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Estructuración de Sistemas de Centros Poblados y Roles Propuestos por el PRDU – Maule

EJES POLO CURICO

La hoya hidrográfica del río Mataquito, a las que se suman las de sus afluentes Teno y Lontué y el Borde Costero en su proyección en el litoral, ofrece atractivos de valor nacional e internacional desde su precordillera, la zona agrovitivinícola del llano central, el prestigiado Vichuquén hacia la costa, y un borde costero con playas.

Su polo central está en Curicó, la capital provincial, dotada de historia urbana, monumentos arquitectónicos, áreas verdes tradicionales y una traza inscrita en la acción urbanizadora del pionero gobernador Manso de Velasco en el siglo 18. Capital del Chile viejo en 1826 (de la provincias de Colchagua, Curicó y Talca), más tarde perdió esta condición pero no ha perdido su orgullo y carácter regionalista.

Ha sabido conservar cierto patrimonio colonial pero especialmente el colonial republicano de fines del siglo 19 que marca su casco histórico en varias manzanas que rodean la plaza y que se acercan a la arbolada Alameda Manso de Velasco, área verde señorial con sus columnas de ladrillo en el acceso, trazado lineal y frondosos árboles. La Plaza de Armas, de relevancia nacional, es un alto valor en la Región; trazado interior clásico, variados árboles centenarios que incluyen 60 palmeras, un quiosco europeo que es M. Nacional, numerosas esculturas nacionales valiosas, conforman un patrimonio indiscutido.

También lo es el religioso. Destacan la Iglesia del Carmen de vastas proporciones historicistas; la Iglesia de San Francisco de albañilería de ladrillo con atrio y plazoleta tradicional, hito urbano (con imágenes religiosas talladas del siglo 18), y la Iglesia de la Merced (1920) de adobe y tejas y buena carpintería en madera, también con atrio y plazuela de relevancia urbana.

Del colonial republicano, las casonas de Prat 364, Merced 131, Estado 87, Yungay 131 y varias de la calle Carmen 385, 387 y 397 (de 1895), pero es más constante la arquitectura que asumió con fuerza el neoclásico francés desde fines del siglo 19 y hasta las primeras décadas del siglo 20, al grado de marcar la identidad de la ciudad, muchas de albañilería de ladrillo: en Yungay con Merced (1898), el imponente Club de la Unión de Merced 341 (1886) que alza en sus dos plantas un severo pórtico de 4 columnas en cada planta rematado por frontón de impronta clásica, la elegante mansión de Arturo Prat 146 (1903) ricamente ornamentada, las igualmente lujosas de Membrillar 530-540, Merced 315 esquina Carmen (casi toda la cuadra impar del 300 de Merced), Yungay 667 y la muy extensa de Carmen 385, 387, 397 (1895) que, a pesar de su adobe y tejas está recubierta de ornamentación neoclásica, al igual que la valiosa serie que se ubica en la cuadra par del 700 de la misma Calle Carmen, Estado cuadra 100 impar, Yungay 199, San Martín 400, Rodríguez 515-519, Membrillar en la cuadra del 600, el de Membrillar con Argomedo. Este lenguaje historicista se refuerza en hitos urbanos mayores como el neorrománico Teatro Victoria (1918), la señorial Escuela (1890) de calle Merced s/n y la mansión de Yungay con Buen Pastor que enriquece el sector con su parque, gran porche, escalinatas y fina carpintería de madera. Tan definida es esta identidad urbana que, recientemente (1996) tanto el Banco Edwards de calle Estado como el Banco de Chile se construyeron dos sedes que no sólo acogen la altura de las demás con sus dos plantas sino su lenguaje neoclásico urbano francés.

Un hito notable es el Cementerio (1848), accesible por su céntrica ubicación, un notable patrimonio de mausoleos de arquitectura de calidad entre caminos peatonales profusamente arborizados.

Otro rasgo de la Región del Maule es la temprana aparición de vocabularios modernos, geométricos y depurados, en que Chile se adelanta en América Latina: aquí hay dos hitos, la refinada Estación de FFCC (1920) y el Cuartel de Bomberos (1940) de calle Prat.

Molina, a sólo 26 kms. al sur de Curicó, creación republicana (1834) en rico sector

vitivinícola encabezado por las viñas de Miguel Torres, Fortuna, Echeverría, San Pedro, Valdivieso y Aresti, ofrece una Ruta del Vino en capaz de potenciar la gastronomía y artesanía locales, siendo muchas de sus bodegas visibles desde la carretera o avanzando por los valles de Teno y Lontué. Tiene interés turístico patrimonial propio en su extensión de 20 mil hectáreas de vides.

