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Tage lang nri~IIa und unnuhig nZtn (de modo que la parte no escrita de la carta me llenó e inquietó durante

2.4. Efecto, de realidad: La tal: Deixis.

Hemos visto, pues, cómo a través de la inscripción

tntual del tiempo real de la escritura o de la

situación de enunciación y de la figura del enunc,iador—

narrador, se crea un efecto de sentido de realidad a

través del uso de deicticos y de referencias a la

localización temporal desde la que se enuncia e incluso,

del espacio propio de la enunciación, del qu. hablaremos

7~

Pero antes, recordemos la definición que Lyons

ofrece a propósito de la “deixis”:

“El término “deixis”, —que procede de una palabra

griega que significa “señalar” o “indicar”—, se emplea

ahora en linqaistica para aludir a la función que

desempeñan los pronombres personales y demostrativos, el

tiempo gramatical y una serie de otros rasgos gramaticales y léxicos que relacionan los enunciados con

las coordenadas espacio—temporales de la enunciación”.

Ahora bien; esta grawaticalizacic5n y

lexicalización de la deixis, parece referirse

especialmente a una situación canónica de enunciación,

entendiendo por ésta, aquélla que conprende “una

señalización de uno a uno o de uno a muchos en el medio

tónico a través del canal vocal—auditivo, Con todos los

participantes o interlocutores presentes en la misma

situación real, capaces de verse unos a otros y de

percibir los rasgos paralinqiaisticos no vocales

asociados a las respectivas enunciaciones y con la

transferencia alternativa de la función de emisor y

Dado que en la carta la situación de enunciación

no se realiza cara a cara entre destinador y

destinatario, habría que señalar nuevamente el carácter

“fingido”, -en términos de Hambúrger—, de esta deixis

que afecta a la persona, al espacio y al tiempo. con

respecto a este carácter inauténtico de los deicticos en

la carta, cabe señalar lo que a cgt. propósito señala

Cristina Pefia-Marin~• a partir de la afirmación de

Simonin Grumbach7’ de que en los textos escritos no

existen “auténticos” deicticos. Dice así peAa—Marin:

“Una carta, por ejemplo, tiene todas las

características del “discurso”, pero los deicticos no

son en realidad tales, pues el “yo” que aparece en el

texto sólo es localizable por referencia a la finsa que

también se encuentra en ej. texto; el “ayer” remite a la

fecha de la carta, etc. Los deicticos sólo son

“auténticos” cuando la situación de enunciación, —su

sujeto, momento y lugar—, quedan implícitos, pues desde

el momento que sean explicitados en el texto, todo

elemento que remita a ellos resultará en realidad un

anafórico”.

En la carta, por tanto, debemos hablar de “efectos

acto de la recepción, por parte del destinatario: aunque

éste, inmerso en un tiempo y espacios diferentes,

recibe, —a través de la explicitación del acto de

enunciación que desarrolla el destinador—, un efecto de

inmediatez de la escritura recibida.

Para que se produzca este efecto de inmediates en

la mente lectora o receptora, es precisa una operación

de interpretación por parte de ésta, trasladándose así

al momento y lugar donde se desarrolló el acto de

enunciación.

Fijémonos en el ejemplo siguiente, basado en un

acto ilocutivo por parte del enunciador Xafka, donde se

reclama la atención del destinatario—Felice:

~g sieh, Felice, wie traurig ~fl ist”

“EÁi.&ts,

ralle., lo triste que e. nZ2” (6/7—VI— 1913)

La forma en imperativo reclama la atención sobre

un hecho puntual y presente en el momento de la

enunciación, expresado además mediante el deictico

En los ejemplos siguientes, el uso de la deixis

temporal expresada mediante un adverbio de tiempo.

desplaza el acto de lectura posterior, que convierte el

presente en un pasado, al acto mismo de la enunciación

y del tiempo en que ésta se produce:

“Unó itLfl, gute Nacht”

“Y 4h~n. buenas noches” <7—VI—Igl)) o bien:

“Und aun, sehíafen”

“Y ~fl¡, a dormir” (7—VI—1913)

O cuando el destinatario Felice es interpelado

sobre lo que hace en el momento de la enunciación,

obviando así el ineludible “décalage” que separa los dos

momentos de la escritura y de la recepción:

“S~nhÁZn Du 4flfl? Oder IáJXL Du n~j~i, was ich

verurteilen wúrde?

“¿fluian en este momento? ¿O estás leyendo

1~uy curioso resulta también cuando la inscripción

temporal en las cartas referida al pasado del

destinatario, se localiza en el presente del enunciadort

“Montag schriebst Du mir, daB 0,x mir jLnILi&tZLAn

w.±s~r

jeden Taq schreiben willst”.

“El lunes me dijiste que de ahora en adelante

quieres volver a escribirme todos loe días” (6/7—VI—1913)

La fórmula “de ahora en adelante’ o “a partir de

ahora” (“von jetzt an vieder”>, localiza el pasado de la

carta de Pche., donde estaba contenida esta expresión

temporal, al presente actual en que el enunciador Kafka

escribe. En alemán, “an vieder”, —traducible por “en

adelante”-, toma como punto de referencia el adverbio

temporal que lo precede “jetzt” (ahora>, con lo que el

pasado a partir del cual se organiza el deseo de Felice,

se expresa en el presente del enunciador Kafka.

