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EL CARISMA DE LA PREDICACIÓN EN LA ORDEN DE PREDICADORES/AS Y COMO FAMILIA

2.5 El carisma de la predicación desde Prouille a las DMSF

Domingo llega a Prouille posiblemente en el otoño del 1206, lugar de mucha importancia a inicios de la edad feudal. Comienza el apostolado junto a Diego de Osma allí se encuentran con un torreón desmantelado y en su lugar existe un molino de viento, las murallas derribadas en gran parte, la iglesia estaba en mal estado y dependía de la parroquia de Fanjeaux con todos sus diezmos, la capilla de Saint-Martin se encuentra cayéndose sola, quedaban huellas del paso de la guerra que había pasado por allí durante el siglo XII,

sufriendo constantes hostilidades en las casas de Toulouse. “Ante la frecuencia de los

asaltos y el progreso militar, la montaña pequeña apenas ofrecía ya alguna defensa. La población, demasiada dispersa, como lo demuestran las múltiples capillas de los alrededores de Prouille, quedaba sin defensa alguna. Campesinos y nobles habían buscado refugio en masa en la ciudad fuerte de Fanjeaux130.

En esa época se desarrolla un movimiento espiritual y místico en Europa, de forma especial entre las mujeres. Los cátaros darán respuesta a esta búsqueda de perfección de las mujeres a través de centros de formación, en donde llegaban las jóvenes de la nobleza para ser educadas por las mujeres perfectas.

Ante esta presencia activa y fuerte de los cátaros brota la necesidad de fundar una casa para mujeres jóvenes de Prouille, la cual hasta hoy existe como convento de monjas dominicas. La fundación estaba dirigida a mujeres doncellas católicas, especialmente para aquellas jóvenes de familias que retornaban de los cátaros a la Iglesia católica. Será el obispo Foulques de Tolouse quien concede el permiso para dicha fundación131alrededor del año 1207. Este primer grupo de monjas tenía una priora, una observancia regular no muy rígida, es decir no había clausura y ni vida comunitaria rigurosa, en sus inicios. Afirma Castañón

130 Vicaire, Historia de Santo Domingo, 194. 131 Hertz, Domingo de Guzmán y los dominicos, 45.

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“aún no existía una observancia regular completa, ni vida de clausura, ni vida enteramente común”132.

De esta forma este convento recibe a mujeres convertidas, “estas mujeres habían sido personas excluidas -herejes ellas mismas o de familias herejes- que habían sido traídas”133 creándoles un ambiente de oración y de santificación. Ellas son fruto de la predicación y

“eran la predicación”134. Esta casa “fue durante largo tiempo un monasterio de hermanas y,

a la vez, un pequeño convento de frailes, punto de apoyo de su predicación”135 y será el

mismo Domingo de Guzmán quien se preocupe por orientar el camino de esta fundación hacia la predicación y de su subsistencia económica, “conservó la administración espiritual y temporal del monasterio, a fin de o separar a sus queridas hijas de la futura Orden que

premeditaba, sino que fuesen su rama primera”136, de este modo se garantizaba la unidad desde el principio, entre los frailes y las monjas, “como dos ramas salidas del mismo tronco”137.

Algunos nombres de mujeres que se rescatan de esta fundación o de la primera hora como dice Vicaire son: sor Raimunda Claret, Sor Alazaice, Ricarda, dama de Barbaira, Guillermina de Belpech, Guillermina de Fanjeaux, Raimunda Passerine, Berenguela Jourdaine, Curtolane, Gentiane, Ermossenda138.

Posteriormente nace el monasterio de San Sixto en Roma, que junto al de Prouille se constituyen en centros del proyecto de la predicación a través de la vida de comunidad siendo, su forma de predicar, la oración-contemplación y la acogida. “Ellas vivían la vita

apostólica en una forma determinada. Las mujeres proporcionaron un escenario y una

atmósfera en los cuales los otros podían vivirla. Los hombres que se fueron a pronunciar la palabra regresaron al hogar que esta comunidad de mujeres estaba creando en Prouille, y de

132 Castañón, Historia de la Orden de Predicadores, 50. 133Walsh, “Luz para la Iglesia”, N°3.

134 Ibid. 3.

135 Bedoiuelle, La fuerza de la palabra, Domingo de Guzmán, 242.

136

Lacordaire, Enrique, Santo Domingo y su Orden, 99. 137

Ibid. 99.

