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El Comercio y el nuevo público lector (1839-1845)

GÉNERO NOVELA ENTRE 1780-

2.2 LA GESTACIÓN DEL ORDEN LETRADO REPUBLICANO (1830 1845): LAS CONDICIONES SOCIALES Y FORMALES DEL GÉNERO

2.1.2 El Comercio y el nuevo público lector (1839-1845)

1839 es un año clave para la historia del periodismo peruano; sin embargo, pocos han reconocido la importancia que tiene para la historia literaria peruana decimonónica. La aparición de El Comercio, su estructura y el espacio asignado a los textos narrativos de folletín es un punto de quiebre con el orden creado por las viejas revistas de letrados y los periódicos doctrinarios. Más allá de ideologías liberales y conservadoras, ninguno de los periódicos o revistas anteriores logró perdurar en el tiempo ni contribuyó decisivamente con la creación de un nuevo público lector. La tesis de este apartado es que parte del éxito de El Comercio se debió a la sistemática explotación de los recursos de los textos narrativos en su sección Folletín. Esta decisión de política editorial fue clave en la creación de un nuevo público lector popular, urbano y desconocedor de las convenciones de la alta literatura.

El Comercio fue fundado en 1839 por el chileno Manuel Amunátegui y

el argentino Alejandro Villota. Su lema fue: “Orden, Libertad y Saber”. López Martínez (1989) informa que los primeros suscriptores fueron 72 en Lima y en el Callao, en su mayoría eran comerciantes, políticos, eclesiásticos y militares

(21-22). En su imprescindible ensayo sobre el periodismo en el Perú, Porras sostiene que este periódico

no se distinguió por ninguna innovación periodística, fuera del formato mayor. En 1839, El Comercio era un diario de avisos de muy pocas noticias, tan falto de secciones informativas como El Mercurio o El

Telégrafo, cuyo tipo periodístico copiaba (…) Su fortuna original

estuvo en los comunicados. Sección repulsiva y amenazante, palestra del insulto y del anónimo, liza a veces de agudos contrincantes, los comunicados fueron la crónica escandalosa y desvergonzada, un kaleidoscopio inmoral (27-28).

Porras se equivoca parialmente porque la innovación central de El

Comercio es justamente la inserción continua de textos narrativos en su

sección de Folletín. Por otro lado, lo que el historiador condena enfáticamente48 no es sino una nueva configuración de los límites de lo

privado y lo público en una sociedad donde la cultura de lo escrito iba extendiéndose. Lo privado se hace público49 porque existe una masa de

lectores interesada en las venturas y desventuras de los personajes públicos más conocidos. Atribuye –Porras– la supervivencia del periódico a dos factores: a) mantenerse independiente en las constantes pugnas políticas y b) constante preocupación por asuntos de políticas nacionales institucionales (28). Finalmente, nos informa sobre los miembros de las tertulias de

48 Esta opinión ya era frecuente entre los adversarios contemporáneos del periódico. En el

No. 34 del 29 de diciembre de 1862 en un artículo anónimo de El Mercurio se acusa a El

Comercio de afán de lucro incesante y dar luz a inmoralidad, calumnia y obscenidad

ampliando el espacio concedido a la sección Remitidos y se comentaba irónicamente lo siguiente: “que El Comercio que siempre ha vivido en un fango pestilente, ha servido para purificar a la sociedad con los inmundos y deletéreos miasmas que ha desparramado en ella”.

49 López Martínez sostiene que la sección “Comunicados” fue tomada del modelo de

Le Presse de Emile Girardin, quien en 1938 empezó a aceptar anuncios de todo género sin

preocuparse por las divergencias políticas o sociales (29). Sin embargo, ya en La Miscelánea (1830-1833) de Felipe Pardo se aceptaba y promovía dicho sistema, tal como consta en el primer número “se insertarán todos los avisos y comunicados que se remitan y con tal que no ocupen sino diez lineas” (1: 1). En la parte superior del periódico, junto al nombre y al logotipo, siempre se publicaba lo siguiente: “las comunicaciones con que los ciudadnos gusten honrar nuestras columnas, seran atendidas con puntualidad y por precios comodos, guardando el mayor sigilo respecto a las firmas, salvo los casos que proviene del reglamento de imprenta”.

