EL EGO ADQUIERE PREDOMINIO
El conflicto edípico se produce en una. etapa crucial del desarrollo de lapersonalidad, entre los tres y los seis años. Hasta los seis años, el individuo puede ser considerado un niño, en el sentido de que aún está intensamente gobernado por el principio del placer y su ego o "yo" está bastante identificado con su cuerpo. Fisiológicamente, aún funciona con sus dientes de leche. Pero este estado cambia después de los seis años. El niño se convierte en un joven preparado para el proceso de aculturación. En muchas sociedades, la escolaridad comienza en este momento, ya sea de manera sistemática o en la casa. Por ejemplo, los indios norteamericanos no se empeñan en enseñarle al niño las maneras adecuadas de actuar en cuanto miembro de la sociedad hasta los seis años de edad. También en la cultura japonesa esa edad marca el término de un período de indulgencia y el comienzo de una formación seria. En los Estados Unidos, tradicionalmente, la educación formal comienza a los seis años. Podemos presumir que el ego ya se ha desarrollado hasta el punto de ejercer dominio sobre el cuerpo y sus acciones, en nombre del principio de realidad.
Para comprender por qué este desarrollo está asociado en nuestra cultura al conflicto edípico, necesitamos examinar el proceso histórico que condujo al surgimiento de la conciencia del ego. De la misma manera en que, en el nivel físico, la ontogenia resume la filogenia, el desarrollo de la personalidad recapitula la historia cultural de la humanidad. La leyenda de Edipo se asienta en un cruce cultural de caminos, marcando el surgimiento del hombre moderno, que ha desarrollado su conciencia del ego, y se ve a sí mismo como un actor consciente en el drama de la vida, en tanto que sus predecesores
se sentían parte integrante de un orden inmutable, dentro del que estaba predeterminado su lugar. Este cambio en la conciencia está simbolizado en la leyenda de Edipo.
Erich Fromm exploró la significación histórica de Edipo, basando sus observaciones en las famosas obras de Sófocles acerca del mito, Edipo rey, Antígona y Edipo en Colono. Fromm dice: "El mito debe entenderse como un símbolo, no del amor incestuoso entre madre e hijo, sino de la rebelión del hijo contra el padre autoritario de la familia patriarcal. El matrimonio de Edipo y Yocasta es sólo un elemento secundario, sólo uno de los símbolos de la victoria del hijo, quien ocupa el lugar del padre y, con él, recibe todos sus privilegios".57 Fromm basa parte de su teoría en el hecho de que el mito no hace mención a deseos o sentimientos sexuales por parte de Edipo hacia su madre. Su matrimonio con Yocasta no se produjo porque él sintiera un amor especial hacia ella, sino que fue uno de los premios que recibió al descifrar el enigma de la Esfinge y librar a la ciudad de su ruina. La otra parte de su argumentación descansa en la existencia de un conflicto entre un padre y su hijo en cada una de las tres obras. En Edipo rey, como hemos visto, el hijo recién nacido es considerado una amenaza por el padre. Años más tarde, desconociendo su mutua identidad, luchan y el padre resulta muerto. En Edipo en Colono, que se refiere a los últimos años de vida del protagonista, hay una violenta discusión entre Edipo y su hijo Polinice, quien ha acudido hasta él solicitando ayuda para destronar a su hermano Etéocles, quien ha llegado a ser el gobernante de Tebas. Edipo está furioso con Polinice y maldice a sus dos hijos. Más tarde ambos hermanos se matan mutuamente.
En Antígona, Creonte, ahora regente de la ciudad de Tebas, es atacado por su hijo Hemón debido a su crueldad al condenar a muerte a Antígona. En esta obra, Fromm encuentra la clave del mito de Edipo: "Creonte representa estrictamente el principio autoritario, presente tanto en la familia como en el Estado, y es contra este tipo de autoridad que se rebela Hemón. Un análisis del conjunto de la trilogía dé Edipo demuestra que la lucha contra la autoridad paterna es el tema central, cuyas raíces se remontan a la antigua lucha entre los sistemas sociales matriarcal y patriarcal".58
Concuerdo con Fromm en que el mito tiene una profunda 57 Erich Fromm, The Forgotten Language, NuevaYork: Rineharty Co., 1951 p
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significación social. Al hablar de una lucha entre la sociedad patriarcal y la matriarcal, Fromm no está sugiriendo que el conflicto sea entre el hombre y la mujer por el dominio de la sociedad, sino que es una lucha entre filosofías antagónicas, principios opuestos y sistemas religiosos que se contradicen. En la obra Antígona, Creonte representa el principio patriarcal y Antígona el matriarcal. Fromm define estos dos principios opuestos de la siguiente manera: "El principio matriarcal es el del parentesco de sangre como lazo fundamental e indestructible, el de la igualdad de todos los hombres y el respeto por la vida humana y por el amor. El principio patriarcal consiste en que los lazos entre hombre y mujer, entre gobernante y gobernado, son superiores a los lazos de sangre. Es el principio del orden y la autoridad, de la obediencia y la jerarquía".