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ahí volvieron a salir”139. En sus inicios era el lugar donde los frailes se preparaban para la predicación; además del estudio, la compasión y la celebración. Dentro de la Iglesia, la Orden de Predicadores camina como familia, eso significa que frailes y hermanas van

“ayudándose mutuamente en la gracia de la predicación según el estilo propio de cada uno”140. Se comprende que ellas no salieron junto a los varones a predicar, sólo podían predicar la doctrina los clérigos, ellos ejercían la sacra praedicatio pero vivían la vita

apostólica juntos, hombres y mujeres en Prouille, formando una hermandad apostólica, con

una predicación “inclusiva en el sentido de reunión con los hijos dispersos y alienados de Dios, porque la comunidad desde la cual ellos predicaban, era en sí misma inclusiva. Teológicamente hablando, fue la relación inclusiva entre los grupos que hacían la sacra

praedicatio lo que hizo de su predicación ser completamente eclesial”141.

Se pregunta Barbara Beaumont “¿Qué es lo que la historia de Prouille nos tiene que decir a

propósito de la novedosa visión de Domingo para una Orden que reúne frailes y monjas en

una misión común?”142 Domingo es capaz de distinguir lo esencial, por ello Prouille se convierte en una acción audaz y también prudente:

Parece evidente que el monasterio tenía su propio fin apostólico: fue asimilado a la obra de santidad aportada por Domingo por el hecho mismo de haber aceptado conversas de la herejía. Y al mismo tiempo, las oraciones de las hermanas venían en complemento de la misión de la predicación siendo eficaces por sí mismas para la salvación de las almas. De esta manera es claro que estas mujeres de la Orden hacen parte integral desde el principio, y

transciende la categoría de accesorios piadosos”143.

Fray Liam Walsh realiza una reflexión que permite comprender el proceso vivido desde Prouille, donde Domingo de Guzmán intuye un camino abierto para la predicación, el afirma que

139Walsh, “Luz para la Iglesia”, N°3.

140Bedoiuelle, La fuerza de la palabra, Domingo de Guzmán, 245. 141Walsh, “Luz para la Iglesia”, N°3.

142 Beaumont, La llegada de los predicadores, 11. ”,http://www.dominicasmsf.org/biblioteca- virtual?idCategoria=17, (Consultado el 27 de septiembre de 2011)

68 era aceptado en esos días que hombre y mujeres laicas que vivían una vida apostólica pudiesen predicar conversión. Pero supuestamente no debían predicar la doctrina de la fe. La doctrina tenía que ser asunto de los clérigos. A mí me parece que Domingo aceptaba esa distinción de manera de predicar pero se abrió paso: pasó encima de la separación de roles

que estaba planteado en aquellos días… Y tarde o temprano la predicación de conversión

que todos los miembros de la sacra praedicatio estaban haciendo tomaría una cualidad teológica que podían hacerla también enseñable144.

Esta fuerte vinculación entre monjas y frailes tendrá su crisis con el tiempo, debido al crecimiento y exigencias del ministerio de la predicación, pero encontrarán formas de salir adelante y seguir fortalecidos en el transcurso de la historia, renovando y actualizando la predicación en las distintas épocas y contextos. No pueden abandonar sus orígenes porque

“la Orden de predicadores ha nacido como familia; una familia que comparte el carisma

común de la predicación”145, es la exigencia de su fundador.

Parte de ese proceso renovador, es el pensar hoy y redescubrir cómo desde los inicios de la Orden, las mujeres avivaron ese carisma de la predicación. Como se mencionaba anteriormente, las mujeres en Prouille fueron esas mediadoras en el surgimiento de un carisma que denuncia el empobrecimiento de la predicación en su tiempo, por ello, no es de extrañar que se encuentren en el transcurso de los tiempos muchas fundadoras de congregaciones de dominicas que van actualizando el carisma de acuerdo a los momentos históricos, aportando originalidad a esas nuevas comunidades en aquellos lugares en donde brotan presencias y modos de predicación renovadas, pero en su mayoría ellas han sido silenciadas, invisibilizadas detrás de un fundador o fraile.

Una de las mujeres predicadoras es Catalina de Siena, santa, doctora de la Iglesia quien predicó por medio de cartas o pequeños tratados escritos, de conversaciones en grupo, de entrevistas personales Esta mujer que no tuvo fronteras para denunciar y exhortar a los mismos Papas y a los Maestros de la Orden, ella intuía la necesidad de reformas especialmente del clero y frailes, haciendo este proceso reformador desde dentro. En

144Walsh, “Luz para la Iglesia”, N°3. 145 Tugwell, Santo Domingo, II.

69 Catalina se encuentra a una mujer que refleja la “encarnación femenina del proyecto de

Domingo146, desde la contemplación, la Palabra, la itinerancia e incidencia a través de la predicación en lo político, lo social y en el ámbito eclesial, lo cual es signo de renovación en el carisma dominicano. Sus escritos y cartas hablan sobre temas que afectan la vida concreta como creyentes y como ser social, este será su modo peculiar de predicar en tiempos difíciles.

