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EL EJERCICIO DE LA CRITICA LITERARIA Y POLÍTICA

II- EVOLUCIÓN E INTERCOMUNICACIÓN DE LOS TEMA TRATADOS EN LOS ENSAYOS DE OCTAVIO PAZ

6- EL EJERCICIO DE LA CRITICA LITERARIA Y POLÍTICA

Es necesario, antes de llegar al pensamiento y a la actitud crítica de Octavio Paz, realizar una breve pero importante distinción entre lo que se entiende por Teoría de la literatura y por Crítica literaria. Su diferenciación hay que hacerla atendiendo a la naturaleza y función de las mismas.

La primera responde a un discurso de principios literarios lingúísticos, estéticos (o más generales), retóricos y poéticos, previo al objeto artístico. La segunda se realiza en base a conceptos de epistemología, metodología, estructura y sistema, teniendo lugar sobre una obra artística ya realizada, es posterior, lógicamente, a la creación del objeto que motiva su estudio.

La Teoría literaria puede ser explícita o implícita y, tanto una como otra, remiten coincidentemente al pensamiento artístico previo a la construcción de la obra literaria. Ambas son ideológicas, organizativas y prescriptivas. Ambas se ocupan de averiguar las inferencias y prescripciones literarias con las cuales el escritor ha operado al construir su obra. Sin embargo, mientras la teoría literaria explícita realiza su misión a priori, la teoría literaria implícita cumple su cometido a posteriori, es decir, a partir del texto artístico y no antes.

Las dos tienen la misma misión pero se refieren a diferentes momentos del objeto artístico. Aquí radica la causa de la fácil confusión de la Teoría implícita con la Crítica literaria que también parte para su trabajo de un texto escrito. Coinciden en ser cronológicamente posteriores a la existencia del objeto literario y por eso aparecen frecuentemente fundidas o confundidas.

Ambas salen, pues, de un mismo tiempo, se dirigen a abordar un mismo objeto, y se insertan por su estructura y funcionamiento. Pero, mientras Ja Teoría implícita intenta descubrir las ideas, el pensamiento literario que rige la creación de un objeto, la Crítica intenta descubrir cómo está construido ese objeto artístico o cuál es la estructura de su serie o la relación con otras series o establecimientos literarios.

En definitiva a la Crítica le interesa qué hace de un texto lingúistico un texto artístico, qué hace que la literatura sea arte y no discurso de lengua

estándar. Debe descubrir en qué consiste la literalidad y la poeticidad.

Igualmente se puede aplicar esta fmalidad de la Crítica literaria a la crítica de arte destinada a valorar cualquier otro objeto artístico no literario. Se trata de descubrir en todo caso qué hace que una determinada manifestación artística sea considerada como tal. Y para ello hay que tener en cuenta qué se entiende como artístico en el momento histórico en que dicha manifestación es valorada.

En este sentido a Paz le preocupa seriamente el lugar que ocupa el arte en nuestra sociedad. Considera que el arte moderno está sufriendo la aceleración de la repetición en nombre de la originalidad, la invención y la novedad. Se ha perdido la crítica y se ha institucionalizado la ruptura, inmovilizando la creación en lugares comunes. La idea del arte está desvalorizada, la mayoría de los artistas, hoy día, prefieren el acto al programa, el gesto a la obra. La nueva estética es la indiferencia. Ni arte ni anti-arte: no arte.

Partiendo de esta idea se llega a la conclusión de que el problema, el punto débil de la literatura en lengua española, ha sido precisamente la ausencia de crítica entendida como un cuerpo de doctrina, un sistema de relaciones, un campo de afinidades y oposiciones. Unamuno y Ortega son una excepción.

Ello no impide admitir que ya en Cervantes surge la duda y la crítica dentro de la obra literaria. Ni en Homero ni en Virgilio ni en Dante, hay una visión analítica y crítica del mundo y de la literatura. La crítica es un elemento constante no sólo de la novela sino del teatro mismo. Y en la poesía lírica moderna, desde el romanticismo, esta actitud se ha presentado como una interrogación, tanto para los filósofos como para los poetas.