Aún mejor se percibe este erecto de realidad

presente, cuando la localización espacial acompaña a la

“Durch irgendeinen Zufalí jfrgS, dic Notize tíber

Lówy Y2L.Aa.r, fljsrúit sic”.

“Por no sé qué azar, la nota sobre Lówy sIXLng3aI

~i1~n~L~t.mi y ahí la tienes” (l0—VI—191))

Curiosamente, si traducimos literalmente del

alemán y optamos por el “aqul está”, —y no por el “ahí

está» del traductor-, vemos cómo el enunciador Kafka

optó por inscribir textualmente el espacio a partir de

su propia realidad enunciativa, su “aquí” y “ahora”,

obviando así la posterior situación de recepción.

Sin embargo el traductor, más atento a la

situación de recepción, traduce el deictico alemán “hier” (aquí), por el anafórico “ahí”, como si el

enunciador, mediante este anafórico, remitiera el objeto

a percibir al destinatario.

Pero estos efectos de inzediatez se acompañan a

veces de otros efectos paralelos, que Patrizia Vich’

llama “efecto de distancia”, y que no es más que una

previsión e inscripción textual del tiempo futuro de

Si hasta ahora set¡alábamos la subjetividad de la

carta en cuanto a la inscripción textual de la situación

de enunciación del enunciador, ocurre que a veces esta

subjetividad se acompaña de las marcas espaciales y

temporales que prevé el enunciador en el acto de

recepción posterior, adquiriendo de esta manera la carta

una doble articulación espacial y temporafl la del

tiempo y lugar de la enunciación y la d.l tiempo y lugar

de la recepción, apareciendo así el destinatario

perfectamente instalado en el texto como el otro polo

comunicativo que da lugar a esta dimensión dialógica de

la correspondencia epistolar.

A veces, el otro polo del ej. comunicativo, el

destinatario, es inscrito textualmente en el momento de

la enunciación, anticipando así el efecto futuro que la

carta producirá en el destinatario. Por otra parte, esta

anticipación de la futura recepción sigue siendo

expresada en presente, produciéndose nuevamente un

efecto de inmediatez, como si los dos interlocutores se

encontraran en una situación cara a cara:

,iie ich Sic da unterhaltel Liebes Fráulein, solí

Icómo la estOy cntreteniendo! ¿Debo, querida

señorita, levantarme y dejar de escribir? <27—X—1912)

O bien en:

“L’nd jfl¡~ saqe idi Thnen nocb Cute Natht und jis

~jfl~flfl mit ruhigen Atemzúgen”.

“Y ~ le doy una vez más las buenas noches y

usted me lo agradece respirando apaciblemente”.

(3—XI—1912>

Observamos cómo, anticipando el cf seto en la

recepción del escrito, el futuro se traspone al presente

mismo de la enunciación (“Sic danken”> <“usted me lo

agradece”), como si ambos actos fueran simultáneos.

Esta anticipación del acto de la recepción es

incluso utilizado a veces por el enunciador para dar

unas “instrucciones de lectura” al destinatario, como en

el ejemplo siguiente:

«Liebes frAulein Felicel

Sic dúrf en mir diese Ausprache wenigstens fúr

“Querida señorita Felice,

No debe tomarme a mal este encabezamiento de la

carta, al menos por esta vez (l—XI—1912>

Más sorprendente resulta aún la presentificación

del acto de recepción cuando el enunciada recrea una

situación de diálogo oral, con apelación al nivel

sensible del destinatario, como si el diálogo se

desarrollara efectivamente cara a cara y no se tratare

de leer, sino de “escuchar”:

liMnJx~rgn

Sic, Líebstes Fráulein, es ist mir, als bekánaen ucine Worte in der Stille der Nacht mehr

Xlarheit”.

“Y ahora escuche, queridisima señorita, me parece

como si mis palabras cobrasen mayor claridad en el

silencio de la noche” (8—XI—1912)

Vemos así cómo las cartas, basándose en un diáloqo

diferido, rompen a veces esta realidad de distancia para

tntentar transponer a un plano dc presencia aquello que

no es sino ilusión de encuentro. La dialéctica entre

veces se transforma en el lugar ideal para lo

ixuaginario, lugar donde la recreación del “otro” se

convierte, textualmente, en un encuentro “real” de

presencia.

No he encontrado mejor ejemplo para ilustrar la

presencia imaginaria del “otro”, que el párrafo que

75

PeAa-Marin transcribe como ejemplo de “ficción enunciacional”, donde el destinatario, después de ser

interpelado como “usted”, pasa a ser evocado acto

seguido coso si ambos interlocutores se hallaran en

presencia uno de otro: el “usted” pasa a ser una

presencia casi fantasmal, un “tú”, ya tan Cercano al

deatinador que en su mente es representado mediante el

adverbio de luqar “entrante” (gegenúber):

“(Was setzt bu Diaz Xensch jstfl in dieses atillen

Zimner, das allerdinga Oir gehór-t, mit pecenúber.

(¿Y tú, por qué vienes a sentarte ahora enfrente de al

en esta habitación silenciosa que, eso es verdad, te

pertenece’...)“.