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La república de Ruanda se encuentra ubicada en el centro de África y abarca un territorio de 26.338 Km2. El 90% de su población se dedica a la agricultura y es el país más densamente poblado del continente. La sociedad de Ruanda está constituida por tres grupos étnicos, los Hutus 84%, los Tutsis 15% y los Twa 1%.

Esta división social que se remonta hasta antes de la colonización europea ha sido determinante en cuanto a las decisiones políticas, sociales y económicas del país. Las diferencias entre estos grupos étnicos han generado grandes guerras internas que dejaron como resultado la muerte y el desplazamiento de miles de personas (Muñoz 2006)

Los primeros en habitar el territorio de Ruanda fueron los Twa y posteriormente arribaron los Hutu que constituyeron la mayor parte de la población. La llegada de los Tutsi se dio antes del siglo XV quienes pacífica y silenciosamente se fueron expandiendo por el territorio. Al parecer, antes de la invasión colonial los grupos Tutsis y Hutus tenían un sistema de organización jerárquico y clientelar en el que los Hutus se encargaban de la agricultura y los Tutsis se encargaban de la ganadería. Como la ganadería era considerada la actividad económica más

importante los Tutsis presentaban un estatus superior a los Hutus y por lo tanto tenían que ofrecerles sus servicios y obedecer a sus posiciones políticas (Muñoz, 2006).

Este sistema clientelar de las estructuras sociales y políticas existente antes de la invasión colonial, fue determinante para los orígenes del conflicto ya que de este surgió un sistema de relaciones basadas en la subordinación entre estos dos grandes clanes, los Hutus y los Tutsis, lo que comenzó a generar sentimientos de resentimiento entre los mismos que después se iban a cobrar por medio de la violencia. (Hilda Varela, 2000)

Con dicho sistema, donde los Hutu practicaban la agricultura, los Tutsi se vieron aventajados por la práctica de la ganadería que les otorgaba un mayor bienestar y el control político y social. Esto llevó a que los Hutu a pesar de su mayoría poblacional se encontraran en una condición de subordinación ante los Tutsi por la nececidad de adquirir su producto que era de gran importancia dentro de la región, esto implicaba ceder las tierras de cultivo a la ganadería y la prestación de servicios personales y militares a los Tutsi que terminó dándoles todo el poder político y económico de la región. (Roger Louis, 1963).

2.2. Efectos del colonialismo

Alemania fue el primer país en ocupar el territorio de Ruanda en donde realizaron la construcción de un estado colonial tomando el modelo de Estado-nación

europeo. Los alemanes pensaron en su momento que el sistema de jerarquización que existía en el país era útil, y por lo tanto promovieron su fortalecimiento aumentando la dominación de los Tutsis sobre la población mayoritaria de los Hutus (Kuperman 2001).

Después del fracaso de Alemania en la segunda guerra mundial, el control del país pasó a manos de Bélgica. Durante este periodo se aumentó la polarización entre los dos grupos étnicos convirtiendo el sistema jerárquico en un régimen centralizado y explotador. Las leyes de los colonizadores contribuyeron enormemente a aumentar las diferencias entre los Tutsis y los Hutus obligando a la población a registrarse como perteneciente a una de las dos etnias. Además de esto los europeos afirmaban que los Tutsis se parecían más a ellos y que por lo tanto pertenecían a un linaje social más privilegiado. La idea de los europeos al generar estas distinciones sociales entre los grupos étnicos de Ruanda se dio con el fin de que estos dos grupos no se unieran para luchar juntos contra el poder colonial (Kuperman 2001).

La acumulación de resentimientos y odios entre los Tutsis y los Hutus desde 1950 conllevó a que posteriormente en 1994 se diera una de los peores genocidios de la historia (Kuperman 2001).

2.3. Los intentos de independencia

El proceso de independencia de Ruanda estuvo marcado por los efectos que dejaron tanto el periodo pre-colonial como colonial. La ONU redefinió a Bélgica como un fideicomiso temporal con el fin de dar inicio al proceso de independencia de Ruanda. (Peter Langford, 2005).

