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5. MARCO TEÓRICO

5.5. Efectos desencadenados por el proceso enseñanza-aprendizaje

5.5.1. Efectos socioeducativos

5.5.1.1. Actitudes frente a las ciencias naturales.

a. Actitud y su relación con las representaciones sociales y los valores.

La actitud es una motivación social (Hernández et al., 2011) que engloba un conjunto de creencias, sentimientos, inclinaciones, estereotipos, prejuicios o tendencias, nociones preconcebidas, ideas, temores, convicciones, recuerdos y acciones, entre otros factores, relacionados entre sí y organizados entorno al objeto, situación o meta (Huertas Paredes, 2008; Hernández et al., 2011 y Cervantes castro et al., 2009) en una especie de estructuras cognitivas, afectivas y conductuales (sus componentes) relativamente estables, como una orientación o predisposición positiva o negativa

Modelo Ecléctico  Personalidad  Contexto  Yo integrado  Modelo Psicosocial  El yo  El entorno  Autoconcepto Modelo Sociológico  Clase social  Contexto familiar Modelo Psicológico Tipología  Inteligencia  Motivación  Ansiedad Componentes Rendimiento FACTORES PERSONALES FACTORES AMBIENTALES

social (Ferrater Mora, 1976; Mazzitelli y Aparicio, 2009; Albornoz et al., 2009 y Hernández et al., 2011). Ello indica que las actitudes está influido no sólo por la parte biológica, sino también por la sociocultural. Es decir se forman y aprenden a lo largo de la vida. Claro que no son directamente observables, pero sí son deducibles a partir de la conducta verbal y no verbal del sujeto (Mugny y Papastamou, 1986 citados por Mazzitelli y Aparicio, 2009; Huertas Paredes, 2008; Cervantes castro et al., 2009 y Hernández et al., 2011). Ello lo explica la teoría del aprendizaje y la teoría de la consistencia cognitiva (Huertas Paredes, 2008). Además un estudio estricto de las actitudes implica un análisis profundo de las representaciones sociales (Moscovici, 1986; citado por Hernández et al., 2011). Ello porque las actitudes conforman parte de las dimensiones de las representaciones sociales (la información, campo de representación y la actitud) (Díaz Clemente, 1992; Mora, 2002; López Alonso y

Stefani, 2005; citados por Mazzitelli y Aparicio, 2009).

Aparte, investigadores como Castro Bustamantes (2004) afirman que las actitudes y los valores están relacionados. Por una parte, los valores ocupan el lugar más alto y abstracto en la estructura cognitiva, por lo cual, las actitudes son dependientes de los valores o representan un componente de ellos. Y por otra, los valores son un componente de las actitudes. Así, las actitudes se constituyen en una predisposición a valorar y actuar de determinada manera y los valores se identifican con la valoración individual/ subjetiva que realiza cada persona.

En fin todo lo anterior da pie a afirmar que si se desea cambiar una conducta, es necesario cambiar la actitud. De ahí que la importancia de las actitudes radica en que es imprescindible para mantener, conocer, predecir, influir, mejorar o teorizar acerca de una conducta o comportamiento, decisión, orientación, opinión o inclinación de una sociedad o individuo en relación a un objeto concreto o abstracto (Castro Bustamantes, 2004; Huertas Paredes, 2008; Cervantes castro et al., 2009; Mazzitelli y Aparicio, 2009; Woolfolk, 2010 y Hernández et al., 2011).

b. Actitudes frente a las ciencias naturales, la ciencia y la tecnología.

Existen numerosas líneas de investigación acerca de cómo se vulgariza el conocimiento científico, cuál es el papel de la CyT en la sociedad (Mazzitelli y Aparicio, 2009), las razones del declive del interés de los jóvenes para seguir carreras

científicas y las elevadas tasas sociales de analfabetismo científico. Esto se evidencia

en las investigaciones didácticas sobre las concepciones alternativas de los estudiantes, las encuestas y sondeos demoscópicos sobre comprensión pública de la ciencia, y más recientemente en los resultados de las grandes evaluaciones internacionales sobre los aprendizajes científicos de los estudiantes, como los estudios Tendencias Internacionales en Matemáticas y Ciencias –TIMSS– y Programa Internacional sobre Evaluación de los Estudiantes-PISA) (Vázquez Alonzo y Manassero Mas, 2007a).