La lucha entre ambos sistemas se produjo al comienzo de la civilización, representando la ruptura entre las modalidades de vida bárbaras y las civilizadas. En la etapa previa a la civilización, la sociedad se regía por el principio matriarcal. Sin embargo, la descripción que hace Fromm de esta etapa es demasiado idealista. Dice que se respetaba la vida, pero no la vida individual, la que podía sacrificarse por el bien común. En muchas sociedades precivilizadas se practicó el sacrificio de animales e incluso de seres humanos, cuya sangre se esparcía en la tierra para promover la renovación de la vida. El parentesco, determinado a través de la madre, constituía la consanguinidad, en tanto que el papel del padre en la concepción era generalmente desconocido; éste era un extraño en la familia y carecía de derechos. El responsable del hogar era el hermano de la madre. Se creía que la concepción se producía cuando el espíritu entraba al cuerpo de la mujer que, como la tierra, era la dadora de la vida, y la sangre, la esencia vital. Sin embargo, en este sistema no había conflictos entre cultura y naturaleza o entre el ego y el cuerpo.
Erich Neumann, analista junguiano, ofrece otra interpretación del mito de Edipo, considerando la leyenda como la historia del acceso del ego al poder y su desafío al inconsciente. Dice: "El mundo que el naciente ego de la humanidad experimenta es el mundo del matriarcado de J. J. Bachofen",59 cuyo representante es la Esfinge, a la que describe como "el enemigo ancestral, el dragón del abismo, que representa el poder de la Madre Tierra en su aspecto urobórico".60 Esta 59 Erich Neumann, The Origin and History of Consciousness, Nueva York-
Pantheon Books, 1954, p. 39 60 Ibid, p. 167.
expresión se refiere a la naturaleza tal como la experimentó el hombre primitivo, en su doble aspecto de dadora de alimentos y de despojadora, de protectora y destructora, de dar y quitar la vida. La naturaleza era la gran fuerza desconocida, ante la cual el ego del hombre primigenio estaba desprotegido y pasmado, y también era la naturaleza del hombre mismo, el gran inconsciente, contra el que luchaban el ego y la conciencia. Estas condiciones caracterizaron a la humanidad en su etapa de caza y recolección, antes del desarrollo de la civilización, que fue el resultado de la domesticación de los animales y el cultivo de la tierra.
A lo largo de los primeros años de la civilización, el principio matriarcal siguió siendo el predominante. Este período se representa en la mitología a través de una diosa dominante, y un joven dios masculino que es a la vez su hermano y amante. Atis, Adonis, Tamuz y Osiris son ejemplos de dioses jóvenes que, nacidos de la Gran Madre, se convierten en sus amantes, mueren y renacen nuevamente a través de ella. Estos dioses jóvenes son símbolos de la vegetación que surge de la tierra cada primavera (nacimiento), regresa a la tierra en otoño (muerte) y renace al año siguiente. En esta etapa, el ego tiene un carácter juvenil y, si bien está más desarrollado que el ego infantil del hombre primitivo, es aun en gran parte un yo corporal, carente de la voluntad que le permitiría instaurar su poder sobre el cuerpo y el inconsciente. Para Neumann, el significado de Edipo radica en que "sólo con él se quiebra el lazo fatal que une a la Gran Madre con el hijoamante''.61 Representa la victoria del ego sobre el inconsciente.
Debido a que el inconsciente, a través de su asociación con el cuerpo, se identifica con la tierra y la naturaleza, tiene una connotación femenina. La conciencia y el ego, como conceptos opuestos a los anteriores, asumen una connotación masculina. Esto permite a Neumann establecer la diferencia entre el patriarcado y el matriarcado en términos psicológicos. Señala: "Usamos la palabra 'patriarcado' para significar el mundo del espíritu predominantemente masculino, el sol, la conciencia, el ego. Por otra parte, en el 'matriarcado' reina la supremacía del inconsciente y aquí el rasgo predominante es una forma de pensamiento y sentimiento preconsciente, prelógico y preindividual".62
En su libro El origen de la conciencia en el quiebre de la mentalidad bicameral, Julian Jaynes sé refiere al mismo tema, 61Ibid, p. 81
situando este cambio en la etapa final del segundo milenio a. C.. Sin embargo, Jaynes no se refiere a la conciencia en general, sino a la autoconciencia o conciencia del ego. Señala que en La Ilíada no hay referencias a un yo capaz de reflexionar o de tomar decisiones deliberadas o conscientes. Las acciones de los personajes principales de esta obra son dirigidas por los dioses y no la expresión de un sentido volitivo personal. Lo anterior lleva a Jaynes a decir que el héroe de la Ilíada "no tiene ningún tipo de yo".
