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Los efectos de las convulsiones políticas en la Hacienda pública chilena de comienzos de los años

Uno de los primeros efectos políticos importantes al interior del gobierno de lo sucedido a partir de 1848 fue la renuncia al cargo de ministro de Hacienda de Manuel Camilo Vial, quien había ejercido dicha cartera entre 1846 y 1849. Debido a sus diferencias con el presidente de la república, de quien además era primo, fundamentalmente por la lucha en la sucesión presidencial, Vial junto a varios parlamentarios formaron el año 1849 un partido progresista de orientación liberal. Lo interesante de este ministro fue que poseía como pocos una visión del país que proyectaba en el largo plazo y en la cual sobresalían tres aspectos que hablarán no sólo de una concepción económica sino también político social de la historia chilena de aquellos años.

12Memoria del Ministerio del Interior, Ministro Antonio Varas, 25 de Agosto de 1851, Imprenta Nacional,

Santiago de Chile, 1851, p.654.

13 Ibid, p.655. Una defensa de la sociedad de la igualdad la hará uno de sus integrantes, José Zapiola en La

sociedad de la igualdad y sus enemigos, Santiago de Chile, Editorial Guillermo E. Miranda, Imprenta de Enrique Blanchard-Chessi, 1902, passim.

Por una parte, el ministro señalaba que en su tiempo no existía propiamente tal una clase privilegiada que para mantener los monopolios que disfruta anhele encargarse de las funciones públicas, haciendo alusión a lo que modernamente se señala como ausencia de burguesía moderna o falta de modernización de las clases pudientes para la época14. Por otra parte, todo esto era signo de una falta de desarrollo que impedía la instalación del liberalismo económico y el despliegue de sus fuerzas, de ahí que para Vial no era prudente aceptar como normal la existencia de una renta principal que emanase de una fuente eventual como la de aduanas, creía por tanto urgente la reforma del sistema de impuestos, mostrándose partidario de empezar por la contribución de catastro15. Y finalmente Vial pensaba que para dar mayores facilidades al comercio y la industria era necesario aumentar la oferta de crédito, por lo que implemento un contrato con un privado- Antonio Arcos- para instalar el primer banco de emisión y crédito del país. Idea que causó bastante rechazo por las desconfianzas hacia el privilegio fiscal del que gozaría, que en lo inmediato no tuvo éxito y que luego, en el transcurso de los años 1850 veremos que comenzará a generar mayor consenso. Al ministro Manuel Camilo Vial lo sucederá en el cargo, por un corto lapso de tiempo, Antonio García Reyes (1849-1850), al que a su vez lo sucederá Jerónimo de Urmeneta (1850-1852) quien, al comienzo de su ejercicio, deberá enfrentar uno de los efectos negativos de la crisis política de comienzos de los años cincuenta, que se apreciará en los ingresos fiscales. De acuerdo a las cifras que consignará la memoria de hacienda de 1851, bajarán tanto los ingresos de Aduanas como los ingresos

14 Cfr. Memoria del Ministro de Hacienda, Editorial Imprenta Nacional, Santiago de Chile, 1848, septiembre

15, passim. Acerca de la caracterización de una burguesía moderna para el siglo XIX chileno Cfr. Villalobos, Sergio, Origen y ascenso de la burguesía chilena, Editorial Universitaria, Santiago de Chile, 5ta. Edición, 2006, passim.

totales ordinarios que recibe el Estado16; sin embargo, se percibirán nuevas posibilidades, lo que hace más necesario que nunca el establecimiento del orden interno. Para el caso de los productos agrícolas, se subrayará la apertura de los nuevos mercados internacionales a propósito del descubrimiento de oro en California17, pero se insistirá en que toda esperanza de progreso se puede ver aniquilada sino se dispone de los instrumentos y el conocimiento correspondiente de los recursos y del territorio nacional.

Volverá a rondar la necesidad de perfeccionar la estadística, a propósito de la renta decimal y su reemplazo por la contribución territorial18 y se hará urgente la elaboración de una cartografía nacional que contenga la exacta magnitud del territorio:

[…] el gobierno tiene encomendado a M. Pissis uno de los trabajos más interesantes; cual es la formación de la carta topográfica del País. Se ha indicado a dicho señor lo conveniente que sería fijar en ese mapa la casa principal de cada hacienda. Siendo que el fundo que no posee datos de tasación y mensura, por lo menos no carece de títulos que manifiesten sus límites, estas se podrían fijar de un manera bastante exacta; y a la vez que los diversos colores manifestarían las distintas clases de terreno, será este un medio para formar la base de la contribución territorial19.

