Como dijimos antes, la diferencia esencial entre el análisis de un síntoma y el de un rasgo de carácter neurótico, consiste en que el síntoma se aísla desde el comienzo y se lo observa en forma objetiva, mientras el rasgo de carácter debe ser señalado continuamente, de suerte que el paciente logre hacia él la misma actitud que hacia un síntoma. Sólo rara vez se logra tal cosa con facilidad. La mayoría de los pacientes tiene una tendencia muy poco acentuada a contemplar su carácter en forma objetiva. Esto es
comprensible, pues se trata de debilitar el mecanismo de protección narcisista, de liberar la angustia en él ligada.
Un hombre de 25 años acudió al análisis debido a algunos síntomas menores y por sufrir de una perturbación en su trabajo. Mostraba un comportamiento libre, confiado en sí mismo, pero a menudo daba la impresión de que su porte era artificial y que no establecía relación auténtica alguna con la persona con quien hablaba. Había algo de frío en su forma de hablar, algo vagamente irónico; a menudo sonreía y no se sabía si era una sonrisa de incomodidad, de superioridad o de ironía.
El análisis comenzó con emociones violentas y abundantes. Lloró al hablar de la muerte de la madre y maldijo al describir la acostumbrada crianza de los hijos. El matrimonio de sus padres había sido muy desgraciado. La madre había sido muy estricta con él, y con los hermanos había establecido alguna suerte de relación sólo en los últimos años. La forma en que continuó hablando intensificó la impresión original de que ni su llanto ni sus maldiciones o cualquiera otra emoción surgían en realidad en forma plena y natural. El mismo paciente dijo que en última instancia todo eso no era tan malo, que continuamente se sonreía de todo lo que decía. Después de algunas horas comenzó a tratar de provocar al analista. Así, por ejemplo, cuando éste daba por terminada la sesión, permanecía un rato acostado en el diván, o comenzaba una nueva conversación. Una vez me preguntó qué haría yo si él me tomaba de la garganta para ahorcarme. Dos días después trató de asustarme con un repentino movimiento de su mano hacia mi cabeza. Me retiré instintivamente y le dije que el análisis sólo pedía de él que dijera todo, no que lo hiciera En otra ocasión, al abandonar el consultorio, me palmeó el brazo. El significado profundo de este gesto, que no pudo ser interpretado en ese momento, era una transferencia homosexual naciente, manifestada en forma sádica. Cuando, en un nivel superficial, interpreté estos actos como provocaciones, se sonrió y se encerró aún más en sí mismo. Los actos cesaron, al igual que sus comunicaciones; todo lo que subsistió fue la sonrisa estereotipada. Comenzó a guardar silencio. Cuando le señalé el carácter defensivo de esta manera de comportarse, se limito a volver a sonreír y después de un periodo de silencio repitió, con intención evidente de burlarse de mi, la palabra "resistencia". Así, pues, la sonrisa y la burla se convirtieron en centro del trabajo analítico. La situación era difícil. Fuera de los pocos datos generales acerca de su infancia, nada sabia de el. Todo lo que tenia, por lo tanto, eran sus modalidades de comportamiento en el análisis. Durante algún tiempo me limite a esperar para ver que sucedería, pero su conducta permaneció invariable unas dos semanas. Luego recordé que la intensificación de su sonrisa se había producido en la época en que yo había detenido sus agresiones. Traté de hacerle comprender el significado de su sonrisa a este respecto. Le dije que sin duda su sonrisa significaba muchas cosas, pero en el momento presente era una reacción ante la cobardía mostrada por mi instintiva retirada. Reconoció que bien podría ser así, pero que él continuaría sonriendo. Hablo de cosas sin importancia y se mofo del análisis, manifestando que no podía creer nada de lo que yo Ie decía. Resultaba cada vez más claro que su sonrisa servía de protección contra el análisis. Así se lo dije repetidas veces durante varias sesiones, pero transcurrieron semanas antes de que tuviese un sueño relacionado con una máquina que cortaba en trozos pequeños una larga pieza hecha de ladrillos. La relación de este sueño con la situación analítica era tan poco clara que no produjo asociación alguna. Por ultimo, el paciente dijo que, después de todo, el sueño era muy sencillo, se trataba evidentemente del complejo de castración y sonrió. Le dije que su ironía era un intento de desconocer la indicación dada por el inconsciente a través del sueño. Ante lo cual produjo un recuerdo- pantalla de gran importancia para el ulterior desarrollo del análisis. Recordó que alrededor de los cinco anos una vez había "jugado al caballo" en el patio de su casa: andaba en cuatro patas, dejando colgar el pene fuera del pantalón. La madre lo sorprendió en el juego y Ie preguntó que demonios hacia. A lo que el niño reaccionó limitándose a sonreír. Nada más pude saber por el momento. No obstante, algo había aprendido: su sonrisa era un trozo de transferencia materna. Cuando Ie dije que a todas luces se comportaba en el análisis tal como lo hiciera con la madre, que su sonrisa debía tener un significado definido, solo volvió a sonreír
