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El cénit de una república comercial y guerrera

2. Marco teórico El espacio urbano: de la metáfora a la significación

3.2. El cénit de una república comercial y guerrera

En la Edad Media, Venecia era una ciudad rica y deslumbrante. Al contrario de lo que se pueda pensar, la época de mayor desarrollo de la ciudad de los canales

25 Los motivos y objetivos expuestos por Tafur en la dedicatoria no son los únicos. A lo largo de su

narración, va señalando de manera más o menos explícita otros intereses que le han impulsado a emprender su periplo, como conocer el origen de su linaje y restablecer el vínculo que le emparenta con el emperador de Constantinopla Juan VIII Paleólogo (Tafur 1982: 140; Béguelin-Argimón 2011: 42), hacer una peregrinación a Tierra Santa, ver con sus propios ojos el reino del Gran Tamerlán –del que había oído hablar a los embajadores del rey Juan–, e incluso establecer relaciones personales con los príncipes y monarcas de otros países (López Estrada 1982: 13).

26 Tafur llega por primera vez a Venecia a finales del año 1436 y toma la ciudad de los canales como base de

operaciones para emprender desde allí cuatro viajes más o menos largos: el primero, hacia Roma y otras ciudades italianas, del que regresa en mayo de 1437; el segundo, a Oriente, visitando Palestina, Egipto, Bizancio y Turquía, con retorno a Venecia en mayo de 1438, prácticamente un año después de su partida; el tercero, al imperio alemán y otras ciudades limítrofes de los Países Bajos, Polonia, Austria e Italia; y el último viaje, de regreso a España, en enero de 1439, a través del Adriático y el Mediterráneo hasta llegar a Cerdeña, donde queda interrumpido el relato manuscrito (cfr. Vives Gatell 1982: 27). En estas excursiones, la galera en la que viaja Tafur hace escala en distintos puertos de la costa de Esclavonia, de Albania, en la isla de Corfú, en Modón, en el golfo de Pátras, en Candía, en Morea, etc., territorios sometidos al Dux de Venecia, de los cuales el viajero explica su historia reciente, su conquista por parte de los venecianos, su situación política, su pérdida –en algunos casos– en los enfrentamientos contra turcos o napolitanos, su riqueza, su posición estratégica.

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no es el Renacimiento –como sucede en la mayoría de las ciudades italianas– sino el Medioevo, y eso queda reflejado en el testimonio de los viajeros que visitaron la República veneciana entonces27. Todas las observaciones que ofrecemos a continuación –extraídas de los textos ya mencionados– redundan en la idea de la ciudad rica y floreciente, una República comercial y guerrera, como lo es Venecia en este periodo.

En lo que sigue, haremos un repaso sobre la imagen de Venecia que transmiten los textos mencionados, aunque sin la intención de ser exhaustivos, ya que analizar todas las facetas de la ciudad de los canales supera con creces la intención introductoria de este capítulo. No seguiremos tampoco un orden cronológico en el comentario, sino que nos centraremos en aquellos temas que se repiten en los diferentes relatos, señalando los puntos de convergencia y divergencia entre las visiones de los diversos autores. En estas primeras descripciones comienzan a forjarse algunas de las imágenes de Venecia que veremos repetidas una y otra vez hasta convertirse en tópicos o en epítetos asociados al nombre de la ciudad.

Una ciudad acuática

La primera observación que hacen los viajeros con asombro es que Venecia está construida sobre el agua. Pero precisamente de esta ubicación es de donde procede su riqueza: gracias al desarrollo de su flota mercante y guerrera, la República ha logrado crear un imperio comercial floreciente. El agua que rodea la ciudad no sólo la dota de belleza y la convierte en un lugar único en el mundo, sino que también la protege de los enemigos.

