CAPÍTULO 2. Fundamentación teórica
2.3 Teoría de valores
2.3.3 Educación en valores
Una de las preocupaciones que toma relevancia en la actualidad es la educación en valores. Es notorio que se requieren, además de habilidades, tener una concepción de peso en la cuestión valoral.
En escuelas y universidades se han implementado planes de estudio en dónde se hace hincapié en la promoción de valores; pero también se dice que los jóvenes de hoy ya no tienen los valores que los adultos tenían en su juventud, o que sencillamente los valores están en conflicto.
Para Garza y Patiño (2000), valor “es todo aquello a lo cual se aspira por considerarlo deseable, ya se trate de objetos concretos o de ideales abstractos que motivan y orientan el quehacer humano en una cierta dirección” (p.12).
Tomando la definición anterior, cuando se habla de promoción de valores en la educación, suele confundirse, ya que la clasificación de los mismos es muy variada y dependen del fin mismo, es decir, si hablamos del valor de la amistad, de la responsabilidad, por mencionar algunos, no se pueden encasillar por igual con la honestidad ya que se puede reprochar o felicitar a un alumno por tener el valor de la amistad, pero no se podría felicitarlo por carecer de honestidad.
Es por esto que Garza y Patiño (2000), clasifican a los valores de acuerdo a sus ámbitos y fines: Materiales, estéticos y éticos.
López (2005) concibe a la educación en valores como la orientación a la inteligencia, con el apoyo de la voluntad, para profundizar y respetar los valores que se encuentran en lo más íntimo de la naturaleza humana y en el ser de las otras criaturas” (p. xiv).
Para la autora, la educación en valores debe ser el punto de partida de toda propuesta educativa.
Para López, los valores no son procesos, sino “perfecciones naturales no adquiridas que pueden convertirse en principios y normas” (p.53). Estas
perfecciones a su vez provocan hábitos que se manifiestan en conductas, buenas o malas, según la calidad moral de los hábitos. Por esto, considera que los valores son el eje que sostiene la educación.
Para Maggi et. al. (2002), el aprendizaje de los valores es un proceso lento y gradual en el que influyen distintos factores y agentes, “aunque los rasgos de personalidad y el carácter de cada quien son decisivos, también desempeñan un papel muy importante las experiencias personales previas, el medio donde crecemo0s, las actitudes que nos trasmiten otras personas significativas, la información y las vivencias escolares y los medios masivos de comunicación” (p. 72).
Maggi (2002) asegura que los valores se aprenden a lo largo de la vida, pero no solo de manera receptiva, sino que se van construyendo y se ven influidos por el entorno social.
De acuerdo con Guerrero (1998), las teorías sobre educación en valores “... se sitúan en un enfoque humanista, el cual reconoce explícitamente que el ser humano se forma a sí mismo en la autoría, lo cual significa una persona
autorrealizada y con una imagen positiva de sí y de los demás” (p. 74). Para Martínez (2000), educar en valores es “facilitar aquel tipo de
debe procurar aprender a aprender. Para ello el docente debe propiciar condiciones que favorezcan tal aprendizaje en valores y no tan solo enseñar valores. Por lo que “en el ámbito de educación en valores debemos ser capaces de integrar diferentes perspectivas, aprovechar las potencialidades de cada uno para el logro de nuestro objetivo: conseguir que la persona esté en condiciones de apreciar valores y de construirse así mismo social y axiológicamente” (Martínez, 2000 p. 43).
Zarzar (1993) distingue la formación de la función informativa de la educación y resalta la importancia de explicar los objetivos de tipo formativo. El autor habla de objetivos formativos de aprendizaje cuando se refiere a la
formación intelectual, a la formación humana, a la formación social y a la formación profesional del estudiante. Desde su punto de vista, aclara que, a diferencia de los objetivos de tipo informativo, los objetivos de tipo formativo requieren más tiempo para alcanzarse totalmente, así como el esfuerzo constante y comprometido de toda la planta docente.
Zarzar (1993) incluye en la formación humana la adquisición o el
fortalecimiento de actitudes y valores por parte del alumno como individuo, como persona con potencialidad en proceso de desarrollo que el docente puede ayudar a que se realice. Dentro de esta formación humana se pueden plantear objetivos como los siguientes: “ fomentar la honestidad, el sentido de responsabilidad, el valor civil, el sentido de justicia, la búsqueda continua de la verdad; que el alumno quiera y respete su cuerpo; fomentarle un deseo de superación; que busque hacer las cosas con espíritu de profesionalismo; fomentar la búsqueda de la calidad y la
excelencia, que aprenda a conocerse a sí mismo y a aceptar sus limitaciones tanto como sus capacidades” (p. 21).
Se afirma que la formación en valores se presenta como una necesidad cada vez más exigida en todos los niveles de la educación. Educar en valores, en especial en la universidad, representa una oportunidad inmejorable, ya que es en esta etapa cuando los jóvenes comprenden la importancia de las normas e
incluyen valores a su personalidad.
Cabe destacar la importancia de las instituciones en la educación de los seres humano, en la formación de hombres y mujeres, en la adquisición de los valores, y sobre todo en el encargo social que se deposita en ellas. Es por ello que la comunidad escolar debe, no solo, tener en mente la formación valoral, sino también desarrollar acciones tendientes a lograrla.
La escuela es una sociedad que pretende la formación de los alumnos, les da conocimientos, propicia actitudes y les desarrolla habilidades para que puedan desempeñarse de manera satisfactoria en el ámbito familiar, laboral y en la
comunidad. Y de acuerdo con López (2005), “la universidad ha de fortalecer con mayor responsabilidad los valores de sus integrantes, apoyar a las familias y, a través de ellas, a la sociedad por medio de la búsqueda de la verdad y de la aplicación de los hallazgos, fruto de la comunidad de aprendizaje y de la integración en las tradiciones de la investigación” (p. 57).
Ahora bien, la práctica docente, dirigida al logro de los objetivos educativos, tiene una referencia axiológica. Fierro, Fortoul y Rosas (1999) menciona que el
proceso educativo no es neutral, sino que esta encaminado hacia la consecución de los valores, mismos que se manifiestan en la práctica docente.
La practica del maestro refleja sus propios valores personales a través de “sus preferencias, ya sean concientes e inconscientes, de sus actitudes, de sus juicios de valor, todos los cuales definen una orientación acorde a su situación cotidiana” (Fierro, et. al. 1999, p. 35). De manera que cada docente trasmite a sus educandos su propia cosmovisión, es decir, su forma personal de ver y entender el mundo, de valorar y entender las relaciones humanas. De esta aseveración surge la certeza de que el maestro influye en la formación de ideas, de actitudes y
modos de interpretar la realidad de sus alumnos. Pero no solo son importantes los valores que tenga el docente, sino los que tiene la escuela en particular.
De acuerdo a Fierro et.al. (1999), es importante “examinar la vida cotidiana de la escuela, para descubrir qué tipo de valores se están formando a través de la estructura de relaciones y de organización, y cuáles son los valores asumidos de manera tácita” (p. 36).