Ahora no estamos ante nuevas formas artísticas sino ante una crítica del arte, una crítica que ya había sido hecha por Duchamp, Picabia y los dadaístas. Duchamp dice que la obra de arte no es un fin sino un camino. Lo que interesa no es la obra sino aquello que nos deja ver, aunque sea el vacío. Para Paz la crítica es creadora (46). Sólo un verdadero creador es capaz de desvelar ese enigma de “algo más” que certifica la autenticidad de una obra. El crítico debe saber que el arte interesa al hombre por algo más de lo que el crítico puede conocer como especialista. La crítica no tiene que olvidar la fuente no especializada de sus primeros movimientos hacia el arte. Con la literatura el hombre construye un

mundo del que es dueño, donde la apuesta no le es ya necesaria. Me refiero a ese ámbito gozoso, mimético, de la ficción artística, en el que el ser humano al fin acaba siendo el dueño de todas las cosas, y no sólo su medida; aquí estamos en presencia de la literatura como objeto, como producto y resultado. Así el hombre, mediante el arte, puede fijar marcos felices a los que extiende su señorío, ficciones de existencia sin naúseas constitutivas, actividad artística también penetrada por la angustia esencial del ser que la origina. Por tanto, junto al ejercicio de una profesión necesaria y dignamente ejercida, el crítico no debe olvidar las raíces humanas de su acercamiento original al arte. Es el modo de identificarse con el hombre en general, con el destinatario ideal de la literatura, del que él diverge en todo caso como tipo de lector indeseablemente especializado.

Ha debido ser ese deseo de “más allá” uno de los motivos que han movido a Paz a estudiar la obra de Duchamp, dándonos una lección magistral de capacidad para captar, con la misma lucidez, tradición y vanguardia. En Duchamp, confluyen, por una parte, la vanguardia más radical, y, por otra, la crítica de la vanguardia. El es la última orilla a la que llegó el arte en la primera mitad del siglo. Pintor y poeta se enfrentan a una gran dificultad en el mundo moderno; sí hay crítica, lo que no existen son ideas. Paz está preocupado por la pérdida de la capacidad creativa de esa crítica, que se ve reducida a una función meramente negativa por tener métodos y no sistemas. “Nuestra única Idea, en el sentido recto de este vocablo es la Crítica”.

Y esto le lleva a afirmar que en la crítica como creación somos escasos, en la crítica como alimento espiritual, somos pobres. Por tanto Octavio Paz considera que buena crítica literaria ha habido siempre; la falta se refiere a movimientos intelectuales originales. Lamenta la ausencia de una tradición de pensamiento crítico como la que existe desde el fin del S.XVII en el resto de Occidente. Carencia que comparte Latinoamérica con España, Portugal y Rusia.

Hay que observar que en las obras modernas existe una zona de indeterminación, una zona nula; el hueco que han dejado las antiguas certidumbres divinas minadas por la crítica. Y en este sentido, la literatura hispanoamericana es moderna. No lo es considerando la ausencia de un pensamiento crítico en el campo de la filosofia, de las ciencias y de la historia.

Pero es un hecho que, entre el pensamiento filosófico y científico, y la crítica literaria, ha habido una continua intercomunicación.

Es necesario tener en cuenta que el lenguaje literario hispanoamericano no es distinto al de los españoles. Por encima de las fronteras y del océano se comunican los estilos, las tendencias y las personalidades. Importan los gustos, las preferencias, las obsesiones. Paz distingue, por una parte, entre las influencias literarias que han sido recíprocas y profundas, los parecidos involuntarios que brotan de las semejanzas entre temperamento y genio; y, por otra, las diferencias irreductibles, pues el carácter español es uno y, otro (otros) el hispanoamencano.

Por otra parte la literatura latinoamericana engloba, además de la literatura de América escrita en castellano, la escrita en portugués y francés. En su conjunto es una recién llegada, la más joven de las literaturas occidentales. Brotó en el S.XX en sus dos grandes ramas: la brasileña y la hispanoamericana (47). Las naciones amencanas, en general, cualesquiera que sea su lengua, son el resultado de la expansión de Occidente, todos hablan lenguas transplantadas, significan un extremo de Occidente, un extremo excéntrico, pobre y disonante. Y la literatura de Occidente es un tejido de relaciones; los idiomas, los autores, los estilos y las obras han vivido y viven en perpetua mterpretación. Las relaciones se despliegan en distintos planos y direcciones. Unas son de afinidad y otras de contradicción. Espaciales o temporales. Literatura en movimiento y, además, literatura en expansión. La hispanoamericana empezó siendo una rama del tronco español, los modernistas consumaron la ruptura, el simbolismo francés sirvió de puente y después los españoles oyeron, por primera vez, lo que decían los hispanoamericanos. Oyeron y contestaron, comenzó el diálogo de dos literaturas en el interior de la misma lengua. Huelga decir que ya sí existe una literatura hispanoamericana nutrida de obras notables y algunas de entre ellas, de verdad, unicas.

