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El Docente en la Universidad Intercontinental es el profesionista que, consciente de su propio proceso personal, ejerce su profesión en perspectiva educativa y en función de la persona del otro para promover su formación integral. Se mencionan a continuación los conceptos centrales para el modelo educativo.

Los profesores de la UIC, a través de su tarea cotidiana dirigida hacia la formación de profesionales y de mejores seres humanos, tienen un lugar privilegiado para la apropiación del proyecto educativo de la Filosofía Institucional por parte de su comunidad, es por eso que la Universidad con la intención de reforzar su modelo educativo, manifiesta el perfil para sus profesores como guía orientadora de los conocimientos, habilidades, actitudes y valores que busca fomentar, como atributos necesarios para llevar a cabo su misión educativa del Docente UIC.

Al tratarse de una construcción colectiva, resultado del diálogo entre universitarios, el perfil del docente, recupera el universo de su significado de la cultura académica y promueve la identidad institucional. Es un elemento fundamental y punto de partida para elaboraciones posteriores, en el aula, en los espacios institucionales y en el carácter y esencia de sus egresados.

La UIC, a través del Programa Institucional de Formación Docente imparte a sus profesores cursos de actualización y formación, fundamentalmente, en el área de didáctica, psicología de la enseñanza y enseñanza superior. Actualmente imparte un Diplomado en Educación Superior a los profesores de las diversas escuelas y facultades.

Con este programa se intenta rescatar el rol del docente como fundamental para enseñar a los alumnos a aprender, a ser, a construir y a proponer. Los programas de formación docente que se han implementado plantean que se requieren profesionales competentes y reflexivos, investigadores críticos y transformadores que aprendan a establecer redes, desarrollen trabajo en equipos y vinculen lo que saben con el entorno social y cultural.

La UIC ha establecido que el docente ocupa una dimensión fundamental. El principio de Alto Nivel Académico el sujeto central es el docente. La importancia de implementar el programa es la formación y actualización del docente y como respuesta al Principio Rector.

La identidad de los docentes de la UIC se construye a partir de la relación entre la profesionalización de su actividad en la universidad y la formación docente en la profesionalización de la actividad de enseñanza.

La formación docente es un problema que preocupa a las instituciones educativas para lograr un nivel académico que responda a las necesidades institucionales y sociales y que están referidas a la preparación de los futuros cuadros profesionales que enfrentan los retos actuales.

De acuerdo con Ferry (1990), la formación profesional puede ser ejercitada en dos procesos, por un lado estaría: La formación centrada en el análisis que se funda en lo imprevisible y lo no dominable. Postula que aquel que se forma emprende y prosigue a todo lo largo de su carrera un trabajo sobe sí mismo, en función de la singularidad de las situaciones por las que atraviesa, y que consiste en un trabajo de desestructuración - reestructuración del conocimiento de la realidad.

El análisis de estas situaciones bajo sus diferentes aspectos y para comprender sus exigencias, es necesario tomar conciencia de las fallas y deseos, concebir a partir de ello un proyecto de acción adaptada a un contexto y a las propias posibilidades, implica indisolublemente tanto investir la práctica y formarse, como buscar las mejores alternativas de estar en forma. La segunda es la formación centrada en el proceso, comprende una acepción de aprendizaje abierta que incluya, todo tipo de experiencias en donde los efectos de sensibilización, de liberación o de movilización de energía sean buscados desde el inicio con más o menos claridad.

El principal medio para la formación es el docente mismo, es decir, es él quien suele propiciar su propio proceso formativo a través del diseño de su programa de materia y de cursos de actualización. Si bien la institución académica busca diseñar programas de formación que garanticen la elevación de la calidad académica de sus miembros, en la mayoría de los casos son los profesores que como parte de la profesionalización de su actividad buscan ampliarla y enriquecerla a través de la formación.

Otro aspecto importante es el de la identidad y las formas en que el docente la construye a partir de su práctica profesional.

Los formadores poseen una identidad que abarca múltiples aspectos, entre los que podemos citar la formación personal, la profesional y la institucional. La construcción de la identidad profesional de los formadores en la formación personal puede ser comprendida como la toma de una decisión libre frente a las posibilidades de llevar a cabo un proyecto de vida en el cual el elemento prioritario es, sin lugar a dudas, el hecho de comprender y asumir compromisos relacionados con el ejercicio profesional, entendido este último como el reconocimiento del “yo” persona y el “yo” profesional, que de ninguna manera se encuentran disociados, lo cual exige un ejercicio reflexivo y crítico sobre la práctica educativa, como lo presenta, Chehaybar (1995).

Los programas de formación docente suelen apoyarse en diversas teorías educativas que señalan los distintos roles que juegan los profesores.

La conformación de identidades en los grupos de intelectuales y académicos tiende a darse en contextos diversos en los que cada uno desarrolla sus actividades profesionales. Así, la docencia, la investigación y la gestoría académica van dando a quienes desarrollan una identidad específica que los define. De igual manera, el espacio o la institución académica en la que dichos grupos se desenvuelven contribuye a la conformación de la identidad.

Para situar la actividad formativa como propone Honoré (1980), es necesario reconocer que se ubica en el campo de las actividades humanas donde las transformaciones tienen resultados a largo plazo, la actividad formativa transforma las bases sustanciales que le dan permanencia y seguridad aparente al mundo en que vivimos; ella moviliza a toda actividad reflexiva hasta evocar el proyecto y dará acceso a lo desconocido y a lo posible, donde el orden de toda naturaleza puede ser cuestionado y eventualmente cambiado.

