LA RECEPCIÓN DEL BARROCO ESPAÑOL Y PORTUGUÉS EN LA POESÍA DE PREŠEREN
2. El Barroco: época de contrastes y tensiones
Para entender mejor la estrecha relación que guarda una parte de la poesía de Prešeren con el Barroco y con sus características, en primer lugar hay que mirar desde cerca el variopinto siglo XVII, el tiempo de contrastes y contradicciones en el que las guerras, la peste y el hambre se oponen al esplendor de las obras del arte que nacen de ese conflictivo e inquieto espíritu de la época a la que suele denominársela el Barroco. Hay que destacar que bajo esa denominación no sólo se entiende el estílo artístico aplicado en el siglo XVII, sino, en primer lugar, una época con su fondo histórico y espiritual del que emanan también una especial percepción del mundo, típica del hombre barroco, y ciertos temas y motivos típicos del Barroco, que encuentran lugar también dentro de la poesía "prešeriana".
Fue el historiador del arte suizo Heinrich Wölfflin el primero que advirtió que el estilo barroco no había nacido como consecuencia del cansancio ante las formas renacentistas, sino había aparecido como reflejo de los cambios que sufrió la sociedad al final del siglo XVI y al principio del siglo XVII que influyeron también en el estado de ánimo de la gente,4 siendo ése responsable del grave y pesimista tono, típico de prácticamente todas las obras barrocas. Tomando en consideración las razones históricas para el cambio del estilo, Wölfflin llegó a quitarle el valor negativo al término «barroco», procediente de la palabra portuguesa con la que designaban unas perlas de forma irregular,5 que el Clasicismo había aplicado para denominar el arte del siglo XVII que no cabía dentro de las rígidas normas clasicistas.
Frente a las sobrias formas renacentistas que expresan certidumbre y serenidad, el masivo, pero al mismo tiempo dinámico estilo barroco, lleno de contrastes y tensiones, ya no expresa la alegría de vivir, sino, al contrario, representa la miserable existencia humana dentro de un mundo que ya no es seguro y unívoco, sino lleno de dudas y contradicciones. La muerte que el ser humano observa en cada paso como consecuencia de una crisis general que en forma de las guerras religiosas, las enfermedades y el hambre cosecha vidas por Europa y causa un gran descenso de la población también en España, provoca entre la gente una «conciencia coetánea de crisis» y los empuja hacia una «existencia sombría»,6 cuyas consecuencias pueden observarse en la percepción barroca del mundo, caracterizada por el cuerpo que por causa del miedo ante la fugacidad de la vida empieza a anhelar el espíritu y la eternidad.7
4
Wölfflin, H., «Renesansa in barok: Vzroki spremembe sloga», en Tretji dan, 8/9, 2003, pp.56-58.
5 Corominas, J., Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico, Madrid, Gredos, 1991, p. 529. 6 Maravall, J. A., La cultura del Barroco, Barcelona, Ariel, 1996, pp. 55, 310.
7 Novak, B. A., «Poezija in konvencija v baroku in klasicizmu», en Prevajanje baročnih in klasicističnih besedil,
Esa desilusión general que se apodera del hombre, echando abajo los ideales renacentistas, tiene como consecuencia una nueva búsqueda de lo transcedente, ya que la gente busca consuelo recurriendo otra vez a la fe, lo que aumenta el poder del cristianismo y sobre todo de la Iglesia. Es precisamente la Iglesia católica la que a través de la Contrarreforma, cuyas consecuencias en forma de opresión moral y presencia del espíritu católico pueden percibirse a lo largo de prácticamente todo el siglo XVII, sobre todo en el clima social de los países mediterráneos, llega a influir decisivamente en el espíritu barroco y en la concepción dualista del hombre que considera al cuerpo y al alma como dos cosas independientes, reflejándose eso en la mayoría de las obras literarias barrocas.8
El fuerte sello contrarreformista en el arte barroco lleva a algunos historiadores del arte e historiadores literarios a definir el barroco como arte de la Contrarreforma,9 mientras que el importante papel que desempeña dentro del movimiento contrarreformista la orden de los jesuitas, procedente de España, provoca muchas teorías que consideran a España como la cuna del barroco cuyas características de «expresión de inquietud hacia Dios, protesta contra el paganismo, gusto por las formas distorsionadas, un quijotesco "vislumbrar" y transformar lo real en irracional»,10 según algunos investigadores, representan «rasgos eternos de España».11 El principal defensor del origen español del arte barroco y de sus decisivas influencias sobre la literatura europea del siglo XVII, Helmut Hatzfeld, escribe:
Aunque el barroco no es un fenómeno exclusivamente hispánico, no cabe duda de que España fue la primera fomentadora y misionera de la literatura barroca. Sus obras del Siglo de Oro, post- renesantistas y, por consiguiente, barrocas, junto con otros factores culturales, crearon el predominio del espíritu español en la literatura europea del siglo XVII, y hasta pusieron el sello barroco sobre la literatura mundial incluso de los siglos posteriores.12
Según Hatzfeld es España la que durante su supremacia política sobre Italia contagia el arte renacentista de rasgos hispánicos y en el siglo XVII, hundida en una honda crisis económica y perdiendo el poder político, «escapa del mundo cotidiano a un mundo de meditación y desengaño y bajo la influencia italiana hispanizada [llega] a exagerar sus propias tendencias naturales […], cambiando su barroco eterno e inconsciente en un barroco histórico y consciente».13
8 Balbín N. de Prado, R., La renovación poética del barrco, Madrid, Anaya, 1991, p. 64.
9 El principal defensor de la teoría que relaciona indisolublemente el Barroco y la Contrarreforma es Werner
Weisbach con su obra Der Barock als Kunst der Gegenreformation (El barroco, arte de la Contrarreforma).
