PRIMERA PARTE MARCO TEÓRICO.
IDEOLOGÍA Y PROPAGANDA.
8.2. El canal o medio.
Los canales por los que se lleva a cabo la propaganda son, obviamente, los canales por los que se lleva a cabo la comunicación. Aunque no debemos reducir los canales de la comunicación a los «medios de comunicación»: prensa, radio, televisión, etc.
No hay ningún hecho social, ningún sistema de comunicación entre los hombres, que no pueda ser al mismo tiempo un medio para convencer. (Driencourt, 1964: 157)
Monumentos, símbolos, representaciones de animales... han sido y son posibles medios de propaganda en la medida en que ejercen de significantes de significados utilizados para persuadir.
Los medios de propaganda más completos son la palabra (hablada/cantada o escrita) y la imagen (inmóvil o en movimiento), y por supuesto la combinación de ambos en las representaciones presenciales o grabadas. Quizás se nos objetará que considerar la representación presencial, por ejemplo el teatro, como la combinación de imagen y sonido al mismo nivel que el cine, es de una confusión ontológica extrema. Y es cierto, pero también es cierto que desde el punto de vista de la propaganda, más fenomenológico que ontológico, el cine y la televisión superan con creces al teatro por varios motivos. Expondremos sólo dos: en primer lugar el alcance, reservado a una élite el primero mientras que el segundo llega a la masa; y en segundo lugar la efectividad, como medio de propaganda el teatro es menos efectivo que el cine y la televisión por sus distintas condiciones de percepción y de recepción. Más adelante, en el apartado que tratemos el realismo en el cine, volveremos sobre ello.
El siglo XX es, gracias a estos adelantos tecnológicos en el ámbito de la comunicación, el siglo de la propaganda, según obviamente los autores del siglo XX. (Ya iremos viendo qué perfeccionamientos nos depara el siglo XXI en este sentido, y en breve podremos decir con pleno derecho que el siglo XXI es el siglo de la propaganda.) Primero la radio, luego el cine y finalmente la televisión ocuparon el lugar de la menos extendida palabra escrita y las representaciones teatrales, litúrgicas y políticas (o político-litúrgicas).
Internet y la tecnología asociada (ordenadores y teléfonos) sí se han convertido en verdaderos medios de comunicación, en el sentido de que la información fluye en varios sentidos. Por un lado
nos llega a las personas usuarias, y por otro nosotras emitimos información a varios niveles: de forma consciente a través de las redes sociales y de forma inherente al uso de las Red, dejando constancia de nuestros gustos, preferencias, ... y en definitiva, de nuestra personalidad. Este historial de nuestros movimientos que queda registrado facilita la propaganda comercial de masas e individualizada. Estamos a un paso de que la propaganda política siga a la comercial.
8.3.El tema.
Consideramos el tema como el ámbito ideológico en el que se inserta la propaganda: política, religiosa, económica (no confundir con comercial, la propaganda económica no vende productos, sino que generalmente crea aceptos de un sistema económico, o todo lo contrario), filosófica, científica, jurídica, etc.
Ni que decir hay que en muchas ocasiones la propaganda no puede ser compartimentada en un sólo tema, ya que los temas mismos no son compartimentos estancos.
Quizás resulte conveniente, para una mejor compresión, distinguir aquí entre tema, contenido y mensaje. Enunciados en este orden conducen paulatinamente a una mayor concreción: el tema es el marco, el contenido es el tratamiento, y el mensaje la idea propagada.
Pongamos algún ejemplo: Un artículo en una revista centrado en las carencias científicas de la teoría de la evolución de Darwin denuncia que los métodos de datación geológica (por ejemplo el carbono 14) son escasamente fiables. El tema es científico, el contenido es negativo, racional, incierto o falso y lógico, y el mensaje es la negación de la cientificidad de la teoría de la evolución,
como apoyo a la creencia creacionista. Aunque ésta no haya sido mencionada ni una sola vez en el artículo sabemos de su presencia por el contexto histórico (auge de la discusión en los medios), social (temas tratados en la revista en cuestión), personal (trayectoria del autor del artículo), etc.
Otro ejemplo: La representación de la revolución social dirigida en la sombra por terroristas en The
Dark Knight Rises. El tema es político, el contenido es negativo y emocional (al ser ficción no se
puede juzgar su veracidad, su concordancia con los hechos), y el mensaje el carácter siniestro de las revoluciones. De nuevo el sentido completo del mensaje nos lo otorga en gran parte el contexto, en este caso una entrevista en que los guionistas de la película afirman que querían describir hasta dónde podrían llevar una revolución en la coyuntura histórica contemporánea.