Su nombre rinde homenaje al naturalista jesuita J. I. Molina, tiene algunos y contiene valiosos patrimonios arquitectónicos tradicionales, entre los que destaca la gran casa patronal de Quechereguas Sur 2493, clásica en su orden de patios, mantos de tejas y vetusto parque republicano; la mansión de Quechereguas 1494 de refinado lenguaje neoclásico y otras de fachada continua que se suceden en esta misma calle; además la muy maulina y extensa casona esquina de Maipú 1818 y la republicana de Maipú 1798. La plaza y la histórica iglesia también son de interés; ésta, con el nombre de San Bonifacio, es de gran tamaño y tres naves, volumen neorrománico, arcos ojivales, de alto valor. También es relevante el héroe Luis Cruz Martínez, de 17 años en la Batalla de La Concepción, día 10 de julio en que hasta hoy juran a la bandera los soldados chilenos, tema para un programa y lugar asociado. Tiene Molina una localización privilegiada al estar en la ruta que lleva a uno de los enclaves naturales más destacados de la región, la Reserva Nacional 7 Tazas

con el Parque Inglés, que atraen un público numeroso con sus saltos de agua, bosques, avifauna, quebradas y senderos y cabalgatas por el entorno, que ha sido calificado como uno de los parajes más hermosos de América del Sur, accesible desde la inauguración del Camino Turístico Molina-Parque Inglés, con el atributo arqueológico -Caverna de la Bruja, aleros rocosos del Valle del Indio- de poder dar cuenta de siglos de asentamientos humanos.

El otro camino de Curicó a la cordillera pasa por Romeral y conduce a otro enclave natural excepcional en la confluencia de los ríos Claro y Teno, Los Queñes, lugar de cruce de parte del Ejército Libertador, también de numerosos visitantes a sus típicas casas rurales y a las de balneario de montaña en piedra a la vista, destacando la antigua Aduana que es Monumento Nacional por sus torreones de impronta republicana francesa, además de termas en los faldeos del Volcán Planchón, turismo que favorece la visita a Romeral; en una zona rica en guindos y viñedos, éste es un antiguo poblado que, a pesar de contar con pocas construcciones, éstas son de tal relevancia que merecen protección y ser incluidas en el patrimonio zonal, especialmente las de Calle Libertad, todas muy clásicas de la Región, como la N° 587, importante con su parque y patios interiores, la N° 790 que se prolonga en arboledas y corrales, y la actual Casa de la Cultura con su corredor perimetral y excelente carpintería; del mismo nivel es la de Ignacio Carrera Pinto 1213, muy extensa y de buenos corredores y mantos de tejas. De menor valor propio pero de importancia ambiental son la de Calle Balmaceda, N° 72 y N° 79, con largas galerías en sus fachadas principales y también de carpintería de calidad en relación a los vanos. Otra clásica, sobre la carretera, Km. 5100, es muy relevante por su gran volumen, patios interiores, pilastras y gran fachada. También es valiosa la Plaza por su arborización frondosa y quiosco.

Otra ruta desde Curicó, del sureste y poco explotada, ofrece una serie de enclaves naturales de calidad, con bosques, vertientes y avifauna, escenario del mundo pehuenche, de sus rucas, cacerías y explotación de yeso y brea locales (usadas en su construcción), en el Valle de Upeo: Monte Oscuro, Upeo, Potrero Grande, lugar apto para un desarrollo relacionado con el mundo pehuenche.

La Ruta del Vino del Valle de Curicó es otro atractivo posicionado de la Región. Bodegas y casas patronales, almuerzos y cenas en las viñas, visitas con degustaciones, son un ancla para, desde ellas, conocer enclaves de construcción colonial (Molina, Romeral, Lontué, Rauco, Sagrada Familia). Se despliega en circuitos por el Valle de Teno (Rauco, Hualañé, Romeral, Teno) y el Valle de Lontué (Molina, Río Claro, Curicó y Sagrada Familia), todos enclaves con perfil histórico cultural. La Fiesta de la Vendimia, en marzo, es un recurso en expansión.