Amunátegui50 que normalmente colaboraban en su periódico: Domingo Elías,

José Gregorio Paz Soldán, Francisco Bilbao, Sebastián Lorente, José María Samper y, desde 1872, los más conspicuos miembros del civilismo. En la década del setenta, entre los colaboradores frecuentes de El Comercio destacan: Rodolfo Moncayo, Leubel, Samper, Manuel Ascensio Segura, Sánchez Silva, Bazán, Chacaltana, Camacho, Pardo, Márquez, Flores Chinarro, Espiell, Saavedra, Rafael Vial, de la Vega, Quinteros, Albarracín, Coronel Zegarra, Lorenzo García, Enrique y Guillermo Carrillo, Cazeneuve y los redactores principales eran José Vitrebo Arias, Paulino Fuentes Castro, Luis Carranza y José Antonio Miró Quesada (31).

Basadre señala que la fisonomía de El Comercio fue predominantemente económica y no política hasta antes de 1870. Se encuentran expresadas en él diversas posiciones políticas, proporcionaba información general, pero lo más distintivo era la sección “Comunicados” en la cual, previo pago de una pequeña cantidad, cualquiera podía dar a la publicidad su opinión sobre cualquier asunto personal o doctrinario (HRP, II: 295). El historiador de la república también menciona el testimonio del chileno Pedro Félix Vicuña, el cual sostenía en un libro publicado en 1847 que El

Comercio tenía 900 suscriptores y que

hombres, mujeres, todos leen y en cada correspondencia se hace una pausa donde hay comentarios, observaciones, risas, aplausos, burlas y se sigue de este modo hasta engullirse cuatro pesadísimas páginas (…)Desde las provincias lejanas (…) vienen las rencillas del prefecto, del gobernador, del aduanero; allí se admite todo, y los insultos, perfidias y cuanto pueda ofender no escasean. No creas que solo los grandes señores aquí leen; el artesano, el trabajador de toda clase ahorra para tener El Comercio y el más pobre lo busca prestado. El

50 Este heterogéneo círculo de escritores, juristas y políticos giró alrededor de Amunátegui

hasta 1875 (Porras, 1970: 32). En ese año, José Antonio Miró Quesada asume la dirección del periódico y se asocia con la empresa editora de Luis Carranza, sobrino de Amunátegui, y se abre una nueva etapa en este periódico (López Martínez, 1989: 219 y ss.).

que no sabe leer, escucha, entre los comentarios, discurre como los demás (II: 296).

Dato valioso porque 900 suscriptores en una ciudad que bordeaba los 80,000 habitantes constituye un porcentaje superior al 1% de la población, pero dadas las formas residuales de lectura colectiva en voz alta y la alta circulación interpersonal e interfamiliar del periódico, el número real de “lectores” era mucho mayor. López Martínez, que cita directamente el famoso pasaje de Pedro Félix Vicuña, precisa que el tiraje era de 1000 ejemplares (900 para suscriptores y cien para venta directa) y que la hora de salida de la edición era las seis de la tarde. También sostenía el testigo chileno que no solo los grandes señores leen, sino también el pueblo, el artesano y el trabajador de toda clase; “el que no sabe leer, escucha, entra en comentarios y discurre como los demás. Las mujeres toman gran parte en todas las cuestiones políticas” (citado por López Martínez, 1989: 68).

Otro rasgo clave de El Comercio es su vocación omniabarcadora, aunque el énfasis está colocado en temas económicos, prevalece cierta espectacularización de la noticia y la explotación de los conflictos y aspectos truculentos del orden político. No obstante lo anterior, sería injusto olvidar que

El Comercio también inició campañas valiosas en este periodo de

Amunátegui (1839-1875). Abogó decididamente por la abolición de la esclavitud, el mejoramiento de la condición de los indios y la afirmación del nacionalismo continental (HRP, II: 296). López Martínez añade a estas campañas, el interés por las polémicas doctrinarias (Herrera contra Laso) y la preocupación por la región de la Amazonía (62-5).

