1.2 E TANOL ( ALCOHOL ETÍLICO )
1.2.2 Efectos farmacológicos del consumo de etanol
El etanol produce una gran variedad de efectos fisiológicos y conductuales (Tabla 1.4). El perfil farmacológico depende de la dosis y se puede establecer una graduación que podría ser (de menor a mayor dosis): ansiolisis, miorrelajación, analgesia, sedación, amnesia, hipotermia y anestesia.
En humanos, a dosis bajas, se suele experimentar una leve excitación, un aumento de la sociabilidad y locuacidad y una conducta más espontánea. Suele ir acompañado de una disminución del estrés y la ansiedad subjetiva y de una ligera euforia. A dosis ligeramente más altas el individuo se vuelve más optimista, ruidoso, con una sobrevaloración personal y aparece una marcada desinhibición. La memoria, la concentración, la atención y la percepción empeoran, acompañado además de incoordinación motora y cambios en la función sensorial. De hecho, las funciones sensitivo-motoras son las primeras que muestran signos de deterioro por el etanol, especialmente la estabilidad y el equilibrio, que se manifiesta en la característica ataxia o marcha tambaleante. El etanol también aumenta el umbral del dolor y todos estos efectos suelen ir seguidos o acompañados de cierta somnolencia. A dosis altas, se observan signos notables de trastorno neurológico, acompañado de nistagmo, anormalidad en el reflejo pupilar a la luz y suelen experimentarse nauseas y vómitos;
seguido de letargia y malestar general. Cuando se ha ingerido una gran cantidad de etanol se llega a perder el conocimiento y aparece una intensa anestesia, hasta llegar a la parada bulbar y depresión de los centros respiratorios.
Tabla 1.4 Fases de la intoxicación alcohólica (Gual, 2002) Alcoholemia
(mg/100 ml) Efectos y alteraciones en la conducta
20-30 Sensación de bienestar, reducción del tiempo de reacción, ligera alteración del juicio y
memoria
30-60 Desinhibición, relajación, sedación leve, alteración de la coordinación y del tiempo de
reacción. Sobrevaloración personal y confianza en la propia capacidad
80-90 Dificultad en la discriminación auditiva y visual, alteraciones de la marcha, de la
coordinación, sentimientos de tristeza o de exaltación, deseo de seguir bebiendo, enlentecimiento del habla
110-120 Torpeza motriz evidente, dificultad en las actividades mentales como memoria y juicio,
disminución de la desinhibición, aparición de estados emocionales de agresividad
140-150 Deterioro de todas las funciones intelectuales y físicas, conducta irresponsable,
sentimiento general de euforia, dificultad para permanecer levantado, andar y hablar. Alteración de la percepción y del juicio
200 Sentimiento de confusión o aturdimiento, dificultad para deambular o permanecer
levantado
300 Disminución importante en la percepción y comprensión, así como de la sensibilidad
400 Anestesia casi completa, ausencia de percepción, confusión y coma
500 Coma profundo
600 Muerte por falta de respuesta del centro respiratorio
El etanol es tóxico para la mayoría de tejidos del organismo. Su consumo crónico además del desarrollo de dependencia, también se ha asociado a numerosas enfermedades inflamatorias y degenerativas que pueden acabar con la vida del individuo que las padece, como la cirrosis hepática. Sin embargo, consumido de forma esporádica, los efectos del etanol sobre la fisiología humana son rápidamente reversibles.
Los efectos principales sobre el aparato digestivo son la alteración de la motilidad, reflujo gastro-esofágico, gastritis aguda por un efecto deletéreo sobre la mucosa gástrica y alteración de la secreción pancreática. Aunque a nivel local provoca una vasoconstricción sanguínea, dosis moderadas de etanol producen vasodilatación en piel y vías digestivas por depresión del centro neuronal vasomotor. Esta vasodilatación cutánea produce un aumento de la pérdida de calor. Además, dosis altas de etanol deprimen directamente el mecanismo regulador de la temperatura en el tallo cerebral con lo que la disminución de la temperatura puede llegar a ser muy intensa. De forma crónica también puede producir alteraciones cardíacas e hipertensión arterial. El etanol también actúa sobre el sistema hipotálamo-hipófisis disminuyendo la secreción de la
hormona antidiurética lo que provoca la disminución de la reabsorción de agua por parte del riñón, con lo que aumenta la diuresis (Gual, 2002).
El etanol además provoca una profunda depresión de las funciones neuronales con una concomitante depresión del metabolismo energético cerebral (Zhu y cols., 2004). El alcohol es una droga psicotropa con capacidad de crear dependencia física, tolerancia y dependencia. Su efecto primario sobre el sistema nervioso central es depresor, sin embargo, a dosis bajas parece ser un estimulador. El aumento en el ánimo y la conducta extrovertida deben ser resultado de la desinhibición por anulación de las inhibiciones que ocurren normalmente. Conductas que normalmente están suprimidas por miedo o ansiedad son liberadas por los efectos inhibitorios del etanol. Se ha asociado este efecto con la formación reticular que controla la actividad asociativa o integrativa sobre la corteza. Consecuentemente parte de la corteza queda liberada de mecanismos de control inhibitorios.
Otro efecto asociado al consumo de etanol es la llamada resaca. Estado de malestar que aparece tras el consumo y metabolización completa del alcohol y que se caracteriza por cefalea, diarrea, temblor, fatiga, náuseas, alteraciones cognitivas, hemodinámicas, hormonales, disminución de la actividad ocupacional, etc. Se puede correlacionar con un síndrome de abstinencia agudo y su prevalencia es muy elevada. Paradójicamente es mayor en bebedores de consumo bajo o moderado de alcohol que en grandes bebedores. Algunos estudios han postulado que el acetaldehído resultante de la metabolización del alcohol podría ser el responsable de algunos de los efectos que se producen durante la resaca (ver apartado “Metabolismo y eliminación del etanol”).