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ANTECEDENTES TEÓRICOS Y CONTEXTUALES

1. ENFOqUE SISTÉMICO COMUNICACIONAL

1.5 El Diagnóstico desde el Discurso Familiar

Teóricamente, es función de la intervención facilitar la producción de prácticas asociativas para modificar el escenario en el que se dan dinámicas de violencia, abuso y/o negligencia.

Por lo cual, la necesidad de realizar diagnósticos a partir de la red de conversaciones del sistema familiar se explica porque, a través de las redes, pueden observarse con mayor nitidez las capacidades prácticas que poseen los padres para satisfacer las necesidades de sus hijos.

Al desplegarse la intervención al modo de una investigación de las circunstancias cotidianas de una familia, no ha de extrañar que sea en los discursos de sus miembros y en sus interacciones, que se tenga la oportunidad de observar/escuchar como cada uno de ellos se refiere a las acciones que despliega a favor del resto de los miembros de la familia y visualizar las prácticas parentales y las necesidades especificas de los niños y niñas.

En el discurso de los padres o adultos significativos que rodean a los niños puede encontrarse evidencias de «una parentalidad sana, competente y bien tratante» a «una parentalidad incompetente y mal tratante» (Barudy y Dantagnan, 2005).

Ante la parentalidad incompetente y mal tratante, corresponde a la intervención facilitar a los padres una escucha de su propia «conti- nuidad del sentir con los otros y de pensar con los otros» cuestión que «implica diferentes desafíos, entre ellos, el de elegir el sistema más idóneo para actuar» (Barudy, 2001).

En otras palabras, la meta —y no el objetivo— de la intervención es posibilitar a los padres, como también a los hijos, la capacidad de reencontrarse con su sentir en relación a los otros, pero más impor- tante aún, posibilitar al sistema familiar inaugurar nuevas directrices procedimentales para hacer frente a las dificultades y problemas que afectan su cotidianidad.

Las evaluaciones diagnósticas a realizar, además de concentrar- se en el estilo parental, han de observar los distintos subsistemas3 existentes al interior de la familia considerando su dimensión histó- rica y su dinámica actual.

3 Estos normalmente se configuran en base a relaciones diádicas en- tre sus integrantes a partir de variables como: generación, sexo, interés o función.

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Subsistemas a nivel familiar. Conyugal

Parental: madre/padre o cuidador – niño; Fraternal: hermano – hermana La existencia de subsistemas pro-

duce a nivel de organización fa- miliar fronteras o límites internos que dividen la estructura de las familias. La noción de límite apun- ta a las reglas que definen las ca- racterísticas de cada subsistema. En consecuencia, su identifica- ción adquiere gran importancia para los Consejeros, ya que les permite abordar y comprender los roles, las funciones, la jerarquía y el modo específico de operar de cada miembro de la familia.4

4 En el Capitulo 2 y 3 en torno al Diagnóstico e Intervención se plan- tean instrumentos específicos en relación al tema de los límites y a las características de la estructura y del funcionamiento familiar.

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Hay que tener en cuenta en el marco del diagnóstico y

de la intervención, que el individuo pertenece a dife- rentes subsistemas y sis- temas, en los cuales posee diversos roles y niveles de poder que inciden direc- tamente en su comporta- miento y en sus competen- cias parentales. Por lo cual, se debe buscar tener la mayor cantidad de antece- dentes de cada caso para lograr una caracterización lo más completa posible de los padres, cuidador, niño y familia; para la elaboración de una evaluación acabada y un plan de trabajo oportu- no y pertinente.

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1.6 Problematización de la Intervención

en Competencias Parentales

La importancia y relevancia de la intervención, más allá de las eva- luaciones diagnósticas y de los planes generales y específicos de acción, se produce cuando padres, madres o cuidadores, se en- frentan emocionalmente con su desempeño y son capaces de eva- luarse a sí mismos en relación a las necesidades de sus hijos o niños a cargo.

La alianza entre los profesiona- les y los padres o cuidadores, es aquello que permite concre- tar este proceso de evaluación. Cabe destacar, además, que esta alianza es posible sólo sí los pro- fesionales no despliegan juicios morales condenatorios sobre el desempeño de los padres o cui- dadores, no significando ello que se obvien las incompetencias pa- rentales y los malos tratos acaeci- dos sobre los niños y niñas. Así como la intervención afecta al sistema y a sus subsistemas, es prudente que en ocasiones el tratamiento considere tratar a los subsistemas por separado, incluso más, en algunas oportunidades, lo prudente es intervenir y trabajar con un enfoque individual sisté- mico. Este tipo de resguardo se utiliza con el fin de proteger a los miembros de la familia que son susceptibles de ser manipulados por quienes sustentan el poder en su interior y son responsables de los abusos y de la violencia.

