CAPÍTULO 2 LA RESISTENCIA DEL CANTO COPLERO: LA BAGUALA
2.6 PERFORMANCES DE LOS SUJETOS COPLEROS
2.6.2 El Bagualero Vázquez y su Performance Cotidiana
Vázquez es un clásico ejemplo del actor-performance (aquel sujeto que actúa presentando y representando performances del canto coplero) profesional y defensor – desde su posición de subalterno – de la ideología del folclore y nacionalismo argentino. En la primera entrevista nos recibió vestido de gaucho – chaleco de cuero, pañuelo anudado al cuello, sombrero, botas de cuero de potro, sin el poncho - pero no así en la segunda entrevista que revistió un carácter más informal y familiar. En su humilde vivienda, el espacio que sirve para recibir a los visitantes se compone de una mesa de madera rustica, un corredor y el taller donde él fabrica los bombos y cajas, de manera artesanal. Nació en la localidad de Guachipas, provincia de Salta, territorio que antiguamente abrigó al pueblo originario diaguita-calchaquí.
Este bagualero ha participado en festivales realizados en Tarija (Bolivia) además de haber viajado a varios países como Chile, Uruguay, Paraguay, Bolivia y España, mostrando su performance en canto coplero (baguala, vidala o tonada) que
realiza cotidianamente a más de 70 años Según Vázquez (2015), existe una diferencia entre el canto coplero y la baguala y esa característica se comprueba por la ―dicción‖ o sea, por la entonación en el canto, y pasa a entonar la copla, mostrando que será la entonación de cada verso en altura tonal grave o aguda la que determinará el carácter de género atribuido a las coplas. Guachipas no dista mucho de la frontera interprovincial entre Salta y Catamarca y es uno de los tantos puntos turísticos de la región. El cantar coplas fue, para Vázquez, un desafío que comenzó con la ―utopía‖ (durante la última dictadura militar) de mostrarle a la clase dominante de turno que el canto coplero no representaba a la clase popular subalterna considerada por los militares como borrachos, vagos y lieros (que hacían líos, desorden) y sí representando lo telúrico, lo ancestral.
Figura 3- Distancia desde Salta (Capital) hasta la localidad de Guachipas.
La utopía llevó a Vázquez y otros bagualeros de Salta a ―enfrentar‖ al Interventor militar de Salta para explicarle que el canto coplero no ―era para borrachos que hacían líos‖ en Carnaval. Esa forma de pensar de la oligarquía criolla refleja claramente lo que Kush (1976, p. 26) ya denunciaba hace más de cuarenta años: la clase ―culta‖ nunca supo ni entendió la forma de pensar del originario ni del mestizo de éste. El pensar ―diferente‖ – fuera del padrón de lo que es considerado enciclopédico o ―culto‖ – es reconocer que el otro es ―inferior‖ porque ―América está totalmente estructurada sobre el criterio de lo superior y lo útil, por una parte, y lo inferior e inútil, por la otra, y esto está confirmado por la experiencia diaria. Indios son el pasado ya superado por nosotros‖. Y parece ser que ese pensamiento etnocentrico, racista perdura hasta hoy en todo territorio latinoamericano. La fotografía a continuación presenta al bagualero Vázquez:
Fotografía 4 - Bagualero Vázquez durante entrevista, 2015.
Fuente: El autor, 2016. 346 x 475 Pixels, JPG.
La marca discursiva de Vázquez puede considerarse como una forma de mostrarse representante de una cultura ―popular‖ que se aparta de lo ―culto‖ –
representativo de la burguesía criolla - en eso que Martin-Barbero (2015, p. 35) explica como lo ―popular‖ designando un modo específico de relación con la totalidad de lo social: la de negación y la de una identidad refleja: la de aquel que se constituye no por lo que es y sí por lo que le falta. Para Vázquez, los militares nunca podrían entender a los copleros porque ―nacieron para ser milicos‖, o sea, no tienen una visión amplia de lo que es cultura popular, a pesar de que el gran contingente de militares (soldados y suboficiales) provenga de las clases subalternas y, consecuentemente, conozcan y tal vez hayan compartido prácticas incorporadas del canto con caja. El currículo musical de este bagualero es extenso23.
Ganó varios premios importantes en el Festival de Cosquín (Córdoba) y otros festivales como La Serenata a Cafayate (Salta). Según él, comenzó a cantar coplas desde que nació porque criado en el campo, aprendió con sus padres y con los ancianos de la comunidad. El deseo de cantar, para él, brota de los poros del hombre del campo que no se adapta a la ciudad por más que en ella viva. Es reconocido en toda la región andina y en Argentina. Según opinión del señor Ponté (2015) ―el bagualero Vázquez es importante por su experiencia y porque ha conocido mucho mundo. Tiene su tendencia y su forma de ser‖. El modelo de canto coplero es, según Vázquez, producto de una imitación que comienza desde pequeño en las pequeñas comunidades rurales, como ocurrió con él, copiando o imitando. A esta forma de aprendizaje oral Taylor (2013) la define como práctica incorporada en la continuidad de la memoria colectiva. Vázquez aprendió de su madre, su ―maestra‖ como él la define y, desde pequeño ―la copla le sale por los poros‖. Dice que puede cantar una copla en quince variedades tonales diferentes y, usando como modelo la siguiente copla, canta en tres tonalidades diferentes:
Tengo una chancha sin chancho y una gallina sin gallo.
