3. Cartografía Facebook como editor
3.2 Edición y publicaciones digitales
El oficio del editor ha cambiado a lo largo de la historia. Según Roger Chartier16, desde la edad media, el editor, con la aparición de la imprenta, se convierte en un mediador entre los textos, el autor y los lectores. En este momento el editor comienza a hacer una selección de textos, a comerciar los libros y por lo tanto, a tener un acercamiento con un público lector.
54 Es aquí donde vemos que el oficio editorial tiene dos variables que siempre están en juego. El editor como intelectual y como comerciante. (Chartier, 1999)
En el sentido comercial tenemos a un editor que prepara la labor editorial, aporta capital y tiene una idea clara de qué publicar. Por el lado intelectual, tenemos al editor como un agente cultural, debido a que tiene que ser cuidadoso con el contenido de sus publicaciones. Por esto tiene una responsabilidad social frente a los lectores, porque el oficio va más allá de ser un simple mediador de mercancía que en este caso sería el libro. Con esto también tenemos que tener en cuenta que “detrás de las innovaciones tecnológicas vienen las culturales” por lo que la responsabilidad es aún mayor. (Chartier, 1999)
Después de la invención de la imprenta, el editor es para ese entonces el librero, quien vende los libros que tiene en su catálogo y los manda a imprimir a su impresor. Pero en la modernidad el editor es un intelectual que más allá de estar inmerso en el taller y en el comercio, tiene autoridad para saber qué libro debe ser publicado. El editor de impresos debe gestionar todos los procesos de producción hasta etapa de distribución.
Por otro lado, el editor digital debe ser conciente que edita para un lector distinto, un cibernauta que dispone de una cantidad infinita de posibilidades dentro de la Red. Debido a esto, para que pueda hacer un trabajo dinámico frente a la pantalla y no se limite a subir a la red lo mismo que imprimiría en papel, debe saber de multimedia, tipografía digital, hipertextualidad y diseño.
El editor digital debe tener un conocimiento del medio en el que va a editar, a quién quiere llegar y lo que tiene para ofrecer. El conocimiento del público o navegantes hacia el cual se dirige su publicación es indispensable, aunque hay que tener en cuenta que debido a que el
55 medio de difusión del texto es electrónico, podría ser leído por muchas más personas que no están precisamente dentro del segmento de la población en el que se había pensado inicialmente. Él también puede realizar la función de impresor, y de hecho debe conocer muy bien las funciones del editor tradicional, pues lo análogo alimenta lo digital y viceversa, no son acciones paralelas. El editor web debe conocer las herramientas no sólo a un nivel tecnológico, sino social y cultural, para facilitar el encuentro autor-lector-usuario.
La producción de contenido en la red se ve afectada en la medida en que el cibernauta al tener opciones tan variadas, va a exigir mejores contenidos y publicaciones. Si el lector no encuentra lo que busca, los autores y sitios perderán credibilidad. Además hay que tener en cuenta que las publicaciones ya no están compitiendo en un mercado local, sino con los textos y contenidos de todo el mundo.
En Internet un buen editor puede gozar de una gran ventaja: los públicos son específicos, por lo que los contenidos también pueden ser específicos. Por ejemplo, un editor digital puede con toda confianza publicar cuentos o poemas, que no podría costear en un impreso. En esto se comprueba que ya no es imprescindible hacer best sellers o publicaciones que
satisfagan criterios de rentabilidad, sino que la herramienta, si es bien utilizada, permite abarcar al lector preciso.
Lo único cierto frente a la credibilidad de las publicaciones digitales es que depende totalmente del buen criterio del editor y de su desempeño en el mundo virtual, porque una página con contenidos mediocres o dudosos conduce a la decadencia de cualquier sitio web.
El editor en el medio electrónico debe saber utilizar las nuevas herramientas que este le ofrece, pero sin descuidar las funciones básicas que cualquier editor de impresos debe
56 cumplir. En realidad la función del editor en el contexto virtual es más compleja, ya que no sólo debe cumplir con sus responsabilidades como profesional de la edición, sino que también debe tener en cuenta las posibilidades de conexión e interacción en el mundo electrónico, sin desconocer las herramientas de la edición tradicional.
El hecho de publicar en soportes tecnológicos permite interactuar con el lector de maneras que antes eran impensables, posibilita crear nuevas narrativas, dentro del lenguaje gracias a la convergencia de sonido, video, gráficos, fotografías etc. El ciberespacio permite dar rienda suelta a la creatividad y olvidarse de las restricciones. El uso de estas ventajas novedosas implica pensar en un público dinámico, interactivo que aumenta a grandes velocidades, por eso las publicaciones en este medio están más expuestas y son más accesibles a todo tipo de personas. Es así como nacen nuevas dinámicas culturales y sociales que el editor no puede desconocer.