Ruanda logró su independencia en julio de 1962 con Kayibanda como como jefe de Estado. Su mandato estuvo claramente definido por una política en contra de los Tutsi y un gobierno que centralizó el poder en un solo partido, una sola etnia y una sola región. El goberno de Kayibanda puso en marcha este tipo de administración obteniendo la legitimación que buscó en el campesinado Hutu por medio de un discurso que prometía el fortalecimiento y el desarrollo rural, pero al final los

trabajadores del campo se encontraban en la misma situación en la que estaban durante la colonia. El dominio de los Hutus se dio porque tenian el control del estado y del ejército, lo que les generó poder y enriquecimiento; como concecuencia de ello aumentó la tensión entre las regiones y a pesar de que algunos Tutsis seguian en cargos importantes los ataques violentos en contra de ellos no cesaron durante este periodo. (Peter Urivin, 1996).

Algunos miembros de la etnia Hutus que habían logrado educarse gracias al apoyo de la iglesia católica comenzaron a interesarse en sus derechos y en la idea de instaurar un gobierno legítimo. Para este fin los Hutus crearon dos organizaciones de gran importancia APROSAMA (Asociación por la Promoción Social de Masas) creada por el líder Habyarimana y el Movimiento Social Hutu

dirigido por Greodire Kayibanda. (Mayra Rodriguez, 2002)

En principio, los belgas apoyaron los movimientos sociales de la nueva clase de Hutus educados para evitar que estos se levantaran en contra del gobierno impuesto. Incluso firmaron un manifiesto en el que se aseguraba que los Hutus eran los verdaderos dueños del territorio pues habían llegado primero a la región. En 1957 para reforzar sus ideas crearon el Movimiento de la Emancipación Hutu (PRAMEHUTU) con el objetivo primordial de este organismo solucionar las desigualdades entre las etnias (Kuperman 2001 & Muñoz 2006).

Los Tutsis por su parte crearon dos partidos políticos, La Unión Nacional Ruandesa (UNAR) y la Reunión Democrática Ruandesa (RADER) por medio de los cuales querían lograr la liberación colonial pero con la continuación del sistema jerárquico. Las ideas de independencia de los Tutsi provocaron que todo el apoyo belga se dirigiera a los Hutus, y esto provocó que se generaran las primeras masacres en el país. Entre 1972 y 1973 se desencadenó una nueva ola de violencia que tuvo como antecedente el genocidio de Hutus en manos de Tutsi en la región de Burundi, provocando un mayor resentimiento contra los Tutsi. (Hilda

Varela, 2000).

Los eventos violentos que se vivieron durante este periodo en las diferentes regiones, sumado a los problemas económicos que enfrentaba el país y a la precencia de Tutsis en cargos influyentes fueron generando una anarquía que derivó en un golpe de Estado liderado por el General Juvenal Habyarimana el primero de julio de 1973 creando la segunda República bajo su poder. Sus promesas de paz, unidad y desarrollo nunca se llevaron a cabo pero sí continuaron las divisiones étnicas radicales y además un regionalismo marcado debido a que el general Habyrimana era dirigente de la parte norte del país, favoreciendola inequitativamente sobre las demás regiones y provocando la marginalización y por consiguiente la pérdida de poder de los Hutu que habitaban otras zonas menos favorecidas. (Arnualt Akodjenou, 1995).

La violencia con la que los Hutu asumieron el poder generó el desplazamiento de más de 120.000 personas, y durante la estadía de Habyarimana en el poder se aumentó este número casi hasta alcanzar el 6% de la población (480.000 personas) en su mayoría Tutsis y Hutus moderados. En 1988 los exiliados de Ruanda formaron el Frente Patriótico Ruandés (FPR) con el objetivo de derrocar a Habyarimana y regresar a sus tierras (Muñoz 2006).

