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EL ANGEL FUERTE Y EL LIBRITO» (Capítulo 10)

En este capítulo 10 y parte del 11, se intercala el cuarto paréntesis en el libro de Apocalipsis. Este paréntesis interrumpe las visiones de las trompetas entre la sexta y la séptima, para narrar dos eventos especiales, ninguno de los cuales proceden directamente ni de los sellos, ni de las trompetas, ni de las copas.

El primero, o sea, el "ángel fuerte y el librito," nos ofrece un evento que en el momento de su narración, aún está en el futuro, pues el mismo toma lugar en la Segunda Venida dé Cristo, después que haya vencido a sus enemigos, entonces toma posesión de la Tierra para el establecimiento de Su Reino Milenial. Este evento tiene que ver con todo el Planeta.

El segundo, esto es, el caso de "los dos testigos," es un evento que al iniciarse la segunda mitad de la Gran Tribulación, también se habrá iniciado el ministerio de estos "dos testigos," el cual durará "mil doscientos sesenta días" o sea, tres años y medio.

"Vi descender del cielo." Ya hemos dicho que este pasaje es un paréntesis, y describe un evento que al relatarlo Juan, con relación a la cronología del libro de Apocalipsis, aún está en el futuro.

Desde que a Juan se le dijo, "sube acá" (Apoc. 4:1), Juan ve, mira, observa y relata desde una perspectiva celestial, o desde el cielo. Pero en esta ocasión él dice, "vi descender del cielo." El no dice, "vi descender a la tierra," como estando él en el cielo. El ve este evento desde la tierra, claro, siempre "en el Espíritu en el día del Señor."

Abundando un poco sobre lo de "el día del Señor," como prometimos al comentar el versículo en 1:10, parecería que, dispensacionalmente este término se refiere a todo el período de la Gran Tribulación, incluyendo la Segunda Venida de Cristo; pero la realidad es que la Segunda Venida de Cristo introduce "el día del Señor." La Gran Tribulación todavía es "el día del hombre" en su plenitud - 666. Con la Segunda Venida de Cristo se inicia "el día del Señor, y con Cristo viene la Iglesia." Esta es la razón por la cual Juan tiene esta visión desde la tierra y ve en la tierra lo que sucede en la tierra.

"Otro ángel fuerte." Por su descripción, "envuelto en una nube," nos recuerda la ascensión del Señor que "habiendo dicho estas cosas, viéndolo ellos, fue alzado, y le recibió una nube que le ocultó de sus ojos." Hech. 1:9. Y de Su regreso a la tierra, el Señor declaró que sería "sobre las nubes del cielo, con poder y gloria." Mat. 24:29,30.

"El arco iris sobre su cabeza." Después de la tormenta, el huracán de la Gran Tribulación, viene "el arco iris" de la Segunda Venida de Cristo a traer verdadera paz al mundo.

"Su rostro era como el sol, y sus pies como columnas de fuego." Todo esto describe al Señor. Cuando El venga, "sus pies como columnas de fuego," "se afirmarán... en aquel día sobre el monte de los Olivos... y el monte... se partirá por en medio." Zac. 14:1-4.

"En su mano un librito abierto." Sin duda este librito es el mismo libro del capítulo 5, ya con sus sellos desatados, el contenido del sonido de la trompetas, como también de las siete copas, que ya lo que queda por cumplirse es "la toma de posesión de la tierra," con los propósitos y culminación del Reino Milenial, y la derrota final y eterna de Satanás con todos sus aliados demoniacos y con todos los humanos irredentos, todos, para ser lanzados en el "lago de fuego que arde con azufre".

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El "librito" es el derecho legal y redentor del Señor, es el título de propiedad, para reposeer la tierra para el hombre. Cristo pagó la deuda del hombre y canceló la hipoteca de la tierra y ahora viene a reclamar. "Puso su pie derecho sobre el mar, y el izquierdo sobre la tierra." El Anticristo, el Falso Profeta, ya lanzados al lago de fuego, Satanás encadenado y lanzado al abismo, el camino está expedito, y el Señor toma posesión del Planeta para establecer Su Reino Milenial.

