3 CASO DE ESTUDIO: El Centro de Documentación Musical del Ministerio de Cultura
3.2 El Centro de Documentación Musical en el tiempo
El Centro de Documentación Musical del Ministerio de Cultura (CDM), antes conocido como el Centro Colombiano de Documentación, Conservación, y Difusión del
Patrimonio, fue creado en 1976 por Hjalmar de Greiff y David Feferbaum, “como parte
de iniciativas que fueron apoyadas por la UNESCO a través del Consejo Interamericano de la Música, para que en nuestros países [países latinoamericanos] se crearan instituciones de salvaguardia de la memoria de la música nacional basada en
la documentación” (Beimel, 2011). En sus inicios, este Centro hacía parte de la
subdirección de Bellas Artes de Colcultura, tenía a su cargo la oficina de Folclor y Festivales, se constituía en la biblioteca de la orquesta sinfónica y era la institución encargada de organizar los conciertos de esta orquesta.
Posteriormente, el Centro estuvo a cargo de la musicóloga Ellie Anne Duque, y luego pasó a ser dirigido por el antropólogo Benjamín Yépez por un periodo de diez años, de 1983 a 1993. Bajo su dirección, y a través de donaciones para la infraestructura realizadas por la UNESCO y por la Embajada de Japón, se iniciaron por parte del CDM, grabaciones de campo. Durante este periodo, el CDM hizo uso de una franja en televisión denominada Panoramas de la Música, como medio para divulgar las grabaciones en campo que realizaba directamente el CDM; inicialmente esta franja
se usaba para transmitir los contenidos producidos por la orquesta sinfónica. En total alrededor de 200 programas fueron realizados por este Centro en el marco de
Panoramas de la Música. Desde 1993, por factores como la falta de recursos y de personal, el CDM no realiza grabaciones en campo, salvo aquellas que se derivan de los conciertos que se llevan a cabo en el Auditorio Germán Arciniegas de la Biblioteca Nacional. Es posible señalar entonces que las acciones de documentación del CDM no responden directamente, a la necesidad de visibilizar los procesos evolutivos de la música en el país. Adicionalmente, al no realizar grabaciones en campo, se aleja de la posibilidad de participar en las dinámicas propias de las comunidades; proceso que da cuenta de la construcción de significados del patrimonio musical, que va más allá de sus relaciones con los aspectos musicales específicos.
Para el año 1993 el CDM continúa siendo parte de la subdirección de bellas artes, pero tiene su sede en los espacios de la Biblioteca Nacional, donde anteriormente se encontraba el Archivo General de la Nación. Entre 1993 y 1996, el CDM no tuvo un director formal; sólo hasta el año de 1996 Jaime Quevedo asume el cargo, el cual mantiene hasta el día de hoy. Sobre la manera en la que estaba funcionando el CDM
antes de la llegada de su actual coordinador, Quevedo señala que “había una
enorme preocupación porque había que registrar todo lo que podía suceder, pero no
había criterio musicológico” (com. pers., mayo 8, 2013). Frente a esto, argumenta que debe existir un “criterio musicológico para poder definir qué era lo que se iba a grabar,
en dónde, por qué, y eso para qué le iba a servir a una entidad como esta y que era
lo que iba a pasar con esa información después” (Jaime Quevedo com. pers., mayo
8, 2013). Es por esta razón, que el CDM se enfocó en comprender qué era lo que tenía y cómo se podía organizar; de manera que su valor estuviera definido bajo criterios musicológicos.
Con la creación del Ministerio de Cultura en 1997 se constituye la Dirección de Artes, y el CDM entra a ser parte de esa Dirección; así mismo se establece el Grupo de Música el cual asume muchas de las funciones que tenía el CDM anteriormente; como lo
señala Quevedo “el CDM fue una institución con una capacidad enorme porque era el interlocutor de los asuntos de la música en Colcultura” (com. pers., agosto 9, 2013).
Para esta época, se crearon otros dos centros de documentación para las artes: el de artes escénicas y el de artes visuales, los cuales trabajaron en conjunto con el CDM en el desarrollo de la documentación artística del país. No obstante, en el 2003 se procedió liquidarlos, aunque el CDM logra ser restablecido; las colecciones de los otros dos centros fueron enviadas a los archivos individuales de distintas entidades.
Es así como a partir del 2004, y por decisiones internas del Ministerio de Cultura, el CDM entra a ser parte de la estructura administrativa de la Biblioteca Nacional (BN), donde se encuentra en la actualidad; bajo la tutela de la institución encargada de garantizar
“la recuperación, preservación y acceso a la memoria colectiva del país,
representada por el patrimonio bibliográfico y hemerográfico en cualquier soporte físico; así como la promoción y fomento de las bibliotecas públicas, la planeación y diseño de políticas relacionadas con la lectura, y la satisfacción de necesidades de información indispensables para el desarrollo individual y colectivo de los
colombianos” (www.bibliotecanacional.gov.co).
Sobre la decisión de incorporar el CDM en la Biblioteca Nacional, expone Quevedo
que es una decisión muy crítica y compleja, en la medida en que “la música como
práctica y expresión en este país y otros países no se ha editorializado y eso establece un abismo diferencial entre las tareas que se realizan en una biblioteca convencional generalista como una biblioteca nacional y un CDM especializado en un campo de
conocimiento y un área específica (…) eso le implica desafíos y retos que la bibliotecología nunca se preguntó; la bibliotecología en Colombia” (Jaime Quevedo
com. pers., mayo 8, 2013). Dentro de la Dirección de Artes la documentación musical estaba comprendida dentro de su esfera de competencias y relaciones, mientras que
en la Biblioteca Nacional ha tenido que “confrontarse con técnicas de la
bibliotecología que entienden solamente desde el punto de vista de la dimensión del
libro” (Jaime Quevedo com. pers., mayo 8, 2013). No obstante, se reconoce que la
incorporación del CDM a la Biblioteca Nacional trajo unos beneficios, especialmente frente a las condiciones de conservación de los documentos; tanto por el espacio en el que se encuentra, como a la posibilidad de acceder a asistencia técnica por parte de área de conservación de la Biblioteca.