La gran cantidad de problemas del país entre los que se encontraban la corrupción, la represión, la explotación y la insuficiencia alimentaria crearon las condiciones ideales para el colapso de la nación. El 1 de octubre de 1990 el F PR realizó un importante ataque en el norte de Ruanda con lo que se dio inicio a la guerra civil que antecedió el genocidio de 1994. El avance del FPR también dejó miles de víctimas y alrededor de 300.000 desplazados dentro del territorio Ruandés. (Gerald Caplan, 2007).

la implementación de un sistema multipartidista y la introducción de un primer ministro, sin embargo continuaban los sabotajes contra el establecimiento del gobierno. Además de esto surgieron grupos paramilitares dirigidos por Habyarimana que llevaron a cabo las matanzas de más de 2000 Tutsis tan solo en 1992, y también participaron en el genocidio de 1994 (Kuperman 2001 & Muñoz, 2006).

En agosto de 1993 se firmó el Acuerdo de Paz de Arusha gracias al esfuerzo de la Organización de la Unidad Africana (OUA) y otros gobiernos de la región. Este acuerdo establecía el fin de la guerra civil entre los Hutu quienes estaban en el poder y los Tutsi de la oposición. En este momento se crea por parte de la ONU la Misión de Asistencia de las Naciones Unidas para Ruanda (UNAMIR) con el propósito de hacer cumplir los acuerdos, pero la paz nunca llegó debido al odio y el resentimiento entre las partes en conflicto encrudecidos desde 1990, que llevó más bien a una de las peores masacres jamás vistas por la comunidad internacional.

2.4. La no intervención

Cuando los Hutus más extremistas ya estaban planeando el exterminio sistemático de los Tutsi y de los Hutu moderados, ocurrió un hecho que desencadenó el comienzo del genocido: el atentado en el que murió el presidente Habyarimana junto con su homólogo de Burundi Cyprien Natyamira. El atentado ocurrió el 6 de abril de 1994 cuando el avión en el que viajaban fue derribado por un misil. Las matanzas las iniciaron miembros de las milicias Hutu, conocidos como los Intehamwe y los Amipuzamugbmi, además de la Fuerzas Gubernamentalesde Ruanda. (Romeo Dallaire, 1998).

En un principio la ONU contaba con una operación de mantenimiento de paz que se llamo la Misión de Asistencia de las Naciones Unidas para Rwanda (UNAMIR) que contaba con 2500 efectivos, estas personas cuando vieron el conflicto que se estaba

generando debieron impedir o limitar el genocidio que se estaba desatando, pero por el contrario, esta fuerza se fragmento y la UNAMIR terminó retirándose “algunos fueron masacrados, otros corrieron el peligro de ser asesinados. La retirada del grueso de la Misión dejo atrás sí un gran resentimiento en Rwanda” (Acta Concejo de Seguridad S/PV 4127 del 2000)

Después del atentado, la RTML autoproclamó el gobierno interino Hutu en la linea más extremista y su estación de radio acusó del hecho a la oposición Tutsi y a los soldados de la UNAMIR de haber ayudado a la FPR a llevar a cabo el hecho. Posteriormente los Hutu cobrarían venganza contra las fuerzas de la UNAMIR asesinando a 10 soldados belgas lo que provocó el retiro de ese país y de Bangladesh, el Concejo de Seguridad redujo el personal de de 2500 a 270 integantes. (Monique Alexis e Ines Mpambara, 2003).

Los Hutu realizaron las matanzas en un lapso de tres meses, entre el 6 de abril y el 19 de junio de 1994 con gran eficiencia y rapidez. Por medio de actos atroces y el uso de la violencia extrema los Hutus extremistas pretendieron exterminar por completo a los Tutsi y Hutus moderados. (Departament of State, 2002).

Otro hecho relevante, fue la participación de la población civil en la masacre, intimidados por sus líderes extremistas, además de la gran influencia propagandística por parte de los medios de comunicación que incitaban al odio y a la exterminación de los Tutsi. (Hilda Varela, 2000).

Las Naciones Unidas por medio de la resolución 872 de 1993 establecieron la Misión de Asistencia de las Naciones Unidas para Ruanda (UNAMIR), enfocada a ayudar a las dos partes a implementar acuerdos, sin embargo, no se pudo lograr la paz pues el odio generado entre las dos etnias permitió el desarrollo de una de las peores masacres del mundo (Kuperman 2001 & Muñoz 2006).