"Y clamó a gran voz, como ruge un león." Cuando un león se apodera de su comida, ruge, por si hubiere un rival cercano que osara retar su conquista. Y "el León de la Tribu de Judá", "clamó a gran voz”, por si quedara alguien que no reconociera Su derecho y Su victoria. Y cuando hubo clamado,

"Los siete truenos”, Después del Señor clamar a gran voz, y no habiendo ninguna oposición a Su reclamo, "Siete truenos emitieron sus voces". "Voz de Jehová con potencia... voz de Jehová que derrama llamas de fuego... voz de Jehová que desnuda los bosques." Sal. 29:3-11

Juan iba a escribir lo que escuchó, pero se le dio orden desde el cielo de no escribir. Nadie sabe qué dijeron aquellas voces. Pero por el contexto, parecería como si el Padre (el siete es el número de Dios) aprobara la demanda del Señor.

Entonces, con un pie en el mar y otro en la tierra, el Señor "levantó Su mano al cielo," y "no pudiendo jurar por otro mayor (Padre, Hijo y Espíritu Santo son Uno y coiguales) (Juan 1:1; 17:21), juró por sí mismo" (Heb. 6:13), que "el tiempo no sería más," esto es que no habría más demoras en el total cumplimiento de todo el plan de redención. No es que el plan de Dios se ha demorado, sino que el hombre así lo ha creído. Desde el principio de la raza se esperaba la simiente prometida (Gen. 3:15) que heriría la cabeza de la serpiente.

Eva creyó que la simiente prometida era Abel, y después Set. Gen. 4:25. En nuestra versión, dice, "me ha sustituido otro hijo en lugar de Abel." Otras versiones dicen, "me ha sustituido otra simiente," Job la esperaba, y dijo, "Yo sé que mi Redentor vive." Job. 19:25. Los profetas y santos del Antiguo Testamento esperaban esa "simiente" y la saludaban de lejos. Heb 11:13. Simeón la esperaba. Luc. 2:25. Juan el Bautista lo esperaba, lo anunció, y lo presentó. Juan 1:29.

Pero la mayoría ha creído y cree que la promesa se tarda, "pero el Señor no retarda su promesa." 2 Ped. 3:9. Así como "cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo nacido de mujer" (Gal. 4:4), así, en su tiempo "vendrá en una nube con poder y gran gloria." Luc. 21:27.

"El misterio de Dios se consumará." Este misterio de Dios es todo el plan de redención. 1 Tim. 3:16. Y se consumará cuando se comience a tocar la séptima trompeta. ¿Y qué sucede cuando se toque la séptima trompeta? "Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos". Apoc.11:15.

"Toma y cómelo." A Juan le fue ordenado comer el "librito," y al comerlo "era dulce en la boca como la miel, pero cuando lo hubo comido, amargó mi vientre."

Quién sabe si Juan contemplando la majestad del trono de Dios, y tantas maravillas en el Cielo, y ya sabiendo de antemano por medio de las revelaciones como también por el "librito," todo lo que acontecería en la tierra, es posible que pensara cuan precioso sería quedarse allá, pero le fue dicho algo amargo: "Es necesario que profetices otra vez sobre muchos pueblos, naciones, lenguas y reinos."

Juan representa la Iglesia. Para este tiempo la Iglesia ya será la Esposa del Cordero. Durante el Milenio, el Señor "hará entender diligentemente en el temor de Jehová," y "la tierra será llena del conocimiento de Jehová.'. Isa. 11:2, 9. ¡Y juntamente con Cristo, la Iglesia estará activa!

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Hoy día nosotros estamos en lo amargo, "pero tenemos por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros hade manifestarse". Rom. 8:18.