Jaynes desarrolla algunas ideas interesante acerca de las bases neurológicas del desarrollo del ego, postulando que los dioses son funciones mentales asociadas al lado derecho del cerebro y que éstas hablan al hombre (funciones del lado izquierdo del cerebro) bajo la forma de alucinaciones auditivas. Utiliza el término bicameral para señalar la existencia de dos centros cerebrales, los hemisferios derecho e izquierdo, que si bien normalmente están conectados e integrados entre sí, pueden funcionar independientemente. Jaynes sostiene que el hombre de la civilización primitiva estaba gobernado por estos dos centros: el hemisferio derecho (lado de los dioses) impartía directivas para la acción que el: hemisferio izquierdo (lado del hombre) llevaba a cabo.63
La investigación neurológica moderna ha demostrado que los dos hemisferios cumplen funciones diferentes. Durante algún tiempo se creyó que el hemisferio izquierdo, en las personas diestras, contenía los centros de la expresión oral del lenguaje. Quienes sufren una lesión en estas áreas del lenguaje pierden la capacidad para articular y enunciar la palabra hablada y para construir ideas significantes. Sin embargo, el reconocimiento del lenguaje es bilateral. Los nuevos descubrimientos se refieren a la función del hemisferio derecho. Una lesión en este hemisferio daña seriamente la capacidad del individuo para las relaciones espaciales, distorsionándose el reconocimiento de las figuras. Jaynes describe así la diferencia de funciones entre los dos hemisferios: "El hemisferio derecho está más vinculado con tareas sintéticas espacioconstructivas, mientras que el izquierdo es más analítico y verbal. El hemisferio derecho, tal vez como los dioses, ve las partes como significativas sólo dentro de un contexto, considera el todo; mientras que el izquierdo, o hemisferio dominante, como el lado del hombre en la mente bicameral, considera las partes en sí 63 Julian Jaynes, The Origin of Consciousness in the Breakdown of the
mismas".64
No hay razones para pensar que el hemisferio izquierdo haya sido siempre el dominante; lo es en el hombre civilizado, para quien el análisis, el lenguaje y la manipulación de objetos (funciones todas del hemisferio izquierdo) son los aspectos dominantes del comportamiento. Pero incluso entre un hombre y otro, el grado de predominio de este hemisferio varía. Algunas personas son más intuitivas y creativas (funciones del hemisferio derecho) que otras. Por ejemplo, los pintores y compositores tienen menos relación con las palabras y el análisis que con los patrones sensitivos, expresándose en una forma no verbal. En líneas generales, la diferencia entre los dos hemisferios puede compararse con la que existe entre la actitud racional del científico y la actitud intuitiva del artista. Creo que el hombre primitivo estaba más próximo al temperamento artístico que al científico. Su trabajo era más creativo que productivo; hacía cosas no sólo para usarlas, sino también para expresar su personalidad y sus creencias. Cada producto era una obra de arte. El mundo de la mente primitiva era bastante diferente al nuestro. No era un mundo de objetos independientes, sino que en él cada cosa era considerada en relación con el todo y como parte de éste. El individuo mismo no estaba separado; la individualidad, en tanto concepto, no existía en la mentalidad primitiva, tal como lo señalara Neumann. La existencia o el ser dependía de la pertenencia, que Lévy Bruhl describió como "participación mística" en el proceso de la vida y la naturaleza. En este sistema, el cazador y su presa estaban unidos, ambos eran parte del orden natural. El éxito de la caza no se consideraba como el simple resultado de la capacidad individual, (puesto que dicha capacidad no siempre tenía éxito, sino de una guía divina o sobrehumana. Así, la cacería era siempre precedida por una ceremonia religiosa o mágica, que también seguía a la caza exitosa. Puesto que el hemisferio derecho es nuestro medio de aprehensión del todo, debía ser la morada de los dioses como declara Jaynes—, pues ellos representaban el todo o sus aspectos. Mientras los dioses dominaron la vida humana, hubo un cierto grado de predominio del hemisferio derecho en el hombre. El concepto del matriarcado es similar a la cosmovisión propia del mundo del hemisferio derecho. El matriarcado fue depuesto y el hemisferio derecho fue subordinado cuando crecieron en importancia las funciones del hemisferio izquierdo: la habilidad para 64 Ibid. 119
manipular objetos, función de la mano derecha; el creciente uso de palabras para describir y comprender las cosas, y la capacidad de analizar las relaciones. Jaynes sostiene que los trastornos sociales y materiales que se produjeron en la última etapa del segundo milenio a. C. fueron los causantes de una ruptura de la mente bicameral, que trajo como consecuencia el desarrollo de la conciencia del ego. Estos acontecimientos fueron, indudablemente, un factor precipitante, pero la causa subyacente del cambio fue el aumento de las funciones del hemisferio izquierdo, que se identifican con el principio patriarcal, como hemos visto.