8.4.La forma.
Según F. E. Lumley, la propaganda es oculta por naturaleza (Driencourt, 1964: 45), aunque contrariamente a su opinión existen tipos de propaganda no ocultos, como por ejemplo la propaganda electoral. Otra cosa es que las técnicas de la propaganda electoral sean en gran parte desconocidas por la audiencia, y que el uso de las mismas les quede entonces oculto. La intención es manifiesta, las técnicas no tanto.
Las formas de la propaganda pueden ser entonces, manifiesta o encubierta, con innumerables casos intermedios entre ambos polos.
Esta dualidad está muy relacionada con la que distingue entre propaganda central o propaganda periférica. En el primer caso el objetivo del acto comunicativo es propagandístico, en el segundo no
tiene por qué ser así, convirtiéndose la propaganda en un elemento periférico. Un ejemplo clásico son los ámbitos cultural y de entretenimiento. Los fines de la cultura y el entretenimiento no son propagandísticos (otra cosa es la propaganda disfrazada de cultura y entretenimiento), sino más bien comerciales (al menos en nuestra sociedad actual). El objetivo central de una película argumental es, generalmente, entretener y que mucha gente vaya a verla pasando por taquilla. Uno de sus objetivos periféricos puede ser el de propagar ciertas ideas.
8.5.El contenido.
El contenido de la propaganda presenta varias (si no muchas) categorizaciones posibles. Ya hemos mencionado algunas al tratar el tema de la propaganda.
Quizás una de las menos tratadas, porque de hecho se sale en cierto sentido del ámbito de la comunicación, sea la de la negación de la comunicación misma, la censura. La censura puede ser tratada como un elemento de la propaganda, como una condición de posibilidad, o como una condición previa a la misma, que facilita la labor influenciadora de ésta.
Desde el punto de vista más amplio de la transmisión de ideología, el que nosotros adoptamos en el presente trabajo, la censura es una factor clave. La reducción de lo posible al marco de lo representado es uno de los mayores aciertos desde el punto de vista del control social por parte del poder. Es ya todo un clásico la famosa frase de que lo que no sale por televisión, no existe. Un conocido juez español, muy aficionado al cine por cierto, parafraseó recientemente la frase convirtiéndola en algo así como lo que no sale en la Constitución, no existe. Ambas nos sirven como ejemplo de reducción de lo posible a través de lo representable-pensable. El marco es la hegemonía, todo lo que queda fuera es utopía, en el sentido de no-posible, o desviación.
La censura, entonces, es la herramienta básica de la hegemonía. Sobre la censura se construyen la difusión ideológica y la propaganda.
En cuanto al ejercicio de la misma, existen dos tipos de censura: directa (ejercida por órganos censuradores sobre los contenidos) o indirecta (ejercida sobre las condiciones de posibilidad de manifestación de las ideas, a través de la economía, el vacío informativo, etc.).
El contenido de la propaganda puede ser además cierto, incierto o falso; racional o irracional; lógico o emocional; negativo o positivo, etc. Las combinaciones son múltiples, aunque obviamente existen tendencias: cierto, lógico y racional; falso, emocional y negativo, etc.
La propaganda racional es la que está basada en datos objetivos y hechos demostrables, como las cifras de producción de grano o de extracción de petróleo en Estados Unidos o en la antigua Unión Soviética. En realidad la referencia a los hechos es un elemento bastante común en todos los tipos de propaganda, sólo que es este caso adquieren una relevancia central. Por otra parte, la propaganda racional es un medio para obtener un fin, una demostración, una carcasa científica que persigue la adhesión emocional a las ideas que pretende demostrar. Así, las cifras macroeconómicas de un estado son utilizadas para propagar ciertas ideas, como la superioridad de un sistema socio- económico sobre otro, y ésta idea es lo que perdura cuando la persona objeto de la propaganda olvida, como es lógico, unos datos muy probablemente incomprensibles y de escasa relevancia en su vida diaria.
