La mayor parte de los efectos cardiovasculares producidos por la medetomidina se deben a su interaccionan con adrenoreceptores α2b centrales y α2a periféricos (Link et al., 1996). Como el resto de sedantes de su grupo, la medetomidina ejerce importantes efectos cardiovasculares.
La acción periférica de la medetomidina sobre los receptores 2a ejerce una intensa vasoconstricción, la cual ocasiona un incremento de la presión arterial y de la resistencia vascular sistémica (Savola et al., 1986; Venugopalan et al., 1994; Ko et al., 1996; Pypendop & Verstegen, 1998; Ko et al., 2001). Este efecto hipertensor es dosis- dependiente y va descendiendo hasta alcanzar los valores basales al cabo de 15-20 minutos (Vainio, 1985; Savalo, 1989; Vainio & Palmu, 1989; Ko et al., 1996; Pypendop et al., 1996; Pypendop & Verstegen, 1998; Ko et al., 2000; Ko et al., 2001).
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La administración de medetomidina ejerce un incremento de la presión arterial dosis-dependiente. Este efecto vasoconstrictor queda reflejado en la reducción del filtrado glomerular (Fusellier et al., 2007). El efecto hipertensor determina una reducción del tono simpático por un reflejo vagal (Ruffolo, 1985; Short et al., 1992; England et al., 1992; Vainio, 1997) que conlleva bradicardia e hipotensión duradera, mayor que la hipertensión inicial (Hollingworth, 1992; Hollingworth & England, 1992; Cullen & Reynoldson, 1993). El efecto hipotensor no solo es dosis-dependiente, sino que también se ve afectado por la vía de administración, mostrando una mayor repercusión hemodinámica la ruta endovenosa que la intramuscular (Vainio & Palmu, 1989).
La medetomidina produce una bradicardia de tipo sinusal muy marcada, evaluándose un descenso que va del 20% al 64% (Vainio & Palmu, 1989; Clarke & England, 1989; Vähä-Vahe, 1990; Cullen & Reynoldson, 1993; Venugopalan et al., 1994, Granholm et al., 2007). Aún siendo una bradicardia prolongada que puede durar de 1-3 horas, parece ser dosis-dependiente (Vainio, 1989; Cullen & Reynoldson, 1993; Venugopalan et al., 1994), aunque algunos autores no han hallado esta conclusión (Ko et al., 2001). La administración de atropina o glicopirrolato previene la bradicardia provocada por la medetomidina durante 50 minutos, pero puede ser perjudicial al producir taquicardia, hipertensión y pulso alternante (Bergström, 1988; Vainio & Palmu, 1989; Alibhai et al., 1996; Ko et al., 2001). Se han citado bloqueos cardiacos, contracciones ventriculares prematuras y taquicardia con la administración de estos agentes de forma simultánea o antes de la inyección de medetomidina. Por ello, la bradicardia producida por la medetomidina se revierte de manera más segura con el atipamezol (Granholm et al, 2007).
Además de la bradicardia, la medetomidina produce alteraciones en el ritmo cardiaco del mismo tipo que el resto de los agentes 2 agonistas. Aparecen bloqueos atrioventriculares de primer y segundo grado tras su administración (Clarke & England, 1989; Short et al., 1992; England et al., 1992). Otras alteraciones en el electrocardiograma que se han citado son el ensanchamiento del intervalo P-Q (enlentecimiento en la conducción del estímulo cardiaco) y modificaciones en la onda T (alteraciones en la repolarización de los ventrículos) (Pettifer & Dyson, 1993; Venugopalan et al., 1994). Parece ser que los efectos observados en la frecuencia y el
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ritmo cardiaco se deben principalmente a una acción central α2b y a la estimulación de los receptores presinápticos periféricos, que ocasionan una estimulación del sistema parasimpático y una depresión del simpático (Schmeling et al. 1991; Day & Muir, 1993).
La medetomidina también provoca vasoconstricción en la circulación coronaria (Schmeling et al., 1991; Hayashi & Maze, 1993) disminuyendo el aporte de oxígeno al miocardio, por lo que hay que tener cuidado cuando se usa en pacientes con enfermedades miocárdicas (Flacke et al., 1993). La medetomidina ejerce un importante efecto inotropo como consecuencia de su acción vasoconstrictora (De Morais & Muir, 1995). En cuanto a la circulación cerebral, justo después de la administración de medetomidina se observa una elevación de la presión arterial media y la presión de perfusión, sin que existan cambios en la presión intracraneal (Keegan et al., 1995).
Los efectos hemodinámicos son más marcados a altas dosis, mientras que a dosis inferiores a 10 µg/kg predominan los efectos sedantes de la medetomidina (Haskins et al., 1986; Ko et al., 1998). Además, a altas dosis, la elevación de la posología no aumenta el grado de sedación sino que prolonga el efecto sedante (Vainio, 1989).
En 1992, Tranquilli y Benson, realizaron un estudio comparativo entre xilacina y medetomidina en perros y gatos, sugiriendo que ambos fármacos eran efectivos en sedación y analgesia cuando se usaban junto con benzodiacepinas, agonistas opioides y agentes disociativos. Sin embargo, debido a sus marcados efectos sobre el sistema cardiovascular, recomendaban restringir su empleo a pacientes sanos y jóvenes, en cirugías de rutina o en procedimientos diagnósticos.