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Capítulo IX

«LOS DOS TESTIGOS»

(Capítulo 11: 1-14)

Hay algunos acontecimientos proféticos pertenecientes a la semana número 70 de la profecía de Daniel, que tienen una duración de 1.260 días, o 42 meses, o tres años y medio. Esto es, la mitad de los siete años de la semana profética, la Gran Tribulación.

El año profético consta de 360 días. Dios gobierna el curso y el cumplimiento de la profecía bíblica a base del año bíblico, no a base del calendario gregoriano que el año consta de 365 días con un año bisiesto cada cuatro años, calendario que fue reformado por el papa Gregorio XIII en el año 1582.

Entre esos acontecimientos que tienen una duración de tres años y medio, está el de "los dos testigos." "La vara de medir." A Juan le fue dada como una vara de medir para que midiera el templo de Jerusalén lo cual puede significar que ese será el tiempo cuando sea edificado, el altar, y los adoradores, como para protección en el juicio.

También se le instruye a no medir el patio fuera del templo, "porque ha sido entregado a los gentiles; y ellos hollarán la ciudad santa cuarenta y dos meses."

Al iniciarse esta segunda mitad de la Gran Tribulación también es cuando se rompe el pacto entre Israel y el Anticristo, porque éste se deificará y profanará el templo de Jerusalén. A esto el profeta Daniel le llama, "la abominación desoladora." Dan. 9:27; 11:31. El Anticristo desatará una encarnizada persecución contra los judíos (peor que Hitler y que las "santas inquisiciones"), la cual es llamada "la apretura de Jacob" (Isa. 29:1; Jer. 30:7), pero el pueblo de Israel sobrevivirá.

"Daré a mis dos testigos." ¿Por qué dos testigos? Dios estableció en la Ley que "no se tomará en cuenta a un solo testigo... sólo por el testimonio de dos o tres testigos... Deut. 19.15.

Siguiendo este principio divino, Dios, en Sus tratos con el hombre en todas las distintas dispensaciones y épocas siempre ha tenido por lo menos dos testigos.

La raza comenzó con dos, Adán y Eva. De sus hijos, los testigos de Dios fueron, Abel y Set. De la era patriarcal, Enoc y Noé. En la destrucción de Sodoma, Abraham y Lot. En los conflictos con Faraón, en la liberación del pueblo y en el sacerdocio, Moisés y Aarón. Cuando el pueblo se acercaba a Canaan, de los doce hombres enviados a reconocer la tierra solamente dos trajeron un reporte favorable; en su rebelión el pueblo quiso sustituir a Moisés y regresar a Egipto, pero estos mismos dos hombres se enfrentaron al pueblo para convencerles; y estos únicos dos hombres entraron a la tierra prometida de los que salieron de Egipto, Josué y Caleb. En el tiempo del gobierno del rebelde Saúl, Samuel y David. En tiempos de los reyes de Israel, en medio de una grande apostasía, Elías y Eliseo. En el tiempo de la pre-cautividad en Babilonia, Isaías y Jeremías. En los tiempos de la restauración del templo y de la nación después de la cautividad en Babilonia, Josué y Zorobabel.

Nuestro Señor Jesucristo, enviaba a los Suyos de dos en dos (Mar. 6:7), y ratificó el concepto antiguo, que "en boca de dos o tres testigos conste toda palabra." Mat. 18:16. En la ascensión de Cristo había dos testigos especiales, dos ángeles. Hech. 1:10. San Pablo se refiere al mismo principio en, 2 Cor. 13:1. Judíos y gentiles tenían dos testigos especiales: Pedro y Pablo, respectivamente.

Así que en medio de las condiciones tan terribles y únicas de la Gran Tribulación, cuando aún Satanás tiene sus dos testigos el Anticristo y el Falso Profeta es comprensible que Dios tenga sus "dos testigos,"

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primero, para seguir mostrando Su misericordia, y segundo como en un reto a los milagros mentirosos de los testigos de Satanás.

