Ferdinand de Saussure es quien dio un giro revolucionario a las formas de abordar el estudio de las lenguas, con esto también cambió drásticamente el procedimiento de estudio de las obras literarias. El lingüista Suizo, como profesor universitario, se había preocupado sobre los mecanismos del funcionamiento de los distintos elementos que conforman una lengua, a fin de poder explicar a sus estudiantes sus aportes originales.
Es así como había escrito muchos textos en borrador sobre lo que para él era la esencia de las lenguas, sus alcances semánticos, los elementos que la conforman, las causas que provocan el cambio de la lengua y muchos fenómenos lingüísticos más, pero no los había
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preparado para la publicación, pues solo se trataba de apuntes para sus clases. De forma que luego de su temprana muerte en 1913, algunos de los estudiosos que habían asistido a los cursos impartidos por el lingüista suizo, decidieron publicar su trabajo, bajo el título Curso de lingüística general, aparecido en 1916 (Agüero, 2006: Conceptos del estructuralismo).
Con esta publicación la lingüística dio un giro total, revolucionario; hasta entonces se habían realizado muchos estudios de tipo comparativo e histórico, se estudiaban los fenómenos lingüísticos a partir de comparaciones de ciertos aspectos que se dan en las lenguas. Por ejemplo, sobre el origen común o distinto de las lenguas por familias, así las de origen latino, germánico, griego y otros.
Las ideas de Saussure han sido referidas, profundizadas y en ocasiones ampliadas con otras perspectivas por algunos autores de renombre, como son los casos de T. Todorov, Lévi Strauss, Roman Jacobson, Roland Barthes, Jacques Derrida, estos dos últimos autores se han esmerado en la aplicabilidad del estructuralismo al análisis de las obras literarias (Agüero, 2006: El estructuralismo en el s. XX).
En el caso de Derrida concluye con la conformación de su propia teoría, la de la desconstrucción. Se refiere al hecho de llegar a la comprensión total de la obra literaria mediante la descomposición de sus elementos constitutivos; así, el análisis de sus partes es tal que lleva a una concepción distinta de la obra literaria, en algunos casos, esto podría dirigir a una percepción de la esencia del objeto estético de estudio como si fuese otro. El estructuralismo13 asigna un lugar determinante a la reflexión abstracta y deja en un espacio secundario a la interpretación, pero sin condenarla. Es similar al hecho de que no todos nos interesamos en el lenguaje para el análisis y estudio profundo de la parte lingüística, sino a la mayoría le importa el lenguaje en cuanto sistema de comunicación con la finalidad de comprender los mensajes, las intenciones y situaciones comunicativas corrientes (Agüero, 2006: El estructuralismo en el s. XX). En este sentido, lo que importa es la construcción de un discurso literario que muestre las vías de las posibles interpretaciones.
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El estructuralismo llegó a su máximo apogeo en la década del sesenta del siglo anterior, con representantes que se constituyeron en verdaderas figuras de la literatura y la lingüística a nivel mundial, quienes sentaron las bases de los estudios literarios, lingüísticos, semióticos, incluso filosóficos. Por ello, el estructuralismo ha tenido sus ramificaciones interdisciplinarias en cuanto a su aplicabilidad.
Hay que resaltar el hecho de que el estructuralismo se constituyó en una corriente vanguardista, debido al cambio de perspectiva radical que presentó en aquella época y rápidamente se expandió por todos los continentes.
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Con esto se observa cuáles son las lecturas más acertadas y cuáles no, lo que contribuye directamente al hecho de no otorgar cualquier significado a las obras literarias, sino las más acertadas, todo en base a los elementos internos de las mismas.
Como se ve, la perspectiva estructuralista del análisis literario tiene como base fundamental lo abordado por Saussure cuando se refiere a los elementos de la lengua, el significante y el significado. Este análisis se realiza en torno al significante que lleva al encuentro de los significados más apropiados de la obra literaria. Es decir, una determinada obra literaria posee distintos elementos en su estructura física, por ejemplo, su formato, el número de hojas, los capítulos, el tipo de letra, ilustraciones en la portada o en sus páginas, etc. Pero también posee los elementos narrativos, como el tipo de narrador, los personajes, el marco temporal y espacial entre otros más. Para el estructuralismo son estos elementos los que pueden y deben explicar la esencia del discurso de la obra y por medio del análisis de este, determinar los significados más propicios.
Mediante esta perspectiva será analizada la novela El sueño y la lluvia, con la intención de seguir un camino analítico hacia la comprensión esencial de la obra de Jorge Dávila Vázquez. Pues, desde la visión estructuralista el texto, que podría ser un relato, una novela, un poema u otro, es una entidad autónoma, independiente y explicable por sí mismo. Desde la valoración estructuralista lo que importa es la forma en la que se producen los significados. Así, la intención del autor al componer la obra ni la reacción de los lectores son tomados como criterios válidos, hay que centrarse en los mecanismos internos y las leyes que rigen el mundo de la obra que no es igual al mundo en el que vivimos. Esas particularidades y leyes propias del texto son las que dan el significado valedero y real de las obras. Todo esto porque el texto es considerado una estructura lingüística fija y el significado en un constructo humano y por lo mismo, cada uno tiende a entenderlo a su manera, se tiende al cambio según la subjetividad de cada individuo o grupo.
De esta forma, en El sueño y la lluvia se analizan qué recursos utiliza el autor para explicar su mundo narrado, de cuáles medios se ha valido el narrador para mostrar al lector el mundo y la personalidad de los personajes, tanto principales como secundarios. Un personaje de esta novela, por ejemplo Eduardo, no se puede explicar lo que significa comparando con elementos de la realidad social nuestra, sino con la realidad del mundo narrado en la novela El sueño y la lluvia, de ahí parte su valoración, esa es su medida y justificación esencial.
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No se podría entender la preocupación de Rodrigo por la falta de lluvias en la zona, si el lector no siente y ve los estragos que la sequía ha producido en la hacienda referida en la novela.
No se justifica la preocupación de Darío por la salud de Rodrigo si no se conoce el tipo de relación cotidiana que los dos niños guardan.
No se podría explicar la importancia de Pacho, un personaje que representa a los indígenas, si no se ve la influencia que causa en los niños y la gente, debido a sus conocimientos ancestrales que guarda celosamente. Y ¿Cómo se llega al conocimiento de estos hechos? Solamente recurriendo al mismo texto. Este lo explica todo, manifiesta la perspectiva del estructuralismo.