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CAPÍTULO II FUNDAMENTACIÓN TEÓRICA DE LA INVESTIGACIÓN

2.2.5 Efecto de las Fitohormonas en los Cultivos

Las hormonas vegetales se producen en las células de secreción que no forman glándulas. Controlan el crecimiento y desarrollo del vegetal. Existen hormonas: que activan los procesos de crecimiento, floración, yemas apicales, crecimiento celular en los meristemos, formación de raíces en los esquejes (auxinas); que hacen germinar las semillas e inducen a la formación de flores y frutos (giberelinas); retrasan la caída de hojas y el envejecimiento e inducen a la diferenciación celular y formación de nuevos tejidos (citoquininas); que provocan el cierre de los estomas cuando hay sequía o inhibe el crecimiento del vegetal en momentos de crisis, produciendo una especie de letargo (ácido abscísico) y, por último, que facilitan la maduración de los frutos y la degradación de la clorofila, haciendo caer las hojas (etileno) (Valencia, 2010).

Las fitohormonas actúan sobre los factores de crecimiento de los distintos órganos vegetativos de las plantas, acelerando y aumentando el desarrollo de los cultivos en que se aplican; estos productos actúan de biocatalizadores de los fenómenos de crecimiento, es decir, estimulan a la planta o al órgano tratado a desarrollarse rápidamente. Para obtener el mejor resultado es

19 necesario que las plantas estén en óptimas condiciones de cultivo, con la temperatura, agua de riego, fertilidad del suelo, luminosidad ambiente, etc. que precisen (Herrera, 2005).

Gran parte del desarrollo de las plantas está medido por estímulos generados en el interior de sus órganos o como resultado de la organización que han alcanzado. La proximidad de células o grupos de células permite la transferencia de metabolitos y otros compuestos, de modo que las reacciones metabólicas pueden estar influenciadas por las gradientes de los metabolitos que gobiernan el metabolito celular según su posición en el organismo. Se conocen varias clases de hormonas, algunas son sustancias promotoras del crecimiento y desarrollo y otras son inhibitorias. Se postula además la existencia de varias hormonas en base a experimentos cuyos resultados no parecen poder interpretarse sin la implicación de estímulos aún no conocidos (Lozano, 2007).

Las fitohormonas pertenecen a cinco grupos conocidos de compuestos que ocurren en forma natural, cada uno de los cuales exhibe propiedades fuertes de regulación del crecimiento de las plantas. Se incluyen el etileno, auxina, giberelinas, citoquininas y el ácido abscísico, cada uno con su estructura particular y activos a muy bajas concentraciones dentro de la planta (Lozano, 2007).

Las auxinas estimulan la elongación y multiplicación celular en el cambium, la diferenciación del xilema y floema y el crecimiento de las partes florales. Además, mantienen la dominancia apical, retrasan la senescencia de las hojas y la maduración de los frutos, y promueven la producción de etileno y el enraizamiento (Albán, 2014).

Las citoquininas retrasan la senescencia, regulan la apertura estomática, actúa en las etapas de floración, fructificación y uniformidad de frutos. Estimulan la división celular, el crecimiento de las yemas laterales, la expansión de las hojas, la síntesis de clorofila y el activador de las defensas de las plantas. Las citoquininas son necesarias en las raíces para la división celular, liberación de la dominancia apical y movilización de nutrientes (Albán, 2014).

20 Las giberelinas son importantes reguladores de crecimiento que participan en diversos procesos como el crecimiento longitudinal del tallo, estimulando la división de las células; sin embargo, también estimulan la floración y el desarrollo de frutos sin necesidad de polinización. Por otra parte, intervienen también en la germinación de las semillas, promueven la síntesis de etileno e inhiben la senescencia (BIOPSICOSALUD, 2013).

Galván et al. (2009), al llevar a acabo ensayos en naranja observaron que al aplicar ácido giberélico obtuvieron frutos de mayor peso, y mayor peso de cáscara, además que este mismo producto influye en rendimiento observándose un incremento considerable en la producción por hectárea.

2.2.5.1 Aclareo de Flores y Frutos

Cuando se lleva a cabo un buen manejo en la huerta, existe la tendencia a inducir a los árboles a una producción alterna. Esto también se observa en huertos donde la producción es mermada por factores ambientales, por ejemplo una helada tardía. Una práctica que permite reducir sustancialmente este fenómeno de alternancia es del aclareo de frutos en el año de alta producción. Esta técnica también tiene la ventaja de aumentar el tamaño del fruto. Para lograr una efectividad satisfactoria, el aclareo debe realizarse, aproximadamente durante el mes posterior a la floración (Ramírez, 2008).