"Estos tienen poder." "Si alguno quiere dañarlos, sale fuego de la boca de ellos, y devora a sus enemigos; y si alguno quiere hacerles daño, debe morir él de la misma manera. Estos tienen poder para cerrar el cielo, a fin de que no llueva en los días de su profecía; y tienen poder sobre las aguas para convertirlas en sangre, y para herir la tierra con toda plaga, cuantas veces quiera."

¿Quiénes son estos dos testigos? El Señor dice que "son los dos olivos, y los dos candeleros que están en pie delante del Dios de toda la tierra".

Así que, son testigos, olivos y candeleros, o sea, son profetas que proclamaban abiertamente el mensaje de Dios cuando nadie habla de Dios; son ungidos con el aceite del Espíritu Santo cuando la influencia que hay es la demoniaca, son candeleros que alumbran en medio de las densas tinieblas de esos días, cuando la Iglesia, que es la luz del mundo, ya habrá subido.

"Están en pie delante del Dios de toda la tierra." De acuerdo a lo que ya hemos visto, esto debe significar que vienen del cielo.

Por el trabajo y ministerio que realizan, son personas, y específicamente, profetas. ¿Profetas venidos del cielo? Veamos.

En cuanto a uno de ellos no es difícil identificarlo. El Antiguo Testamento concluye con la siguiente promesa profética: "He aquí, yo os envío el profeta Elias, antes que venga el día de Jehová, grande y terrible. ‘‘ Mal. 4:1-6.

Esta promesa profética se cumplió parcialmente, en el caso de Juan el Bautista, quien es un tipo de Elias. En la anunciación del nacimiento de Juan, el ángel le dijo a Zacarías, que Juan iría delante del Señor "con el espíritu y poder de Elias.'. Luc. 1:17. Pero a Juan le preguntaron: "¿Eres tú Elias?" El respondió: "No soy". "¿Eres tú el profeta?" (Elias). Y respondió: "No."

Entonces, Juan no era Elias, sino que vino con un ministerio similar al de Elias para ser el precursor de Cristo en Su primera venida, así como Elias lo será en Su segunda venida. El propio Cristo, después de Juan el Bautista haber muerto, dijo: "A la verdad, Elias viene primero y restaurará todas las cosas". Mat. 17:11.

"Sale fuego de la boca de ellos, y devora a sus enemigos... tienen poder para cerrar el cielo, a fin de que no llueva en los días de su profecía." Esto es característico del ministerio de Elias. 2 Rey. 17:1. Está claro que uno de los testigos es Elias.

¿Y el otro, quién es? En Apocalipsis no se mencionan nombres. Por la Escritura hemos visto que con mucha probabilidad uno de ellos será Elias. Del otro no existe una evidencia bíblica tan amplia como para el primero.

Con relación a quien será el otro testigo, hay dos opiniones principales. Unos creen que será Enoc, y otros que será Moisés.

Los argumentos principales en favor de Enoc, son los siguientes: 1- Fue traspuesto al cielo sin ver muerte, como Elias. Gen. 5:21-24. 2- Era profeta de juicio, como Elias. Judas 14. 3- Profetizó los juicios de la Gran Tribulación. 4- Profetizó la Segunda venida de Cristo con Su Iglesia. Judas 15.

Algunos argumentos en contra de Enoc. 1- Que aparte de lo que dice Judas acerca de Enoc, la Biblia no refiere nada de su ministerio que sirva de punto de comparación con el de los dos testigos. 2- Que no era israelita, sino gentil, pues vivió en la era antediluviana.

Con relación a los argumentos a su favor, todos son válidos. Con relación a los argumentos contrarios, se podría decir lo siguiente.