En consideración a ello, diversos investigadores como Macbride et al. (1993), Ferrer Escalona (2004), Gil Pérez et al., (2005), Tedesco (2009), Racionero Siles et al. (2012), Levin et al. (2012), entre otros, señalan que las actitudes frente a las ciencia y la tecnología se desarrollan y aprenden en el entorno social, más específicamente por efecto de los medios de comunicación, la escuela misma y las relaciones interpersonales, creando un especie de modelos, prejuicios y estereotipos sobre la naturaleza de la ciencia y su función en la sociedad. El rol que cumple el investigador y el científico tampoco suele pasar desapercibidos (esto es más específicamente lo que producen los medios de comunicación).

En referencia a las relaciones interpersonales y al entorno sociocultural se suelen construir significados compartidos con otros individuos al encontrar fundamentos comunes e intercambiar interpretaciones, las mismas que más tarde jugarán un papel central en la elección de carrera. Ello Woolfolk (2010) lo denomina actitud intersubjetiva. Pero se debe tener en cuenta que el ámbito emotivo-actitudinal frente a las ciencia y la tecnología se configura en dos caras bien diferenciadas: una general, que engloba un conjunto de constructos psicoeducativos que influyen sobre el aprendizaje tales como: motivación, autoconcepto, autocontrol, autoeficacia, intereses, actitudes, habilidades cognitivas y sociales, etc., diferenciados, pero a la vez relacionados entre sí y cuya adecuada gestión para mejorar el aprendizaje conforma el amplio objetivo de la educación emocional (Bisquerra, 2000, citado por Vázquez Alonzo y Manassero Mas, 2007a). También tiene otra cara específica, que implica elementos actitudinales y emocionales, relacionados con los contenidos especializados, disciplinares, propios de las diferentes materias de ciencia y tecnología. Las primeras actitudes son tratadas por la psicopedagogía, mientras las

segundas son propuestas por la didáctica de las ciencias (Vázquez Alonzo y Manassero Mas, 2007a).

En cuanto a la labor de la escuela, Hernández et al. (2011) y Gil, 1991, 1994 y Porlán, 1993; citados por Hernández et al. (2011) postulan que las actitudes científicas de los estudiantes tienen directa relación con la experimentación y la didáctica de las ciencias. Tal relación es más fuerte conforme se incrementa los años de escolaridad. Esta última afirmación lo comparten con Vázquez Alonso y Manassero Mas (2008a) quienes añaden que el entusiasmo y el interés por las actividades de aprendizaje en la clase de ciencias, disminuye en secundaria (especialmente en física y química) y se inicia al final de la educación primaria; ello por la etapa de la adolescencia y el influjo hormonal provoca drásticos cambios afectivos, siendo éste el caldo de cultivo que fundamenta psicobiológicamente estos y otros cambios observables en la personalidad y la conducta de los adolescentes hacia las ciencias, siendo las mujeres las más afectadas.

Por otro lado, Cervantes Castro et al. (2009), citando a Koballa (1988) destacan la importancia de estudiar las actitudes y las creencias de los docentes frente a las ciencias naturales su enseñanza, la ciencia y la tecnología. Ello por la estrecha relación que guardan dichas variables (Hernández et al., 2011). En ese sentido Hernández et al. (2011) consideran que es preciso estudiar el autoconcepto académico en función a las ciencias, la actitud hacia el aprendizaje de las ciencias naturales, actitud hacia el uso de distintos ecosistemas como medio para el aprendizaje de la ciencia, actitud hacia la institucionalidad escolar (clases de ciencias) y el aprendizaje escolar. Por su parte Mazzitelli y Aparicio

(2009) postulan que para conocer las actitudes frente a las ciencias naturales resulta necesario estudiarlas en función a opiniones de acercamiento (aburrido, fácil, inútil,

abstracto, etc.), de cómo les son enseñadas las ciencias naturales (interesante,

no exitosa, relacionada con el trabajo o la vida cotidiana, etc.) y asociadas a su experiencia durante su aprendizaje (fácil, difícil, aburrido, interesante, etc.).

Por el lado de las actitudes frente a la ciencia y tecnología Albornoz et al. (2009) sostienen que los indicadores de percepción social de la ciencia y la tecnología pueden circunscribirse en relación al conocimiento (examina el nivel de comprensión

de conceptos científicos), actitudes (respecto al financiamiento de la investigación y,

al mismo tiempo, la confianza en la comunidad científica; y, por otro lado, la percepción sobre beneficios y riesgos de la ciencia) e interés (capta la importancia relativa que

la sociedad otorga a la investigación científica y el desarrollo tecnológico).

