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CAPITULO II. EL MERCADO DE TRABAJO: IMPLICACIONES Y

2.8 Edad y mercado de trabajo

La edad es una variable que también conviene tener presente en los distintos planteamientos del mercado laboral. La incorporación al mundo del trabajo tiene lugar normalmente durante la juventud y la edad adulta temprana. Se empieza con el cambio del sistema educativo al mercado laboral a través de la búsqueda de empleo o la incorporación a un empleo. En la actualidad, los procesos de inserción laboral han experimentado grandes transformaciones. En los últimos veinte años se ha producido una tendencia a que los jóvenes permanezcan más tiempo en el sistema educativo y hacia una mayor duración de posiciones intermedias entre la integración plena en el sistema educativo y el mundo laboral.

Hasta los 21 años no hay apenas diferencias en los porcentajes de empleo por edades entre hombres y mujeres. En el intervalo de 21-25 años se aceleran los porcentajes de empleo de las mujeres, que se posicionan por encima de la de los hombres aunque volverán a igualarse posteriormente (IVIE, 2006e).

A los 30 años de edad, entre un 30% y un 40% de los jóvenes permanece en situación de inactividad.

El 30% de los jóvenes compagina estudios y trabajo entre los 20 y los 23 años de edad.

A los 16 años los porcentajes de jóvenes que están estudiando a tiempo completo son muy elevados, pero estos porcentajes van descendiendo a medida que aumenta la edad. Sin embargo, el porcentaje de inactividad a los 30 años de edad se sitúa en el 22% en zona urbana.

Las personas que sólo han finalizado los estudios obligatorios, aunque empiezan a trabajar en edades posteriores a la finalización de esos estudios tienen tasas de inactividad en casi todos los años superiores al 40%.

Los jóvenes pueden estar estudiando y buscando trabajo a la par, o trabajando pero buscando otro empleo, aunque la combinación que se da con más frecuencia es la de los jóvenes que estudian y trabajan a la vez. Estos representan unos porcentajes que oscilan entre el 10% a los 16 años y un máximo del 27% a los 20 años; estos valores tienden a disminuir entre los 20 y los 30 años de edad.

A mayor edad, mayor es también la proporción de trabajos permanentes, autónomos, con movilidad geográfica y trabajos que requieren retos. Por otro lado, en edades más jóvenes es mayor la proporción de trabajos temporales, con horarios flexibles, a tiempo parcial e infracualificados (IVIE, 2009j).

Cuando las personas se incorporan al mercado de trabajo, con el tiempo adquieren una mayor experiencia que se traduce en una forma de capital humano. Sin embargo, una idea a reseñar es la que señala que cuando la edad supera un determinado nivel, el capital humano de las personas refleja un proceso de obsolescencia (IVIE, 2009b).

El perfil salarial de aquellos que tienen la enseñanza obligatoria no muestra una tendencia a decrecer, aunque en todo caso, es bastante menor que el de otros niveles

de formación. Por otro lado, en los licenciados o doctores sí se observa un proceso de reducción salarial a partir de cierta edad.

Según datos de la EES (Encuesta de Estructura Salarial) del año 2006, los mayores salarios corresponden a las personas con estudios superiores, y más concretamente, los que tienen entre 50 y 59 años, ganan de media más del doble que la población más joven con esos estudios.

Con respecto a la experiencia medida por la antigüedad, los salarios van aumentando a lo largo de la vida laboral hasta los 50-55 años, pero a partir de ese momento en que se alcanza un valor máximo en los ingresos, éstos disminuyen paulatinamente hasta el momento en que se llega a la jubilación (IVIE, 2009i). Podemos concluir que, en general, los salarios tienen una relación directa con la edad, pero a partir de una determinada edad, el incremento de experiencia no va asociado a un incremento de salario; este hecho se constata en los años previos a la jubilación.

El capital humano de una persona se deprecia cuando su salario esperado decrece a medida que aumenta la experiencia, mientras que se aprecia cuando el salario esperado aumenta al aumentar los años de experiencia.

