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El arte, los artistas y la creatividad

3, Hemisferio derecho/hemisferio izquierdo

4. El arte, los artistas y la creatividad

Ya me he referido a la confusión que causa el uso demasiado amplio de la palabra «creatividad». La creatividad resulta muy evidente en la obra de los artistas, así que damos por sentado que creatividad y arte son sinónimos. Como consecuencia de esta confusión, creemos que para enseñar creatividad debemos educar para comportarse como los artistas. Además, creemos que los artistas son las personas más indicadas para el cargo de educadores.

En este libro me he dedicado al análisis de la creatividad implícita en el cambio de conceptos y percepciones. Por este motivo, a veces prefiero utilizar una expresión mucho más específica: «pensamiento lateral». Según el significado que otorgo a la palabra «creativo», no todos los artistas merecen este calificativo. Muchos son poderosos estilistas, poseedores de una valiosa singularidad de percepción y

expresión. Tanto, que algunos quedan atrapados en su estilo, porque eso es lo que el público espera de ellos. Si contratamos a I. M. Pei, el arquitecto, para diseñar un edificio, esperamos ver un edificio de su estilo, de I. M. Pei. Del mismo modo, siempre esperamos que una obra de Andy Warhol tenga toda la apariencia de una obra de Andy Warhol.

Los artistas, como los niños, pueden ser ingenuos y originales y también muy rígidos, todo al mismo tiempo. En ellos no siempre existe la flexibilidad que forma parte del pensamiento creativo.

Por otra parte, los artistas son mucho más analíticos de lo que lamente supone; y se preocupan muchísimo por la tecnología en su trabajo.

Es cierto que por lo general se esfuerzan por lograr algo «nuevo», algo que no sea una mera repetición. Y en cierto modo están dispuestos a jugar con diferentes conceptos y percepciones, a permitir que el resultado final justifique el proceso que les llevó hasta allí, en vez de proceder según una secuencia de pasos pensados de antemano. Todas estas características de los artistas son también aspectos importantes del estado creativo en general. Pero a algunos les consideraría creativos incluso en el sentido en que yo utilizo el término, y a otros no les consideraría creativos.

En este caso, el concepto erróneo consiste en pensar que la creatividad está vinculada al arte y que, por lo tanto, los artistas son las personas más idóneas para enseñarla.

La segunda parte de este falso concepto es que un artista (o un individuo creativo) es la persona más indicada para enseñar creatividad. Sin embargo, el piloto de automóviles que gana el gran premio no es necesariamente el mejor organizador de carreras ni el mejor instructor de conducción. Mucha gente supone que, por una especie de ósmosis, las actitudes del artista le serán transmitidas al estudiante, que también será creativo. Estoy seguro de que la enseñanza esconde algo de esto, pero ese algo tiene un efecto bastante débil, porque el proceso de ósmosis resulta ineficaz como método didáctico. Algunos artistas no sólo son creativos sino que también son buenos maestros de creatividad. Se trata de personas creativas y buenos maestros de creatividad: además, da la casualidad de que son artistas.

No estoy convencido de que los artistas tengan ningún mérito especial en la enseñanza de la creatividad relacionado con el cambio de conceptos y percepciones.

La confusión entre «creatividad» y «arte» es un problema de lenguaje que puede perjudicar mucho.

5. La liberación

Ya me he referido a este punto, pero insistiré en él porque lo considero importante. En Estados Unidos, gran parte del llamado «entrenamiento» en

creatividad está dirigido a «liberar» a las personas, a «soltar» su innato potencial de creatividad.

Añado de inmediato que estoy completamente de acuerdo con que la supresión de las inhibiciones, el miedo a equivocarse o a hacer el ridículo, tiene un valor limitado. Es indudable que uno conseguirá ser más creativo si se siente en libertad de jugar con ideas desconocidas y de expresar pensamientos nuevos. Difícilmente podría estar a favor de la inhibición.

El sistema basado en el «juicio» es una parte importante de nuestra educación, porque consiste en la idea de que existe «una sola respuesta correcta» y que quien la tiene es el maestro. Por lo tanto, todo esfuerzo para sacar a la gente de este molde merece la pena.

Pero precisamente el peligro reside en que esta «liberación» tiene sólo un valor limitado. Existe la creencia de que lo único que hay que hacer es liberarse. Algunos directivos de empresas han pensado que si contratan a alguien para que «libere» a su personal, la capacidad creativa se desarrollará por sí misma. Del mismo modo, algunos «instructores» de creatividad creen que el entrenamiento creativo se limita a indicar una serie de ejercicios para que la gente se sienta desinhibida y empiece a expresar todo lo que le pasa por la cabeza.

