1.5. Pedagogía de la Muerte.
1.5.2. La muerte: un tema tabú en educación La mencionada evitación y pasotismo que caracteriza históricamente la relación entre la Pedagogía y la muerte nos
lleva a plantearnos el tema como un tema tabú, especialmente dentro del mundo educativo. Herrán y Cortina (2007) identifican dos posturas principales a la hora de tratar el tema de la muerte en nuestro mundo de consumo y desarrollo: una primera, mayoritaria, que trata de invisibilizar y perder de vista la muerte a través de su negación sistemática; una segunda, más culta y con pretensiones integradoras y educativas, que reconoce el potencial pedagógico de la muerte y asume la condición finita de la vida humana.
Indudablemente nuestra realidad educativa se define por la primera de las posturas comentadas. “La muerte es el tema constantemente vetado. Es negativo, de mal gusto” (Herrán y Cortina, 2007, p. 1). Un tema tabú es aquel sobre el que se rehúye hablar. Por unas razones u otras, resulta incómodo abordar el tema en una u otra sociedad. En la nuestra, el tema de la muerte lo es, y especialmente en la educación. Brindamos una educación excelente sobre múltiples aspectos de la vida, pero nos olvidamos de uno fundamental, hablar y educar en la muerte con total libertad y normalidad. Según Sánchez-Sánchez, Serrano y Martínez Segura (2017) no se trata de que los niños no sean conscientes de la muerte y se les evite hablar de ella, sino que sí que lo son y sufren pérdidas de diferentes naturalezas. No obstante, los autores concluyen que, al estar asociado al dolor, el tema de la muerte se ha ocultado a las nuevas generaciones y se ha transformado en un tabú social.
Ordoñez y Lacasta (citados por Sánchez-Sánchez, Serrano y Martínez Segura, 2017) afirman que actualmente en nuestra sociedad existen numerosos tabúes relacionados con el ámbito emocional del ser humano, y que uno de ellos está asociado a la muerte la cual se ha convertido en un símbolo de fracaso y decadencia.
Como hemos dicho antes, los temas tabús suelen serlo debido a no existir respuestas fáciles y sencillas a las preguntas que plantean. La muerte, en este sentido, es el más tabú de los temas ya que nadie sabe con certeza qué hay tras ella, nadie posee respuestas tajantes que alivien, sin lugar a duda, todas nuestras preguntas. Por tanto, ante esta falta de respuestas que no precisan esfuerzo, nuestra sociedad ha optado por la vía fácil y más cómoda: obviar el tema y no abordarlo directamente. Colomo (2016) afirma que actualmente la muerte ha pasado a ser un tema tabú el cual obviamos con la intención de no sentirnos próximos a ella. Sigue siendo una cuestión que provoca grandes preocupaciones en la vida de numerosas personas y por ello las soluciones no suelen centrarse en tratar directamente el tema.
Se ha mencionado otra característica importante de este tema. No se puede educar en la muerte sin una previa reflexión personal, sin que el educador haya abandonado la
idea de obviar el tema y al fin se haya enfrentado a él sin tapujos, con la intención de asimilarlo y normalizarlo. ¿Cómo va a educar alguien en la muerte si éste sigue huyendo hasta de la idea de pensar en ella? Herrán y Cortina (2007) lo explican con una bonita metáfora en el siguiente párrafo:
En el tema de la muerte se crea en torno a ello una especie de capullo de hilo inútil del que nunca sale nada, pero que sirve, y bien, para taparlo y taponarlo. En consecuencia, se da la paradoja de que la mayoría de quienes se ocupan de indagar en la educación aún se sorprenden cuando se relaciona la muerte con ella. Y es que en su mente la comprensión de la muerte sigue encajonada, acristalada y camuflada con flores y olores de prejuicio.
(p. 2)
Educar para la muerte requiere de la reflexión y crítica de todos los agentes educativos. No se trata de un tema tabú más, su complejidad es mucho mayor, una complejidad que obliga a tratar el tema de una manera profunda y responsable, no siendo válidas soluciones que se queden en la superficie.
En nuestra historia, no muy lejana, encontramos ejemplos de numerosos temas tabús, algunos de los cuales se van superando poco a poco. En educación, quizá el más reconocido sea el tema de la educación sexual. Una vez reconocido el problema, se tomaron una serie de medidas para intentar librar del tabú al tema ya que se consideraba de vital importancia una educación sexual de calidad para nuestras generaciones. No hablar de sexo en la escuela no tenía ningún sentido y sí muchas consecuencias negativas, a corto y largo plazo.
Se ha de adoptar la misma actitud, pero teniendo en cuenta que el tema de la muerte es aún más complejo. Jubert (citado por Herrán y Cortina, 2007) piensa que el tabú del sexo y el de la muerte corren destinos opuestos debido a que el adulto parece haber encontrado al fin el camino de la superación del tabú del sexo, pero en el caso de la muerte, el adulto no se muestra ejemplar ante los más jóvenes ya que su actitud ante la muerte se encuentra más bloqueada y sin unas orientaciones claras hacia su superación, optando por respuestas que se basan en la convencionalidad y la improvisación. Herrán y Cortina (2007), en relación con lo anterior, afirman: “En nuestro contexto social, el tabú de la muerte todavía no se ha llegado a superar, porque requiere de una madurez o conciencia más compleja que el tabú del sexo” (p. 3).
Una educación sin el tabú de la muerte es necesaria ya que, con él, la educación integral y para la vida de nuestras generaciones nunca será posible realmente. Debemos abandonar el tabú de la muerte, así como como trabajamos para abandonar el del sexo y,
de esta manera, conseguir una educación de calidad que realmente cale en las conciencias de nuestros jóvenes y con ello, en el futuro, se siga trabajando por un mundo mejor.
Comprendiendo significativamente (adecuada, funcional y autónomamente) el sentido de la muerte se vive mejor o al menos más conscientemente, y quizá en la medida en que la conciencia se amplía podrían dejarse de hacer una buena cantidad de estupideces y vilezas egocéntricas. Puede ser la hora de afrontar con normalidad el ultimo tabú sustantivo.
(Herrán y Cortina, 2007, p. 6)
1.5.3. Importancia en educación. Si aspiramos a que la educación consiga un