El cambio puede describirse también como el pasaje de una posición subjetiva a una objetiva. El hombre se separa del todo, lo que le permite tener una visión objetiva de la naturaleza, tanto dentro como fuera de sí mismo El ego comienza por ser un observador del sí mismo y acaba controlándolo y dominándolo. El ego alcanza ese poder mediante la razón y la voluntad, funciones ambas que se reflejan en la historia de Edipo. Tanto Layo como Edipo aplicaron su voluntad para evitar la profecía del oráculo, o sea, para eludir su sino. Esta acción caracteriza al individuo con un yo medianamente desarrollado. El hombre bicameral de Jaynes o el primitivo habrían obedecido la voz o el deseo de los dioses. Por otra parte la respuesta de Edipo al enigma planteado por la Esfinge fue una respuesta que sólo puede describirsecomo verbal, analítica y lógica. De todo lo anterior podemos concluir que la leyenda de Edipo relata el comienzo del predominio del ego y del orden patriarcal. Sin embargo, esta victoria del ego y del patriarcado no fue absoluta; no significó la desaparición de las deidades terrestres, asociadas al orden matriarcal, si bien fueron degradadas y quedaron en una posición inferior en la jerarquía del poder. El resultado fue la creación de una antítesis entre cultura y naturaleza, entre el ego y el cuerpo, entre el pensamiento racional y la sensibilidad intuitiva. Esta antítesis produjo una tensión dinámica que posibilitó el desarrollo de la cultura, pero que también incluye un potencial destructivo, bajo la forma de un conflicto. El sistema patriarcal se caracteriza por el conflicto entre el individuo y la comunidad, entre el hombre y la mujer y entre padres e hijos. La historia de Edipo, en la versión de Sófocles, se refiere al conflicto entre padres e hijos, pero, en un nivel más profundo, versa también sobre el conflicto presente en la personalidad misma de Edipo.
próspero durante veinte años, pero las Erinias, como se llama a las hadas en la obra, esperaban. Lanzaron una plaga sobre la ciudad, llevando al fin al descubrimiento de que Edipo era él asesino de su padre y el esposo de su madre. Horrorizado por este descubrimiento, Edipo se arranca los ojos y abandona Tebas, convirtiéndose en un vagabundo. Durante mucho tiempo me intrigó este aspecto de la historia. ¿Por qué las Erinias castigaron a Edipo por los actos de parricidio e incesto, crímenes contra el orden patriarcal, con el que las Erinias no tenían intereses en común? Me di cuenta de que la transgresión que ellas estaban castigando realmente y por la que Edipo debía sufrir era la destrucción de la Esfinge. La Esfinge era una de las diosas madres, importada de Egipto, que se instituyó como deidad benéfica. Para el ego en desarrolló de los griegos, era un monstruo porque pedía sacrificios humanos. Pero en tanto diosa de la tierra, devoraba a todos sus hijos, por cuanto al morir regresaban todos á la tierra. Las diosas femeninas del orden matriarcal eran quienes regían la vida y la muerte (las parcas tejedoras de la vidas). Mientras estos procesos siguieron siendo un misterio, el hombre respetó a la mujer y a la madre. Al descifrar el enigma de la Esfinge, Edipo eliminó el misterio del que dependía su poder. De todos los héroes griegos, sólo él actuó sin la ayuda de un dios olímpico, por lo que su conquista representa la victoria de la mente racional. Opuso el conocimiento al misterio y el valor al miedo. Por este acto, se convirtió en el primer hombre moderno. A los ojos del mundo matriarcal, el verdadero crimen de Edipo fue la arrogancia del conocimiento y del poder. Así, Sófocles hace decir de él al coro: "...miradle: es Edipo, el que resolvió los intrincados enigmas y ejerció el más alto poder; aquel cuya felicidad ensalzaban y envidiaban todos los ciudadanos. ¡Vedle sumirse en las crueles olas del sino fatal!".65 Es arrogancia creer que se puede manipular el sino. Es arrogancia creer que se tiene la respuesta a todos los misterios. Edipo pensó que