Nos parece importante rescatar en los siguientes párrafos, la concep- ción acerca de la alienación y la explotación en la teoría marxista, de manera a analizar la realidad de los trabajadores de la industria de la seguridad privada, en este caso particular, a la luz de una teoría cuya actualidad y vigencia permanece hasta hoy.
Marx, a lo largo de su producción teórica, nos da los elementos nece- sarios para comprender el funcionamiento de la sociedad capitalista y los efectos que ésta produce en los trabajadores. Con respecto al traba- jo, actividad que, según el autor, el ser humano desarrolla desde sus orígenes, independientemente del modo de producción que examine- mos, afirma:
«El trabajo es, en primer lugar, un proceso entre el hombre y la natura- leza, un proceso en que el hombre media, regula y controla su metabo- lismo con la naturaleza».1
«El proceso de trabajo (…) es una actividad orientada a un fin, el de la producción de valores de uso, apropiación de lo natural para las nece- sidades humanas, condición general del metabolismo entre el hombre y la naturaleza, eterna condición natural de la vida humana y por tanto independiente de toda forma de esa vida, y común, por el contrario, a todas las formas de sociedad».2
1 Marx, K. El Capital. Tomo I. Vol. I. Siglo XXI Editores. México. 1999. Pág. 215. 2 Ídem. Pág. 223.
De esta manera, el autor afirma que es la acción del hombre sobre la naturaleza para satisfacer sus necesidades la que nos hace humanos y que esta actividad es el trabajo. Deja en claro que el hombre ha traba- jado desde su origen como especie y que lo seguirá haciendo, porque es lo que lo caracteriza y lo que le permite conseguir todo lo necesario para vivir (alimentación, vestimenta, casa-refugio, salud, educación, esparcimiento, etc.). De esta manera, rompemos el prejuicio de que trabajo es «la actividad que las personas realizan a cambio de un sala- rio». Allí tendríamos una forma de trabajo (el trabajo asalariado) pero no el trabajo.
La producción de las herramientas necesarias para extraer de la natu- raleza humana aquello que necesitamos para satisfacer nuestras nece- sidades es lo que nos diferencia de los demás animales. Es a partir del trabajo que el ser humano expresa su humanidad, su verdadera natu- raleza y todo lo que produce es expresión de su humanidad, es objeti- vación de su subjetividad, en un objeto externo a su productor. Si el trabajo es lo que nos hace humanos, en la sociedad capitalista, el mismo asume una forma particular a partir de las relaciones sociales de producción que caracterizan a este sistema, es decir, a partir de la propiedad privada de los medios de producción (en manos de los capi- talistas) y el trabajo asalariado (compra y venta de fuerza de trabajo). Estas relaciones sociales hacen que, por un lado, el trabajador no deci- da qué producir, cómo producir, cuánto producir, para quién producir, y por otro, que el producto de su trabajo, donde éste se objetiva, no le pertenece, sino que es propiedad de otro. Y por lo tanto, se relaciona con el mismo como con un objeto extraño.
Esto significa que el trabajador, en el sistema capitalista, no produce los objetos necesarios para satisfacer sus propias necesidades, sino para satisfacer las necesidades del capital. Si fuera de aquella manera, las personas trabajarían para sí mismas y no para otros. Así, el trabajador se encuentra alienado. A continuación, dos citas de Marx al respecto: «¿En qué consiste entonces la enajenación del trabajo? Primeramente en que el trabajo es externo al trabajador, es decir, no pertenece a su ser; en que en su trabajo, el trabajador no se afirma, sino que se niega; no se siente feliz, sino desgraciado; no desarrolla una libre energía físi- ca y espiritual, sino que mortifica su cuerpo, arruina su espíritu. Por eso el trabajador sólo se siente en sí fuera del trabajo, y en el trabajo, fuera de sí. Está en lo suyo cuando no trabaja y cuando trabaja no está en lo suyo. Su trabajo no es, así, voluntario, sino forzado, trabajo forzado. Por eso no es la satisfacción de una necesidad, sino solamente un me- dio para satisfacer las necesidades fuera del trabajo. Su carácter extra-
ño se evidencia claramente en el hecho de que tan pronto como no existe una coacción física o de cualquier otro tipo se huye del trabajo como de la peste. El trabajo externo, el trabajo en que el hombre se enajena, es un trabajo de autosacrificio, de ascetismo».3