La propaganda racional acaba desembocando irremediablemente en la irracional, en tanto que lo que perdura en la mente del receptor es sólo una idea general, una convicción; precisamente la idea
propagada por el propagandista. Según Ellul, la idea propagada en un informe macroeconómico de la Unión Soviética o de Estados Unidos durante la Guerra Fría no son los datos mismos, sino la superioridad económica de un sistema sobre el otro. Este ejemplo es por supuesto trasladable sin merma de efectividad a la actualidad política y al uso de datos y estadísticas inasibles e incomprensibles para la ciudadanía media, que acabamos incorporando solamente una idea tras soportar una avalancha de datos, pruebas y refutaciones científicas.
8.6.El objetivo.
Recordemos que los tres ejes centrales sobre los que gira la propaganda son el poder, la comunicación y la ideología.
El objetivo de la propaganda está entonces en todos los casos relacionado con el poder. Y el poder, complejo en sus manifestaciones, es absolutamente simple en su esencia. Una vez se entra en el juego del poder sólo existen tres posibilidades, adquirirlo, mantenerlo, o destruirlo. Mientras que las dos primeras tareas quedan descritas de forma magistral en el libro-receta El Príncipe, de Maquiavelo, la tercera tarea queda reservada para la tradición antiautoritaria.
Los objetivos de la propaganda pueden ser la conversión, la subversión, el consentimiento...
O pueden ser, según otra tipología la agitación (subversión) y la integración (conversión, creación del consenso, consentimiento, etc.)
buscan desestabilizar a un gobierno, aunque los gobiernos mismos usan a veces la agitación para sus propios fines, como movilizar a la población para una guerra externa o contra un señalado «enemigo interno». La propaganda de agitación implica un cierto grado de empoderamiento de los colectivos a quienes va dirigidos, a los cuales se les provoca el entusiasmo en base a unas metas más o menos definidas. Aunque de nuevo, este empoderamiento puede ser ficticio, un mero ardid del grupo director que, o bien persigue un apoyo en la lucha por fines propios y exclusivos (véase como ejemplo el caso de la movilización de la clase obrera contra la clase terrateniente llevado a cabo por la propaganda de la clase burguesa), o bien persigue empujar al grupo empoderado a una acción que justifique públicamente una posterior intervención del poder establecido en su desmembramiento. En este último caso la propaganda de agitación entraría dentro de un plan de contra-insurgencia.
La propaganda de agitación es más efectiva cuando remueve las emociones primarias de aquellas personas o grupos a quienes va dirigida. Quizás la emoción más fácil de agitar, señala Ellul, sea el odio, y por ello se convierte muchas veces en elemento central de este tipo de propaganda.
La propaganda de integración busca exactamente lo contrario que la subversión. Su objetivo es la conformidad, la integración en un modo de pensamiento y acción. Mientras que la agitación tiene carácter puntual (aunque pueda durar años), la integración posee mucho mayor calado, y su fin último es conformar personalidades que se adecuen perfectamente al sistema político-social imperante.
La finalidad última de la propaganda de integración es uniformar la sociedad, y mientras más uniforme sea ésta, mayor poder y eficacia alcanza.
Chaque membre du groupe doit être seulement un fragment organique et fonctionnel de ce groupe, il doit y être parfaitement adapté, parfaitement intégré. Il doit avoir les stéréotypes, les croyances, les réactions du groupe, il doit se manifester comme un participant actif de la création économique, éthique, esthétique, politique du groupe (Ellul, 1990: 89)
Este tipo de propaganda es más extensiva, compleja y permanente que la propaganda de agitación.
Frecuentemente, cuando el grupo que propaga la agitación alcanza el poder, sus objetivos viran hacia la estabilización y la propaganda que le conviene entonces es la de integración. Un ejemplo de esta situación lo encuentra Ellul en la propaganda de la Unión Soviética desde 1930, cuando hasta ese momento la preeminencia era la agitación.
8.7.El receptor.
Al igual que el emisor, el receptor de la propaganda puede ser individual (rara vez) o grupal. Y puede ser cualquier grupo social: las élites, las clases medias, la masa, el funcionariado, la clase proletaria, etc. El movimiento habitual, sin embargo, de la propaganda es el mismo que el del ejercicio del poder en la sociedad, es decir la pirámide invertida. Las clases dirigentes ejercen la propaganda sobre las clases subalternas, según sus propios intereses y frecuentemente en contra de los de éstas.
Otra distinción es la que existe entre el receptor interno o externo a la nación que realiza la propaganda. Es decir si está dirigida a la propia población, a la generalidad, o al exterior de la
nación.