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UNA ECONOMÍA AGRARIA COMO FORMA DE VIDA

CAPÍTULO III: ACERCA DE “LO INDÍGENA” EN COLOMBIA

3.2. UNA ECONOMÍA AGRARIA COMO FORMA DE VIDA

El desarrollo de un proyecto ganadero cobra una particularidad determinante cuando el mismo se desarrolla en una comunidad indígena. Es por lo tanto imprescindible para el éxito de un proyecto de estas características el entender e integrar estos elementos, más en un contexto resultado de un desastre natural:

19. Oscar Fernando Cobo y Omaira Calvo Giraldo (2007). “Los hijos de la avalancha”. En, Porik An, año 9, número 12,

diciembre de 2007, Facultad Ciencias Contables, Económicas y Administrativas Universidad del Cauca, Popayán, Colombia ISSN 0124-0528 Edición: 600 ejemplares Páginas 126 y 127.

Para la cultura Nasa todas las cosas de la naturaleza tienen vida y es de ahí, de esa confabulación de donde surge el mundo y a partir de él, todas las creaciones y entre ellas los Nasa. Para ellos la vida es la armonización posterior a un estado previo de cataclismo y desorden, e indirectamente responde a un principio creador cuya fuerza no es producir vida, sino proporcionar el ordenamiento necesario para que esta se dé (Gómez, Ruiz, 1997:50). En este contexto, se puede entender lo sucedido con la avalancha del río Páez como un acontecimiento de desorden social que los llevo a reafirmar su identidad.20

A este respecto, la antropóloga colombiana Ximena Pachón Castrillón recupera dos aspectos básicos que presenta el pueblo Páez, en su trabajo titulado “Páez”21. En este texto la autora señala lo siguiente sobre la economía agropecuaria de esta comunidad indígena:

“Los Páez son un pueblo agrícola. Su economía, basada en una rudimentaria tecnología, es básicamente de autoconsumo y se caracteriza por el policultivo en pequeña escala. Los ciclos vitales y las actividades cotidianas se encuentran determinados por el trabajo de la tierra y por las fases agrícolas. Dentro de la mentalidad indígena, el ser Páez implica ser un buen trabajador de la tierra.

Para estos indígenas, la tierra es mucho más que un simple medio de producción, es la esencia de su vida y la fuente de su seguridad. La lucha por ella y por su territorio está presente a lo largo de toda su historia étnica. Cada resguardo, cada familia, cada indígena han luchado y sigue luchando

20. Oscar Fernando Cobo y Omaira Calvo Giraldo (2007). “Los hijos de la avalancha”. En, Porik An, año 9, número 12,

diciembre de 2007 (Colombia: Facultad Ciencias Contables, Económicas y Administrativas Universidad del Cauca, Popayán). Página 130.

Recuperado de Internet el 12 de octubre de 2020:

https://www.maestriadesarrollo.com/sites/default/files/articulosrevistas/articulo5.pdf

21. Ximena Pachón Castrillón (1987). “Páez”. En, Instituto Colombiano de Antropología (1987). Introducción a la

Colombia Amerindia (Bogotá, Colombia: Ministerio de Educación Nacional, Instituto Colombiano de Cultura).

apasionadamente por defender su parcela, su resguardo y su territorio. Los cabildos saben que su función primordial es la defensa de las tierras de su comunidad.

Sin embargo, a pesar del celo con que los Páez por siglos han defendido su territorio, la lucha ha sido desigual. Colonos pobres, agricultores y ganaderos han ido tomando posesión de sus antiguas propiedades, muchas veces auspiciados por el mismo Estado o por la Iglesia. Ellos han perdido las tierras más fértiles y fáciles de cultivar, los han reducido muchas veces a la condición de simples "terrajeros" y viéndose en la obligación de pagar con un determinado número de días de trabajo el derecho a vivir y cultivar las tierras que antes eran suyas.

La forma de tenencia típica de los resguardos es la adjudicación por parte del Cabildo; la presencia de formas diferentes a ésta nos atestigua los procesos de descomposición por los que atraviesan los diversos resguardos.”22 (Página 249).