De Curicó al norte destacan tres poblados que se remontan a la Conquista; Teno, (Vista

Hermosa), ubicado en el Camino Real en la banda norte del río Teno 16 kms. antes de

llegar a Curicó por el norte, sede de la histórica encomienda cedida por Pedro de Valdivia a Inés de Suárez, de 1500 indios con la merced de las tierras circundantes, (fue una de las 5 que le entregó, junto a las de Apoquindo, Peumo, Melipilla y Colchagua); casada con Rodrigo de Quiroga, pasará a esta descendencia por generaciones, gradualmente ocupada por campesinos hasta devenir pueblo mestizo; tiene Casa Parroquial extensa y con plaza y casas de calles Comalle, Lautaro y Ortúzar que conforman un recorrido peatonal histórico;

la Plaza, clásica y elegante, de buen tamaño y valiosa arborización, es un hito notable; culmina el recorrido en la Estación FFCC de ladrillo pero tipología colonial; sobre la carretera, Km 175, destaca una señorial casona patronal rodeada de parque y jardines, con gran manto de tejas, como testimonio de época actualmente en riesgo; también interesante la artesanía local en fibras vegetales y el famoso Encuentro Nacional de Payadores de febrero. Rauco también fue pueblo de indios calle larga, a 10 kms. de Teno, y se encuentra en la ruta que bordea el Mataquito hacia la costa, adquiriendo importancia en el siglo 19 cuando se fija una sede parroquial en él, ofreciendo un ambiente tradicional en su "calle larga", de nombre Balmaceda, destacando los extensos mantos de tejas que cubre sus casas de adobe de fachada continua y corredores lineales. A 6 kms. al NO destaca Convento

Viejo, nombre que recuerda a los franciscanos que, aquí, fueron el foco de la Curicó

original, luego abandonada por humedad; el lugar, patronal de la histórica Estancia de Curicó, de familia que donó parte de los terrenos para la ciudad, con sus angostos callejones y vetustas casonas tiene un interés por su inmediata vecindad a Curicó. Cualquiera puede sustentar, en la vecindad de la Ruta 5, un pueblito artesanal tradicional. Los caminos a la costa, que recorren la cuenta del Mataquito desde Curicó, permiten hacer un completo circuito histórico, por Sagrada Familia, La Huerta de Mataquito, Hualañé,

Licantén y Lora, para volver a Licantén, seguir a Vichuquén y luego llegar a los enclaves

costeros de Iloca, Duao, Lipimávida, Llico, Boyecura –se entra por Vichuquén- y los cercanos de Vichuquén y Laguna Torca. Un interés adicional de este circuito es que recorre una zona de desarrollo preincásico, donde los nativos promaucaes, en la cercanía del agua, establecían asentamientos en claros de los bosques –“islas” o huapis-, en las que construían sus rucas. Gonza (La Huerta), Mataquito (Peralillo), Teno (luego encomienda de Inés de Suárez), Comalle, Lora, Duao, expresan esos tempranos enclaves. Además, La Huerta de Mataquito fue pueblo de indios durante la Colonia, y varios otros fueron espontáneos pueblos de calle larga, sin trazado reticular en este período: Comalle, Licantén, Lora, destacando entre ellos Vichuquén, que representa una suerte de museo vivo con sus calles estrechas y en desnivel, con largos corredores.

Sagrada Familia, poblado pequeño pero tradicional en su cuadrícula y arquitectura, tiene

la virtud de estar localizado casi en la cabecera del valle del Mataquito, que aquí se abre y avanza hacia el mar; es la puerta del Mataquito. Destacan la Capilla, la Casa Parroquial (ésta de 1840), de gran corredor y muy valiosas maderas y rejas, y la vivienda del párroco en la esquina de Ignacio Carrera Pinto con San Luis, conformando el trío un polo religioso característico y completo, en torno al cual se suceden algunas fachadas de adobe herméticas, de vida interior, lamentándose algunas sustituciones de cubiertas de adobe por planchas metálicas. De interés la Iglesia de Sagrada Familia (1927) obra de Alfredo Benavides, clasicista y de finas terminaciones con vitrales y carpintería artísticos. En el camino de acceso aparece una clásica vivienda campesina tradicional, del tipo del volumen único y compacto enriquecido por un corredor frontal y vegetación circundante. Como zona más tradicional del ají chileno, conviene su visita en la época de cosecha cuando los techos de las casas se cubren de ellos, rojos. En el Camino a la Costa destaca Casona Patronal (1896), buen ejemplo de las que se abren al paisaje en el siglo 19 reemplazando la planta cuadrada por una abierta para dialogar con el paisaje con corredores, parque, jardines y huertas.

