Oyarzún (1998) analiza el impacto del turismo desde una doble visión: los turistas y la comunidad receptora.
Los viajes influyen positivamente en el conocimiento del patrimonio histórico cultural del país y facilita la comprensión de la vida social y cultural de otros pueblos. El impacto cultural de la actividad turística surge como un elemento enriquecedor para los visitantes desde el momento en que promueve la identificación e integración, solidifica las tradiciones y la herencia cultural. Así, de este intercambio cultural surgen nuevas formas artísticas y nuevas manifestaciones de la creatividad humana.
Por otra parte, se pueden producir cambios en sus tradiciones, costumbres y valores, corriéndose el riesgo de homogenización cultural en que la identidad local es asimilada por la cultura visitante, generalmente más fuerte. El cambio producido en la estructura de consumo de los habitantes locales ante el conocimiento de las novedades o gustos que trae consigo el visitante involucra una serie de alteraciones que pueden ir desde la forma de
vestir hasta el uso de un lenguaje diferente y nuevas necesidades. Este problema hace que los habitantes locales hagan abandono de sus tradiciones y cultura en general.
Al respecto, Mcintgosh y Gupta (1983) señalan que: "Las personas de la localidad pueden sentir resentimiento hacia el turista, provocado por la notable desigualdad económica, cultural y de conducta”. Por otro lado, la demanda de bienes provocada por la presencia de turistas puede tender a incrementar los precios.
Es fácilmente observable que una vez que los residentes de un área anfitriona asumen y valoran las posibilidades de mejorar su bienestar socio-económico, a través de su comercialización, se corre el riesgo que por satisfacer las necesidades de los visitantes sucumban ante las actitudes y valores de éstas, convirtiéndose en una mala o regular copia de la cultura visitante.
En términos generales, el impacto sociocultural del turismo puede ser positivo o negativo, dependiendo del efecto que produzca en la población involucrada. Es positivo si beneficia económicamente en forma directa a la comunidad y sin que ésta pierda sus tradiciones o estilos de vida, o bien, si los cambios ocurren para beneficio de la calidad de vida sin afectar la estructura social ni cultural de la comunidad receptora. El lado negativo del turismo, en este aspecto, surge cuando la comunidad receptora no decide sobre su participación directa o indirecta en el proceso, generándose una grave alteración a nivel social y cultural.
IMPACTOS POSITIVOS
El turismo genera actividad económica y nuevas oportunidades de empleo. El interés turístico mejora la confianza local en sí misma y el sentido del valor, reforzando la identidad local (Boissevain, 2005).
Vargas et al. (2007b) exponen la percepción de los efectos positivos clasificándolos como:
- Impactos económicos: la mejora de la inversión, más desarrollo y mejores infraestructuras; incremento de las oportunidades de empleo; contribución a la mejora de los ingresos y nivel de vida; fuente de ingresos para la economía de la localidad y el dinero invertido para atraer más turistas a la localidad es una buena inversión.
- Impactos sociales y culturales: mejora de la calidad de vida; mayor disponibilidad de actividades recreativas y lúdicas; mayor conocimiento de otras culturas; incremento de la demanda de actividades culturales y de recreo; potencia la oferta de actividades culturales; los habitantes de la comunidad se sienten más orgullosos de pertenecer a ella; mejora la calidad del servicio en restaurantes, bares, tiendas y hoteles de la zona; la mejora de la protección policial y contra incendios.
- Impactos ambientales: mayor protección del medio ambiente; mejora de carreteras y otros servicios públicos; más apoyo a la restauración y mantenimiento de edificios históricos.
Para Montaner Montejano (1996) los efectos socioculturales del turismo son los siguientes:
- Permite una mejor calidad de vida física y mental. Es un elemento de higiene mental y psicoterapia.
- Permite un mejor conocimiento de otras culturas y sociedades, lo que supone un enriquecimiento cultural. El turismo permite al individuo adquirir una mundología a través de sus viajes.
- Permite un mejor y mayor contacto social entre los miembros de la familia, entre otros familiares y amigos, por disponer de mayor tiempo y más relajado que el resto del año.
- Produce un efecto de aculturación a nivel individual. Un intercambio de pautas de conductas, hábitos y costumbres adquiridas de la sociedad que se visita.
- Puede producir un cambio en los valores humanos, sociales, éticos y morales al intercambiarse puntos de vista, valores, opiniones y concepciones de la vida.
- Permite gozar de la naturaleza, del arte, de la cultura, de las prácticas religiosas y espirituales.
- Genera una actividad socioeconómica sobre el mercado receptor que se traduce, entre otros efectos, en crear empleo.
- Estrecha los lazos de comunicación y de entendimiento entre los pueblos y sociedades.
- Puede producir fenómenos de repetición. Vuelta a los mercados receptores, por su trato, amabilidad, comprensión, acogida, precios, etc.
- Establece unos cambios urbanísticos, medios ambientales y arquitectónicos que influyen y modifican la demografía del mercado receptor.
- En el ámbito laboral, produce aumento social de empleo, creación de nuevos puestos de trabajo.