Como ya he dicho, el cerebro no está diseñado para ser creativo. La excelencia del cerebro humano reside en su diseño para formar pautas a partir de los datos del mundo exterior y después ceñirse a ellas. Así trabaja la percepción, y la vida sería totalmente imposible si el cerebro trabajara de otro modo. Su objetivo es permitirnos sobrevivir y responder al entorno. Su misión no consiste en ser creativo. El cerebro no está diseñado para contradecir las pautas establecidas.

Las inhibiciones nos deprimen por debajo de nuestro nivel «normal» de creatividad, como indica la figura 1.12. Si eliminamos esas inhibiciones, volvemos a nuestro nivel «normal» de creatividad. Pero para ser operativos tenemos que hacer ciertas cosas «no naturales»; entre ellas se cuentan los procesos formales de provocación, que examinaremos más adelante.

Figura 1.12

Es cierto que algunas personas son creativas y que, de vez en cuando, surgen ideas nuevas. ¿Significa esto que la creatividad es una actividad natural del cerebro? De ninguna manera una idea es deducible de la otra. Las ideas nuevas pueden ser producidas por una inusual combinación de hechos. O tal vez, por una provocación casual, originada en la naturaleza (una especie de técnica natural de la «palabra al azar»). Además, pensemos qué enfermamos de vez en cuando pero eso no significa que sea «natural» estar enfermo. De modo que el hecho de que algunas personas tengan ideas y de que esas ideas se produzcan no significa que ésta sea una función natural del cerebro. Si fuera una función natural, esperaría que la creatividad natural diera productos mucho más elevados.

Si lo observamos todo exclusivamente desde el punto de vista del comportamiento de los sistemas de información, resulta muy difícil entender que un sistema de «memoria» pueda ser creativo, excepto por error.

6. La intuición

Muchas veces me han preguntado qué papel desempeña la intuición en el pensamiento creativo. En inglés, la palabra «intuición» tiene dos significados perfectamente diferenciables. Uno incluye la visión súbita de algo de una manera nueva. Este aspecto de la intuición se parece al fenómeno del humor al que me referí anteriormente como modelo para el pensamiento lateral. Si logramos entrar en el camino lateral (véase pág. 44), vemos como en un relámpago la vinculación con el punto de partida y así se forma la nueva percepción. Con respecto a este significado de la palabra «intuición», comentaría que el propósito de las técnicas de desarrollo

del pensamiento creativo es precisamente ayudarnos a llegar a este punto de vista. El segundo significado de la palabra «intuición» abarca un sentimiento que surge de la experiencia y la reflexión. Los pasos que conducen a ese sentimiento no se perciben detalladamente y por eso se denominan «intuición» y no «pensamiento». En el caso de la experiencia previa podemos descubrir que tenemos una «corazonada» sobre determinado asunto. En el caso de la reflexión corriente, introducimos los factores y después dejamos que la «intuición» trabaje sobre ellos para producir un resultado. Irse a dormir pensando en un problema es un ejemplo de este trabajo inconsciente de la «intuición».

La cuestión consiste en dilucidar si es realmente posible que cierto tipo de trabajo mental productivo se produzca fuera de nuestra conciencia. Aunque no sea así, puede haber una especie de reorganización de la información qué introducimos en la mente, sin esfuerzo consciente, para producir un resultado.

A nivel teórico, es preferible dejar la cuestión abierta como un interrogante. Sospecho que, una vez que hemos introducido contextos en la mente, se produce cierta reorganización inconsciente de la información y la experiencia. Esto no sería sorprendente en absoluto en un sistema de utilización de pautas, que tiende a los cambios de perspectiva. Si introducimos una pauta en un punto ligeramente diferente, podemos desviarnos hacia una dirección totalmente distinta (como cruzar la línea divisoria de las aguas entre los cauces de dos ríos).

Lo más importante es el nivel práctico. Resulta peligroso suponer que «todo sucede» en la intuición y que por lo tanto no necesitamos ni podemos hacer nada en ese terreno. Es como aceptar la existencia de una caja negra en la mente y renunciar a todo esfuerzo consciente, limitándonos a esperar que la intuición cumpla su trabajo correctamente cada vez que se lo pedimos. Es innecesario aclarar que me opongo absolutamente a semejante abdicación.

Creo que la intuición desempeña un importante papel en las etapas finales de los procesos sistemáticos del pensamiento lateral. Opino que, de vez en cuando, la intuición puede aportar algo valioso sin intervención de ninguna técnica creativa. Pero también creo que estas aportaciones de la intuición son un regalo. Si nos sirve, debemos agradecerlo. Y si no se produce, debemos seguir con nuestros esfuerzos creativos deliberados.