Existen dos artículos de costumbres de Manuel Ascensio Segura que representan las formas de lectura de los periódicos y la difusión de estos

entre los sectores populares. En “La montonera de Huacho” publicado en La

Bolsa (1841) se expresa claramente el carácter colectivo y ritual de la lectura

del periódico: “El muchacho se avalanza acezando al regazo de su madre, trayendo en la mano el periódico, que ésta pasó a don Agapito (el hombre de su confianza) para que leyese en voz alta” (1885: 15-16). En “Bernardino Rojas”, se refiere irónicamente a la seducción que ejercían los periódicos en los sectores populares. El criado del narrador de este texto no obedece a su amo porque “Si lo mando por cigarros me trae La Bolsa, y si por ropa limpia

El Comercio o El Peruano” (1885: 42). En el mismo texto se representa el

narrador leyendo El Comercio, lectura en voz alta y compartida con quien no sabe leer: amo lee a criado (1885: 43-44).

En 1842, la imprenta de El Comercio se amplió considerablemente y se emplea ya la prensa de vapor para mediados de esa década: esto indica la alianza entre tecnología y prensa. Este carácter moderno del periódico se confirma por la aplicación del modelo de Emile Girardin en Le Presse de París hacia 1830, con

el incremento de la venta por ejemplares sueltos que sirvió para expandir la circulación de los diarios; el desarrollo de los avisos que se vinculó al creciente poder de las actividades mercantiles, nervio del siglo XIX; y además, la implantación del folletín a través del cual el periodismo se alió con la literatura (HRP, II: 297).

Prado Chirinos (1974) precisa que El Comercio ingresa con dos páginas a la prensa limeña el 4 de mayo de 1839 y que no se editó entre 1881 y 1883 por la ocupación chilena. Los objetivos señalados expresamente eran: a) información sobre la vida comercial, b) información sobre asuntos políticos (tribunal, establecimiento de beneficios), c) comunicar acerca del teatro, literatura “y cuanto pueda conducir á la utilidad e instrucción de nuestros lectores” (1). El tercer aspecto tiene muy poca presencia en 1839,

pero se incrementa a partir de 1840 con las secciones “Folletín”, “Alcance” y ocasionalmente “Variedades”, “Remitidos” y “Poesía”.

Las informaciones internacionales se obtenían reproduciéndolas de periódicos y revistas del extranjero. En los primeros años destacan los ingleses Edinburgh Review, Literary Gazette; los españoles: El Correo de

Sevilla, Panorama Matritense, Revista de Madrid, Fígaro; los franceses: Le Siècle, Journal des Debats, Journal des Connaissances Utiles, Le Constitucional, Le Presse. De América, destacan: El Museo de ambas Américas (Chile), Memorias de la Sociedad Patriótica (La Habana), Panorama Tlascatelco (México). Del Perú: El Liberal (Trujillo), El Peruano (Lima), El Republicano (Arequipa), El Intérprete (Chile, pero redactado por peruanos), Argos (Lima), La Balanza (Lima). No he podido precisar el origen de estos

otros tres: El Tiempo, Correo Nacional, Instructor.

En síntesis, El Comercio, siguiendo los nuevos paradigmas de la prensa internacional, es el primer periódico peruano que se preocupa por ampliar su base social de lectores ofreciéndoles información comercial, controversias políticas personales sin censura y ficción narrativa. Los dos elementos innovadores son la abundante y constante presencia de textos narrativos publicados en forma de folletín y la sección Remitidos que permitía al lector común o al político manifestarse libremente y criticar acremente al gobierno o funcionarios públicos. La sección “Folletín” –como en El Genio del

Rímac– no se reservaba exclusivamente para textos narrativos, también se

publican artículos de crítica historiográfica (una reseña sobre un libro dedicado al historia de Venezuela), artículos de divulgación histórica (descubrimiento del café y su introducción en Europa), semblanzas de