Les faltó un equivalente de la Ilustración y de la filosofia crítica. No tuvieron S.XVIII. Por eso la historia moderna de los paises hispanohablantes ha sido una historia excéntrica. Esa capacidad para estar a tono ha producido obras únicas, no precisamente excéntricas, sino excepcionales. Pero en el campo del pensamiento, la moral pública y la convivencia social, esa excentricidad ha sido funesta.

Por tanto la Edad Moderna comienza en América con la Revolución de Independencia. La Independencia Hispanoamericana supuso un movimiento de separación y negación repecto de España. Se pretendía cambiar el régimen monárquico español, absolutista y católico, por otro republicano, democrático y

liberal.

El problema es que en Hispanoamérica los hombres que combatían por las ideas modernas no eran hombres modernos, como ocurrió en la Revolución de Independencia de los Estados Unidos o en la Revolución Francesa, sino que esas ideas eran máscaras. La Revolución fue un engaño. “Nuestra modernidad ha sido y es una mascarada”. En consecuencia la Revolución de Independencia no debe verse como un comienzo de la Edad Moderna sino como el momento de la ruptura y fragmentación del Imperio Español. Supuso un comienzo de negación, ruptura y disgregación.

Los hispanoamericanos han pagado cruelmente esta omisión histonca: conocen la sátira, la ironía, el humor, la rebeldía heroica pero no la crítica. El resultado se manifiesta en que tampoco conocen la tolerancia, fundamento de la

civilización política, ni la verdadera democracia, que reposa en el respeto a los disidentes y a los derechos de las minorias. De ahí la necesidad urgente de la crítica, sea literaria, filosófica, moral o política. La crítica es la palabra racional. Sólo ella puede crear el espacio fisico, social o moral, donde se despliegan el arte, la literatura y la política. Contribuir a la construcción de ese espacio es el primer deber de los escritores hispanoamericanos (48).

Es básico tener en cuenta que el objeto de la crítica literaria es el texto y sólo el texto, aunque para analizarlo se deba contar con la filología, la sicología y la sociología. El crítico literario se encuentra ante un texto producido por un

autor, en un determinado sistema social y dirigido a un lector.

En consecuencia, la primera operación de la crítica consiste en la lectura del texto. Lectura realizada por un lector, sujeto, como el autor, a unos mismos supuestos de referencia y código. El crítico debe realizar una misión de detección de coordenadas objetivables y saltar la subjetividad para construir o descubrir el sistema textual y poder referirlo a otros sistemas. Porque el acontecimiento literario se engendra, refleja y crea una situación social dada. Sobre todo el reflejo resulta lo más evidente, dada la condición semántico-referencial del texto literario.

La crítica contemporánea puede considerarse la historia de la evolución científicamente perfectiva de la noción, concepto y estructura del texto literario y sus series; desde el formalismo ruso, la Estilística, el New Criticism norteamericano y la Nouvelle Critique hasta la actual crítica creada por la Lingúística del texto. Así, la crítica de nuestro tiempo ha puesto sus empeños en la construcción de la “gramática textual” (Barthes, 1966) y del “macrotexto”

(García Berrio - Petófl, 1979).

Por tanto, las decisiones de literalidad o poeticidad sobre un texto verbal de pretensiones presumiblemente artísticas se fundarían en la proximidad mayor o menor de ciertas marcas formales del mismo con las directrices inmotivadas de la pragmática social que establece la naturaleza genérica de lo literario o de lo artístico.

La Crítica literaria científica actual podría, pues, ser definida como la reflexión metodológica sobre una estructura objetiva que se describe a partir de la constitución y relaciones sistemáticas, ya formales ya conceptuales, del texto literario respecto de sí mismo u otros sistemas; lo cual permite el establecimiento

de una síntesis de resultados o la razonada interpretación concluyente de los mismos.

Octavio Paz considera que en los últimos cincuenta años el lenguaje filosófico y crítico ha sufrido tres infecciones. En primer lugar la de la fenomenología y el existencialismo; en segundo lugar la de las sectas marxistas, y, en tercer lugar, la estructuralista. Contra estos males los remedios son la nsa, el sentido común y la higiene mental. Los defectos de la crítica moderna hay que buscarlos en el orden literario, en el intelectual y en el moral. No basta con reprochar a la crítica el hecho de escamotear el placer del texto. Si sólo se buscara el placer literario en el texto no se podría edificar una ciencia de la literatura. Las ciencias sociales y morales (sociología, sicoanálisis y lingúística), hacen creer al critico que sabe de la obra que juzga más que el propio autor. Sin embargo, la infección ideológica es más grave y dañina que la literaria porque condena a un artista o a un pensador por las consecuencias de lo que dice o piensa.