Si enlazamos las variables edad (y más concretamente el paso del tiempo que se traduce en mayor experiencia) y nivel de formación podemos hacer las siguientes afirmaciones: el capital humano de los que cursaron la enseñanza obligatoria no se deprecia, puesto que al no haber adquirido apenas conocimientos en el sistema educativo, el valor de la formación se mantiene en niveles bajos. Por el contrario, el capital humano de licenciados y doctores se aprecia rápidamente al inicio de la vida

laboral y se deprecia alrededor de 30 años de experiencia, lo que se corresponde con una edad de aproximadamente los 55 años, que es cuando llega a su punto más alto.

En IVIE (2008b) se apunta que las posibilidades de ocupación aumentan con una mayor formación, aunque disminuyen con la edad. La participación en el empleo disminuye con el aumento de la edad, sobre todo en los niveles educativos bajos. Si el nivel de estudios es de primaria, la probabilidad de encontrar empleo comienza a bajar a partir de los 45 años, tanto en hombres como en mujeres. En licenciados y doctores, sin embargo, se produce un punto de inflexión a los 48 años en los hombres y los 47 años en las mujeres, ya que a partir de esa edad desciende la probabilidad de ocupación.

A mayor nivel educativo, más similar es la participación de hombres y mujeres en el mercado de trabajo. Las mayores posibilidades de adaptarse a los cambios y a las nuevas necesidades surgidas en el mercado laboral que tienen las personas con mayor nivel educativo, explican que la participación sea similar entre géneros cuanto mayor es el nivel de estudios.

Las diferencias en la probabilidad de ocupación por sexos son reducidas cuando se trata de licenciados y doctores, con una distancia que permanece casi invariable desde los 25 años aproximadamente y hasta los 45. A partir de ahí, se incrementa la diferencia a favor de los hombres debido a la caída de la ocupación femenina que puede tener relación con la tan repetida conciliación de la vida familiar y laboral.

En el gráfico nº 2.2 representamos la influencia de la edad sobre la probabilidad de estar ocupado, estimaciones para hombres y mujeres que cursaron estudios

superiores. En este colectivo, la población se incorpora al mercado laboral en torno a los 25 años.

Gráfico nº 2.2 Influencia de la edad sobre la probabilidad de estar ocupado: estimaciones para hombres y mujeres, con estudios superiores

0 0,1 0,2 0,3 0,4 0,5 0,6 0,7 0,8 0,9 1 0 10 20 30 40 50 60 70 Edad P ro b a b il id a d Hombres Mujeres

Fuente: IVIE (2008), Cuadernos de Capital Humano, nº 91: “Factores determinantes del rendimiento de la educación”.

Para el resto de niveles educativos, las diferencias entre sexos en la probabilidad de ocupación aumenta hasta aproximadamente los 55 años, debido al descenso continuo de la ocupación femenina desde los 35 años hasta el término de la vida activa.

En el gráfico nº 2.3 se representa la influencia de la edad sobre la probabilidad de estar ocupado, estimaciones para hombres y mujeres que cursaron secundaria obligatoria. Este colectivo se integra en la población potencialmente ocupada a los 16 años y se retira a los 65 años.

Gráfico nº 2.3 Influencia de la edad sobre la probabilidad de estar ocupado: estimaciones para hombres y mujeres, con estudios de secundaria obligatoria

0 0,1 0,2 0,3 0,4 0,5 0,6 0,7 0,8 0,9 1 0 10 20 30 40 50 60 70 Edad P ro b a b il id a d Hombres Mujeres

Fuente: IVIE (2008), Cuadernos de Capital Humano, nº 91: “Factores determinantes del rendimiento de la educación”.

Con respecto a los dos gráficos anteriores, la idea fundamental es que las probabilidades de ocupación en hombres y mujeres son tanto más parecidas cuanto mayor es el nivel de estudios.

El aumento de capital humano asociado a la formación no es constante en el tiempo puesto que, con el aumento de la edad y a partir de un determinado momento, disminuye el valor del capital humano medio acumulado La distribución del capital humano por edades plantea dos consideraciones. En primer lugar, al aumentar la edad de la población ocupada se reduce la cantidad de capital humano medio acumulado, puesto que el período de jubilación queda más próximo y el capital humano se puede definir como el valor actualizado de los ingresos futuros. En segundo lugar, el nivel de estudios varía también en función de la edad. Teniendo en cuenta estos dos aspectos, los 28 años de edad fijan el momento a partir del cual el

capital humano, contabilizado en euros, deja de aumentar sistemáticamente su valor (IVIE, 2008c).

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