Otras mujeres, como Cecilia de Cesarini (1204-1290), escriben acerca de los rasgos físicos, psicológicos y espirituales de santo Domingo, siendo clave fundamental para conocer el carisma dominicano. También está Diana de Andaló (1200-1236) que mantuvo correspondencia constante con Jordán de Sajonia; Margarita Ebner ( 1291-1351); Catalina de Ricci (1522-1590); Rosa de Lima ( 1586-1617), todas ellas desde una vida contemplativa tomaron en serio su participación en el carisma de la Orden: la salvación de las almas por la Predicación, unas lo harán en versos que se utilizan en la liturgia, otras a través de autobiografía y diario, otras por medio de cartas epistolares, en donde dejan constancia de su amor a Cristo, la pasión por la humanidad, y como dirá Rosa de Lima:

“todo cristiano debe predicarlo con la palabra y tenerlo grabado en el corazón”147.

En el siglo XVIII se abren puertas para que las monjas salgan de los conventos a participar de la vida apostólica, lo mismo de aquellas mujeres que están en sus casas y sienten el llamado a anunciar la Buena Nueva más allá de las puertas de su hogar. Como parte de ese movimiento podemos señalar a María Dolores Prieto Vidal, que asume el nombre de madre Pilar, fundadora de las Dominicas Misioneras de la Sagrada Familia junto al dominico José Cueto y Díez de la Maza en el año 1895 en la Islas Canarias148, ellos “sintieron la llamada de seguir a Jesús, según el espíritu de Domingo de Guzmán”149, asumen la forma específica

de evangelizar y de vivir el carisma a través de “la educación cristiana, preferentemente de

la juventud150.

146Caram, “Santa Catalina de Siena, El coraje en la Iglesia”, 27. 147Caram, “22 Místicos /as dominicos", 35.

148 Merino, Vida del P. Cueto, OP, fundador de las Dominicas Misioneras de la Sagrada Familia. 149 Constitución Fundamental de las DMSF, I, 11.

70 Desde la Fundación el estudio estuvo presente como un aspecto fundamental para la misión, un ejemplo de ello es la decisión de la M. Pilar enviar hermanas a estudiar a Francia e Inglaterra. En el mismo viaje de conocimiento del carisma dominicano, aprovecha para que las hermanas estudiasen “idiomas en Francia e Inglaterra; Ciencias, Letras y Arte en Madrid, Valladolid y Barcelona”151. De esta forma saborean a su paso todas las enseñanzas, interiorizan y asimilan los lemas dominicanos: Veritas; Laudare, Benedicere et Preadicare; Contempare et contemplata aliis trader.

Una vez definido el carisma específico: la educación cristiana preferentemente de la

juventud, esa es la forma de hacer penetrar la Palabra, de anunciar la Buena Nueva, de

Predicar el Evangelio por todo el mundo. En Avivar la memoriase aclara que “el ideal de la

VERDAD, la gracia de la PREDICACIÓN, el ministerio de la EVANGELIZACIÓN, la

vocación MISIONERA…, son rasgos propios del carisma dominicano que tiene profunda resonancia tanto en el P. Cueto como en la M. Pilar”152. En el proyecto fundacional de las DMSF el carisma dominicano encuentra un modo o versión específica.

En los Capítulos Generales las DMSF reflejan su sentido y su fuerza como predicadoras más allá de un aula de colegio o escuela, en ellos las hermanas se detienen a ver la realidad, a estudiar, reflexionar, a buscar juntas dónde y cómo Dios las quiere presente, concretadas en acciones, prioridades, desafíos, opciones, deseos a vivir junto a otras y otros en esta historia.

Se puede reconocer una constante búsqueda de renovar y actualizar el carisma, de acuerdo

a las exigencias de la época. En el Capitulo General del año ‟86 se responde desde el carisma congregacional al “grito de los hermanos que viven en situaciones de injusticia y de miseria”, se sienten enviadas a hacer fraternidad entre los hombres (mujeres) desde la

justicia y la paz, los medios que se plantean son la formación, la opción por los pobres y la

pastoral vocacional. El año ‟91 el llamado es a acoger la invitación de la Iglesia a ser

colaboradoras de la Nueva Evangelización, por lo que ninguna hermana puede eludir esa responsabilidad, anima la Priora General. Desde los fundamentos eclesiológicos,

151 Ibid. 12.

71 dominicanos y congregacional se pregunta sobre la nueva evangelización ¿por qué? ¿para qué? ¿cómo? Están implícitos en los desafíos, especialmente en el modo de estar presente

en el corazón del mundo desde: la inserción, la solidaridad, el diálogo y la función

profética. Los pilares dominicanos como elementos fundamentales para la evangelización: la comunidad, la experiencia de Dios y la formación, se convierten a su vez en exigencias.