Se combinará el interés por diseñar una tasa impositiva que rinda en mayor plenitud sus frutos, con la necesidad por conocer una geografía que, en buenas cuentas, deja de ser sólo paisaje cuando se descubre un nuevo recurso. En los hechos, posibilitaría también ejercer un mejor control.

16 Cfr. Tabla anexa a esta tesis y en particular Memoria del Ministro de Hacienda, Ministro Jerónimo de

Urmeneta, Editorial Imprenta Nacional, Santiago de Chile, 1851, p.693.

17

El empresario y colonizador chileno Vicente Pérez Rosales recuerda esta etapa de la fiebre del oro en California y el impacto sobre la migración hacia esos territorios y especialmente la demanda surgida sobre la agricultura chilena Cfr. Pérez Rosales, Vicente, Recuerdos del pasado,1814-1860, Santiago de Chile, Ed. Gabriela Mistral, 1976, especialmente Cap. XIII, pp.250 y ss.. Además Cfr. M.M.H., 1851, p.693.

18

Memoria del Ministro de Hacienda, Ministro Jerónimo de Urmeneta, Editorial Imprenta Nacional, Santiago de Chile, 1851, p.698.

19 Memoria del Ministerio de Hacienda, Ministro Jerónimo de Urmeneta, 2 de Junio de 1851, Editorial

Imprenta Nacional, Santiago de Chile, 1851 p. 699. La publicación de A. Pissis vera la luz como Atlas de la geografía física de la republica de Chile, publicado por el Instituto geográfico de Paris, Ch. Delagrave, Editor de la sociedad geográfica, en 1875.

En la permanente cuestión que aparece en el discurso hacendístico, a propósito del monopolio del Estanco, tenemos que su existencia en parte también se debe al desconocimiento del espacio económico y a las dificultades en el control de la circulación, pues, uno de los grandes problemas que surge para una más óptima recaudación, está relacionado con el contrabando o en otras palabras al comercio clandestino. El comercio al margen de la ley, supone no sólo conexiones con el mercado exterior, sino también, a pesar de la baja calidad, con el cultivo y la venta de tabaco en el territorio nacional esto “hace más manifiesta la necesidad de su extinción”20

.

El descubrimiento de oro en California, traerá consigo un problema que tendrá relación no sólo con el acceso a nuevos mercados, sino también observará el impacto que el aumento del metal precioso causará en la circulación económica y particularmente en el valor de la moneda. Aquí nos volveremos a encontrar con aquella dimensión que el discurso económico gubernamental planteará como la más novedosa y en ese sentido la más moderna. En el caso chileno, el aumento de la oferta del oro se conectará con el aumento de la producción de las minas de plata “... que han duplicado su producto en el espacio de tres años y no es mucho esperar se vuelvan a duplicar pronto, con las facilidades que un ferrocarril proporciona y la baja consiguiente en el valor de las provisiones y demás”21

.

Entre el aumento de la producción de oro y la producción de las minas de plata chilena, se adivina un impacto sobre los precios que se verterá en el valor del dinero: “la

20

Ibid, p.702.

cuestión de desmonetizar el oro ocupa en el día la atención de muchos hombres pensadores de Europa; por lo que cualquier opinión que se emita al respecto, será arriesgada”22

.

A la altura de 1851, el gobierno estará a la espera de las medidas que apliquen las grandes economías capitalistas de occidente, particularmente Inglaterra y Estados Unidos:

[…] donde el metal fijado para pagos legales es el oro, es de suponer se anticipen a tomar las medidas necesarias para evitar una depreciación repentina del metal que forma la base de la moneda circulante; hasta ahora no hay noticias que en dichos países se haya fijado la atención del gobierno en esta materia23.

El problema no es menor si consideramos que el valor de la moneda opera bajo el régimen bi-metálico, por lo que se requiere de un equilibrio entre la producción y el valor de mercado de la plata y por otro lado del oro. Asumir estos problemas significa replantear el régimen monetario que regía en Chile.

