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Los efectos de las violencias simbólicas sobre las personas de la comunidad

Capítulo V. Discusiones

5.2. Los efectos de las violencias simbólicas sobre las personas de la comunidad

En las entrevistas, se evidenciaron, aún en el caso de homosexuales, ciertos deslizamientos hacia la defensa del pensamiento hegemónico cuando se habló sobre diversidad sexual. Estos atravesamientos implicaban tanto a nuestros sujetos de estudio como al investigador y al equipo interdisciplinario que colaboró en algunas fases de la investigación; parece que estas influencias mutuas son inevitables en la sociedad en que vivimos y nos educamos, por lo cual no siempre podemos detectar hasta qué punto somos atravesados por una ideología que conscientemente no compartimos, sobre todo porque se evidencia, no tanto en el discurso como en las prácticas, en tabúes y en temas socialmente silenciados.

¿Cómo explicarnos esta fisura entre lo que consciente y “objetivamente” pensamos y la aparición de sesgos no deseados y, en ocasiones, insospechados? Ciertamente deben existir mediaciones o articulaciones entre el nivel macro, el nivel de la cultura y de lo socio-histórico y el nivel micro que da cuenta de lo singular que puede individualizarse. En esa articulación podemos ver el papel de las instituciones sociales.

Cornelius Castoriadis (2005) considera que “las instituciones obligan a los sujetos a reproducir la estructura que los engendró” (p. 16).

Con respecto a la sexualidad, las normas y “buenas costumbres” señalan que deben reducirse estrictamente, no sólo a lo privado, sino a lo íntimo. Serán las instituciones sociales (familia, escuela, jurídica, etc.) las encargadas de reprimir, tal como se plasmó, a partir de la modernidad que configura lo que Foucault llamo “sociedades de control”55 ejercido sobre las personas, las propiedades y también sobre los cuerpos: es el campo de la biopolítica56.

Castro (2011), explica que:

Con la extensión de las disciplinas, en el siglo XIX, ingresamos en la época del control social, en contraposición a las sociedades penales precedentes. El panoptismo es una de las características fundamentales de nuestra sociedad, es un tipo de poder que se ejerce sobre los individuos bajo la forma de la vigilancia individual y continua, del control, del castigo y de la recompensa, y bajo la forma de la corrección, es decir, de la formación y de la transformación de los individuos en función de ciertas normas (p.80).

Bajo la modalidad de control, se da por hecho que las personas deben aceptar y cumplir fielmente los mandatos de género, esto incluso se observa en la conformación de parejas LGBTTTI que se esfuerzan por seguir el modelo de las parejas heterosexuales. En palabras de Michel Foucault (2013), “los gays tratan de embonar en un esquema

55 Deleuze (1991) considera que las sociedades disciplinarias eran lugares de encierro, de control que establecían reglas a los sujetos, “eran lo que ya no éramos, lo que dejábamos de ser”. Sin embargo las sociedades de control “lo esencial no es ya una firma ni un numero, sino una cifra: la cifra es una contraseña, mientras que las sociedades disciplinarias son reglamentadas por consignas”

56 Castro (2011) Comenta que “hay que entender por biopolítica la manera en la que, a partir del siglo XVIII, se buscó racionalizar los problemas planteados a la práctica gubernamental por los fenómenos propios de un conjunto de vivientes en cuanto población: salud, higiene, natalidad, longevidad, raza. (…) Se puede hablar de biopolítica como de la regulación de la vida biológica de la población por parte del Estado” (p.57).

monosexual”, que, en la mayoría de los casos no puede sostenerse, ni entre heterosexuales, por lo que se genera dolor, malestares y sufrimiento.

En las entrevistas, cuando surge el tema de la diversidad sexual, parece estar muy cercano a las situaciones límites, cómo si el tema de la homosexualidad, bisexualidad o transexualidad, lo dejáramos atrás, en la última frontera constituida por la discusión sobre re-asignación de sexo, familias homoparentales, matrimonio igualitario, etc.

Tanto en la sociedad en general como en los grupos académicos, cuando se habla de diversidad sexual, parece existir la tendencia a la polarización entre quienes consideran que la diversidad sexual remite a estructuras patológicas y serias transgresiones a la sociabilidad y quienes piensan que la diversidad sexual es una posibilidad dentro de las vías de la sexualidad.

Hay que considerar que la existencia misma de la diversidad sexual implica un cuestionamiento a los patrones rígidos que habitualmente definen las conductas sexuales. Para modificar los modelos ya instituidos o tener otra mirada, es necesario, primero flexibilizar patrones culturales y sociales que no sólo operan a nivel de la sexualidad sino que cumplan la finalidad de ser verdaderos “chalecos de fuerza” más que formas de protección para aquellas “personas vulnerables”. Esta discusión la podemos referir a la función principal de las instituciones sociales que es la de preservar y legitimar la postura hegemónica y dominante en una determinada sociedad. De ahí que todo lo que se suponga riesgoso para mantener el statu quo, debe ser eliminado de una o de otra manera, sobre todo, considerando que la sexualidad, desde la perspectiva conservacionista tiene como fin último la reproducción biológica de la sociedad.

En el proceso de esta investigación, tomó relevancia la violencia simbólica que sufren las personas gays, trans, o caracterizadas por su diversidad sexual. Detectamos en algunos discursos la homofobia, lesbofobia, transfobia, entre otras tendencias que son interiorizadas y se reproducen en la discriminación hacia las personas que se consideran más alejadas de la “normalidad”, más diversas o diferentes. En palabras de los activistas, las personas transexuales son las más vulneradas, discriminadas e invisibilizadas; sin embargo, consideramos que las personas denominadas “intersexuales”, también sufren esta violencia simbólica, ya que no emergieron en el discurso de las personas entrevistadas, a pesar de hacer reiteradas críticas al binarismo.

La violencia simbólica interiorizada en la comunidad LGBTTTI impacta como un atentado en las auto-valoraciones de las personas; además de que se incorpora y produce “curiosas” identificaciones al interior de dicho colectivo. Sus integrantes deben resistir la violencia externa y también la que aparece al interior del grupo.

Probablemente, con estos elementos podemos entender que el escaso involucramiento en las actividades a favor de la comunidad, encubre cierta homofobia interiorizada que hace muy difícil o dolorosa la posibilidad de visibilizar la propia identidad. Ésta se oculta en un fallido intento de lograr mayor seguridad y tranquilidad, a costa de negar componentes esenciales del sí mismo.

La categoría de violencia simbólica también emerge en los discursos de jóvenes universitarios, quienes a pesar de manifestar que tienen plena libertad en el ejercicio de su sexualidad, evalúan confusamente la autorregulación necesaria para la convivencia en la sociedad.

5.3. El proceso de consolidación de la sexualidad en los adolescentes tardíos que

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