4. Marco teórico
4.3. El delito ¿Cómo se genera?
Ya se ha hablado sobre el temor que el delito les provoca a los ciudadanos y por ende a los entornos, objetiva o subjetivamente. Pero vale la pena revisar frente a qué estamos luchando y especialmente sobre qué se fundamenta.
Resulta obvio por lo expuesto en anteriores apartados, que el delito sea distinguido como el hecho que vulnera la integridad de los individuos. De este modo, el hecho, el suscitāre o la perpetuación delictiva, de otra forma, es lo que se ha catalogado como el riesgo real, y que de presentarse en repetidas ocasiones puede ser estadísticamente medible.
En el Ecuador, actualmente se considera como infracción penal, y puede ser catalogado como delito o contravención. De esta forma el delito en el Ecuador, es aquella infracción penal o conducta típica, antijurídica y culpable, sancionada con penas privativas o no privativas de libertad mayores o menores a treinta días (Registro Oficial N°180, 2014).
Sin embargo, el delito reúne condiciones básicas para poder ser perpetrado. Una de las más fiables proposiciones es la Teoría de las Actividades Rutinarias (Felson & Clarke, 1998), que
establece que para que un delito tenga lugar, es necesario que se presenten 3 factores o condiciones lo suficientemente favorables en espacio y tiempo:
Ilustración 7: Triangulo de análisis del delito (Felson & Clarke, 1998). Elaboración propia Según este esquema, el entorno propicio para que un delito se perpetúe, debe tener un agresor lo suficientemente motivado para delinquir, un objetivo lo suficientemente susceptible o vulnerable y la falta o inexistencia de observadores que impidan el hecho. De este modo, lo que se ha expresado como entorno propicio para el hecho delictivo, se convierte en la oportunidad del delito (Felson & Clarke, 1998).
Para efectos de este trabajo, la oportunidad será uno de los conceptos clave en la reducción del miedo, ya que mientras menos oportunidad exista para que se suscite un hecho delictivo, menor será la probabilidad de que se presente, y por ende, menor será el impacto sobre el miedo ciudadano.
Otra teoría que fundamenta las oportunidades delictivas es la Teoría del patrón delictivo. Esta se sustenta en el análisis de cómo se mueven los objetivos de un delito en el espacio y en el tiempo. De esta premisa se desprende que, los nodos son los lugares donde y hacia donde se trasladan los objetivos (hogar, escuelas, zonas de ocio), las rutas entre ellos, especificando que los delitos no solo se cometen en esos lugares precisamente, sino también cerca de ellos. Adicionalmente, la teoría agrega el concepto de los límites, entendido como las áreas donde las personas habitan, trabajan o buscan entretenimiento, porque en esos puntos es común que se encuentren personas que no se conocen entre ellas.
Una última teoría, la Teoría de la elección racional, se basa principalmente en que el delito es una acción premeditada e intencional, que genera algún tipo de beneficio al infractor. De cierto modo, somete al delincuente a un análisis racional de su proceder, analizando el costo que le supondría delinquir, versus el beneficio que va a obtener, aunque sea por la mínima cantidad de tiempo.
Entre las tres teorías, y resumiendo sus contenidos, se explica claramente que desde la sociedad en general, así como desde el ámbito local, se pueden cambiar las oportunidades para cometer delitos, y que los delincuentes tomarán decisiones en respuesta a tales cambios (Felson & Clarke, 1998).
4.4. ¿Qué tipo de delito enfrentamos?
Según lo anterior, habiéndose cumplido todos los requerimientos para el delito, lo que faltaría, es destacar de entre todos los tipos de delitos que pueden ser perpetuados, cuales se perpetúan en el espacio público y cuales son motivados por la ineficiencia y mala calidad de este.
Es importante destacar nuevamente que, el entorno construido, como se ha evidenciado, es una condicionante que es generada de forma colaborativa, por actuaciones públicas y privadas, por lo que excluirla como factor que favorece a los delitos, sería menospreciar su capacidad preventiva.
Para efectos de este trabajo, el tipo de delito a abordar, es aquel que reúne los requisitos para influir sobre el uso y percepción del espacio público. De este modo, los delitos a enfrentar son aquellos que se conocen como “delitos situacionales” o “delitos de oportunidad” (Felson & Clarke, 1998):
…lo que significa que requieren que se den unas condiciones ambientales específicas. Estos delitos incluyen el robo, atracos y la violencia personal. Estos delitos requieren que el delincuente esté en el
“lugar oportuno en el momento oportuno” y que la(s) víctima(s) estén en ese mismo lugar en ese mismo momento. Sin embargo, para la víctima es el lugar equivocado y el momento equivocado. (Stephens,
s.f.)
Ahora bien, como se ha puesto de manifiesto, el miedo no precisamente es causado por la perpetuación delictiva (inseguridad objetiva), sino también por el incremento de la posibilidad que ocurra (inseguridad subjetiva). Para esto, es importante también esclarecer que, los incivismos o los actos incívicos, son parte del problema. No precisamente son un delito (lo cual ha generado debates polémicos), sin embargo si es una condicionante para el miedo (Wilson & Kelling, 1982), lo cual no desvía el enfoque de este trabajo. De esta manera, los incivismos:
…son hechos contrarios al orden y el bienestar social. Proporcionan miedo, bien real o imaginario. La persona que siente miedo a salir por la noche es igual de víctima de los actos incívicos que la persona
que verdaderamente es robada. El efecto sobre el medio físico es que posibilita el control del entorno
por parte de los autores de actos incívicos (Stephens, s.f.).