inmediato en el paisaje sonoro de la urbe. Las campanas habían

sonado en la mayoría de las iglesias cristianas bajo el Imperio Romano, pero un

consejo islámico decretó en el año 630 d.C. que llamar a los fieles a la oración sólo

debía hacerse por medio de la voz humana. Este fallo permitió una rica variedad de

tonos y estilos vocales que florecieron en el mundo musulmán, pero fue relevante para

los cristianos en otro sentido, pues se les permitía sonar campanas dentro de sus

propios edificios con sobriedad, sin embargo al aire libre, el ruido era anatema.

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57 No sigue la interpretación de la influencia de los gremios en la ausencia de datos sobre ruido

ASENJO GONZÁLEZ, M., pero destaca la gran innovación urbanística de la época y el aumento espectacular del comercio y la artesanía, cuyos centros de trabajo se localizaban casi por completo en el interior de las ciudades. Se refiere también a las consecuencias negativas que tuvo para la producción la inestabilidad social que se manifestó durante el siglo XV en forma de revueltas urbanas. En “Las ciudades en el occidente medieval”, op. cit., págs. 61-65.

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Vid. VAN STAËVEL, J. P. Realiza un magnífico estudio de lo que supuso la obra del jurista de Tudela Ibn al-Imam, en el s. X. Se trata de un conjunto de normas, decisiones judiciales ejemplares y opiniones jurídicas, que se ocupa fundamentalmente de las relaciones vecinales privadas, derechos y obligaciones entre propietarios de casas vecinas, y eso es precisamente lo que le otorga un carácter especial. Parece que la Tudela donde nació y se formó (aunque posteriormente completó sus estudios en Córdoba) experimentó un fuerte crecimiento urbano y demográfico. “Influencia de lo jurídico sobre la construcción. Análisis D’Ibn al-Iman al-Tutîlî (Tudela, final del siglo X)”. En La ciudad medieval: de la

casa al tejido urbano. Actas del primer Curso de Historia y Urbanismo Medieval organizado por la

Universidad de Castilla-La Mancha. Jean Passini (coord.) Ed. Universidad de Castilla-La Mancha. Cuenca, 2001, págs. 215-239.

59 Vid. HENDY, D. En Europa occidental, las casas benedictinas, por ejemplo, eran increíblemente

precisas en sus prácticas. Directrices, formuladas originalmente por la Iglesia de Cristo en Canterbury en el s. XI, como la llamada para despertar a los monjes benedictinos a su principal acto religioso del día, por una pequeña campana llamada el signum parvulum. También era común en la antigua China anunciar periodos de adoración golpeando una campana; el toque de queda que cayó sobre la vieja Beijing en los días de la dinastía mongol, por ejemplo, suceso descrito por Marco Polo. En “Noise. A Human History of

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