Se hace énfasis aquí en el profundo arraigo de las comunidades indígenas de los Páez con su tierra y territorios. Un elemento central para cualquier proyecto de desarrollo rural y aún más en una situación de reubicación geográfica como la vivida por la comunidad Path Yu´. Una profunda relación que define a su vez las formas de las distintas actividades agropecuarias que desarrollan. En particular la comunidad de Path Yu´ tiene una economía ligada a la producción agropecuaria cuyo objetivo principal es el autoconsumo que se caracteriza por el policultivo con siembras a pequeña escala al cuidado básicamente del trabajo familiar. Debe tenerse presenta que a lo largo de la historia estas comunidades indígenas han sido arrebatadas de las mejores tierras. En muchos casos, con la pérdida de la tierra, los indígenas se ven reducidos a la condición de “terrajeros”, en una condición de “servidumbre” donde pagan con días de

22. Ximena Pachón Castrillón (1987). “Páez”. En, Instituto Colombiano de Antropología (1987). Introducción a la

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trabajo al “terrateniente” la posibilidad de cultivar tierras que antes fueron de la misma comunidad indígena.

Es muy significativo en este contexto comprender que muchas veces los “proyectos de desarrollo rural” que impulsa el Estado están dirigidos a la comercialización de productos. Que en estos proyectos su “rentabilidad” se evalúa en términos de la relación “costos/beneficios” y esto se mide “monetariamente”. Pero este no es el caso de la mayoría de las comunidades indígenas, donde la producción agropecuaria tiene una finalidad en el autoconsumo; y solo muy tangencialmente destinada al mercado y movida por un intercambio monetario.

El cultivo del maíz es generalmente la principal actividad sobre la que giran otros cultivos como el fríjol, la papa, el haba, el ulluco y la arveja. Todo dependiendo de las condiciones para explotación, principalmente en los distintos pisos térmicos de la región. Siendo el maíz un producto que se adapta bien a la mayoría de estos pisos térmicos, de tal forma que normalmente el maíz se siembra asociado a otros cultivos tales como arracacha, fríjol, arveja, yuca entre otros. Siendo en este sentido autosuficientes en semillas, que ellos mismo escogen como “las mejores” y guardan para la próxima siembra.

A la par de los cultivos tradicionales, el café o la caña de azúcar se han incorporado a la actividad agrícola de las comunidades Paeces, como consecuencia de la influencia de la población no indígenas y las exigencias de una actividad mercantil, aunque son cultivos a los que en definitiva las comunidades indígenas de la región de Tierradentro les prestan poco cuidado. Pero siempre hay una presión “externa”, recientemente fue el fique, que siendo una planta tradicional en el territorio colombiano, las circunstancias de su producción cambiaron para las comunidades indígenas cuando se promovió como “negocio”:

“El fique es otro cultivo importante. Fue introducido a finales de la década de los 50 a través de una vigorosa ofensiva oficial y privada; su implantación trajo resultados nefastos para las frágiles economías de múltiples resguardos del Cauca. Los cultivos tradicionales, que garantizaban la precaria

supervivencia familiar, fueron suplantados por este nuevo producto y las mejores tierras se reservaron para sembrarlo. Lo costoso de su producción, dada la cantidad de fuerza de trabajo que requiere su cultivo, además de la necesidad de implementos mecánicos como las “desfibradoras”, unido a la inestabilidad de los precios y la disminución de su mercado, han llevado a que el hambre y la pobreza se generalicen aún más dentro de la población indígena del departamento.”23

El caso del fique es un buen ejemplo de una actividad dirigida al mercado y que termina siendo contraproducente desde la perspectiva de una mejor calidad de vida para sus productores indígenas.

Los cafetales, de una introducción relativamente reciente en la vida de estas comunidades indígenas, se han convertido en una de las más significativas fuentes de ingresos monetarios, al tener un destino de comercialización fuera de la región y con ello una retribución en dinero. Sin embargo, dada que la economía agropecuaria está más dirigida hacia el autoconsumo y eventualmente al intercambio de bienes de consumo, estas plantaciones de café, como pasa con otras actividades con una finalidad comercial, incluyendo la actividad ganadera, no son del interés prioritario en la comunidad indígena, de tal manera que (sobre todo visto desde afuera) son actividades a las que se les presta un mínimo de atención y cuidado. Igual pasa con la caña de azúcar que para estas comunidades no tiene como finalidad su comercialización sino para su consumo. De tal forma que el cuidado que se le da a estos cultivos se limita a un mínimo que simplemente garantice su disponibilidad para el autoconsumo y, el caso del café, cualquier remanente que se venda en el mercado es bien visto pero no una finalidad en sí misma.

En general, en toda la región de Tierradentro, se conservan las mismas formas o prácticas de cultivo tradicionales como la “roza” y la organización colectiva del trabajo que es principalmente masculino en

23. Ximena Pachón Castrillón (1987). “Páez”. En, Instituto Colombiano de Antropología (1987). Introducción a la

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“mingas”. Donde debe destacarse el mantenimiento de una autosuficiencia en lo que a semillas se refiere y que proviene de la escogencia de las mismas sobre la base de la cosecha previa.