Después de los numerosos periplos realizados por estos aventureros a lo largo y ancho del mundo conocido en la época y de las maravillas observadas en sus viajes, la peculiar ubicación de Venecia aún logra sorprenderles: Venecia es una ciudad construida sobre el agua. Philippe de Mézieres28, que residió en

27 Existe un documento de 1423 que ofrece cifras exactas que permiten tasar la riqueza de Venecia en la

época. Se trata de un discurso del dux Tommaso Mocenigo que recoge datos tan interesantes como el número de habitantes de la República, que eran entonces 190.000, o que cada año se acuñaba moneda por valor de un millón de ducados de oro y otro millón de ducados de plata (cfr. Diehl 1961: 69).

28 Philippe de Mézières (1327-1405), originario de la ciudad de Mézières, en Picardía, y perteneciente a la

baja nobleza, Canciller de Chipre y miembro del consejo de regencia de Charles V de Francia, viajó por Europa y Oriente Próximo durante prácticamente toda su vida: primero como soldado a las órdenes de

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Venecia durante un periodo indeterminado de tiempo que podemos situar entre 1366 y 1372, deja constancia de este hecho en Le Songe du Vieil Pelerin29:

«[Venise est] merveilleusement assise, c‘est assavoir enmy la mer, loing de la terre ferme environ une leue» (Mézières 1969: 254). Tafur y Commynes son mucho más elocuentes en sus descripciones. «La çibdat está puesta sobre la mar» –escribe Tafur– y los navíos andan por las calles. Y, de la misma manera que en Castilla cada cual tiene una bestia en la que cabalgar, así, en Venecia, cada ciudadano tiene una barca en la que desplazarse por los canales, y «quanto acá se presçian de gentil bestia [...] é el barco ansí mesmo bien entoldado con su estrado puesto é sus sillas, si van más de uno ó dos» (Tafur 1982: 204-205). Lo que maravilla a Philippe de Commynes es la cantidad y magnificencia de las iglesias construidas en pequeñas islas en medio del agua y, por supuesto, el peculiar método que los venecianos emplean para desplazarse por el interior de la ciudad:

Et fuz bien esmerveillé de veoir l‘assiete de ceste cité, et de veoir tant de clochiers et de monasteres et si grand maisonnement, et tout en l‘eaue, et le peuple n‘avoir nulle aultre forme d‘aller que en ces barques, dont je crois qu‘il s‘i en fineroit trente mil ; mais elles sont fort petitez. A l‘environ de ladicte cité y a bien soixante et dix monasteres, a moins de demye lieue

varios monarcas y nobles europeos (1345-1359); más adelante como canciller del rey Pedro de Chipre (1359) y, finalmente, como propagandista de la Cruzada contra el infiel –junto con el carmelita Pierre Thomas y el monarca chipriota–. Tras la muerte de sus compañeros en 1369, Philippe de Mézières regresa a Francia, donde es acogido por Charles V como consejero y amigo y designado preceptor del Delfín, el futuro Charles VI. Es en esta época cuando se retira al convento de los Celestinos en París, donde pasará los últimos veinticinco años de su vida dedicado a la actividad literaria, hasta la fecha de su muerte en 1405. Este retiro no es absoluto, pues Mézières se mantiene al tanto de los acontecimientos que suceden en Francia y Europa –que aparecen recogidos en sus textos– y sigue en contacto con Charles V y con su sucesor, Charles VI (Coopland 1969: 5-7; Popeanga 1995: 85-86).