Carmelo Polino y Dolores Chiappe (2009) son más específicos y proponen un estudio de la imagen de la ciencia y la tecnología (percepción de beneficios, riesgos e

impactos de la ciencia y la tecnología en ámbitos y situaciones distintas) de la

representación de los científicos y su profesión (la figura del científico y su trabajo

y las motivaciones que lo demandan), valoración del aporte de las materias científicas para la vida (auto-valoración de desempeño y percepción del aporte de

materias científicas, así como su uso y valoración de modalidades de enseñanza para las materias científicas) y los hábitos informativos sobre ciencia y tecnología

(consumo y hábitos culturales sobre ciencia y tecnología y conocimiento de científicos y de instituciones científicas del país y del extranjero).

Por otro lado, si bien las actitudes son tomadas como efectos del proceso enseñanza- aprendizaje de las ciencias naturales; estas también son causas. En relación a ello Acevedo Díaz (2005a) y Vázquez Alonso Y Manassero Mas (1995, 2009a) concuerdan en considerar a las actitudes científico-tecnológicas como fuerzas configuradoras de una sociedad moderna y desarrollada o bien de una sociedad feudal y subdesarrollada. Primero, porque determinan la inclinación de alumnos hacia estudios relacionados con las ciencias, pudiendo mejorar o perjudicar la situación general de una nación al disponer o no de suficientes científicos y técnicos para satisfacer las necesidades del sistema económico-productivo general. Y segundo, porque inciden en la formación de ciudadanos con una alfabetización científica completa o incompleta, hecho que se tiene en cuenta, al momento de ejercer derechos y asumir responsabilidades como ciudadano, sobre todo en temáticas relacionadas con la ciencia, la tecnología, el ambiente y la sociedad.

Considerando los efectos que pueden desencadenar las actitudes y valoraciones hacia la ciencia y la tecnología (y todo lo vinculado a ello), en la actualidad se está acogiendo el enfoque CTS (ciencia, tecnología y sociedad), el cual busca favorecer las actitudes científicas, englobando de una manera natural los valores asociados con

la tecnociencia actual y las actitudes hacia la ciencia escolar, así como los sentimientos respecto al aprendizaje de las ciencias naturales. En otras palabras pretende educar para la participación ciudadana sobre asuntos tecnocientíficos de interés social (Acevedo, 1997; Vázquez, 1999 y Martín Gordillo y Osorio, 2003). En relación a lo anterior; Vázquez Alonso y Manassero Mas (2007a) consideran que dentro de un contexto CTS se debe de distinguir entre actitudes hacia la ciencia y actitudes científicas. El primero refiere a las actitudes relacionadas con la naturaleza

del conocimiento científico y tecnológico (epistemología), que incluye las características, valores y procesos de la CyT como sistema de producción de conocimientos. Y el segundo como las actitudes relacionadas con los aspectos sociales de la CyT, que englobarían la sociología interna de la comunidad científica, la sociología externa de CyT (que comprende las interacciones mutuas y bidireccionales entre la sociedad, en general, y el sistema tecnocientífico), y también la imagen pública, las expectativas laborales y los aspectos educativos de la CyT.

5.5.1.2. Elección vocacional.

a. Vocación, profesión y carrera: su relación y su clasificación.

Usualmente el término vocación suele relacionársele con profesión y carrera. Aunque el término profesión es muy general en su definición y no exige cursar programas de educación terciaria. Por ello es mejor usar el término carrera el cual demanda atravesar la educación terciaria (como mínimo el nivel 4, 5 y 6, ver el informe del

Instituto Nacional de Estadística e Informática INEI-2014 “Clasificador de carreras

de educación superior y técnico productivas”) o bien concluir y graduarse de la educación superior (Instituto Nacional de Estadística e Informática-INEI, 2014). En ese sentido, vocación hace referencia a la inclinación a cualquier estado, profesión o carrera (Argüello Apari, 2008).

Ahora bien las carreras se suelen clasificar de diversas formas (para mayor información revise el informe de la Comisión Nacional de Investigación Científica y tecnológica de Chile: “Conceptos básicos de ciencia, tecnología e innovación” realizado por González, P. (2008)); pero para simplificar el análisis es oportuno citar

la clasificación general que propone McLauchlan de Arregui (1994); pues divide a las carreras en:

Científico-tecnológicas (económicamente llamadas actividades productivas),

las cuales son responsables del desarrollo de la producción y el crecimiento económico. Son pues, las carreras vinculadas a las ciencias, la informática y la ingeniería.