Así pues, partiendo de ellas, hay que saltar las fronteras ideológicas junto a las personales en el momento de realizar el juicio estético de una obra de arte. Pero, además de no bastar el concepto relativo destinado a juzgar el valor y belleza de una obra artística mediantne un juicio personal, tampoco es suficiente el valor moral o artístico de un texto aislado a la hora de realizar una crítica completa.

La crítica literaria más que proceder de la literatura es paralela a ésta. Se origina tanto en la reflexión sobre la obra artística como en el entramado general del desarrollo del pensamiento y las ciencias, y converge con aquella de la misma manera en que la literatura lo hace con el estado de la cultura. El esquema de relación es mundo- autor- texto- lector, sin olvidar sus variaciones a lo largo de la historia. También es este sentido, no sólo en el creativo, afirma Paz que nuestra crítica ha sido pobre, hemos sufrido la ausencia de una tradición de pensamiento crítico como vimos antes.

Desde otro punto de vista sí es fundamental tener en cuenta las características personales del crítico literario. Observando las diferencias existentes entre unos discursos críticos y otros, se llega a la conclusión de que tales diferencias se establecen fundamentalmente por el talento y la cultura del crítico en cuestión. El nivel del crítico se manifiesta incluso en su pequeñez por desproporción a la imaginación creativa, teniendo en cuenta que, ante la grandeza de la creación, la mejor crítica puede palidecer. Sin embargo se puede observar cómo la crítica ha consistido en el ejercicio reflexivo de la pasión por el arte de una extensa galería de caracteres que van del impotente al suicida, del ingenioso sin imaginación al dubitativo fantástico. Muchos ejercicios críticos usuales son inútiles por inadecuación con la obra que les motiva. Unos están por debajo de ella y no aportan nada al lector. Otros despiezan y desmontan artificialmente la obra, que es una unidad de sentido, la reducen a cáscara o a jugo, y la analizan con minuciosidad tediosa. Algunas críticas son tecnicismos metateóricos del lenguaje invocados por el crítico cientifico que crean una frontera infranqueable en sus escritos para la mayor parte de los lectores de la obra criticada aunque sean cultos y sensibles. Por lo que la pretendida crítica se encierra en un ejercicio secundario de sociología, lingúística o sicoanálisis, abdicando involuntaria y las más veces inconscientemente del estatuto crítico, que fundan la explicación mediadora y la valoración razonada (49).

Por eso es importante observar que, junto a la ocurrencia, a esa capacidad de desplazamiento, de ocupación fantástica de la personalidad del autor criticado, garantía básica del acierto, la cultura, el interés y riqueza del acarreo de experiencias del critico, científicas y humanísticas, filológicas y vitales, grangean para las escrituras criticas la seguridad de su interés, casi la única justificación de su lectura. Nunca más ajustado que en el caso del crítico aquel doble requisito clásico para artistas y oradores que aunar ingenio y arte.

La explicación científica de la crítica es posible y lícita, pero no debe esforzarse por alinear su actividad y sus productos en el orden íntimo de la comunicación poética. Es extraña al círculo de la lectura literaria, al caudal de la confidencia estética. La crítica es una especie de capacidad para aclarar el universo de lo literario. Los acercamiento críticos considerados científicos, son aproximaciones creadas por una convención de origen académico sobre la naturaleza del objeto artístico. En tal sentido las define Antonio García Berrio como “posiciones de espera” en tanto que se produce para cada critico la epifanía realmente definitiva de la literatura como experiencia.

El critico debe tener, pues, conciencia de la obra Jiteraria como producto y vehículo de una experiencia superior. El crítico nace y se hace. La expenencía literaria no vulgar, la única por lo demás justificable, tiene más que ver con el encontrarse “con algo” que con el encontrar “algo”. Se trata de ese “más allá”, de ese “algo más” a que se refería Octavio Paz. En este sentido la crítica de nuestro escritor tiene el valor de saber captar esa posibilidad creativa con su experiencia personal de poeta, su crítica es creación por lo que su aporte individual se convierte en algo totalmente positivo y enriquecedor.

Creo que Octavio Paz expone con bastante claridad sus ideas y su actitud crítica a lo largo de todos sus ensayos; y no sólo la expone, sino que la practica en sus trabajos sobre los diferentes libros y autores que estudia. Aunque no se puede decir que habla de sí mismo cuando habla de otro, si es cierto que no sólo

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