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13. CONCLUSIONES GENERALES

13.1. El efecto de frecuencia de vecindad es inhibidor

Una de las cuestiones críticas que anticipábamos en la introducción es la que concierne a la cuestión del efecto que produce el hecho de que una palabra posea un vecino ortográfico de mayor frecuencia. Grainger y colaboradores (Grainger y Jacobs, 1996; Grainger y cols., 1989,1992) han realizado varios experimentos en los que han obtenido efectos inhibidores de frecuencia de vecindad por sustitución. Sin embargo, los experimentos en los que se han utilizado ítems en inglés han proporcionado datos contradictorios y poco concluyentes con este mismo tipo de vecinos, siendo el efecto inhibidor en algunos casos (Huntsman y Lima, 1996; Perea y Pollatsek, 1998; Sears, Campbell, y Lupker, 2006) y facilitador o nulo en otros (Forster y Shen, 1996; Sears

y cols., 1995, 2006; Siakaluk y cols., 2002). Los presentes experimentos muestran evidencia clara y consistente del efecto inhibidor de frecuencia de vecindad.

Tanto los vecinos por adición y sustracción muestran efectos inhibidores en los experimentos de decisión léxica, y el efecto inhibidor se observa también con los vecinos por transposición en la tarea de lectura. El efecto inhibidor de los vecinos ortográficos de mayor frecuencia respalda la predicción de los modelos actuales de reconocimiento de palabras en los que la identificación se logra mediante la competición entre representaciones léxicas que entran dentro de un rango de similitud con el estímulo de entrada (para revisar evidencia adicional que apoya esta teoría ver Bowers, Davis, y Hanley, 2005b; Davis y Lupker, 2006; Johnson, Perea y Rayner, 2007; Perry, Lupker, y Davis, 2008). Además, tal y como describen los modelos de fóvea dividida (Shillcock y cols., 2001) y SERIOL (Whitney, 2001), el efecto inhibidor de frecuencia de vecindad surge como consecuencia del tipo de codificación exhaustiva que caracteriza al hemisferio izquierdo, en el que prima la activación subléxica, frente al derecho, en el que prima la activación global.

En el Experimento 1, usando un paradigma de decisión léxica con presentación simple, los tiempos de respuesta eran más lentos y menos exactos para palabras (y pseudopalabras) con vecinos por sustracción de mayor frecuencia (la palabra jugar está incluida en juzgar). En el Experimento 2, usando el mismo paradigma, se observaron los mismos efectos para las palabras con vecinos por adición de mayor frecuencia (la existencia de la palabra consejo en nuestro léxico dificulta el reconocimiento de la palabra conejo). Sin embargo en el Experimento 3, las palabras

con vecinos de mayor frecuencia por transposición no mostraron ningún efecto, replicando estudios anteriores que examinaron el efecto de transposición con palabras. Los efectos se replicaron en el Experimento 4, en el que se utilizó el mismo procedimiento para examinar los efectos de frecuencia de vecindad en cada campo visual. Una posible razón es que el efecto facilitador de forma que generan los ítems por transposición podría amortiguar el efecto inhibidor de frecuencia de vecindad por transposición. Además, tal y como aduce Andrews (1996), la tarea de decisión léxica no permite examinar con exactitud a qué responden los tiempos de respuesta. Por ejemplo, desconocemos si el participante responde “Sí” debido a la activación del target únicamente, debido a la activación del vecino únicamente, o debido a la activación generalizada de ambos.

Los efectos obtenidos en el Experimento 5 responden a esa cuestión, y ofrecen evidencia clara y consistente del efecto inhibidor de frecuencia de vecindad para los vecinos por adición, sustracción o transposición de letras en un contexto de lectura natural. Los resultados del experimento de movimientos oculares son consistentes con estudios previos de Perea y Pollatsek (1998) y Perea y cols. (1999) usando vecinos por sustitución. Una ventaja de las medidas que se obtienen durante la lectura en silencio, es que evitan la contaminación potencial de los procesos de decisión que pueden afectar a los tiempos de reacción analizados en las tareas de decisión léxica. Como indicamos en la introducción, en el modelo E-Z de movimientos oculares (Reichle y cols., 1998; ver también Pollatsek y cols., 2006), el proceso de reconocimiento de palabras durante la lectura normal en silencio puede dividirse en dos estadios. El primero se caracteriza por procesos de activación, en los que se

activan todas las palabras que se encuentran en nuestro léxico y que comparten letras con la palabra que leemos. Este proceso se refleja en las medidas tempranas de los movimientos oculares. Sin embargo, el acceso al léxico no se completa hasta que de entre todos los candidatos léxicos activados, consigue discriminarse la palabra correcta. Esto ocurre en el segundo estadio del procesamiento, que se caracteriza por procesos inhibidores entre los candidatos hasta que se selecciona el correcto.

El hecho de que el efecto inhibidor de frecuencia de vecindad se capta en la medida de duración en la palabra y no en la primera fijación parece sugerir que este efecto ocurre relativamente tarde, reflejando por tanto procesos de verificación (ver Pollatsek y cols., 1999, para más evidencia sobre efectos de competición léxica en la medida de duración en la palabra con vecinos por sustitución).

En definitiva, los resultados de estos experimentos proporcionan información concluyente sobre la falta de validez del concepto de vecindad ortográfica N, limitado solo a los vecinos por sustitución. Nuestro sistema visual es lo suficientemente flexible para aceptar un grado de semejanza a pesar de que dos palabras varíen en longitud (adición y sustracción) y en la posición de las letras que la componen (transposición). Además, los procesos de verificación que permiten discriminar el ítem real de entre los perceptivamente similares ocurren en momentos tardíos del procesamiento, por ello los efectos inhibidores se reflejan en las medidas tardías de los movimientos oculares.