- Puede permitir la comunicación, la comprensión y la paz hacia los mercados emisores.
- Problemas positivos o negativos en la gastronomía: cocinas apetecibles, cocinas “cerradas”, falta de platos internacionales, de alimentos frescos y agua potable.
En concreto, el turismo puede convertirse en un instrumento positivo tanto para la revalorización de los elementos culturales como para el desarrollo económico de la región, posibilitando la creación de empleo y la generación de un volumen de ingresos importantes (Lara de Vicente y López Guzmán, 2004) y otros beneficios tales como (Toselli, 2006):
- Revitalizar el interés de los habitantes por su cultura, así como por la protección del patrimonio arquitectónico y artístico.
- Otorgar un valor añadido o de diferenciación en los destinos turísticos ya desarrollados o maduros.
- Contribuir a atenuar o romper la estacionalidad en destinos cuya oferta principal se basa en productos de marcada estacionalidad.
- Ofrecer posibilidades para el desarrollo de pequeñas localidades o comunidades locales.
- Fortalecer el desarrollo de políticas y programas conjuntos entre el sector turístico y cultural.
- Generar recursos para el mantenimiento, protección y mejora de los sitios de patrimonio.
- Promover la comprensión y entendimiento entre los pueblos.
- Brindar el marco ideal para la promoción de productos y artesanías locales.
- Recuperar viejos recursos para nuevos turismos.
Por tanto, el turismo se considera generador de empleo a nivel local, así como un medio de desarrollar y mantener unas instalaciones culturales de las que se benefician por igual visitantes y residentes (Richards, 2002b).
Según CESTUR (Centro de Estudios Superiores en Turismo, 2001), el valor del turismo para la cultura reside en que es un elemento económico dinamizador del patrimonio y las comunidades que genera recursos para la conservación y beneficia a las comunidades receptoras; genera reconocimiento y creación de sentimiento de orgullo comunitario que motiva a las comunidades en la gestión de su patrimonio; factor de divulgación del patrimonio, pues crea conciencia del valor de los diferentes “patrimonios locales” entre los turistas.
IMPACTOS NEGATIVOS
Marchena Gómez y Repiso Rubio (1999) señalan que los modelos de desarrollo propuestos deben ser compatibles con las realidades locales, para evitar el riesgo de una “colonización turística”, que pudiera dañar e incluso destruir la identidad local y, a fin de cuentas, el principal atractivo turístico.
Según Valls (2003), son los siguientes: la variación climática y la contaminación de la flora, la fauna y la morfología del lugar; la intensiva urbanización en determinadas áreas y la consiguiente contaminación del agua, como resultado de un inadecuado desarrollo de los sistemas de alcantarillado y de recogida de residuos sólidos en hoteles y otras instalaciones; la congestión del tráfico excesivo; la contaminación del aire resultante del uso excesivo de motores de combustión interna; la contaminación acústica; la contaminación visual; problemas para el tratamiento de residuos sólidos; la presión especulativa sobre el terreno agrícola; la polución marina; la erosión de las costas; el excesivo consumo de agua con
respecto a la capacidad de los embalses y de las bolsas subterráneas; el daño a conjuntos arqueológicos e históricos; la pérdida de identidad cultural; la desaparición de las
ocupaciones tradicionales de la zona; la limitación de las oportunidades profesionales debida al predominio del turismo; la desmotivación profesional en otros sectores; la subordinación cultural a los objetivos turísticos; la subordinación a decisiones tomadas fuera de la zona; el enfrentamiento entre el sistema de valores de los residentes y el de los turistas; el enfrentamiento entre el sistema de valores de los propietarios y el de los no propietarios; la inmigración de los estratos más marginales.
Y, por último, el Consejo Internacional de Monumentos y Sitios Históricos-Artísticos (ICOMOS) sitúa al turismo como uno de los riesgos del patrimonio, motivado por los factores de desarrollo, en estos términos: “Turismo sin manejo”. Acceso y comportamiento de los visitantes, aceleración del abuso físico de los sitios patrimoniales, impacto de la infraestructura, deterioro de la calidad espiritual y estética del sitio (Grande Ibarra, 2001).
El empresariado turístico colabora escasamente con programas específicos de intervención sobre el patrimonio a pesar de ser uno de los sectores que, de forma directa, obtiene de su utilización un mayor beneficio (Grande Ibarra, 2001).
Para la World Tourism Organization (2005), el aumento del turismo puede dar lugar a un monocultivo o a la formación de guetos, y ciertas funciones tienden a desaparecer; también pueden conducir a una disminución en el nivel de hospitalidad, puede dar lugar a una superpoblación en las atracciones culturales, bajar de la calidad de vida de los habitantes, crear problemas de congestión, contaminación y hacinamiento, y que los lugares pierdan su calidad y atractivo inicial.
Ante estos problemas, las posibles soluciones serían: el control del tráfico, aumentar los costes de la visita, el uso de un sistema de reserva, estimular a los visitantes a hacer uso de otras atracciones en una zona más amplia o estimular la visita en periodos de temporada baja. Crear una forma de turismo sostenible, en definitiva.