En medio de la vorágine californiana, que implicó un aumento de la demanda de productos agrícolas, esta última industria comenzará a tomar vuelo, lo que generará un crecimiento en el número de molinos de pan especialmente de fabricación de la harina flor. El informe de hacienda, celebrará que la demanda exportadora hacia California se haya concretizado en 1850 en la venta de 231.067 sacos de dos quintales cada uno, hacia ese mercado24. Esto acelerará más aun la necesidad de perfeccionar los mecanismos estadísticos y la difusión de la información del comportamiento de los precios del mercado hacia adentro de la economía: “Se ha decretado la publicidad mensual de los precios

22 Ibid, p.704. Existe un viejo y bello libro de Pierre Vilar donde el historiador francés se dedica a reflexionar

sobre estas cuestiones Cfr. Vilar, Pierre, Oro y moneda en la Historia 1450-1920, Barcelona, Ariel, 1969. Ver sobre todo Lección XXXVI, “Metales preciosos y coyuntura en el sigo XIX”, pp.387 y ss. y especialmente la p.390.

23 Ibid, p.705. Nuevamente el mercado externo aparece aquí como indicador del curso de las cosas, al que la

economía chilena debe adaptarse.

corrientes de frutos del país de cada provincia, encargando su cumplimiento a los intendentes”25

.

Y el Ministro Urmeneta, volverá a aquella reflexión que encontrábamos presente en los años cuarenta señalando que, al detenerse para dar una mirada al conjunto de la marcha económica del país, esperaba que llegara pronto el momento en que su despegue fuera permanente y ascendente:

[…] hay una época en la vida de las naciones en que aparecen las manufacturas y prosperan sin la cooperación del gobierno. Cuando se trata de plantear establecimientos de esta naturaleza, anticipándose a esa época natural, el amparo que puede prestar un gobierno es insuficiente para su prosperidad. El capital en una nación nueva naturalmente fracasa, y su inversión no puede tener lugar sino en aquello más productivo; cuando ha aumentado de modo que el interés del dinero lo acredita por su bajo precio, nacen toda clases de empresas, y entre ella los establecimientos fabriles26.

La transición entre una época y otra implica cruzar en medio de fuerzas que afectan, de un lado y de otro, cualquier voluntad sincera de progreso, pues si se trata de establecer privilegios proteccionistas sobre un rubro, área o sector, este arbitrio forjará una contribución sobre la mayoría a favor de unos pocos. Por otro lado, el apuntalamiento de un sector de la economía a través de medidas que van en la dirección proteccionista se cruzaría, según Hacienda, con la “lógica del capital”, pues:

[…] el aumento de la producción sólo tiene lugar cuando se aumenta el Capital o el número de trabajadores o bien el estímulo a esa clase de industria. Que los derechos protectores no aumenten el Capital parece evidente, y si el número aumenta aparentemente en esa clase de trabajo, será con abandono de otras ocupaciones27.

25 Ibid, p.716. 26

Ibid, p.717.

Las relaciones entre el trabajo y el capital para el discurso de Hacienda, miradas desde la forma en como se encuentran en la circulación, no deja de plantear incertidumbres. Apelando al ejemplo de la producción de paños, Jerónimo de Urmeneta intentará dibujarle a esta incertidumbre algunos contornos:

No pudiéndose producir una vara de paño por menos de diez pesos, el paño extranjero, que sólo vale cinco pesos, se recarga con cinco pesos de derecho y queda equiparado el producto nacional y el extranjero. Si el paño no se producía antes, era porque el producto del trabajo y del capital en esta clase de especulaciones producía menos que en otras28.

Llegando sólo hasta ahí, según el Ministro, se evitaría, a raíz del proteccionismo, una disminución de la inversión. Aquí se esboza la imagen del equilibrio perfecto que se articularía entre Capital y Trabajo, equilibrio que en el movimiento depende de la libre concurrencia que se da únicamente “en la etapa natural de instalación” de la industria fabril. Por otra parte, el discurso gubernamental seguirá insistiendo en que la incidencia negativa de la alteración del orden redundaría en una baja del comercio y que por el contrario, una vez que este se tranquilice volvería a retomar su nivel normal incluso con mayores bríos, lo que se probaría con la recuperación de 185329.

Ahora bien, un aumento rápido pero sin fundamentos sólidos tampoco favorecería el impulso al progreso. Es lo que se percibe en 1853, pues el incremento de la industria y el comercio que según el ministro de hacienda ha recibido el país, no siempre debería llevar al optimismo de mediano plazo, pues, a veces el mayor exceso de importación en un año puede ser positivo para ese momento, pero negativo para los años subsiguientes. Sólo si el aumentó deriva de la producción general, se está en presencia de una base sólida, la más

28 Ibid, p.717 29

Memoria del Ministerio de Hacienda, Ministro José Guillermo Waddington, 15 de Junio de 1853, Editorial Imprenta Nacional, Santiago de Chile, 1853, p.347

sólida, de la que puede formarse el bienestar: “un aumento rápido pero infundado, nos traería un bienestar aparente y del momento pero la reacción que sucede a todo cambio violento, pronto nos haría conocer sus fatales resultados”30

.