Vichuquén es uno de los más valiosos enclaves de turismo cultural del país, desde su

condición de ofrecer un “lago sureño” en estas latitudes, con clima benigno y en la vecindad del océano y sus playas. Deja ver la traza de calle larga que se remonta a los primeros asentamientos de la Región (visitable junto a los otros de la época, La Huerta y Lora), siguiendo con el encomendero Juan de Cuevas (1578) que trae mano de obra de Cuzco. La Capilla se agrega a la trama en cuadrícula española de 1771, un bodegón de esa época, casas coloniales que incorporan ornamentación republicana en el siglo 19, la regularización de la trama urbana (1865) de Ricardo Brown, "el primer arquitecto chileno profesional", la construcción de plaza y hotel en 1917, más el muy valioso Museo Histórico que recoge la historia del lugar, y el notable paisaje que conforman el lago con sus aguas azules rodeado de verdes bosques, conforman un conjunto excepcional de interés nacional y extranjero. Coherente como un museo de época, a su historia urbana se suman excepcionales valores arquitectónicos, como el citado bodegón de la Calle Comercio, y en la misma calle, la Casa del Gobernador con gran parque, corredores en sus dos plantas, balcones, patio interior y gran portón de fierro forjado; la casa esquina que ocupa el Registro Civil en el N° 340, complementadas en la misma vía con varias casas tradicionales, a los que se suman las de la Calle Luis Cruz -93, 108, 141 y el antiguo Hospital y algunas de la Calle Balmaceda, más el Museo que, siendo contemporáneo, reitera la arquitectura tradicional en sus corredores, pilares y mantos de tejas; intervenida pero también de interés es la Casa Romolo Trebbi, de planta cuadrangular y valiosa galería y patio interior. Lamentable es la destrucción de restos paleontológicos y el descuido del recurso arqueológico, ya que Vichuquén aparece como un túnel del tiempo que podría así remontarse a miles y millones de años.

Lora posee la traza de un típico asentamiento indígena, construido linealmente a lo largo

de un sendero o camino que deviene esquema de "calle larga" en el siglo 16 al ser catalogado de "pueblo de indios"; conserva la arquitectura de adobe que caracteriza el siglo 19 maulino, en que los sencillos muros se enriquecen con molduras republicanas en torno a sus vanos, aunque fue parcialmente destruido por la construcción de un camino contemporáneo. Su Iglesia Santuario Nuestra Señora del Rosario es Monumento Nacional en su categoría de Monumento Histórico; es popular la Fiesta de Negros con disfraces, que se celebra en el marco de la festividad de Nuestra Señora del Rosario de Lora, en octubre. Merece un desvío Villa Prat por su arquitectura colonial, y La Orilla, de célebre fiesta de los animales en el Día de San Jerónimo.

En la costa se encuentra Llico, puerto espontáneo de las haciendas de Vichuquén que luego tuvo un muelle, hoy abandonado. Es balneario de Curicó con notable casona de madera con sobrecimientos de piedra y galería, construido como hotel veraniego, testimonio de época de excelente vista desde lo alto a la bahía, rodeado de arenales que inspiraron la novela "Alsino" de Pedro Prado. Los restos del muelle (1890) evocan las aspiraciones de gobiernos del siglo XIX, para hacer de él un puerto militar de importancia. Laguna Torca, Reserva Nacional desde 1985, 604 hectáreas, Monumento Nacional en la categoría de Santuario de la Naturaleza, además de contener las dunas y ofrecer variadas especies nativas y exóticas posee más de 90 especies de aves -entre ellas cisnes de cuello negro-, miradores, además de zorros, coipos y quiques, accesible desde Llico.

Con Duao en su vecindad, caleta también rica en gastronomía marina, hosterías, artesanía de conchas marinas, producción de papayas, se vincula el mundo rural de trillas a yeguas, tradicional encuentro social con vino o licor de palos de culén, música, bailes y platos criollos; y Lipimávida, que a sus playas agrega la artesanía en lana y de figuras de conchas marinas.

El principal balneario, Iloca, originado en caleta de pescadores, ofrece una diseñada costanera y construcciones tradicionales junto al camino que bordea la costa, testimonios del siglo 19 cuando los curicanos en carreta o coches viajaban dos días para llegar al lugar pasando por poblados coloniales del Mataquito. Es un escenario que congrega campo, mar, cerros y playas junto al desaguadero del Lago Vichuquén, dotado de abundante alojamiento y restoranes especializados en su pesca. De arquitectura tradicional, corredores floridos para observar la puesta de sol, ventas de arrope y miel, pescadores con redes