29 Le Songe du Vieil Pelerin es una crónica de sus viajes por Europa, Asia y el Norte de África en la que se

funden la alegoría cristiana y la realidad de su experiencia directa. El volumen, dedicado al rey de Francia Charles VI y cuya escritura finaliza en 1389, se divide en tres libros: en el primero, el «Viejo Peregrino» transformado en Ardant Desir narra su viaje alrededor de todo el mundo conocido en compañía de Bonne Esperance, Verite, Paix, Misericorde y Justice, buscando un lugar donde estas damas puedan forjar la moneda de la fe cristiana; en el segundo libro los viajeros llegan a Francia, donde Mézières analiza la sociedad francesa en todos sus órdenes, desde el gobierno hasta la administración, y desde las altas jerarquías eclesiásticas hasta los agricultores y el «menu peuple»; sólo el rey queda al margen de este análisis y en él se centra el tercer libro, el más extenso de los tres. Para el estudio de Venecia, nos interesa fundamentalmente el primer libro, pues Mézières dedica dos capítulos a la ciudad de los canales, donde residió dos o tres años, periodo del que tenemos pocos datos pero que puede situarse entre 1366, año de la muerte de Pierre Thomas, y 1372, cuando Mézières reaparece en Aviñón con motivo de la elección del papa Gregorio XI. Durante esta estancia en Venecia, Philippe «adquirió un inmenso respeto por la ciudad y sus instituciones» (Coopland 1969: 6), lo que se aprecia en sus descripciones. A pesar de que Jean Richard clasifica Le Songe du Vieil Pelerin como un relato alegórico, la experiencia del viaje en el caso de Mézières es real, y como tales podemos considerar sus observaciones sobre la ciudad de los canales; siempre teniendo en cuenta que el objetivo principal del autor no es la narración de un periplo, sino describir «el estado de la fe y la moral cristianas en diferentes países del mundo, recurriendo a la ficción del viaje» (Richard 1981: 36).

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françoise, a le prendre en rondeur, qui tous sont en ysle, tant d‘hommes que de femmes, fort beaulx et riches tant de ediffices que parement et ont fort beaux jardrins, sans comprendre ceulx qui sont dedans la ville [...] ; et est chose bien estrange de veoir si belles et si grandes eglises fondees en la mer. (Commynes 2001: 552-553)

El Marqués de Tarifa es mucho más preciso en la descripción de la ubicación de Venecia –«Está fundada en el agua, ay vn arreçife, a que llaman Lido, entre la mar y el agua, en que la çiudad está fundada que tura diez leguas porque no entre el agua salada en la otra y no hunda la çiudad [...], y avnque creçe y mengua aquel agua en que está Veneçia, no haze más mouimiento que alberca»– y no deja de señalar que todas las casas principales tienen «puerta a la mar y a las calles» (Enríquez de Ribera 2001: 203).

El tópico de la ciudad erigida en medio del mar es uno de los más repetidos por todos los viajeros y del que encontramos ejemplos más antiguos. Uno de los primeros data del año 523, aproximadamente un siglo después de la fundación de Venecia. Se trata de una carta de Teodorico el Ostrogodo dirigida a los tribunos de Venecia –o «tribunos marítimos», como se les denomina en dicho documento– y firmada por Magno Aurelio Casiodoro, en aquella época prefecto pretoriano del rey de los ostrogodos. También en esta carta se habla de navíos que parecen surcar los campos; de hogares situados sobre la superficie del agua, como si de nidos de aves acuáticas se tratase; de mareas que ocultan y descubren alternativamente la faz del campo y de embarcaciones amarradas junto a las puertas de las casas «cual si se tratara de caballos» (cfr. Diehl 1961: 19; Norwich 2009a: 7-8).

Efectivamente, Venecia creció sobre el agua; pero no sobre las aguas del mar –como señalan los primeros viajeros30– sino sobre las aguas de la laguna

situada al noroeste del Adriático, alimentada por la corriente de los ríos Sile, Bacchiglione y Brenta31.

Esta ubicación estratégica en la laguna hace que el «frágil baluarte» de Venecia se halle continuamente expuesto a la «saña del océano» (Casiodoro

30 Philippe de Commynes observa que «el mar» que rodea a Venecia «est fort plate, sans tempête» (2004:

574).

31 Como consecuencia de la cantidad de tierra depositada por los ríos en su desembocadura y del asalto

perpetuo del mar, otras ciudades que antes se encontraban en la costa, como Rávena o Aquilea, se encuentran hoy en el interior del continente. La laguna veneciana habría corrido el mismo riesgo de no ser porque los venecianos desviaron artificialmente el curso del Brenta y del Bacchiglione hacia el Sur, y el del Sile hacia el norte (cfr. Diehl 1961: 16-17).

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apud Norwich 2009a: 7) pero, al mismo tiempo, la protege de posibles ataques.