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y dijo que todo eso estaba muy bien, pero no le parecía plausible. Durante algunos días hubo de su parte la misma sonrisa y el mismo silencio, mientras yo interpretaba constantemente su comportamiento como una defensa contra el análisis, señalándole que su sonrisa era un intento de superar un temor secreto a mí. Estas interpretaciones también tropezaron con su estereotipada sonrisa, lo que también se interpretó como una defensa contra mi influencia. Le señalé que al parecer siempre sonreía, no solo en el análisis, y debió admitir que esa era su única manera posible de recorrer la vida. Con tal admisión había concordado conmigo, contra su voluntad. Pocos días después entró sonriendo una vez mas y dijo: "Hoy quedara contento, doctor. En el idioma natal de mi madre, bricks (ladrillos) significa testículos de caballo. Magnifico,
¿no es cierto? De manera que, como usted ve, es el ―complejo de castración". Le dije que eso
podía o no ser cierto; que, en todo caso, mientras mantuviese esa actitud defensiva, el análisis de los sueños quedaba fuera de toda cuestión, pues con su sonrisa él anularía, sin duda, toda asociación y toda interpretación.
Debe decirse aquí que esa sonrisa era apenas visible, era más una cuestión de sentimiento y una actitud de burla ante las cosas. Le manifesté que no necesitaba temer a reírse del análisis abiertamente y en voz alta. A partir de entonces su ironía fue mucho mas franca. A pesar de los contenidos burlones, sus asociaciones fueron de gran valor para comprender la situación. Parecía muy probable que, como sucede tan a menudo, había concebido el análisis como un peligro de castración; en un comienzo había esquivado este peligro con la agresión y luego con la sonrisa. Volví a las agresiones de comienzos del análisis y agregue la nueva interpretación de que había tratado de ponerme a prueba con sus provocaciones, de que quería saber hasta donde podía llegar, hasta donde podía confiar en mí. En otras palabras, había sentido una desconfianza basada en un temor infantil. Esta interpretación le impresionó visible mente. Durante un momento fue un golpe, pero pronto se recobró y volvió a desconocer el análisis y mis interpretaciones con su constante sonreír. Seguí siendo consecuente en mis interpretaciones; sabia por distintos indicios que estaba en el buen camino y a punto de minar su defensa yoica. No obstante, él siguió igualmente consecuente en su actitud sonriente durante un número de sesiones. Intensifiqué mis interpretaciones ligándolas más de cerca al supuesto temor infantil. Le dije que temía el análisis porque reviviría los conflictos infantiles que él pensaba haber resuelto con su actitud sonriente, pero que su creencia era errónea, pues su excitación al hablar de la muerte de la madre había sido auténtica. Aventure la suposición de que su relación con la madre no había sido tan sencilla; que no sólo la había temido y ridiculizado, sino también querido. En forma algo mas seria que la acostumbrada, relató entonces pormenores acerca de la poca bondad de la madre hacia él; en una ocasión, cuando él cometiera alguna trapisonda, ella llegaba a herirle en una mano con un cuchillo, y agrega: "Bueno, según los libros esto es otra vez el complejo de castración, ¿no es así?" No obstante, algo serio parecía suceder en su interior. Mientras yo continuaba interpretando el significado manifiesto y latente de su sonrisa cada vez que aparecía en la situación analítica, se produjeron nuevos sueños. Su contenido manifiesto fue de ideas de castración simbólica. Por ultimo tuvo un sueno en el cual figuraban caballos y otro en el cual una elevada torre surgía de un autobomba. De la torre salía una gran columna de agua que se derramaba sobre una casa incendiada. En esa época, el paciente sufrió ocasionales episodios de enuresis. Comprendió por sí solo la relación entre los "sueños de caballos" y su jugar al caballo, aunque acompañándolo de sonrisas. Mas aún, recordó haberse interesado siempre por los largos penes de los caballos; creía que en su juego infantil había imitado a tales animales. También solía brindarle abundante placer el hecho de orinar. No recordaba si de niño solía mojar su cama.