Muchos de los destinos turísticos se han transformado en lugares donde toda actividad está enfocada a la necesidad de los viajeros y todo es acomodado para que el turista encuentre lo
que está buscando: un sitio exótico aislado de la cotidianidad, donde pueda descansar y encontrar diferentes actividades que llenen sus expectativas (Cala, 2003).
El turismo en general, pero particularmente los turismos alternativos, dependen en gran medida del nivel de renta de los países emisores (y sus periodos de crecimiento, estancamiento y recesión económica), en tanto que como bien de lujo o necesidad no básica (construcción sociocultural), es prescindible (Santana Talavera, 2003a).
Según Santana Talavera (2003a), la baja calidad del trabajo, el incremento del coste del nivel de vida y la competencia por los servicios compartidos con los turistas, que serian los costes más evidentes para el residente, quedan solapados por el progreso económico, por irrisorio que éste pueda parecer a un observador foráneo, que trae el turista a la población receptora. El turismo está pervirtiendo la comercialización de la cultura, del patrimonio cultural en sentido amplio (Santana Talavera, 2003a).
Toselli (2006) resume así los efectos no deseados:
- Provoca un proceso de deterioro de la cultura del destino a través de la producción y venta de artesanías no auténticas o el desarrollo de fiestas que constituyen una puesta en escena alejada de la realidad.
- Genera un sentimiento de rechazo por parte de las comunidades visitadas cuando no se respetan los sitios o las costumbres del lugar, o bien, genera inhibición cuando sienten invadido su espacio vital.
- Impulsa la mercantilización extrema de las tradiciones locales, despojándose de su verdadero significado, convirtiendo la cultura local en un mero objeto de consumo.
- Propicia, en ciertos destinos, un mercado negro de antigüedades o bienes del patrimonio artístico.
- Provoca aculturación en la población receptora, al adoptar ésta nuevas normas y patrones culturales a través del contacto con los turistas.
Otros autores, como Boissevain (2005), recogen que la actividad turística puede acarrear los siguientes efectos negativos sobre la cultura de la comunidad receptora (transculturización):
- Introducción de actividades indeseables: juegos de azar, prostitución, alcoholismo y otros excesos.
- El denominado «efecto demostración» de las personas nativas, que desean los mismos lujos y artículos importados que se le permiten a los turistas.
- Tensión racial.
- Actividad servil de parte de los empleados de la industria turística.
- Producción en serie de artesanías.
- Pérdida del orgullo cultural, sí el visitante considera la cultura como una costumbre curiosa o como un entretenimiento.
- Un cambio demasiado rápido en los estilos de vida, debido a la invasión de un gran número de turistas.
Por otro lado, puede llevar al estrés, la pérdida de privacidad y la erosión de la cultura y espacios locales al ser éstos mercantilizados para atraer la afluencia turística.
Para Montaner Montejano (1996) los efectos socioculturales del turismo son los siguientes:
- En cuanto a las relaciones entre los turistas y los trabajadores, pueden establecerse relaciones de servilismo, despego, avidez y abusos o aprovechamientos.
- Modificación de la sociología rural y urbana al recibir de forma regular corrientes turísticas masivas.
- La inestabilidad en el mercado receptor por motivos políticos y sociales produce rápidamente una contracción del turismo.
- Prejuicios y barreras sociales por: intolerancia, incultura, indiferencia, xenofobia, espíritu de superioridad o inferioridad, racismo… Pero contrariamente puede ser objeto de ambientes cerrados que pueden repercutir negativamente en las relaciones turísticas futuras.
- Buena o mala atención médico-sanitaria, dependiente de poseer una buena asistencia hospitalaria, medica, controles de higiene y limpieza en los servicios turísticos.
- Puede producir problemas de prejuicios raciales, xenofobia.
- Efectos de aculturación y de imitación, es decir, se producen unos cambios en las pautas y hábitos de la cultura de la sociedad receptora, al estar expuesta a las pautas, hábitos y costumbres de la sociedad emisora. Este efecto puede ser a la inversa también. Por ejemplo: horarios, actividades de descanso, comidas, vestido o trato humano.
Según Vargas et al., (2007b) distinguen los siguientes impactos desfavorables del turismo:
- Impactos económicos: incremento del precio de la vivienda; incremento del coste de vida; incremento del precio de servicios y productos; beneficio sólo para un pequeño número de residentes; los beneficios generados por la actividad turística reinvierten
en empresas y personas de fuera de la localidad.
- Impactos sociales y culturales: incremento de los accidentes de trafico; incremento de robos y vandalismo; incremento de alcoholismo, prostitución y permisibilidad sexual; incremento de los juegos ilegales; incremento de la explotación de los ciudadanos nativos; cambio o perdida de la cultura tradicional; problemas de convivencia entre residentes y turistas; perdida de tranquilidad en la zona.
- Impactos ambientales: daños al entorno natural y al paisaje; destrucción del ecosistema local; aumento de la contaminación ambiental (aguas, basuras, aire y ruidos); la molesta masificación de espacios de uso y disfrute.