6. REFERENTES CONCEPTUALES
6.3. Educación y escuela en las culturas ancestral y occidental
Al volver sobre la historia, explorando esta vez caminos diferentes a los que nos enseñó la escuela que nos educó, encontramos que en el tránsito de la vida colonial a la republicana conocida hoy con el nombre de Colombia, se desarrolló el proceso de independencia de la corona española que invadió gran parte del territorio americano y que gobernó durante más de 300 años. Este período de tiempo fue suficiente para que el proyecto colonial se expandiera por todos los lugares y
Culturas
Ámbitos Ancestral Occidental
Cosmovisión Ley o mito de origen Origen teológico o evolutivo
Medicina Medicina tradicional o propia(plantas medicinales) Medicina alopática(farmacéutica)
División política Resguardos indígenas Departamentos y municipios
Forma de gobierno Cabildos indígenas Alcaldías y gobernaciones
Autoridad Guardia indígena Policía nacional
Espiritualidad –
Religión Creencias en la naturalezacatólica y cristiana
Cristiana, católica, evangélica, apostólica, romana.
Educación Educación propia Educación oficial
Organización escolar Proyecto educativo comunitario-PEC- Proyecto educativoinstitucional -PEI-
Legislación Derecho propio Derecho romano
Justicia Jurisdicción especial indígena Jurisdicción ordinaria y militar
Economía Agrícola, agropecuaria, deintercambio y trueque extractivista y corporativaAgropecuaria, industrial,
Ciencia Sabiduría ancestral Racional
Historia Oral Escrita
Investigación Experimental Científica
Naturaleza Fuente de sabiduría Fuente de riqueza
comunidades amerindias, siendo la religión uno de los instrumentos más poderosos para despojar culturalmente a los pueblos originarios de sus prácticas ancestrales. También con el tiempo, los colonizadores codificaron como color los rasgos fenotípicos de los colonizados y lo asumieron como la característica emblemática de la categoría racial (Quijano, 2002: 203). Con esta clasificación el nuevo patrón de poder fue transferido del blanco español al “blanco” nacido en tierras americanas, producto del mestizaje cultural. Quiere decir, como afirma Gutiérrez,que después de los españoles, fueron los criollos y mestizos quienes siguieron considerándonos “salvajes” y por ende, asumiendo la educación como un medio para “sacarnos de nuestro estado salvaje”.(Gutiérrez, 2007: 25)
Precisamente la educación, que en tiempos coloniales corrió por cuenta de las misiones católicas, en el primer siglo de la República se entregó oficialmente a la tarea de administrar la educación en las escuelas de la naciente Colombia a la Iglesia Católica. Así lo constata Gutiérrez:La educación formal en nuestros territorios ancestrales se inicia con el proceso de colonización orientado a evangelizar, castellanizar e hispanizar a los indígenas en aras de civilizarlos e integrarlos a las dinámicas de expansión del Imperio Español. Esto es a lo que los colonizadores llamaron “civilizar a los salvajes” y se llevó a cabo bajo el consentimiento y supervisión de la Iglesia Católica, labor que se legitima en 1887 con la firma del concordato entre el Estado Colombiano y la Santa Sede(Gutiérrez, Op. Cit., 25). La cultura occidental que se impuso sobre la cultura ancestral con la invasión a América se fue consolidando de manera hegemónica en el resto del mundo, en el que Europa era el centro y lo demás, la periferia. La tensión entre las culturas ancestral y occidental se presentaba en todos los aspectos de la vida social, siendo la educación uno de los más importantes para el mantenimiento de la dominación colonial y poscolonial. De este modo, todas las experiencias, historias, recursos y productos culturales, terminaron también articulados en un sólo orden cultural global en torno de la hegemonía europea u occidental. En otros términos, como parte del nuevo patrón de poder mundial, Europa también concentró bajo su hegemonía el control de todas las formas de control de la subjetividad, de la cultura, y en especial del conocimiento, de la producción del conocimiento(Quijano, 2002: 209).