En otra ocasión, al discutir el significado infantil de su sonrisa, pensó que posiblemente en el episodio del juego del caballo la sonrisa no había sido despreciativa en manera alguna, sino un intento de aplacar a la madre, por temor a que ésta pudiese regañarle. En esta forma, se aproximaba más y más a lo que yo había estado interpretando durante meses a base de su comportamiento en el análisis. La sonrisa había pues cambiado de función y significado en el cur-
so del tiempo: originalmente un intento de conciliación, se convirtió más tarde en compensación
de un temor interior y, por ultimo, servia también como medio de sentirse superior. EI paciente
mismo descubrió esta explicación cuando en el curso de varias sesiones reconstruyó la forma que había encontrado para escapar a su miseria de infancia. EI significado era: "Nada puede sucederme, soy inmune a todo". En éste último sentido, la sonrisa se había erigido en defensa en el análisis, como protección contra la reactivación de los antiguos conflictos. EI motivo básico de esta defensa era un terror infantil. Un sueño aparecido al finalizar el quinto mes puso de manifiesto la capa mas profunda de su temor, el temor a ser abandonado por la madre. EI sueño era como sigue: "Viajo en automóvil acompañado de una persona desconocida, atravesando una pequeña ciudad abandonada, de aspecto desolado. Las casas están en ruinas; los vidrios de las ventanas hechos arucos. No se ve un alma. Es como si la muerte hubiese asolado el lugar. Llegamos a un portón donde yo quiero doblar. Digo a mi acompañante que debe ríamos mirar otra vez. En la acera hay un hombre y una mujer, de rodillas, en ropas de duelo. Me aproximo a ellos y les pregunto algo. Cuando les toco un hombro, saltan y despiertan aterrorizados". La asociación mas importante fue que la ciudad era similar a aquella en la cual el paciente,'era hasta los cuatro años. Se expresaban claramente en el sueño la muerte de la madre y el sentimiento infantil de ser dejado a solas. EI compañero era el analista. Por primera vez el paciente tomó un sueño como cosa seria, sin sonreír en momento alguno. La resistencia caracterológica había sido atravesada, estableciéndose la conexión con lo infantil. A partir de ese momento, el análisis prosiguió sin dificultad especial, interrumpido -por supuesto- por las recaídas en la antigua resistencia caracterológica, tal como sucede en todo tratamiento.
Se sobreentiende que las dificultades fueron mucho mayores de lo que puede parecer para este breve resumen. Toda la fase de resistencia duro casi seis meses, caracterizados por las burlas de que el paciente hacia objeto al análisis durante días y semanas enteras.
Sin la necesaria paciencia y la confianza en la eficiencia de una interpretación consecuente de la resistencia caracterológica, a menudo nos hubiésemos inclinado a abandonar el caso.
Veamos si la penetración analítica en el mecanismo de este caso justificaría algún otro procedimiento técnico. En lugar de haber un hincapié consecuente en el modo de con ducta, se podría haber analizado con minuciosidad los escasos sueños del paciente. Quizás hubiese mostrado entonces asociaciones pasibles de ser interpretadas. Puede no ser importante que antes del análisis el paciente no soñara, o bien olvidara todos sus sueños, y que no produjo sueños de contenido tocante a la situación analítica hasta después de la interpretación consecuente de su conducta. Podría objetarse que de todas maneras habría producido esos sueños en forma espontánea; no cabe discutir tal posibilidad, pues no puede demostrarse en ninguno de los dos sentidos. Como quiera que sea, poseemos una amplia experiencia y ella nos enseña que es difícil resolver solo con la espera pasiva una situación tal como la que presentaba nuestro paciente; si se logra, es por accidente, sin que el analista tenga en sus manos las riendas del análisis. Supongamos entonces que hubiésemos interpretado las asociaciones rela- cionadas con el complejo de castración, vale decir, hubiésemos tratado de hacerle adquirir conciencia de su temor a cortar o a ser cortado. Quizá esto habría también conducido finalmente a un éxito. Pero el hecho mismo de no poder tener la seguridad de que ocurriera, de que debamos admitir la índole accidental de tal acontecimiento, nos obliga a rechazar como básicamente, no analítica una técnica de estas características, que trata de rodear una resistencia existente. Tal técnica significaría retornar a esa etapa del análisis en la que no nos molestábamos por las resistencias, pues no las conocían y cuando, en consecuencia, interpretábamos directamente el significado del material inconsciente. Es evidente, según la historia clínica, que esto significaría al mismo tiempo descuidar las defensas del yo.
