En la educación en valores el conocimiento de las características del ser humano es imprescindible para valorar en su justa medida el primer valor, “el ser una persona”.
Según López (2000), el significado auténtico de la docencia en el fondo no está determinado por la teoría pedagógica de moda, más bien nace de la búsqueda atenta, inteligente, crítica y ética de lo que el educar, como actividad humana es, está siendo y exige llegar a ser. Mucho se ha hablado de que al maestro le debe de quedar muy claro para qué está educando, hacia donde se dirige en el ámbito de la educación integral, por consiguiente, lo primero que hay que saber es el fin para el cual se educa, esto lleva consigo la necesidad de conocer en profundidad al hombre y el mundo que lo rodea, su pensamiento, su valoración, no se trata sólo de especulaciones hay que hablar de una filosofía prescriptiva que establece normas, que define valores (Ramos,1998). Para colaborar en la formación del ser humano como tal, primero debe de conocerse a la persona y sus necesidades para después tratar de participar con las herramientas necesarias en la construcción de una personalidad basada en valores.
En base al conocimiento de la persona existen algunos principios básicos en la enseñanza de valores tales como la conveniencia, la autenticidad, la practicabilidad y la capacidad transformadora. Es de vital relevancia, tomar en cuenta el contenido del currículo con respecto a la enseñanza de valores, debe adecuarse a las experiencias, a las etapas, a los
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estilos de aprendizaje y al ámbito cultural de los estudiantes, el interés de ellos es un aspecto prioritario que necesita ser tomado en cuenta (Stephenson, Ling, Burman y Cooper, 2001).
Por otro lado según Schmill (2003), es importante evitar ser radical o exagerar la postura respecto a los valores, se sugiere no utilizar el concepto “escala de valores” porque puede limitar la forma de poner en práctica los valores y conducir a posturas rígidas o incluso radicales, fanáticas e intolerantes. Se ha podido notar a través de los tiempos que esta postura es la que aleja a los jóvenes de los valores pues los muestra como difíciles de seguir y hasta cierto punto impuestos por los adultos, esto se ha podido observar a la hora en que se discuten los valores en clase ya que algunos de los alumnos los comentan como algo rígidos y difíciles de poner en práctica todo el tiempo.
También es de vital importancia considerar en la enseñanza de los valores que los maestros no busquen prescripciones, recetas o reglas confeccionadas de antemano para aplicar los contextos pedagógicos, pues la enseñanza y el aprendizaje, así como las relaciones entre ambas actividades, son complejas e idiosincrásicas (Stephenson y otros, 2001).
Diferentes conceptos educacionales tienen que ver con la enseñanza de los valores. La relación entre la educación en valores y el desarrollo moral es que ambos se concentran en el desarrollo de los valores en los estudiantes, pero a su vez, difieren; la educación en valores implica ideas explicitas acerca de los valores a los estudiantes, mientras que el desarrollo humano se concentra más en el proceso cognitivo. El pensamiento crítico y el desarrollo humano, se concentran en el análisis de valores y la comunicación de los mismos, ambos realizan procesos cognitivos (Veugelersb, 2000). Por ello es que se sugiere que este
pensamiento crítico lleve a los jóvenes hacia la reflexión que les permita hacer juicios morales en busca de su propio bien.
Se ha mencionado antes en la axiología de los valores que el educar en valores no es algo fácil y tangible por su relatividad, en la práctica de los valores, no se puede tener como
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referencia solo un valor prioritario; entiéndase por él, aquel que está por encima en valía que todos los demás, puesto que va a haber situaciones en donde las variables, tales como las circunstancias personales de los que ejecutan la acción para ser tomada en cuenta a
reflexionar, la circunstancia personal, el entorno familiar, los antecedentes, los sentimientos que siente cada persona involucrada, y por consiguiente todo aquello que en un momento dado hace de algún hecho, algo particular (Schmill, 2003).
Estas variables son las que en un momento dado, demandan del docente que su labor vaya más allá de únicamente enseñar conceptos, no es fácil poseer todas las cualidades y tener todas las actitudes favorables para considerarse un maestro eficaz, competente y capaz, que abarque los aspectos cualitativos y cuantitativos que exige la educación de hoy.
Como menciona Noro (2004), el educador debería disponer de convicciones profundas, que le encuentra sentido a la vida y a su proyecto de vida, que tiene principios, criterios e ideas que – sin imponerlas – las da a conocer y las propone como válidas. Es una presencia que acompaña y oficia de mediador entre el educando y la realidad, entre el educador y su familia, entre el educado y los conocimientos, entre el educando y los pares, entre el educado y su futuro.
De esta manera como apunta (Ramos, 1998), se puede concluir que el maestro es el factor esencial en este proceso de enseñanza de valores, su compromiso debe de llevarlo a la reflexión de las características que debe de poseer para educar al hombre de hoy, para el mundo del mañana, puesto que solo por medio de las propias vivencias expresadas en su actuación diaria es que se puede llevar a cabo la valoración del ser humano, por medio de una educación humanista.