3. Periodismo deportivo
3.3. El periodista deportivo
3.3.1. Ejercicio profesional
El periodista deportivo se ha convertido en uno de los más seguidos de la información periodística especializada. Su influencia entre clientes y receptores de los medios no está en discusión, y se ha convertido en un conductor de masas. Debido a esta facultad, el periodista deportivo se ve inmerso en una gran responsabilidad, ya que de sus escritos o palabras, en cierto modo, depende el comportamiento del público del espectáculo deportivo.
No obstante, al género deportivo han accedido periodistas sin necesidad de especialización alguna, incluso los más torpes, debido a la creencia en las antiguas redacciones que el deporte era algo así como un género menor sin trascendencia y podía ser desarrollado y tratado como cualquiera. Con el paso del tiempo se ha comprobado que el deporte no es una actividad circunstancial, sino que está relacionada a una amplia variedad de acciones y actitudes dentro de
53
las diversas áreas formales de la sociedad contemporánea. Los sociólogos fueron los primeros en darse cuenta de ello y lo expusieron, tras investigar el fenómeno deportivo y su incidencia en las masas.60
La especialización se manifiesta con toda su intensidad en la información deportiva que cuenta no solamente con temas y contenidos diferenciados, sino con estilos, lenguajes y estructuras de género que le son propias. El carácter especializado del periodismo deportivo le viene dado, como a todas las demás facetas de la información, de la particularidad de tratar sobre un campo de la actividad humana específico que requiere, tanto por parte de los profesionales de la información como por parte de la audiencia, unos conocimientos propios, y unas formas también propias de expresar y de entender dichos saberes.
El periodismo deportivo, rentable desde el punto de visto empresarial, también ha sido positivo desde el punto de vista del aficionado. El seguidor de este tipo de medios frecuentemente tiene gran implicación por el deporte; por esa razón, no se suele contentar con lo que le ofrecen los medios de comunicación en general. Sin embargo, Alcoba manifiesta en sus distintas publicaciones que la especialización llevada al límite puede ocasionar varios perjuicios para la audiencia (dificultad de comprensión), para el medio (dificultad de mercado) y para el propio informador (dificultad de relación con otras áreas de la actualidad). En este sentido, la labor del periodismo sería servir de puente múltiple entre especialización y sociedad, y entre las distintas especialidades entre sí.
“En este punto, se debe buscar el punto del equilibrio ideal que colme las aspiraciones económicas e informativas de los dos polos del proceso. El grado ideal se alcanzaría cuando la especialización del periodista fuera suficiente como para satisfacer a la audiencia especializada, pero no tanta como para no ser capaz de cubrir un acontecimiento ajeno a su superespecialización (su deporte), o a su especialización (la sección de deportes en general)”.61
No obstante, el equilibrio que se ha de dar en una misma persona entre una actividad generalista y otra especializada, esta capacidad para abandonar una parcela concreta de la información y pasar a ejercer otra cuando la actualidad así lo exige, no es infrecuente en la práctica habitual de los medios de comunicación. Si especialización y síntesis se complementan, el equivalente a esta relación en el ámbito de la redacción es
60 Antonio Alcoba, Periodismo deportivo, op. cit., p. 36 61
María Rosa Berganza, Periodismo especializado, Madrid, Ediciones Internacionales Universitarias, 2005, p. 67
54
que profundización y contextualización también lo hacen. Es decir, ninguna especialización, por mucho que se ahonde en ella, debe excluir la posibilidad de relación con otros segmentos del periodismo en general.
Por otro lado, otra característica del periodismo deportivo se centra en la fuente, que es importante dentro de la comunicación deportiva porque las noticias tienen su origen y sus propios canales para ser difundidas. La relación del deporte con otras áreas va a significar un importante dato sobre la credibilidad y seriedad de las noticias que se le ofrezcan, pues según el conocimiento del comportamiento de esas áreas, podrá tener una idea de la carga manipuladora introducida en los mensajes.
En un principio, el análisis de la noticia es fundamental si se desea ofrecer al receptor de los medios una información lo más transparente, de ahí la necesidad del periodista especialista en determinados asuntos y pueda reconocer si la información es manipulada o cierta. En efecto, por medio del deporte se introducen mecanismos subliminales con otros fines ajenos a su espíritu, especialmente políticos y económicos.
Pero no solo el tema de la especialización genera debate en la comunicación deportiva, pues la clásica pregunta de cuál es la característica primordial que debe tener un periodista deportivo se integra en la normal de un periodista, ya queante todo, todo y sobre todo, el periodista deportivo es un periodista. El periodismo deportivo ha transformado al periodista en oficinista de la información. Se valora más el tiempo pasado en la redacción que elempleado que busca noticias fuera de esta.