La auxina sintética ácido naftaleneacético (ANA) y su amida (ANAm) se han usado como aclaradores, por otro lado, el insecticida carbaril (aunque no es un regulador de desarrollo, está químicamente relacionado a las auxinas), se utiliza también en forma individual o en combinación con auxinas como el ANA. La acción de estas como factores aclaradores en frutales no se conoce al detalle. Sin embargo, se ha sugerido que éstas actúan en forma diferente a la acción del carbaril. Más recientemente el uso de Etefon ha adquirido aceptación en la industria frutícola, sin embargo, extremadas precauciones se deben tomar con su uso pues su efecto fisiológico lo hace ser un poderoso estimulador de abscisión (Ramírez, 2008).

21 La principal dificultad con el uso de estos materiales, es el predecir con tiempo suficiente, qué proporción de los frutos será eliminada, considerando que esto no es solamente una función de concentración del producto de la época de aplicación, sino que también está en función del estado de crecimiento del árbol y de las condiciones climáticas antes y después de la aplicación. Por lo tanto, es necesario mayor experimentación en este renglón tomando en cuenta que con el uso de esta práctica se tienen posibilidades de corregir problemas de alternancia (Valencia, 2010).

2.2.5.2 Precocidad

En el pasado, era práctica común manejar los árboles frutales durante sus primeros años, de tal forma que su desarrollo fuera únicamente vegetativo, con el propósito de construir un esqueleto excesivamente fuerte antes de obtener la primera cosecha. En el presente, plantaciones de alta densidad esencialmente deben ser inducidas a producir temprano; esto, restringe obviamente el crecimiento vegetativo y permite al fruticultor iniciar pronto la recuperación del capital invertido. Al igual que en la capacidad de ramificación, existen diferencias genéticas muy marcadas de precocidad entre diferentes especies frutales, sin embargo en la gran mayoría es posible estimular precocidad mediante el uso de reguladores de desarrollo. En manzano, Alar (dominozida) ha sido extensamente usado para este propósito. Además de reducir el crecimiento de entrenudos, induce marcadamente la formación de yemas florales. Efectos similares los causa Apogee (Valencia, 2010).

La respuesta es mayor cuando se aplican combinaciones de Alar y Etefon. Este efecto es menos impresionante en frutas de hueso. En peral se requiere el uso de cicocel (cloromequat) para lograr una temprana floración. Han demostrado que los resultados de tipo sintético son selectivos en sus efectos en especies frutales. Otras substancias que actualmente se experimentan en manzano son citocininas y algunas otras con efectos similares a éstas, como el caso de difenilurea. La acción de los reguladores de desarrollo (retardantes) mencionados como estimulantes de floración, depende, aparentemente de su habilidad para bloquear la síntesis de giberelinas consideradas inhibidoras de floración (Ramírez, 2008).

22 2.2.5.3 Aumento en Cuajado del Fruto

El cuajado del fruto depende de una efectiva polinización y es, quizás, uno de los procesos más susceptibles de la cadena de eventos que conducen la producción. Existen evidencias en la literatura de que un factor parcial o total en producción es atribuible a una inadecuada polinización producto de falta de polinización o a condiciones de clima durante floración, las cuales pueden dañar la flor o bien reducir la actividad polinizadora de insectos. Las especies ciruelo, durazno y cerezo de floración temprana no son recomendables en áreas en donde se presentan con frecuencia, heladas tardías ya que estos siniestros reducen el cuajado al matar total o, parcialmente los tejidos del estilo (Ramírez, 2008).

2.2.5.4 Control de Maduración del Fruto

Los agricultores con grandes extensiones de plantación de un mismo cultivo y con suficiente mano de obra, con frecuencia cosechan parte de su fruta antes de la época óptima. Este producto, por lo general, no tiene condiciones fisiológicas apropiadas para almacenamiento por largo tiempo, y por otro lado, su calidad para consumo inmediato es baja. La utilización y combinaciones de Etefon y 2,4,5-TP aplicados a los árboles pocos días antes de la cosecha, puede ser una solución en este renglón, además de que mejoran la calidad de la fruta. El etileno que libera el Etefon una vez que este penetra el tejido de fruto, acelera el proceso natural de maduración; de esta manera se mejora el sabor y la apariencia; por otro lado, la utilización de la auxina sintética reduce el efecto de estimulación de caída prematuramente. La tasa de maduración y por supuesto, el intervalo de tiempo entre tratamiento y cosecha, puede variar con temperaturas y otros factores, sin embargo el balance de maduración puede ser evaluado por el agricultor con la prueba del yodo y conseguir, de esta manera, la desaparición de almidón. Por otro lado, la aplicación de Retain puede retrazar la maduración del fruto permitiendo una cosecha tardía (Ramírez, 2008).

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