Ahora bien, esta lógica en la organización y finalidad de las actividades agrícolas se sigue en la ganadería. Si bien las más importantes actividades pecuarias en la región responden a especies animales de introducción europea, las comunidades indígenas las han adaptado a su propia forma de vida. Como describe Ximena Pachón, las presiones que reciben estas comunidades desde afuera son muchas y vienen a modificar, en general con resultados negativos, la actividad agropecuaria tradicional de las comunidades Paeces. Y en referencia a la ganadería, dado el proyecto de desarrollo ganadero del cual se ocupa la presente investigación, es muy importante recuperar también lo que esta investigadora relata de la forma de vida de estas comunidades indígenas:

La actividad ganadera es el otro renglón significativo dentro de su economía. Esta se practica con muy pocas excepciones de manera extensiva, limitándose el cuidado a darles sal de vez en cuando y evitar que el ganado se extravíe. Generalmente no existen tierras destinadas exclusivamente a esta actividad productiva, sino que los animales andan sueltos por rastrojos y pajonales. Sin embargo, disponer de ganado vacuno tiene gran importancia dentro de su vida económica, no solo les permite venderlo en cualquier momento y tener dinero para solucionar una necesidad impostergable, sino que el consumo de carne de res es un elemento fundamental para poder realizar mingas y trabajar colectivamente sus parcelas.

Por su parte, el ganado caballar es altamente valorado; el caballo no solamente es necesario para la molienda de caña, sino indispensable para transportar la carga por los escarpados y difíciles caminos existentes en la región. La ausencia de carreteras y otros medios de transporte explica la estimación que estos indígenas les dan a los caballos. A pesar de la importancia del ganado vacuno y caballar, son tal vez las ovejas los animales más preciados dentro de la cultura Páez. Las cuidan,

las quieren, rara vez las venden y solo se consumen en ocasiones muy excepcionales. Son de propiedad de las mujeres y todas las familias, idealmente, deben tener por lo menos una oveja, de ella deben extraer la lana para tejer las ruanas, las jigras y otros elementos indispensables del ajuar indígena.

El encontrarse la economía Páez orientada fundamentalmente hacia el autoconsumo y supervivencia de las unidades domésticas, no implica que no participen, en condiciones muy desventajosas, en la economía del mercado dentro de la cual se encuentran inmersos. Esta participación se efectúa a través de la compra de productos como herramientas, semillas y algunos comestibles, y con la venta, en condiciones desventajosas, de parte de su producción. (Pachón, 1987, p. 253 24)

Así, pues, la ganadería responde en última instancia en estas comunidades indígenas a ese propósito del autoconsumo. El mercado y la comercialización, como pasa con los productos agrícolas, en lo que se refiere a la actividad ganadera se encuentra en un muy segundo plano. Más cuando en muchos casos y producto de “malos negocios” los indígenas se endeudan y luego ven el peligro de perder sus tierras por ese endeudamiento.

Por último, y en referencia a la actividad pecuaria, hay un elemento muy distintivo referido a la cría de ovejas. Estos animales son de una gran importancia básicamente por la producción de lana que a su vez es la materia prima con la que se elabora muchas de las prendas de vestir al interior de las comunidades indígenas. Son un animal doméstico que pertenece y cuidan las mujeres y cada familia debe tener al menos una. De esta lana y junto con otras fibras tradicionales como el fique, se elaboran prendas como las “ruanas” y las “jigras, elementos siempre presentes en la vestimenta de estas comunidades indígenas:

24. Ximena Pachón Castrillón (1987). “Páez”. En, Instituto Colombiano de Antropología (1987). Introducción a la

Colombia Amerindia (Bogotá, Colombia: Ministerio de Educación Nacional, Instituto Colombiano de Cultura). Página

“Esta jigra es uno de los tejidos más antiguos elaborado en fique, que la niña aprende a hacer en espiral y representa la matriz de la mujer, ella es la creadora y tejedora de vida en la familia. La mujer debe tejer 7 jigras antes de poder casarse. Se utiliza para cargar los alimentos y son hechas de tal forma que soporten grandes cantidades de peso, hasta de 5 arrobas. Las jigras tejidas en cabuya tienen a su vez una clasificación que va de acuerdo a la función que se le vaya a dar, pues si son para uso en público son mucho más elaboradas, como sucede con el puûz ya’ja que son jigras especialmente para terciárselas en asambleas o fiestas. El tejido de jigras y ruanas acompaña todos los momentos de la vida de una persona, pero especialmente de la mujer Nasa. Antes se destinaba el tejido de jigras para el tiempo de menstruación, gestación y dieta.”25