Teniendo como horizonte el tercer milenio, las DMSF en el año ‟96 desde su identidad de

mujeres, se plantean revitalizar la misión y partir hacia nuevas presencias, ello exige una formación para tiempos nuevos.

En los capítulos mencionados anteriormente, la predicación está expresada en la vida como estilo, como testimonio, como presencia. El giro de comprender y tomar conciencia que las mujeres, las DMSF, tienen una palabra propia es a partir del año 2001. Se anima a tomar

“la palabra junto a otros y otras que también quieren tomar la palabra y gustar el Misterio”153 y así formar parte con el cosmos del tejido, en donde se va haciendo historia, es darse cuenta de la necesidad de ser parte de los procesos humanos, ello le exige releer la vida y la del mundo, tomar la palabra desde la identidad de mujeres, haciéndose

protagonistas de su propia historia: “vayamos a compartir la Buena Noticia como mujeres,

místicas, retejiendo la comunión, buscando, cuidemos los procesos históricos, recogiendo fragmentos de luz, de verdad, creando y recreando compromiso en fidelidad al sueños de

Dios y a la historia, junto a otras mujeres y otros hombres”154. En continuidad, en el año 2006, se reconoce un nuevo lenguaje, que abarcan las palabras, su significado y los gestos

“que nacen de la necesidad de comprender y expresar la vida y el mundo desde dentro”155, desde la identidad de mujer. No hay otro camino de tejer la vida, la historia.

El tejido continúa en el 2011, en el Capítulo General realizado en Madrid, acompañadas por la dominica Verónica Rafferty. Las hermanas asumen los desafíos de los frailes en su último Capítulo del 2010 en relación a la predicación y se apropian afirmando

153 Capítulo General XVI.

154 Ibid.

72 que nuestro signo de identidad es el ministerio de la Predicación. En un mundo lleno de oportunidades, pero también poblado de sinsentido y de sufrimientos, y en un cambio cultural tan profundo que algunos hablan de un cambio de época, es urgente una nueva versión de la fe cristiana mediante la predicación. Este es el carisma de la familia dominicana dentro de la Iglesia toda ella evangelizadora.

Es alentador saberse miembros de esa gran familia para la que la predicación es un estilo de vida, es la vida en sí misma tratando de re-crear la conducta de Jesucristo. Vida que se ha expresado de muchas maneras en la tradición dominicana: la enseñanza, la palabra oral, la

palabra escrita, dialogo interpersonal… pero sobre todo, con el testimonio de la propia vida.

„Hemos creído y por eso hablamos‟, dice San Pablo.

(…)

Es a la vez una predicación que anima la esperanza cristiana en esa consumación final que Dios quiere para esta humanidad y esta creación. Somos predicadoras de la gracia. Ocurra lo que ocurra nuestro futuro está ya acompañado por Alguien que nos ama.

Esta es la fuente de sentido para nosotras. Nos da las claves de por dónde tenemos que reconducir nuestra vida. Este modo de vida, esta predicación que anima la esperanza cristiana, anima nuestra propia esperanza. Imitando y siguiendo a Cristo, Domingo anuncia el Evangelio como una palabra de gracia, de misericordia y de compasión. Esta experiencia de vida es iluminadora para nosotras. Nos plenifica a cada una, es la razón de ser de nuestra vida personal, también de nuestra vida comunitaria que solo tiene sentido para la misión. Tan importante consideraba Domingo el ministerio de la predicación, que quiso encomendárselo a la comunidad. Nuestra predicación desde una comunidad fraterna, plural y dialogante debe ser un signo sanador en una Iglesia y una sociedad afectadas por constantes divisiones, confrontaciones y polarizaciones... La comunidad dominicana es comunidad en un mismo espíritu para la misión, que debe concretarse en las distintas situaciones culturales156.

Esta identidad de mujer predicadora desde Prouille hasta las DMSF, toma fuerza cuando se reconoce como familia que comparte un carisma común. A su vez se convierte en desafío

73 que cuestiona los modos de ser predicadora, replantea las comprensiones que cada una de las hermanas sostiene de su ser dominica, e impulsa a abrirse a nuevos horizontes de mujer continuadora de un carisma profético como es la predicación.

El carisma de la predicación desde sus orígenes es compartido, vivido como familia, en donde mujeres y varones asumen el ministerio de la predicación, aunque en algunas épocas han sido silenciadas o invisivilizadas detrás de un fraile, no impide renovar este estilo de vida. El ir a las fuentes posibilita el tener presente que Domingo de Guzmán incluye en su itinerario como predicador a las mujeres, por ello el siguiente capítulo se detendrá a recoger la presencia, la experiencia y los aportes de las mujeres en la predicación de la Orden de Predicadores.

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CAPÍTULO 3