Los docentes, así como muchos otros profesionales, han visto transformada en los últimos años su actividad, cuestionada y sobre exigida por el mundo globalizado que reclama cada vez mayor incorporación a la tecnologización y mercantilización del conocimiento. En ello pondrá en juego la construcción de su identidad como profesional de la docencia, regido también por una constante actualización y formación académica.

Al sufrir una crisis de la actividad que realiza el docente ha tenido pues que reorientar todo aquello que contribuye a conformar una identidad docente y una profesionalización del trabajo que realiza. Un elemento que intervendrá en dicha reorientación es su formación como dador de saberes.

El mundo del cambio al que actualmente pertenecen los profesores ha puesto en evidencia la necesidad de una mejor formación tendiente a reforzar su rol intelectual.

Acorde con el ideario de la Universidad, y el origen misionero del Instituto, toca decir que la vocación a la cual tenemos que responder como institución de Educación superior es la de velar y promover una cultura humanista en el más amplio sentido del término; una cultura que en el momento actual destaque los derechos humanos y los hábitos de la democracia de

entre las diversas prácticas que constituyen la vida social, en donde cuidar la cultura no signifique atender solamente a las expresiones más acabadas del espíritu humano, sino a todos aquellos marcos políticos, económicos, jurídicos, lingüísticos, de usos y costumbres que, ente otros, constituyen la base de nuestra vida cotidiana, posibilitando y limitando al mismo tiempo, el desarrollo humano.

Entonces nuestro desafío será no caer en el simplismo universitario de formar profesionistas; es necesario que podamos constituirnos en una casa abierta al diálogo permanente con el tiempo y la sociedad, con capacidad propositiva y creadora para responder a las exigencias de un paradigma cultural en transición. Por lo que a la Universidad le corresponde:

Ser instrumento fundamental en el proceso de racionalización del mundo y, en consecuencia, ofrecer las bases teóricas para concebir un modelo adecuado de sociedad en el que todos los ciudadanos tengan participación.

Encontrar la verdad científica y los instrumentos adecuados para intervenir en la realidad y acercarla a la realización de ese modelo.

Hacer que la organización académica, la metodología, la vivencia misma de la Universidad tengan la suficiente fuerza formadora para preparar no sólo profesionales científicamente idóneos, sino ciudadanos responsables, educados en la participación y capaces de decidir libremente al servicio de quienes pondrán su capacidad de conocer y transformar la realidad.

Todo esto implica la madurez de un ejercicio universitario que se concretice en las prácticas profesionales y el servicio social; en investigación interdisciplinaria que busque soluciones a problemas de actualidad; en la promoción de las artes, de la oración y de la vida del espíritu; en la difusión verbal o impresa de la problemática y la producción intelectual contemporáneas; en la convocación al debate y el ejercicio del diálogo argumentado como vía de salida a las cuestiones sociales de mayor relevancia; y finalmente, en todo lo que permite a la universidad ser bastión de cultura, es decir, el cultivo de lo humano, en medio de los más profundos y disímbolos procesos que nuestra experiencia cotidiana pueda encontrar.

El análisis del entorno brinda la posibilidad de ubicar el objeto y sujeto de estudio en el escenario de reflexión de la problemática investigada. Se presentó un breve recorrido de la conformación de las universidades privadas en México para resaltar la reglamentación oficial y los orígenes de algunas de ellas. Se ponderó a las instituciones de inspiración cristiana en especial en lo plasmado en su misión. Con este marco se analizó la estructuración y sistematización de la Universidad Intercontinental y del concepto de docente emanado de la filosofía institucional, normativa y planeaciones.

En el próximo capítulo se desarrolla la metodología seguida para la construcción de la tesis a partir del modelo de investigación descrito en el primer capítulo.

IV METODOLOGÍA

4.1 Introducción

La presente investigación es un estudio de caso de la Universidad Intercontinental. Este tipo de investigación lo define Walter (en: Marcelo, 1986:180) como “el examen de un ejemplo de acción”. Se lleva a cabo con la finalidad de comprenderlo y puede ser explicativo, descriptivo o exploratorio. Tiene como características el ser sistemático, detallado intensivo, en profundidad e interactivo.

Esto se refiere a tener una estructura procesual que describe detenidamente el procedimiento de una manera constante y permanente, ahondando en el entretejido metodológico y generando relaciones con concordancia y discordancia que conlleven a la construcción del conocimiento.

La investigación es exploratoria, pues su “objetivo es examinar un tema o problema de investigación poco estudiado o que no ha sido abordado antes” (Hernández, Fernández y Baptista, 2000:58). En la Universidad no existen antecedentes de abordajes similares. Por no tener como finalidad el establecimiento de datos contundentes sino el acercamiento a fenómenos relativamente desconocidos, su metodología es más flexible que en otros tipos de investigación.

El análisis de los datos se hace desde la perspectiva cuantitativa y cualitativa, lo que se logra al haber utilizado dos tipos de instrumentos. El primero fue el cuestionario, que por su naturaleza es impersonal, permite la uniformidad de las mediciones, esto es, que los datos permiten la obtención de frecuencias, a partir de las cuales se pueden extraer conclusiones. Por otro lado, la entrevista estructurada permite una indagación más rígida y si bien los datos obtenidos a través de la misma no son tan uniformes como para obtener frecuencias precisas, facilita el acceso a la información de tipo afectiva, axiológica y actitudinal.

En este apartado se expone de forma general el procedimiento llevado a cabo, se explica la estructura metodológica para el análisis de los datos y se describen los instrumentos metodológicos, el cuestionario y la entrevista.