Como en la información general, también se encuentran a diferentes tipos de periodistas marginados. Por ejemplo, existe el especialista en un determinado deporte o modalidades deportivas, que por su conocimiento de la materia puede juzgarlas con la máxima objetividad; sin embargo, en el medio informativo existe la envidia de quienes mandan, y se lo relega a un papel secundario. También, predomina el estadístico de informaciones deportivas no tenidas como importantes por los responsables del diario, televisora o radio, y al cual nadie hace caso. El que propone reportajes, entrevistas, comentarios, sin resultado alguno. Es decir, una “fauna” de informadores con capacidad y ganas de demostrar su calidad periodística, que es desaprovechada por los “amos de los medios”, en colaboración con los responsables del medio.62
En cualquier caso, el periodista deportivo debe ser un amante del deporte. La especialización en una o unas pocas modalidades deportivas es a estas alturas una necesidad imperiosa del periodista de este género específico para poder atenderla y entenderla con rigor y conocimiento. Sin embargo, los periodistas, en general, llevan sobre sus espaldas ser personajes envidiosos, puesto que su individualismo es acentuado, en razón a un trabajo desarrollado en un ambiente de enorme competencia por ser los primeros en difundir una noticia importante.
55
Desde siempre, la figura del periodista se ha centrado en la del reportero (hombre o mujer) capaz de obtener ciertas informaciones por medio de su sagacidad y entrega en la búsqueda de la noticia, sin importarle las horas dedicadas a su menester. Por esta razón, los reportajes, entrevistas, noticias y crónicas conseguidas llevaban antiguamente un sello especial y atrayente para los clientes y receptores. No obstante, “la conversión del periodista debido a razones forzadas por horarios de cierre y nuevas tecnologías ha obligado a su información a doblegarse a un espacio limitado, casi de agencia, ‘asesinándose’ la atractiva información del reportero en una mutación que la convierte en monótona, aburrida y hasta triste”.
Como cualquier periodista, el especialista en deporte debe ser consecuente con el código ético y deontológico, a través del cual reconozca parcialmente su posición frente a los hechos. En el libro Cómo hacer periodismo deportivo, Alcoba indica que el periodista deportivo es ante todo un observador imparcial con la obligación de estar preparado para ofrecer una opinión sincera y realista. Pese a todo, la crónica (desarrollada anteriormente) tendrá una carga subjetiva importante, que dependerá de cada caso y circunstancia que haya acontecido en cada partido.
No puede, o no debe, por tanto, mostrarse apasionado a la hora de exponer su opinión en relación a un deportista, técnico, dirigente, club o equipo, si no quiere caer en la acusación de tergiversar la verdad. Ni debe, tampoco, exprimir situaciones límites provocadoras de escándalos. El periodista deportivo es, ante todo, y sobre todo, un observador imparcial con la obligación de estar preparado para ofrecer una opinión sincera y realista, aun cuando no tenga más remedio que enfrentarse a cuantos niegan lo por él expresado. No puede, o no debe, en una competición, tomar partido por uno u otro equipo o deportista.63
Sus comentarios deben ser correctos sin ánimo de despecho o provenientes de su preparación. Cuanto mayor sea en razón de experiencia, más crédito tendrán entre clientes y receptores. La ética y deontología del periodista deben suponer un freno a publicaciones falaces, y es su obligación, impuesta por la moral y por su deber y derecho de ser consecuente como informador, de poner a la luz en un mundo de absurdos ciegos que solamente pretenden ver la paja en ojo ajeno. El periodista deportivo no tiene más remedio que renunciar a sus simpatías por un determinado club o deportista para reflejar la verdad en sus escritos, palabras e imágenes.
En el periodismo deportivo actual, el deporte-juego ha dejado paso al deporte- espectáculo, es decir ahora los intereses priman sobre la opinión de loa informadores, en una proporción o escala inductora de comentarios que nada tienen que ver con la filosofía y espíritu del deporte. En este punto es cuando el periodista debe recordar su
56
ética y sus valores. Cabe destacar que la ética es la ciencia de la moral y la deontología, el tratado de los deberes y derechos. Si el periodista olvida una de estas materias, sus comentarios, críticas o artículos llevarán una carga de peligrosidad de la cual él es responsable.
El periodista deportivo, por su carisma y la influencia que ejerce, va a ser tentado desde diversos frentes de la política, economía, comercio, publicidad, entre otras, con invitaciones, obsequios y otras fórmulas colocadas en su camino, cuando en realidad son camufladas presiones. Por eso, la relación del periodista con los personajes del mundo de los deportes no debe influir en sus comentarios, pese a las presiones que se le hagan.
Sin embargo, las presiones no solo se generen de ese lado, puesto que también la imposición ejercida por el medio de comunicación sobre las opiniones del periodista condiciona la teórica libertad de expresión. El periodista, desde el comienzo de su relación laboral, se ve obligado a aceptar las imposiciones de eso que se ha dado en llamar línea editorial, que es maleable según los intereses de cada momento. En ese caso, el periodista pierde parte de la libertad de la que a veces presume. En consecuencia, no tiene el poder de manifestar libremente su opinión.