Capítulo 4. La dimensión contextual: buen vivir y transformación productiva
2. El buen vivir: un cambio de paradigma
2.1 El Buen Vivir, una alternativa al desarrollo
El Buen Vivir o Sumak Kawsay es un modo de vida propio de diversas comunidades
indígenas. En la cosmovisión de los pueblos kichwa y achuar de la Sierra y Amazonía ecuatoriana, respectivamente, se expresa a través de la vida plena, que consisten en lograr un grado de armonía con la comunidad y el cosmos (Acosta 2013; Larrea 2010). Se funda en dos dicotomías agudizadas en la modernidad: la explotación del ser humano sobre la naturaleza, y la explotación de los seres humanos entre sí. El buen vivir parte de la búsqueda de alternativas de vida, forjada sobre la base de las luchas y las reivindicaciones de los sectores populares (Acosta 2012).
Más que un concepto, el buen vivir se plantea como una idea movilizadora; una utopía que permite articular las voluntades hacia un nuevo horizonte de sentido (Larrea 2014) que escapa a la lógica civilizatoria occidental. El buen vivir es una idea plural, una categoría que está en permanente construcción y reproducción (Acosta 2013). Plantea una sociedad con patrones distintos de producción y consumos capaz de convivir en armonía con la naturaleza, donde prime lo comunitario-social como centro de las relaciones intersubjetivas.
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Cuando se hace referencia al buen vivir, se habla especialmente del carácter comunitario de la vida social. A diferencia de los patrones de vida occidental, que ponen énfasis en el individuo y el desarrollo de las libertades individuales, el buen vivir aboga por la recuperación de la vida en comunidad (Larrea 2014). El intercambio social desde la cosmovisión de los pueblos indígenas, pasa por la construcción armónica de redes interpersonales para construir lo comunitario y lo social, frente a la visión fragmentaria del desarrollo. “El sumak Kawsay y el buen vivir proponen formas de vida centradas en la dimensión comunitaria de seres humanos en estrecha armonía o “coexistencia” con su entorno natural” (Cortez 2014, 321).
El buen vivir plantea un nuevo tipo de relaciones entre los seres humanos y la naturaleza que implicar pensar nuevas formas de producción y consumo. Una de las principales críticas a la teoría de la dependencia es que no incluye la variable naturaleza dentro de su modelo de desarrollo. Como alternativa al desarrollo, la noción de buen vivir cuestiona la lógica depredadora de los bienes naturales que suponen las nociones de crecimiento y desarrollo. Desplaza del centro de interés al hombre y propone una alternativa de vida centrada en la desmercantilización de la naturaleza como vehículo para sostener la vida en el planeta.
El buen vivir también esboza una relación diferente de los seres humanos con el tiempo. Esta relación es de carácter circular. En la lógica indígena, se tiene una mirada circular del tiempo. El tiempo va y vuelve. El futuro queda atrás, mientras el pasado siempre está en frente. Esta concepción del tiempo, se erige como uno de los cuestionamientos principales al tiempo lineal y progresivo que supone la lógica del desarrollo. Expresa el carácter comunitario de la vida social y la relación de los seres humanos con la naturaleza.
En la perspectiva plural del tiempo indígena no existe una idea análoga al desarrollo. La vida no supone un proceso lineal donde existe un estado anterior, que se busca superar, y uno posterior, al que se aspira. Al ser una idea plural y multilineal (y no homogénea y unilineal), el buen vivir propone un cambio civilizatorio, un nuevo paradigma que pretende entender el “bien ser/bien estar” más allá de las nociones de crecimiento y desarrollo. Sin embargo, advierte Ana María Larrea (2014) en plano práctico, en la aplicación de las políticas públicas, no niega estos conceptos.
Entonces empezamos a plantearnos otra forma de concebir el mundo a partir de esa crítica a esa visión del desarrollo. Esto podría llevar a pensar que el buen vivir es el no-desarrollo. No es así. Esta concepción plantea el cambio permanente en las condiciones de vida de la gente,
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con nuevos referentes. Existe una perspectiva histórica, en nuestra matriz conceptual y sabemos que las sociedades siempre cambian, felizmente, para bien o para mal, pero siempre estamos en un proceso de cambio. Tampoco niega al crecimiento. En el buen vivir el
crecimiento no es cero, sino que cuestiona que éste sea la única medida para considerar si una sociedad está cambiando positivamente (Larrea 2014, 241-242)
De acuerdo con esto, el crecimiento económico es un medio para alcanzar el buen vivir, no un fin. Esto genera una fuerte crítica en relación con la distorsión que sufre la idea del Sumak Kawsayen su acepción ancestral, frente a la traducción al castellano como “buen vivir”. Para
David Cortez (2014), el término “buen vivir” es más cercano al vocablo kechwa-kichwa “allí Kawsay”, que se traduciría como “condiciones de bienestar”. Entretanto, “sumak kawsay” debería ser entendido como “condiciones armoniosas entre los seres humanos, la comunidad humana y las otras formas de existencia en el ceno [sic] de la Madre Naturaleza” (Macas 2011, citado por Cortez 2014, 323). De ahí que la idea de buen vivir no suponga una ruptura con algunos de los presupuestos del discurso del desarrollo, como en el caso del crecimiento. De acuerdo con esto, se trata de adaptaciones de las nociones centrales de los pueblos
ancestrales, a los intereses de poder de los grupos políticamente dominantes.