1.3.2 EFECTOS RESPIRATORIOS
La medetomidina ofrece una disminución del volumen minuto como consecuencia de una reducción del volumen inspiratorio y de la frecuencia respiratoria (Soma, 1971). Eso determina una leve depresión respiratoria que es de menor intensidad que la ocasionada por los agentes inhalatorios, aunque su efecto depresor se ve potenciado por la administración conjunta de agentes anestésicos (Bloor et al., 1989; Sinclair, 2003). Después de la inyección y durante un tiempo variable la respiración se
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hace más lenta y profunda, pudiendo aparecer un patrón respiratorio de Cheyne-Stokes (Vainio, 1990; Pettifer & Dyson, 1993; Hammond & England, 1994; Venugopalan et al., 1994). Las variaciones en la presión de oxígeno arterial son mínimas o nulas, observándose un ligero aumento de la presión parcial de CO2 en sangre arterial (England & Clarke, 1989; Vainio, 1990; Cullen & Reynoldson, 1993; Pettifer & Dyson, 1993; Venugopalan et al., 1994). La frecuencia respiratoria disminuyó significativamente en perros sedados con medetomidina (30 µg/kg, IM) y butorfanol (0,2 mg/kg, IM), comparado con los animales sedados con medetomidina sola (30 µg/kg, IM) o medetomidina con ketamina (3 mg/kg IM) (Ko et al., 2000).
En diversos estudios se ha observado cianosis en perros sedados con medetomidina (England & Clarke, 1989; Sap & Hellebrekers, 1993; Cullen, 1996). No obstante, los pacientes cianóticos no presentaron cambios significativos en la presión parcial de O2 en sangre arterial, y la saturación de O2 fue mayor al 95%. La presión parcial de O2 en sangre venosa fue baja y el flujo venoso fue lento. Con una frecuencia cardiaca baja existe un enlentecimiento del flujo sanguíneo, lo que permite a los tejidos aumentar la extracción de O2. Por lo tanto, la cianosis pudo deberse a una mayor desaturación de la sangre venosa (England & Clarke, 1989; Sap & Hellebrekers, 1993).
Con el fin de contrarrestar estos efectos respiratorios se aconseja preoxigenar mediante una mascarilla con oxígeno al 100% a los animales premedicados con medetomidina (Ko et al., 2007).
1.3.3 EFECTOS SOBRE HOMEOTERMIA
Se produce una hipotermia dosis-dependiente con el uso de los agonistas 2 adrenérgicos, ya que estos fármacos deprimen los receptores noradrenérgicos del hipotálamo y la tonicidad muscular (MacDonald et al., 1988; Virtanen, 1989b; Verstegen & Petcho, 1993; Cullen & Reynoldson, 1993). Tomizawa et al. (1992), observaron la pérdida de temperatura a dosis más bajas de 10 y 20 g/kg, cifrándola en 0,4 y 0,01 ºC respectivamente, en los primeros 30 minutos de sedación. A dosis de 40 y 80 g/kg, registraron un aumento de la temperatura corporal de 0,01 y 0,1 ºC.
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Sin embargo, y a pesar de la ligera hipotermia, los α2-agonistas en comparación con otros sedantes, ejercen un menor efecto hipotérmico gracias a la vasoconstricción periférica y a la redistribución central de sangre (Sinclair, 2003).
1.3.4 EFECTOS GASTROINTESTINALES
Diversos estudios han cuantificado el porcentaje de náuseas y vómitos asociados a la medetomidina en un 8-30% de los perros y en la casi totalidad de los gatos (Vainio et al., 1989; Nilsfors et al., 1989; Brander et al., 1991; Pettifer & Dyson, 1993). Los α2- agonistas ejercen su efecto emético sobre la zona gatillo del sistema nervioso central (Colby et al., 1981).
La acción de la medetomidina sobre los adrenoceptores 2 centrales y especialmente, sobre los receptores periféricos, inhibe las secreciones gástricas y la motilidad (Soldani et al., 1984; McNeel & Hsu 1984). El efecto inhibidor de la motilidad sobrepasa a la sedación, por lo que se supone que en su acción están implicados receptores periféricos (Short et al., 1992). Recientemente se ha descubierto que los α2-agonistas mejoran la sintomatología del síndrome de intestino irritable en el hombre (Blandizzi, 2007).
Maugeri et al. (1994), tras administrar 30 g/kg por vía intravenosa en perros sometidos a ayuno, comprobaron como se inhibía el patrón mioeléctrico migratorio complejo del intestino delgado durante unas dos horas. También comprobaron como el tono de la musculatura del colon aumentó al inicio para posteriormente verse inhibida. En perros no ayunados se produce un aumento del tono del colon proximal, mientras que la actividad del colon medio y distal queda suprimida. (Short et al., 1992; Maugeri et al., 1994).
1.3.5 EFECTOS URINARIOS
El efecto diurético de la medetomidina en el perro ha sido asociado a la inhibición de la hormona antidiurética (Short et al., 1992; Burton et al., 1998; Saleh et al., 2005). En cambio, no aumenta ni la presión ni la amplitud de las contracciones de la
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pelvis renal, aunque sí disminuye el peristaltismo y la presión uretral (Grimm et al., 2001). Fusellier et al. (2007), concluyeron que la medetomidina disminuye la filtración renal. Así mismo, se ha comprobado como aumenta la osmolaridad sanguínea y la fracción de aclaramiento del potasio, como consecuencia de su acción diurética (Burton et al., 1998).