10 Hatzfeld, H., Estudios sobre el barroco, Madrid, Gredos, 1966, p. 21. 11 Ibid.
12 Ibid., p. 431. 13
«La misión europea de la España barroca»,14 con ayuda de los jesuitas, pasa primero por Portugal que con su mezcla del espíritu católico y del fuerte sello árabe ofrece un terreno semejante para el florecimiento del arte barroco, y junto a España llega a significar la cumbre de la literatura barroca, mientras que el espíritu barroco español se expande también a Italia, a Francia, donde permanece en sombra del clasicismo prevaleciente, a los Países Bajos, a Alemania y prácticamente a toda Europa central, dictando pautas del arte y de la literatura europeas de aquel entonces.
2.1. El Barroco español
La crisis política y económica española con las consecuencias más devastadoras de toda Europa, por la que, según Ludwig Pfandl, «el Barroco no podía ser sino la expresión del "desengaño" que sigue a un período de apogeo político y cultural»,15 crea en la sociedad un clima pesimista, cuyo reflejo puede observarse sobre todo en el arte y en la literatura, imbuidos de imágenes de la muerte y de la derrota, presentes en cada paso, que al mismo tiempo buscan un contrapeso a la caótica realidad terrenal.
Esa percepción barroca del mundo que entiende la vida como un vano sueño da origen a un grupo de temas y motivos típicos del Barroco, presentes en prácticamente toda la literatura española, pasando de ahí también a otras literaturas europeas. Entre los temas típicos barrocos destacan el tema de la fugacidad y del «memento mori», acompañadas de motivos simbólicos como calaveras, ruinas, flores marchitas,16 árboles sin ojas, viento, tormentas,17 etc., el tema de la «vanitas mundi» que proclama vanos e ilusorios todos los bienes terrenales e incluso la vida humana, el tema de la desilusión y el tema del «más allá», que con su elemento religioso impregna la mayoría de la producción literaria española del siglo XVII.
La historia literaria en cuanto a la literatura barroca española suele hablar de dos estilos diferentes, el conceptismo y el culteranismo. El primero utiliza sobre todo los mecanismos retóricos conceptistas como la metáfora, el oxímoron, la antítesis, etc., mientras que el segundo, valiéndose de un léxico rico, de complicación sintáctica y de imágenes poéticas sensoriales, crea mundos de belleza absoluta para escapar de la miserable realidad cotidiana que ofrece el mundo barroco.18
14
Es como Hatzfeld llama la expansión del Barroco por Europa. Ibid., p. 431.
15 Cit. por ibid., pp. 24-25.
16 Balbín N. de Prado, op. cit., pp. 55-56. 17 Hatzfeld, op. cit., p. 116.
18
A pesar de expresar las tensiones espirituales barrocas de una manera diferente, los dos estilos no se excluyen ni se oponen entre sí, lo que, debido a la rivalidad entre sus dos principales representantes, Francisco de Quevedo y Luis de Góngora, por mucho tiempo creía la ciencia;19 el conceptismo y el culteranismo hasta coinciden en el uso de las formas métricas y estróficas, aplicando tanto las formas populares españolas como las formas renacentistas italianas, entre las que destaca el soneto, la forma que utilizan todos los principales poetas barrocos españoles, entre ellos Góngora, Quevedo, Lope de Vega y Calderón de la Barca.20
2.2. Camões como iniciador del Barroco portugués
Si bien el Barroco en Portugal llega a desarrollarse plenamente después de la muerte de Camões, su poesía del último período, clasificada sobre todo como manierista,21 ya va preparándole el terreno al Barroco literario, puesto que lleva muchos rasgos de la poética barroca. Los sonetos reflexivos de Camões hablan de la fugacidad y de la mudanza, de la desilusión causada por el cruel destino y también del tema «memento mori», mientras que estilísticamente en sus poemas abundan las metáforas, paralelismos y paradojas.
2.3. El Barroco y el Romanticismo
Muchas teorías descubren una fuerte relación entre el Barroco y el Romanticismo, ya que los dos abrigan los mismos sentimientos de melancolía, de inquietud, de tensión interior y del choque con la realidad miserable. Eugenio d'Ors, por ejemplo, distingue a través del tiempo olas clásicas y olas barrocas, considerando estilos barrocos tanto el Barroco como el Romanticismo.22
El fuerte lazo entre las dos épocas literarias se debe sobre todo al hecho que el Romanticismo alemán, para oponerse al prevaleciete Clasicismo francés, se apoya justo en la tradición barroca, siendo los románticos alemanes los primeros en valorar positivamente el arte barroco español. Al final de todo, la historia literaria romántica alemana representa también uno de los caminos por el que Matija Čop y France Prešeren llegaron a conocer la literatura barroca española.
19 Ibid., p. 25. 20 Ibíd., p. 38.
21 Hatzfeld, op. cit., pp. 205-241. 22