La estrategia individual sistémica «consiste en facilitar procesos re- paratorios de los múltiples traumatismos de las víctimas y ayudar- les al mismo tiempo a crear nuevas formas de familiarización con aquellos miembros de la familia que se impliquen en los procesos de rehabilitación» (Barudy, 2001). La intervención, en el sentido re- cién descrito, asume como parte de su proyecto la re-familiariza- ción, motivo por el cual considera como recurso, a los miembros de la familia que actúan de un modo acogedor para con los niños mal tratados. En algunas circunstancias, pueden contemplarse también personas significativas del barrio o de los establecimientos educa- cionales.

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Es responsabilidad del consejero comunicar siem-

pre las incompetencias ob- servadas y permitir a los padres o cuidadores re- flexionar y hacerse cargo de ellas.

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1.7 El Sentido de la Intervención

La dimensión ética del enfoque Sistémico – Comunicacional permi- te a los Consejeros Familiares organizar siempre la intervención en torno a la protección de los niños y niñas. De esto se sobreentiende que «el foco de la intervención no es conservar la familia en tanto institución sino restablecer una dinámica de respeto y de protección de todas las personas, fundamentalmente los más vulnerables» (Barudy, 2001).

Interrumpir el abuso y la violencia, por una parte, y por otra, preser- var a los miembros más vulnerables, son las condiciones mínimas de una intervención que se despliega desde la óptica de una cultura del buen trato. En consecuencia, es tarea de la intervención inculcar un aprendizaje significativo orientado al respeto de las diferencias, las reglas y la negociación. Restablecer la dinámica de respeto y de protección es, en definitiva, un modo de generar en los miembros de la familia intervenida un adecuado sentimiento de pertenencia y autonomía.

La intervención sistémica tiene como obligación promover un apren- dizaje del respeto, de lo contrario —y como lo señala Reynaldo Perrone— aparece lo violento en la singularidad y deseos de cada persona. El tratamiento especializado tiene, por tanto, una triple fi- nalidad con respecto a la protección de la salud mental y física de los afectados:

1. Contribuir a la reparación del daño traumático (físico, psicoló- gico y social) y sus consecuencias negativas en los procesos de aprendizaje y desarrollo. Cabe destacar que, en no pocas oportunidades los daños o traumas no son significados desde el evento concreto (ejemplo, violencia intrafamiliar, negligen- cia, abandono, etc.) sino, por el contrario, adquieren significa- ciones por la ausencia de factores protectores (en el caso del abuso sexual, por ejemplo, una madre que a pesar de intuir lo sucedido no quiere ver ni creer que ello haya pasado, genera más daño para el niño/a que el propio abuso). Por tanto, repa- rar los daños y sus consecuencias negativas implica recons- truir el trauma subjetivo más que el trauma en su dimensión concreta.

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2. Prevenir y contrarrestar el daño iatrogénico5 de las interven-

ciones de protección tardías o inadecuadas. Los daños ia- trogénicos son aquellos que han sido provocados por los in- terventores o bien por el tratamiento o las intervenciones (ya sea por una mala planificación, un cierre mal trabajado o ne- gligencias de todo tipo). En consecuencia, es responsabilidad del Consejero Familiar analizar continuamente los efectos de su intervención tanto en forma como en contenido.

3. Facilitar y potenciar las capacidades de resiliencia de los ni- ños. Los Consejeros Familiares deben aportar apoyo afectivo e instrumental a los niños y niñas, además de generar un espacio adecuado para, a partir de sus recursos y fortalezas, transformar constructivamente las situaciones vividas.

Asimismo, el tratamiento en su lógica sistémica ha de encargarse de «la rehabilitación de las prácticas abusivas para contribuir a mo- dificar los circuitos de violencia» (Barudy, J; Op. Cit; 2001).

En síntesis, los mecanismos de la intervención han de desarrollar un manto que proteja a los niños de su propio sufrimiento, puesto que en no pocas oportunidades estos «se traducen en conductas agresivas o autolesivas, comportamientos disruptivos, trastornos disociativos, dificultades de aprendizaje, precocidad o promiscui- dad sexual, entre otros» (Barudy, J. y Dantagnan, M., 2005). En este sentido, el enfoque Sistémico - Comunicacional, prioriza en la intervención:

1. La necesidad de introducir cambios en el funcionamiento glo-