Tengo montura nuevita y me roban el caballo.
Para que el lector consiga entender con palabras lo que la voz humana es capaz de hacer y ser escuchada, tal vez la siguiente explicación le sea de gran utilidad: la tonalidad indica el empleo de alguna de los siete tonos (notas musicales)
23Disponible en:<http://www.eltribuno.info/el-bagualero-vasquez-un-eterno-defensor-nuestro-canto-
y dos semitonos diatónicos que posee toda escala (mayor o menor). Luego, como el canto coplero – baguala, vidala o tonada – emplea solamente tres tonos (o notas), el canto de Vázquez consistió en emplear diferentes notas para cada ejemplo dado; o sea, cantó de tres formas tritónicas diferentes, siempre con acompañamiento de la caja, en ritmo de 2/4 (binario).
En su narrativa, el bagualero demuestra conocimiento parcial – o inventado – de un archivo basado en la tradición oral narrativa mucho más de que en lecturas con base en hechos fehacientes. Esa forma de ―preservación‖ de una memoria colectiva buscando inserir y mantener el canto coplero como un objeto folclórico es acentuar el canto coplero como si él fuese la esencia del ser regional, del gaucho defensor de la frontera norte de Argentina, la tradición ―heredada‖ del pueblo originario calchaquí. Una ―visión‖ occidental de ver el arte como tal, simplemente como un objeto folclórico, como explican Polo y Pozzo (2011, p. 194).
En la retórica de Vázquez, la copla y su canto no surge de la cultura indígena, pues ella es transportada por los conquistadores españoles y pasa, con el tiempo, a dividirse en categorías – variedades del género canción ―copla‖ – según la región andina. Este postulado sorprende ya que el bagualero es mestizo descendiente de los propios calchaquíes. Entonces, ¿por qué él destituye a los indígenas de la posición de aportadores de una parte del canto coplero, que es el ritmo y la entonación tritónica de la voz y el instrumento de percusión (caja)? Quizá la respuesta esté en la explicación que Polo y Pozzo (2011, p. 195) nos dan sobre la intervención hegemónica de la escuela donde las diversas realidades argentinas, hibridadas y mestizadas culturalmente deben ser dejadas de lado, obligando a las clases subalternas a mirar la educación musical como un complejo de prácticas atravesadas por el contexto sociocultural de las escuelas, representantes directas de la clase hegemónica. La caja que usa Vázquez en sus presentaciones no es circular y si cuadrada, donde está escrita en letra cursiva la siguiente copla:
―Yo soy Tomás David Vázquez criollo de buena intención, y en cada copla que canto les dejo mi corazón‖
T.D.V. Seguro…
La última palabra escrita en el cuero de su caja ―seguro‖ es la marca registrada de este cantor que, en sus presentaciones, la pronuncia en tono grave y la mantiene sonora durante más de un minuto: ―seguuuuuuuuuuuuuro‖. El bagualero comenta que sabe cantar coplas con tonadas de varios lugares: Anta, Jujuy. Recita la copla en ritmo de 6/8, un ritmo compuesto que remite a ritmo de una balada (o vals rápido).
Me ha salido una copla y les quiero preguntar: Cuando maten a la Tierra ¿dónde la van a encontrar?...
Sobre la tonada, una variación del canto coplero, el bagualero explica que es un canto coplero del altiplano muy parecido al que cantan en la provincia de Jujuy. Según Cámara de Landa (2006, p. 248), las tonadas identifican un tipo de copla cantadas en Salta y algunos lugares de Tucumán. Vázquez, por su parte, explica que en la región de los valles Calchaquíes (Cafayate en la provincia de Salta y Santa María, en la provincia de Catamarca) la caja se toca con dos palillos. Comienza a cantar coplas:
Cuando yo esté en el cajón que mi poncho sea mortaja por flores pónganme[n] lo que más quiero: mi Caja. Llevo prendido en el aro de mi Caja bagualera un pedacito de trapo que saqué de tu pollera La mujer que a mí me quiera cuatro cosas hai de tener: lindo cuerpo, casa, plata y qué darme de comer. La mujer cuando llora son lágrimas del momento. El hombre derrama una
que es un mar de sentimientos
Cada copla encierra un concepto, una ideología, un mensaje mediante el empleo de una retórica basada en el lenguaje popular. Las dos primeras coplas presentan la temática de la caja, algo que todo bagualero reivindica como objeto
―sagrado‖, su ―compañera‖ y confidente. Las otras dos coplas discursan sobre la mujer. La retórica de ellas muestra que el género femenino siempre es considerado en una posición de subalternidad, objeto sexual y con efímeros sentimientos: ―son lágrimas del momento‖, canta Vázquez al mencionar las lágrimas femeninas. La audiencia participa de su performance, consintiendo esta retórica que otorga privilegio al género masculino. Esa participación es importante para el desarrollo y sustentación de la performance. Como sustentan Vich y Zavala (2004), hay una relación que todo orador – en este caso, no es orador y si cantor – establece con su audiencia, pues es ella la que determina la retórica de su enunciación.