Letras-tradicionales (económicamente llamadas actividades de influencia),

las cuales tienen escaso o hasta poco impacto sobre la producción y el crecimiento. Aquí se tienen a las carreras de corte humanista vinculadas a las artes, letras y humanidades.

b. Elección de la vocación científica sus causas y sus efectos.

Los condicionantes que determinan o influyen sobre la elección vocacional surgen del conocimiento que tiene cada persona de sí mismo y de la carrera o profesión; así como de la representación que se construye sobre ambos, donde las expectativas personales (creencias acerca de la probabilidad de alcanzar una profesión), creadas por la información situacional, juegan también un papel esencial (Fouad, 2007; citado por Vázquez Alonso y Manassero Mas, 2009c). Así pues; la vocación científica, una inclinación por la ciencia y la tecnología (CyT abreviado), con sus profesionales (científicos, técnicos, tecnólogos, ingenieros) (Vázquez et al., 2007), mantiene hoy, en las sociedades modernas un contrato social, más o menos implícito: la sociedad financia la CyT y éstas devuelven a la sociedad beneficios que mejoran la calidad de vida y contribuyen al progreso y desarrollo económico y social, por ende las vocaciones científicas poseen un valor decisivo para el futuro de los países (Aikenhead, 1994, citado por Vázquez Alonso y Manassero Mas, 2009c).

Sin embargo, desde finales del siglo XX diversos documentos hablan de una crisis de las vocaciones científicas, cuyo problema es de interés global, pues puede poner en riesgo la mano de obra cualificada y suficiente para sostener el sistema de CyT, base del bienestar y del progreso social, aunque, ciertamente, la crisis contiene muchos matices (Convert y Gugenheim, 2005; OECD, 1997; citados por Vázquez Alonzo y Manassero Mas, 2008b). Este hecho hace que Latinoamérica así como muchas regiones del mundo enfrenten hoy un gran desafío, especialmente en el campo

educativo en el área de la CyT (Massarini et al., 2014). De modo que regiones como Europa y Asia ya vienen desarrollando diversas estrategias para contrarrestar dicha problemática. Europa, por ejemplo, para convertirse en la sociedad del conocimiento más competitiva del mundo consideró a través del Consejo de Educación Europeo del 2000 en Lisboa “aumentar al menos en un 15 % el número de licenciados en matemáticas, ciencias y tecnología, reduciendo el desequilibrio en la representación de hombres y mujeres”, como objetivo para el año 2010 (Consejo de Europa, 2003). Esto tras identificar en los eurobarómetros sobre la CyT algunos factores que influyen sobre sobre la elección de una carrera de ciencias: Falta de atractivo de las clases de ciencias, por su dificultad, carencia de interés y bajas perspectivas y salario de la carrera o también la mala imagen de la ciencia que se cultiva en la sociedad (Vázquez Alonso y Manassero Mas, 2009c).

Tales factores, identificados por eurobarómetros, coinciden con lo propuesto por Albornoz et al. (2009) en su análisis de la elección vocacional científica.

 Respecto a lo atractivo de la profesión de científico-tecnológica. Algunos considerarán atractiva a la profesión de científico porque es creativa, prestigiosa e intelectualmente estimulante, mientras que otros podrán llegar a la misma conclusión a través de la valoración positiva de otras características que identifican como constitutivas de esta práctica, como la posibilidad de ayudar a solucionar problemas de la sociedad o, incluso, viajar y conocer otros países. Del mismo modo, el rechazo a dichas profesiones puede provenir de la creencia de que se trata de una actividad para personas especiales, solitarias, misántropas, con una inteligencia por encima de los demás (Polino y Dolores Chiappe, 2009).

 En relación a la valoración científica, Polino y Dolores Chiappe (2009) señalan que los jóvenes se cuestionan así mismos preguntándose acerca de que áreas en el colegio les gustaba más y en cuál de ellas suelen tener dificultades para aprender, si en la matemática y las ciencias naturales o las ciencias sociales y las artes.

De acuerdo a la retribución económica, se dice que los científicos naturales,

profesión) así que la posesión de ambientes equipados y adecuados para el desenvolvimiento científico influirá sobre la demanda laboral de los jóvenes egresados en ciencias y por ende en su retribución salarial.