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esta forma trabajaban todos los analistas. Es cierto, el principio general no es nuevo: no es sino la aplicación consecuente del análisis de la resistencia. Muchos años de experiencia en el Seminario Técnico mostraron, sin embargo, que los analistas por lo general conocen y admiten los principios de la técnica de la resistencia, mientras en la práctica usan en esencia la vieja técnica de la interpretación directa del inconsciente. Esta discrepancia entre el conocimiento teórico y la acción práctica era la fuente de todas las erróneas objeciones a los intentos sistemáticos del seminario de Viena por desarrollar la aplicación consecuente de la teoría a la terapia.
Si decían que todo esto era trivial y nada nuevo, era teniendo presente su conocimiento teórico; si objetaban que era desacertado y no era análisis "freudiano", lo hacían pensando en su propio ejercicio de la profesión que, como hemos dicho, era totalmente distinto.
Un colega me pregunto en una ocasión que habría hecho yo en el siguiente caso: durante las ultimas cuatro semanas había estado tratando a un joven que se mantenía en constante silencio, pero era por lo demás simpático y mostraba una conducta muy afable antes y después de la sesión analítica. EI analista había ensayado toda clase de recursos, le había amenazado con interrumpir el tratamiento y por ultimo, cuando fracasó hasta la interpretación de sueños, fijó una fecha para dar por terminado el tratamiento. Los escasos sueños estaban llenos de crímenes sádicos. El analista había dicho a su paciente que, después de todo, debía admitir a base de esos sueños que en sus fantasías era un asesino. Pera eso no constituyó ayuda alguna. El colega no se sentía satisfecho con mi opinión de que era incorrecto interpretar material tan profundo en presencia de una resistencia aguda, sin importar con cuanta claridad apareciera el material en un sueño. EI colega creía que no existía otra posibilidad. Cuando yo le dije que, en primer lugar debía haber interpretado el silencio como una resistencia, afirmó que eso era imposible pues no había "material" con el cual hacer la interpretación. ¿Acaso la conducta misma, el silencio durante la hora de sesión, a diferencia de la actitud fuera de ella no es "material" suficiente? ¿No muestra con claridad esta situación la única cosa por lo menos que el paciente expresa con su silencio, una actitud negativa o una defensa? ¿Y que, a juzgar por sus sueños, se trata de impulsos sádicos que trata de compensar y disimular con su comportamiento por demás afable? ¿Por que osamos deducir ciertos procesos inconscientes a partir de un acto fallido del paciente, tal como olvidar algún objeto en el consultorio, y en cambio no nos atrevemos a deducir el significado de la situación basándonos en su comportamiento? ¿Acaso la totalidad del comportamiento es material menos concluyente que un acto fallido? Nada de esto pareció plausible a mi colega; continuó insistiendo en que la resistencia no podía ser encarada pues no existía "material" para hacerlo. No quedaba duda de que la interpretación de los impulsos criminales era un error técnico; solo podía tener el efecto de aterrorizar al paciente y de ponerle en guardia más aun de lo que ya estaba.
Las dificultades de los casos presentados en el Seminario eran de índole muy similar; se trataba siempre de la misma subestimación o del completo abandono del comportamiento como material interpretable; era una y otra vez el intento de eliminar la resistencia partiendo desde el elIo, en lugar de hacerlo mediante el análisis de la defensa del yo; y por ultimo, casi siempre, la idea -usada como coartada- de que sencillamente el paciente no quería mejorar, o era "demasiado narcisista".
En principio, el aflojamiento de la defensa narcisista no difiere, en otros tipos, del ya descrito. Pongamos por caso un paciente carente siempre de afecto e indiferente, independientemente del material que pueda presentar; nos encontramos entonces frente al peligroso bloqueo afectivo. A menos de dedicarnos a este bloqueo antes que a ninguna otra cosa, se corre el peligro de desperdiciar todo el material y las interpretaciones y de ver al paciente convertirse en un buen teórico del análisis, mientras en todos los demás sentidos sigue siendo el mismo. A menos de preferir en tal caso abandonar el análisis a causa del "narcisismo demasiado