«De esto resulta que el hombre (el trabajador) sólo se siente libre en sus funciones animales, en el comer, beber, engendrar, y todo lo más en aquello que toca a la habitación y al atavío, y en cambio en sus funcio- nes humanas se siente como animal. Lo animal se convierte en lo hu- mano y lo humano en lo animal».4
Si nos preguntamos qué ha llevado a los seres humanos a vivir en esta situación, si ha sido una cuestión de voluntad, de maldad de un pe- queño grupo, no podemos más que remitirnos al presupuesto materia- lista del autor en cuestión que nos plantea que es el propio desarrollo y evolución de la humanidad el que ha llevado a la misma a la construc- ción de esta sociedad, de la sociedad capitalista. En este sentido, dice Marx:
«Los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen según libre arbitrio, en circunstancias elegidas por ellos mismos, sino en aquellas circunstancias con las que se encuentran directamente, que existen y les han sido legadas por el pasado».5
Ya en un pasaje de otra de sus obras, afirma:
«(…) en la producción social de su vida los hombres establecen deter- minadas relaciones necesarias e independientes de su voluntad, rela- ciones de producción que corresponden a una fase determinada de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales».6
En la sociedad capitalista, cuando afirmamos que los trabajadores son explotados, nos referimos al hecho de que el capitalista, al comprar la fuerza de trabajo de los mismos, tiene el derecho de consumirla como cualquier otra mercancía que se compra en el mercado. Pero lo que distingue a la mercancía fuerza de trabajo de las demás mercancías es que ella es la única capaz de producir valor, y es más, producir más valor de lo que ella misma vale. Con esta acción, el trabajador produce su propio salario y, al mismo tiempo, un valor más allá de su fuerza de
3 Marx, K. Manuscritos Económicos y filosóficosde 1844. 4 Ídem.
5 Marx, K. y Engels, F. El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte. Obras Escogidas. Tomo I. Editorial Cartago. Buenos Aires, 1987. Pág. 288.
6 Marx, K. Prólogo a la Contribución a la Crítica de la Economía Política. Obras Escogidas. Tomo I. Editorial Progreso. Moscú, 1976. Pág. 517.
trabajo. Y este valor a más, o plusvalía, es apropiado por el capitalista y es a partir del cual que el mismo consigue su ganancia y construye su riqueza privada. Es decir, la riqueza del capitalista es producida por los trabajadores.
Este concepto de explotación se funda en la relación que establecen los seres humanos en la producción de la vida social, donde un peque- ño grupo poseedor privado de los medios de producción se enriquece gracias al trabajo de la mayoría, poseedora nada más que de su fuerza de trabajo.
En primer lugar, el capitalista explota al trabajador a partir de la apro- piación de la materia prima y de los medios de producción, así como de la plusvalía producida por éste; pero en segundo lugar, lo explota como mercancía, considerándolo un simple apéndice de la maquina- ria, una pieza más del engranaje de la producción. En esta segunda forma de explotación, el trabajador pierde toda autonomía personal y toda posibilidad de encontrar satisfacción en el trabajo. El capital no sólo se apropia de la plusvalía sino que se convierte en una fuerza tangible que exprime la vida misma del trabajador y mutila sus talen- tos: el trabajo, su propia actividad, se convierte en el medio de su alie- nación.
Así, para Marx, la explotación capitalista no se da porque el patrón le pague bajos salarios y haga trabajar muchas horas al trabajador, se da en la misma relación que se establece de contrato de fuerza de trabajo a un valor determinado para la producción de cualquier mercancía durante una cierta jornada donde el producto del trabajo pertenece al patrón, por lo tanto, la ganancia que vendrá de aquél, será para éste. He ahí el objetivo del capitalista, ganar gracias al trabajo de los otros. El caso de los trabajadores de la seguridad privada constituye para nosotros un paradigma, porque las condiciones en que se desempeña su labor distan mucho de aquellas que el mismo Código Laboral indi- ca, como ser la extensión de la jornada laboral, el valor de la fuerza de trabajo (salario mínimo), tiempo de descanso, condiciones de salubri- dad, etc., que en este caso particular nos muestran el grado de explota- ción en el que se encuentran, las cuales contribuyen a aumentar la ganancia de los capitalistas del sector. Además, las relaciones laborales entre patrones, clientes y trabajadores de la seguridad privada que se establecen, refuerzan aquel sentimiento de insatisfacción y desconten- to característico del trabajo alienado, como intentaremos demostrar a continuación.