En referencia al punto acerca de la formación del estudiante en la educación

básica Macbride et al. (1993), Ferrer Escalona (2004), Gil Pérez et al., (2005), Rojas Betancur (2008), Hernández et al. (2011), Racionero Siles et al. (2012), Levin et al. (2012) y EACEA (2011) señalan que la labor de los medios de comunicación, las actitudes generadas por la experiencia escolar y social, la metodología, las concepciones sociales y valorativas de la ciencia y la tecnología, el asesoramiento y orientación en acercar a los estudiantes a la naturaleza de los procedimientos e investigaciones científicas y su rol en la sociedad, así como la suficiente capacitación en MCT (matemática, ciencia y tecnología), el nivel de formación docente en MCT y su adecuada aplicación de la didáctica con la realidad de los educandos y entre otros factores configuran actitudes personales y sociales, tales como apreciar o rechazar las ciencias y la tecnología (OECD, 2006; citado por Vázquez Alonso y Manassero Mas, 2009c), los mismo que se traduce como una fuerza resultante que influye drásticamente sobre la elección de una carrera científica y tecnológica. Y es que tanto las ciencias naturales (física, química, biología, geología, entre otros) como las ciencias matemáticas son ciencias generales que sostienen a cualquier carrera científico tecnológica, y ninguna de ellas pueden escapar de dichos conocimientos (ni siquiera las ciencias sociales).

 Vázquez y Manassero (2008a) añaden a todo ello, la reconocida marca de género atribuida a CyT, lo que implica la dependencia de estereotipos como que las disciplinas y profesiones científicas son más propias de hombres que de mujeres. Es por ello que las mujeres son minoría en ellas.

En consecuencia la EACEA (2011) propone distintas sugerencias para hacer frente a esta situación aparte de garantizar una enseñanza de las ciencias contextualizada. En ese contexto sugiere:

asesoramiento profesional. Y es que resulta motivador para los jóvenes los procesos educativos que vinculan explícitamente la experiencia en el liceo con el mundo en el que les tocará insertarse una vez que terminen la secundaria, ya sea en el mundo del trabajo o en instituciones de educación superior (Espínola, 2010)

 Promover la cultura, el conocimiento y la investigación científicos a través de la familiarización de los estudiantes con los procedimientos científicos, y a través de la difusión de los resultados de la investigación científica en los centros educativos (esto también respalda el trabajo de los investigadores en el campo de la enseñanza de las ciencias).

 Conseguir que los alumnos y estudiantes comprendan para qué se usa la ciencia, en particular a través del contacto con empresas relacionadas con las áreas de ciencias.

Reforzar la enseñanza de las ciencias a través la mejora y el apoyo a la

implementación del currículo de ciencias, así como a las materias y la metodología. La oferta de formación permanente para el profesorado centrada en el trabajo práctico y el aprendizaje basado en la investigación. El apoyo a los estudiantes en los centros educativos en lo que respecta a las actividades de ciencias e Incrementar la captación de estudiantes de MCT (Matemáticas, las Ciencias y la Tecnología) animando a los alumnos con altas capacidades y motivando a los estudiantes para que elijan carreras de MCT, convirtiendo la ciencia escolar en algo relevante para el mundo laboral.

Por otro lado el modo de determinar el índice vocacional científica o mejor dicho el grado de elección de las carreras científico-tecnológicas por parte de los jóvenes y adolescentes no sólo es a través de encuestas de opiniones acerca de su percepción profesional y vocación científica (Polino y Dolores Chiappe, 2009), sino que también se manifiesta más concretamente al relacionar directamente la falta de interés de los adolescentes y jóvenes por la ciencia con el número de matrículas de carreras universitarias científico-tecnológicas, además del número de los egresados titulados o bien por el número de maestrías y doctorados con investigaciones cientifíco-

tecnologícas innovadoras (Vázquez Y Manassero, 1995; Acevedo Díaz, 2005a y Vázquez y Manassero, 2009a).

En síntesis, La elección vocacional científica (claro que con su posterior culminación de la carrera científica elegida) es efecto o consecuencia desencadenada por los factores académicos, culturales, políticos, personales e interpersonales, descritos con anterioridad; además de las actitudes y valoraciones que se presta a la ciencia y la tecnología dentro de la sociedad; pero además es la causa de números hechos que