Una meta y un requisito primordial del desarrollo es la salud de las personas. Los individuos sanos son más productivos, y un nivel elevado de salud en la comunidad evita el gasto innecesario de la riqueza social para hacer frente a enfermedades, dolencias y alteraciones sociales.
Cuba, como un país socialista se interesa por la protección del medio ambiente desde el punto de vista de salud, reflejando esta idea como: “El interés por la protección del medio ambiente, en los países socialistas, está centrada en la salud y el bienestar del hombre, el cual es el agente causante fundamental de la continua degradación del medio y al mismo tiempo, la víctima principal” (Cuevas y García, 1982, p.9).
Entre el medio ambiente y la salud existe un vínculo estrecho, por ello durante la última década han cobrado gran interés, los estudios concernientes de la interrelación entre ellos, debido a los efectos adversos que alteran el equilibrio de los ecosistemas naturales y humanos. También esta relación queda esclarecida si analizamos los conceptos de ambos: El concepto de la salud ofrecido por OMS es “el completo bienestar biopsicosocial. Es el equilibrio entre el hombre y su ambiente.”
Es decir, la salud es entendida como un proceso, no un estado, donde están implicados factores biológicos, psicológicos y sociales, los cuales no pueden separarse, y es primordial lograr el equilibrio entre estos factores; mientras el medio ambiente, en la Ley No. 81 del Medio Ambiente de la República de Cuba, se define “sistema de elementos abióticos, bióticos y socioeconómicos con que interactúa el hombre, a la vez que se adapta al mismo, lo transforma y lo utiliza para satisfacer sus necesidades”. Por tanto, el medio
se producen entre sus componentes.
El medio ambiente forma parte del factor ambiental del proceso salud-enfermedad, es fundamental y es modificables, por lo tanto podemos mejorar la calidad ambiental y aprender a ser saludables a través de adquirir hábitos básicos de salud, responsabilidad personal y sobre todo, nuevas actitudes. Ya que el medio ambiente y salud tiene un carácter común como un proceso dinámico y dialéctico que cambia día a día, hay que cuidar, fomentar y construir bienestar a cada instante.
La salud no puede ser lograda de manera exclusiva por el sector de la salud, sino que surge como resultado de los compromisos asumidos en favor de medidas de su protección y fomento por toda la sociedad, guiada y orientada por sus gobiernos; para hacer esto en forma eficaz, la cooperación coherente entre los sectores económicos y políticos es un requisito básico (Organización Panamericana de la Salud y OMS, 2005).
En este sentido, la Psicología podría dar su aporte en pos de modificar y erradicar modelos o patrones de conductas dañinas a la naturaleza, y educar a la población desde las edades tempranas mediante los trabajos de promoción de la salud, estimulándola a que adquieran un modo de vida saludable y se usen de forma racional y eficiente los recursos. Enfatizando este aspecto, Rodríguez (2005) expresa que la relevancia de los factores psicosociales para la salud-enfermedad implica un reto para la Psicología, en particular en lo referente al desarrollo de técnicas de prevención de la enfermedad y de promoción de la salud, aspectos formulados por la OMS en su programa de Salud para Todos, que se basa
en el concepto psicosocial de la salud.
En cuanto a la necesidad de tratar temas sobre la salud y el medio ambiente, la OMS (1993), a través de su Comisión Especial de Salud y Medio Ambiente ha señalado que ambos son temas relacionados que es necesario considerar en el amplio contexto del desarrollo en general, con participación activa del personal de numerosos programas y de representantes de muchas disciplinas.
Esta declaración indica la importancia de la inclusión de los temas de salud en el contenido y desarrollo de la educación ambiental, integrando los conocimiento científico y metodológico dirigidos en dos direcciones: una es la protección del medio ambiente y el uso racional y adecuado de los recursos; y la otra, es la promoción para la salud fomentando hábitos higiénicos adecuados y estilo de vida saludable.
De este modo la educación ambiental desde el enfoque de la salud permite formar una cultura ambiental que garantice la salud tanto del medio como del individuo, y mantener los recursos naturales con calidad en la presente y futuras generaciones. Lo que permite el crecimiento personal, la habilitación, el cuidado y mantenimiento de un óptimo estado de vitalidad física, espiritual y social de las personas, los grupos y las comunidades. La motivación básica para preservación de la naturaleza y prevención de enfermedades no pueden ser por miedo a las consecuencias negativas que generan, sino por la necesidad de adoptar estilos de vida saludable para vivir con el disfrute, enfocando a la salud integral.
Para obtener esto, se hace vital la participación de la ciencia psicológica en el aporte de teoría y metodología con el fin de modificar la creencia, actitud y comportamiento del hombre hacia la naturaleza, por que se ha demostrado que muchos problemas ambientales y sanitarios tienen soluciones poco costosas entre las cuales se encuentra la educación que además es decisiva.
Entre la enseñanza y el desarrollo existe una relación dialéctica que reconoce Vigotsky (1987) en uno de los postulados básicos del enfoque histórico cultural del desarrollo de las funciones psíquicas superiores. La enseñanza en su sentido amplio, de acuerdo a esta concepción que se suscribe, precede al desarrollo y lo dirige, teniendo en cuenta sus propias regularidades. Otro precepto asumido en la investigación es el relacionado con la zona de desarrollo próximo, “categoría que en el ámbito de la Psicología de la Salud se equipara al concepto de zona salutogénica” (Molerio, 2004; Grau, 2004).
En el caso particular de las enfermedades de transmisión hídrica, se puede presuponer que, una adecuada información de la población contribuye decisivamente a disminuir los niveles de contaminación de las aguas, a prevenir y mitigar las enfermedades y sus consecuencias. Debe acompañarse de un uso apropiado de ellos, lo que requiere educación e higiene.
Esta educación se dirige al verdadero desarrollo de la persona, fomentando amor y responsabilidad hacia uno mismo y el entorno que propicia el desarrollo de la personalidad integral, lo cual es un factor imprescindible para lograr una sociedad sana.