Así, Pero Tafur –que en cada ciudad visitada a lo largo de su periplo admira las murallas, fortificaciones y defensas– explica que «la çibdat es desmurada é non tiene fortaleza ninguna», pero que el mar «es toda su fortaleza». Acto seguido nos ilustra acerca de los métodos empleados por los venecianos para impedir la entrada de barcos enemigos a la laguna, cerrando el acceso al puerto con una cadena o anegando un buque en la boca del canal para imposibilitar la navegación (Tafur 1982: 204). También las características físicas del paraje dificultan el ingreso en la laguna de ejércitos o bestias procedentes del interior del continente, y los grandes barcos no pueden aproximarse a la ciudad por la escasa profundidad de las aguas: «por allí non avría agua para grant navío por los baxos é secaños, ansí que, nin navío gruesso puede entrar ni salir, nin ménos bestias, pues que es en la mar, é por eso se dize que es la mayor fortaleça del mundo» (Tafur 1982: 205).

Tanto es así que muchas naciones confían sus riquezas a la República con el fin de guardarlas en un lugar seguro. Así lo explica Philippe de Mézières:

Nul ne pourroit estimer les grans sommes de tresors que ceste cite a eu en garde et en commande de plusieurs empereurs, roys et seigneurs naturelx, et tyrans et grosses communes du pays depuis viiic ans en ca [...]. Ilz ne fu

oncques trouves que des dessusdiz tresors rien en ayt estre perdu, faisant ceste courtoisie a leurs voisins, que de garder leurs tresors a cent iiiim fois,

et sans nombre sans nul gueredon prandre. [...] Et pour ce qu‘elle est en fort lieu et pour son bon gouvernement [...], il est pou de seigneurs et tyrans en Italie qui n‘y tienne aucun tresor. (Mézières 1969: 254)

El mar es la defensa de los venecianos, pero también su medio de vida. Desde los orígenes del asentamiento en la laguna, cuando los primeros pobladores de las islas de Rialto extraían la sal de las salinas naturales o pescaban y cazaban aves marinas para subsistir, hasta el momento de máximo desarrollo del comercio marítimo, el mar es el ámbito de expansión de la Serenísima República. Así, en la Edad Media, prácticamente todas las mercancías, las personas y las noticias llegaban por vía marítima: «É de ora en ora se savíe nuevas de todas las partes del mundo; porque el mareage déstos es muy grande, é todo su tráfago anda sobre la mar, é por tanto contínuamente vienen navíos de todas partes, é se sabíe nuevas de donde onbre las quisiese preguntar» (Tafur 1982: 42).

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El dominio del Adriático por parte de la República, que había comenzado con las incursiones contra los piratas emprendidas por el dux Pietro II Orseolo a comienzos del siglo XI, que continuó extendiéndose en los siglos siguientes y que se mantuvo en todo su apogeo hasta el siglo XV, era tal que este mar era conocido como el «golfo de Venecia» (cfr. Diehl 1961: 33-39)32. Pero Tafur

atestigua este hecho en sus Andanças:

[...] entre la Italia é la Esclavonia está el golfo de Veneza, que tura ochoçientas millas, [...] acabado en el fin del qual en desembocando está la ysla de Corfo, la qual dizen los veneçianos ser la puerta de su çibdat, é de la çibdat de Veneza fasta allí se dize aver ochoçientas millas, dexando á la parte de á man derecha la Italia, é en aquella parte la Pulla, que se llama Tierra de Lavor, é de la parte siniestra la Esclavonia, que antiguamente se llamava Dalmaçia, é grant parte de Albania. (Tafur 1982: 43)

Para Philippe de Mézières, la dominación del Mediterráneo oriental por parte de la marina veneciana supone un freno a la expansión de «coursayres et larrons de mer» así como un importante apoyo para la lucha contra infieles y cismáticos (Mézières 1969: 254). La nobleza de la nación veneciana se refleja en sus empresas marítimas, que no se dirigen a la piratería, sino a hacer frente a sus enemigos33:

