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Educar “nacionalismo” versus “patriotería”

Si mi Ecuador quiere avanzar tiene que dar un giro radical a la educación, tan radical que realmente implique un cambio profundo de la mentalidad.

No solo tendrá que cambiar los recursos pedagógicos y dejar el pizarrón y la tiza, el lápiz y el papel para ir ya, con urgencia, a la más alta y sofisticada tecnología.

Las escuelas virtuales, la tecnología del computador, el Internet, la red escolar televisiva nacional, la reciclación de los conceptos, la actualización de intereses y sobre todo el cambio de mentalidad.

Primero, antes que nada, volver actualizar el efectivo concepto de honradez. ¡Si no hay eso no hay nada! Porque honradez no es únicamente integridad, honestidad, probidad, cumplir la palabra empeñada, respetar el derecho ajeno, la lealtad, la rectitud.

La honradez es un acontecer mental.

Esa nueva educación tiene que potenciar la revolución mental y clara, aquel proceso tiene algunas variables que es necesario precisarlas.

37 Educar en nacionalismo y esto implica priorizar el sentimiento de ecuatorianidad al más alto nivel de la fragua espiritual.

Existen elementos pedagógicos formidables; la verdadera historia que rescate las fortalezas de los héroes negados, de la condición negra, india, mestiza, sus ingentes baluartes de sabiduría, sus propios aportes y no como es hoy una farsa acomodada a los intereses del viejo sector conservador dominante.

Este nacionalismo tiene que privilegiar no solo el apreciar en su magnífica dimensión nuestro potencial natural, la inmensa riqueza de recursos sino también un efecto de valor, de apropiación comunitaria, de autoestima colectiva y esto programado en función de una dinámica actitudinal.

Aquí siempre se debe enaltecer el volver a dar vida a la esencia auténtica.

Un país como el nuestro multiétnico y multicultural tiene allí una riqueza esplendorosa para dicho objetivo.

Por cierto será necesario ser cautelosos para no confundir nacionalismo con patriotería pues aquello significaría mantener la mente obtusa.

El nacionalismo tiene que ser coherente y ante todo auténtico, propio, sopesando haberes y deberes, pero integrando la espiritualidad cognitiva a la actuación conjunta.

No podemos regresar a los viejos patrioterismos nacionalistas, de plazas y calles, encendidos sutilmente solo cuando el conflicto limítrofe hace su aparición para luego prontamente apagarlo por miedo a que éste se vaya contra los viejos dinosaurios del poder.

38 Revolución mental para sentir al Ecuador como una entidad sólida, poderosa, que nos cubre, nos protege, con la cual podemos contar y no como ahora que nos da la sensación de sentirnos desamparados, íngrimos.

Para millones de ecuatorianos dentro de la frontera patria y peor aún fuera de ella, Ecuador es solo un membrete y del que más veces de las pensadas se reniega.

Cuantos casos hemos conocido de que ciudadanos del país interrogados sobre su nacionalidad la ocultan o la sueltan con un reverencial temor a ser rechazados.

Nacionalismo que proyecte la parte maravillosa del ser originario hasta los niveles de orgullo, base fundamental para internacionalizar nuestra forma de ser.

Aunque parezca raro, el nacionalismo es también un producto comercial.

Tenemos basados en el nacionalismo que vender nuestra magnificas expresiones estéticas, nuestro arte, nuestro cine por incipiente que hoy fuere, nuestra sorprendente gastronomía.

Nacionalismo para sentir como auténticamente bello lo que es así, sin dejarnos avasallar por las deslumbrantes luces de paraísos lejanos.

Nosotros somos diferentes, más dotados de hermosura y también más exóticos.

Allí otra fortaleza.

Otra variable pero vital es acelerar la conciencia de la autocrítica comunitaria. Este punto es importantísimo pues a lo largo de los años el conjunto social no ha sido realmente responsable en el juicio y actuar de los acontecimientos.

39 En todos los órdenes, ha existido una actitud azarosa, indolente, que se aproxima a un brutal y torpe conformismo.

Y por ello los sectores dominantes han hecho lo que les da la gana.

Aquí la revolución mental implica aceptar como necesario, imprescindible y hacerlo de forma permanente el proceso de autocrítica severa, donde no existan contemplaciones ni mediaciones acorde a interés de privilegios.

La autocrítica es fundamental para consolidad la revolución mental pero ésta a su vez tiene sus propios parámetros.

No se trata de tribunales de carácter inquisitorial que persigan y rebusquen al juzgado, nada de ello, la autocrítica es abrir todas las cartas del naipe actitudinal es decir hablar, decir y solucionar con todas las realidades de frente y no como ha sido la nefasta costumbre de dejar hacer y dejar pasar, hasta estar en los niveles de miasma pestilente que todo lo corroe.

La autocrítica es un proceso disciplinado, organizado bajo parámetros estrictos de evaluación y cuyo fin es generar políticas actitudinales para facilitar el enfrentar el cúmulo de detritos sociales.

Empieza en la cuna, va al barrio, la parroquia, la administración regional y la nacional.

En las instituciones de seguridad del Estado, Policía, Fuerzas Armadas, seguridad estratégica, etc., la autocrítica tiene que ser a manera pendular para no debilitar el mando jerárquico pero sí imponer un estatuto de autocontrol reflexivo y no de mando vertical como lo es hasta hoy.

40 En las otras instancias va acorde a lo que anteriormente denominamos democracia solar, es decir irradia de su propio interior pero con igual intensidad para todos.

Y a su vientre matriz retorna.

La autocrítica tiene objetivos donde se debe privilegiar la sanación social para prever y neutralizar el retorno de las fuerzas de pensamiento oscurantistas.