Si bien la empresa colonial no logró exterminar ni física ni culturalmente a todos los pueblos de la América indígena con la invasión cultural, quienes resistieron luego se vieron enfrentados a una situación casi que de pérdida de su identidad ancestral por la imposición del nuevo patrón de poder occidental a través de la educación. Al respecto, Gutiérrez señala: son tantos y evidentes los daños que nos ha causado este modelo educativo fundamentado en la evangelización y el etnocidio, que hoy por
hoy la escuela formal ¡hecha instrumento de dominación! es en gran medida la responsable del desmoronamiento de nuestros pilares culturales, entre otras cosas, porque los conocimientos en ella impartidos llegan a contrariar e incluso socavar prácticas culturales ancestrales que tienen que ver con la socialización, producción y transmisión de conocimientos. Por eso hablamos de apropiar la educación, de redefinir la función misma de la escuela formal a la luz de las necesidades no solamente de aprendizaje de los estudiantes sino también de supervivencia de la comunidad como pueblo indígena(Gutiérrez, 2007: 28).
Además, Ramos y Rojas (2005) plantean quela escuela en Occidente ha presentado el conocimiento como algo segmentado, delimitado por áreas y saberes, muchas veces sin establecer conexión entre sus componentes (Ramos y Rojas, 2005: 83) Lo que establece una gran distancia con el pensamiento indígena que como bien se ha dicho, se inscribe tanto en las diversas formas de resistencia como en las múltiples manifestaciones de apego al territorio, a diferencia del conocimiento de la ciencia y las disciplinas académicas que, entre otras cosas, entrega a la escuela formal nada más que un acumulado de conocimientos bajo el rótulo de asignaturas que en aras de permitir la entrada de lo universal del conocimiento crea modelos de adaptaciones y dependencias entre un conocimiento y otro(Gutiérrez, 2007: 63).
De esta manera, mientras la escuela en el proyecto colonial agenciado por la cultura occidental en tierras amerindias se concibió como un instrumento para encubrir, dominar, manipular y consolidar la hegemonía europea sobre los pueblos originarios, en el proceso de lucha por su pervivencia, en estos últimos 40 años, han logrado
concebir la escuela como estrategia política de las organizaciones indígenas, como una forma de apropiar administrativa y conceptualmente el sistema escolar, y convertirlo en dinamizador de la resistencia cultural inspirada en la autonomía
(Ramos & Rojas; 2005: 83). En ese sentido, Gutiérrez (2007) expresa:
La educación escolarizada por ser uno de los componentes de nuestra formación integral, debe propender por el fortalecimiento de nuestra existencia como pueblos indígenas, por ende la calidad de sus procesos educativos se medirá a través de la capacidad que ellos tengan para generar y fortalecer nuestra identidad cultural. En este sentido, la revisión crítica que los pueblos indígenas venimos haciendo del papel que juegan las instituciones educativas en nuestros territorios, ha permitido reflexionar e ir asumiendo posiciones frente a graves problemas que tienen que ver, entre otros aspectos, con la no apropiación del conocimiento indígena de manera integral en las dinámicas de la escuela formal(Gutiérrez, 2007: 24)
La diferencia entre las culturas ancestral y occidental en el plano educativo ha llevado a que comunidades indígenas en el Cauca y Colombia no sólo hayan ejercido resistencia; sino también propuestas concretas que van más allá de hacerle frente a
la imposición cultural europea y plantean un sistema educativo propio a su cultura ancestral. La propuesta educativa de los pueblos indígenas va en camino de lograr que la escuela formal sea apropiada; lo que significa que sea circunscrita en su contexto, centrada en el elemento de lo pedagógico para que desencarcele la reflexión sobre la pertinencia del hecho educativo y pueda dar respuesta al reto de asumir procesos que se ajusten al contexto en el cual opera, además asumiendo posiciones no solamente frente a qué contenidos enseñar sino también respecto a la función y utilidad de los mismos a la luz de las necesidades propias de la comunidad
(Gutiérrez, 2007: 29).