Encores plus a leur loenge, oncques de Venise ne party galee ne autre navire pour aler en cours, c‘est assavoir en roberie, se n‘a este contre leurs ennemis, comme font les autres communes ceans sur la marine, desquelles les noms soient nommez par ung autre que par moy. (Mézières 1969: 254- 255)

Habría que matizar mucho las declaraciones de Mézières, que sin duda idealiza a esta «noble cite». No hay más que remitirse a los testimonios de los dos viajeros que participaron en la Cuarta Cruzada para ver cómo Venecia se conduce en función de sus intereses34. De hecho, las varias modificaciones que

sufrió el objetivo de la expedición beneficiaron en todo momento a los

32 Sobre el éxito del comercio veneciano en un Mediterráneo libre de la piratería musulmana, vid. Iorga

(1924: 46-47).

33 Mézières opone la prosperidad de Venecia a la de Génova, ciudad materialmente rica, pero

espiritualmente deficiente. Según el autor de Le Songe, los genoveses sólo persiguen el interés y el beneficio propio (Coopland 1969: 151).

34 Curiosamente, Mézières aprueba el papel que desempeñó Venecia en la toma de Constantinopla, pues

considera que los cruzados conquistaron la ciudad a los griegos «cismáticos y rebeldes contra la Iglesia de Roma», sin tener en cuenta el daño que causaron y las consecuencias que esta aventura tendría para el futuro del imperio bizantino (Mézières 1969: 256; Coopland 1969: 123).

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venecianos. En primer lugar, ya que los peregrinos no podían pagar el precio fijado por Venecia para el transporte de los ejércitos cruzados, la República condujo a las tropas a Zara, colonia veneciana situada en Esclavonia, que había sido recientemente tomada por el rey de Hungría (Villehardouin 1828: 27; Clari 1952: 14-16; Iorga 1924: 62-63; Norwich 2009a: 158). La elección de Constantinopla como destino final de la cruzada, aunque motivada por una carta del rey Felipe de Suabia en la que acusaba al entonces emperador de Bizancio de haber usurpado el trono al legítimo heredero, el joven Alejo, refugiado ahora en la corte germana (cfr. Clari 1952: 19-27; Norwich 2009a: 161), resultó enormemente positiva para Venecia, cuyos embajadores se hallaban en El Cairo negociando un acuerdo comercial, por lo que no les interesaba participar en un ataque sobre territorio egipcio, objetivo inicial de la cruzada (Streit 1878: 8; Diehl 1961: 49; Norwich 2009a: 158). Por otra parte, el

doge Enrico Dandolo aceptó con entusiasmo la propuesta de los cruzados

porque el emperador bizantino estaba poniendo trabas insalvables a la renovación de los acuerdos comerciales que Venecia había firmado con su predecesor en el trono de Bizancio. La cruzada ofrecía a la República una oportunidad única para conservar su dominio sobre los mercados orientales, ahora amenazado por la competencia de Pisa y Génova (Norwich 2009a: 162).

Los cruzados dejan constancia de la superioridad naval de Venecia con respecto a las otras potencias marítimas de la época cuando recaban la ayuda de la Serenísima República para emprender su aventura de conquista que, en principio, debía llevarles a Babilonia o Alejandría. Los líderes de la cruzada solicitan el apoyo de Pisa, Génova y Venecia para trasladar a los ejércitos – cuatro mil quinientos caballeros y sus arreos, nueve mil escuderos, veinte mil soldados de infantería y provisiones para nueve meses (Villehardouin 1828: 12- 13; Norwich 2009a: 157)–, pero sólo la ciudad de San Marcos dispone de las galeras suficientes para hacerlo.

Li message atornerent leur oirre, et s‘en alerent tout droit, tant qu‘il vinrent à Genes, et parlerent à Genois et disent leur ce qu‘il queroient. Et li Genois disent qu‘il ne leur en pourroient néant aider. Il s‘en alerent après à Pise et parlerent à ceus de Pise ; et il leur respondirent qu‘il n‘auroient mie tant de

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