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Que lo poco que habla la Biblia de Enoc es suficiente para entender que como profeta de juicio que era, y habiendo profetizado los juicios de la Gran Tribulación, en su propio ministerio debió haber tenido grandes señales sobrenaturales. Los profetas, y el propio Cristo, eran aceptados como tales por sus señales sobrenaturales. Mat. 11.1-6. Es cierto que no era israelita, pero en ese tiempo nadie lo era en el mundo. El pueblo de Israel salió de los lomos de Abraham, y éste fue llamado por Dios como 96 años después de Enoc ser traspuesto. Desde el llamamiento de Abraham hasta el Monte Sinaí donde y cuando el pueblo de Israel fue constituido en nación teocrática, transcurrieron 430 años, 526 años en total desde el traslado de Enoc.

Pero, aunque no era israelita, ni conoció la Ley de Moisés, ni la Promesa de Abraham, era de algo que fue antes de la Ley y antes de la Promesa, de algo que es lo que le da validez y eficacia a la Ley y a la Promesa, esto es, la fe, pues "por la fe Enoc fue traspuesto para no ver muerte... lo traspuso Dios... tuvo testimonio de haber agradado a Dios." Heb. 11:5. De modo que ninguno de estos dos argumentos contrarios le descalificaría.

Veamos ahora algunos argumentos que favorecen a Moisés: 1- Que el ministerio descrito de "los dos testigos" es característico del ministerio de Moisés, esto es, "tienen poder sobre las aguas para convertirlas en sangre y para herir la tierra con toda plaga”

2- Que Moisés juntamente con Elias aparecieron en el Monte de la Transfiguración con Cristo. 3- Que ni Elias ni Moisés concluyeron sus respectivos ministerios. Elias, ante la amenaza de muerte por parte dé Jezabel, le dijo a Dios que prefería morir. Dios respondió que antes fuera y ungiera a Elíseo para que tomara su lugar. Moisés, por haber herido la roca en lugar de hablarle, Dios le dijo que no entraría en la tierra prometida. Ninguno de los dos concluyó su ministerio. Y se cree que Dios los va a enviar nuevamente para que lo terminen. Y estos argumentos también tienen mérito.

1 El argumento más importante contrario a Moisés es que ni Elias ni Enoc murieron, pero Moisés murió, y "está establecido a los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio." Heb. 9.-27.

También con relación a esto se podría decir que en la historia de la Biblia y en la historia de la Iglesia, incluyendo nuestros días, ha habido personas que han experimentado la muerte dos veces. Todos aquellos que habiendo muerto Dios les devolvió la vida, luego volvieron a morir por segunda vez. Ejemplos: El hijo de la viuda de Sarepta, 1 Rey. 17:17-24. El hijo de la sunamita, 2 Rey. 4:8-37. La hija del principal de la sinagoga, Mar. 5:21-43- también a Lázaro, Juan 11FÍ38-44. Dorcas, Hech. 9:3643. Eutico, Hech. 20:7-12. Miguel, mi hermano.

Siendo el autor un niño de apenas diez años de edad, mi hermano mayor, Miguel, un joven de unos veinte años de edad, murió de tifoidea del peor tipo. Cuando el médico llegó ese día, ya hacía más de cuatro horas que había muerto. Después de auscultarlo, escuché cuando le dijo a mi padre, "Don Miguel, no hay vida; ordene los funerales".

Como una hora después, llegó Tía Lina, una mujer llena de Dios y del poder del Espíritu Santo, se arrodilló ante el cadáver, y como a los diez minutos de estar orando, recibió una visión del Señor que le señalaba al cadáver, y le decía a mi tía: "Yo le doy vida."

Mi tía se fue a consolar a su madre que gritaba histérica (éramos muy católicos) y a hablarle del poder del Evangelio de nuestro Señor. Al oír a mi tía hablar cosas tan maravillosas, todos abandonaron la sala, el comerdor, la habitación donde estaba el muerto, y se reunieron en la cocina para escuchar a mi tía.