La ONU entraría al conflicto como una fuerza internacional neutral para supervisar el cese al fuego entre las partes, contribuir a la seguridad y brindar asistencia humanitaria. La misión de la ONU tuvo varias falencias desde su inicio en equipamiento personal, inteligencia y entrenamiento, así como carecía de un plan político y militar. Las fuerzas que se autorizaron no llegaron sino hasta Febrero de 1994 y el personal disponible no tenía experiencia en enfrentar crisis humanitarias de tal dimensión (Kuperman 2001 & Muñoz 2006).

Debido a todas estas carencias fue poco lo que se pudo hacer cuando comenzaron los asesinatos a gran escala en abril de 1994. Un grupo de 2500 efectivos debía enfrentarse a más de 60.000 soldados del gobierno y a los rebeldes, por lo que las acciones de la ONU se dirigieron a la asistencia de la población atrapada en la guerra (Muñoz 2006).

A pesar de todas las advertencias de lo que se veía venir antes de abril de 1994, realizadas por los organismos gubernamentales y las altas esferas de la misión de paz, no se realizó una intervención humanitaria. La ONU y el Consejo de Seguridad se mostraron realmente apáticos y pasivos para comprender y actuar eficazmente ante la gravedad del conflicto. Esto se interpretó como uno de los fracasos más grandes de las Naciones Unidas y la comunidad internacional. (Mayra Rodriguez, 2002).

La Comision de Investigación de las Naciones Unidas expreso que aunque UNAMIR fue criticado por su retirada la responsabilidad también recae sobre los paises que vieron pasar ante sus ojos el genocidio y no mandaron tropas a intervenir, así se podría establecer que este tipo de sucesos se dan por falta de voluntad política que es lo que lleva a que este tipo de sucesos se den e imposibilite el mantenimiento de la paz. Centrándose en el tema de UNAMIR algunos la han llamado una operación huérfana ya que se creó después de las operaciones en Somalia, era muy pequeña

y con poca capacidad para lidiar con lo que estaba por suceder en Ruanda, de esta manera la operación tenía vacíos en la parte de control, disciplina y falta de coordinación. (Acta Concejo de Seguridad S/PV 4127 del 2000).

Ruanda fue una lección a aprender tanto para las Naciones Unidas como para la comunidad internacional que dejo varios puntos para tener en cuenta en futuras interveciones que son los siguientes: La primera es que no puede haber neutralidad ante la amenaza de genocidio o de violación masiva de los derechos humanos y la segunda es que no puede haber una intervención sin tener en cuenta la protección a los civiles, la población en estos casos debe sentir que las Naciones Unidas están para protegerlos no como en el caso de Ruanda que se generó un mal sabor con UNAMIR. (Acta Concejo de Seguridad S/PV 4127 del 2000).

Por último entre las diversas fallas de la ONU durante la misión en Ruanda, tal vez la más grave fue la mala interpretación y la incomprensión del contexto, si el cablegrama del 11 de enero del General Dellaire mostrando su preocupación no hubiese sido ignorado, tal vez se hubiera abarcado la situación de otra manera el organismo diplomático solo lo entendió como un conflicto mutuo entre las etnias, por lo que solo se interesó por buscar un cese al fuego más que salvaguardar las vidas civiles. Esto impidió tomar medidas coercitivas más contundentes por parte del Concejo de Seguridad; tal vez una razón para ello, fue el temor a repetir la experiencia de Somalia de unos meses atrás que significó un gran fracaso para la ONU. (Ian Martin, 1998).

2.5. Estado actual de Ruanda

Ruanda es hoy en día uno de los países menos desarrollados del mundo. Sin embargo después del fatal genocidio de 1994 más de medio millón de hutus regresaron al país desde julio de 1995 han recibido gran cantidad de ayudas

económicas por parte de la comunidad internacional. Para salir de la crisis se sembraron gran cantidad de cultivos alimenticios, sin embargo en 2001 estos fueron sustituidos por café. En zonas como Butare el comercio ha permitido que

aparezcan tiendas, más casas y hasta un cibercafé alrededor de pueblos cafeteros. A pesar de que el país se encuentra en paz, unido y en reconstrucción, más de la mitad de la población sufre hambre y se encuentra en el umbral de la pobreza (Kuperman 2001 & Muñoz 2006).

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