Más allá de las razones pragmáticas que el discurso argumenta, lo claro es que hay una dimensión de la economía donde la intervención del Estado e incluso donde la inversión pública para activar el comercio y la industria local, no necesitan argumentación ni obliga a ajustar las doctrinas, pues se trataría simplemente de intervenir para compensar las condiciones desiguales del intercambio. Uno de los casos a ejemplificar, a la altura de 1853, es el del financiamiento de los almacenes fiscales que servirán para guardar las mercaderías de paso por el puerto de Valparaíso. A esta altura al Ministro Urmeneta le sucedió en su cargo de Hacienda el Ministro José Waddington (1852-1854) quien, continuando en esto con la línea de su predecesor, señalaba que a pesar que la construcción de dichos almacenes ha costado a la nación el “sacrificio de caudales” con el fin de atraer el comercio, este sacrificio sería compensado con el aumento de la renta fiscal. En verdad los problemas más complejos de Chile tenían que ver con su propia localización y con su propia geografía. En comparación con Estados Unidos, la producción en Chile sería infinitamente más barata pues el país no tenía las fuertes contribuciones a la propiedad que regían en el país de América del norte, luego tampoco tenía altos salarios. Sin embargo, el gran inconveniente con el que se enfrentaba era lo caro del transporte por las condiciones difíciles de la naturaleza del terreno y por carecer prácticamente de ríos navegables, a diferencia de las grandes potencias. Pero nuevamente las circunstancias históricas internacionales podían jugar a favor si, la apertura del ferrocarril en el istmo de Panamá, lejos de solo desfavorecer nuestro comercio, también podría presentarse como una vía de

acceso a nuevos mercados más vastos y seguros que los que existían31. Si esto ocurre, según el discurso de hacienda, el país debería estar preparado “para llegado que sea el caso pueda obrar con acierto”32, aligerando los gravámenes que pesan sobre la agricultura, facilitando los transportes y estimulando la mejora del cultivo para que el producto sea aun mejor en nuestro territorio:

[…] una vez afianzada la producción en el país, que es la verdadera riqueza, ningún cambio en el comercio vendrá a privarnos de ventajas que por su naturaleza están exentas de las eventualidades de un mercado, pudiendo, si conviene, buscar otro que más acomode33.

El ministro José Waddington se mostraba optimista en relación con las potencialidades del país y junto con recomendar facilitar los transportes y estimular la mejora del cultivo, se declarará partidario de aligerar los gravámenes a la agricultura. La independencia económica, entendida como el levantamiento de una potencia en relación con el mercado externo (y no la autarquía), vendría a equilibrar positivamente los ritmos económicos. La pregunta que persistirá, versará sobre los recursos: de dónde se obtendrán los recursos para romper con el círculo vicioso.

31 Ibid, p.370. Desde comienzos de la república, se proyectó a Valparaíso como Entrepôt (almacenaje y paso

de mercancías), lo que habría llevado a descuidar la potenciación del conjunto de la economía del país “...es significativo que en las expansiones de mercado súbitas, al extremo y sucesivas, la oligarquía mercantil chilena no atinó a expandirse hacia afuera siguiendo las olas del mercado mundial (por ejemplo hacia el océano pacifico o hacia México o Panamá), sino a “dominar” el tradicional mercado peruano. Liderados por mercaderes virreinales (Diego Portales, entre otros) esa oligarquía gastó sus mejores energías en someter a su rivales limeños (tarea que le tomó más de medio siglo: 1820 a 1885) a como diera lugar, mientras, a su alrededor y en su patio trasero, los mercaderes nor-atlánticos “monopolizaban todos sus accesos al mercado mundial”, a la vez que usaban Valparaíso como plataforma para dominar los mercados del pacífico, Cfr. Salazar, Gabriel, Historia de la acumulación Capitalista en Chile, Santiago de Chile, Editorial Lom, 2003, p.63.

32

Ibid, p. 370.

La Hacienda Pública, la cuestión de los impuestos y el incentivo a la

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