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El espacio fiscal de los países en desarrollo

C. Recomendaciones de políticas

3. El espacio fiscal de los países en desarrollo

desarrollo

Las consideraciones expuestas en la sección anterior son pertinentes tanto para los países desa- rrollados como para las economías de mercado emergentes y otros países en desarrollo, aun cuando

existen diferencias notables en la estructura de sus finanzas públicas y en su capacidad administrativa para aumentar determinados tipos de ingresos públi-

cos. Otra importante diferencia es que en la mayoría de los países en desarrollo el espacio fiscal recibe con más intensidad la influencia de factores internaciona- les que escapan a su control, como las oscilaciones en los precios de los productos básicos y los tipos de

interés internacionales, así como la disponibilidad de financiación exterior en forma de corrientes de

capital privado o de AOD. Por otro lado, el espacio

Gráfico 5.3

TIPOS DEL IMPUESTO DE SOCIEDADES Y FORMACIÓN BRUTA DE CAPITAL FIJO EN DETERMINADOS PAÍSES DESARROLLADOS,

1982-2005

Fuente: Cálculos de la secretaría de la UNCTAD, basados en una versión actualizada de Devereux, Griffith y Klemm, 2002, disponible en: http://www.ifs.org.uk/corptax/ internationaltaxdata.zip.

Nota: Los datos se refieren a la media de los siguientes países: Australia, Austria, Bélgica, Canadá, Finlandia, Francia, Alemania, Grecia, Irlanda, Italia, Japón, Países Bajos, Noruega, Portugal, España, Suecia, Suiza, Reino Unido y Estados Unidos.

fiscal en países de renta baja y menos adelantados es más reducido por definición (debido al bajo nivel de

ingresos nacionales).

Sin embargo, con estas limitaciones, el espacio fiscal viene determinado en gran medida de forma endógena. Una política fiscal proactiva influye en la

situación macroeconómica y la base imponible total

a través de su repercusión en los ingresos del sector privado (véase también el TDR 2011, cap. II). Si el consumo y la inversión privados son débiles, una política fiscal expansiva adecuada puede impulsar las

expectativas de demanda y la disposición a invertir,

ampliando así la base imponible. Ello dará también

más margen a los gobiernos para obtener ingresos

adicionales con los que financiar gastos que reduz- can la desigualdad o replantear la estructura de los impuestos entre los distintos grupos de ingresos. En

cambio, un recorte general del gasto público, como hacen actualmente numerosos países desarrollados, y también algunos programas de ajuste en las eco- nomías en desarrollo y en transición, debido a su impacto negativo en la demanda agregada y en la base imponible, provocará una

disminución de la recaudación

fiscal y, por ende, dificultará la reducción del déficit.

La reforma de los regí- menes de imposición directa

con un diseño adecuado puede favorecer el logro simultáneo

de los objetivos de reducir la desigualdad de ingresos y

fomentar el crecimiento de la

producción y la creación de

empleo tanto en los países desarrollados como en los países en desarrollo. La escasa progresividad de los sistemas tributarios de las economías en

desarrollo y en transición y las grandes diferencias

entre regiones y países a este respecto indica que

muchos de esos países disponen de un margen considerable para combatir eficazmente la des- igualdad de ingresos mediante unos impuestos

más progresivos. Naturalmente, ello requiere no solo un cambio de perspectiva por lo que se refie-

re al papel de la hacienda pública, sino también un nivel relativamente elevado de empleo formal

y una capacidad administrativa adecuada. A ese respecto, la capacidad de los países en desarrollo

para conseguir unos determinados ingresos pue-

de variar mucho según su nivel de desarrollo, el tamaño de su sector no estructurado y la compo- sición de su PIB.

Por otro lado, existen varias fuentes poten- ciales de ingresos que podrían contribuir a una mayor igualdad y al mismo tiempo incrementar

los ingresos públicos, incluso en los países de

renta baja. Los impuestos sobre el patrimonio y las

sucesiones son una de esas fuentes potenciales que podrían aprovechar muchos países en desarrollo a tales efectos, pues requieren menos capacidad administrativa, son más difíciles de eludir y tienen un efecto progresivo.

En los países en desarrollo ricos en recursos, los ingresos procedentes de la explotación de recursos naturales, y las ganancias derivadas del aumento de los precios internacionales de los productos básicos

son otra fuente importante de ingresos públicos. Al

apropiarse de una parte mayor de las rentas gene- radas por esos productos, los gobiernos pueden

asegurarse de que sus abundan-

tes recursos naturales beneficien

a toda la población, y no solo a unos cuantos operadores nacio- nales y extranjeros. Al parecer,

muchos países tienen un margen

considerable para incrementar la recaudación de regalías e impuestos, especialmente gra- vando a las empresas del sector del petróleo, el gas y la minería. Este aspecto es especialmente importante, pues el potencial

de ingresos que encierran los recursos naturales ha aumentado considerablemente en el último decenio,

a causa de la subida de precios de los productos

básicos y del descubrimiento de nuevas fuentes energéticas, sobre todo en África.

Cuando se espera que la mejora de la rela- ción de intercambio debida a los precios de los productos básicos tenga carácter temporal, esa mejora no puede constituir un cimiento sólido para un aumento sostenido de los ingresos del Estado y, paralelamente, del gasto público. Sin embargo, aunque sean temporales, las rentas más elevadas

o los beneficios excepcionales del sector primario

La apropiación de una parte mayor de las rentas generadas por los productos básicos puede beneficiar a toda la población, y no solo a unos cuantos operadores nacionales y extranjeros.

pueden servir para acelerar el aumento de la pro- ductividad y la creación de empleo en otros sectores de la economía. Para ello es preciso establecer

impuestos especiales para los beneficios excepcio-

nales y canalizarlos hacia inversiones productivas

en otros ámbitos económicos. La acumulación de

ingresos inestables de este tipo en fondos soberanos

o bancos nacionales de desarrollo y el mayor uso de

esos fondos a lo largo del tiempo para fines sociales específicos pueden prevenir nuevos incrementos de

la desigualdad de ingresos. Los impuestos elevados

para los beneficios excepcionales están especial-

mente justificados porque esos beneficios no son

el resultado de una buena gestión empresarial sino de la evolución de los precios

de los productos básicos a nivel internacional que escapan a la

influencia del productor indivi- dual de esos productos.

Otra cuestión relacionada

con las políticas fiscales de los países en desarrollo es el

trato de las ETN y la IED, no

solo en el sector minero sino

también en los sectores de las manufacturas y los servicios.

Si bien las actividades de las ETN y las corrientes de IED pueden fortalecer la capacidad productiva

de los países receptores, ese potencial no siem- pre se explota plenamente cuando las relaciones con los productores nacionales no son sólidas. Con todo, los países en desarrollo suelen tratar

de atraer más IED ofreciendo a los inversores ventajas fiscales generosas y a veces excesivas. Aunque estas estrategias han servido a menudo

para atraer la IED, merece la pena reconsiderarlas

porque conceder ventajas fiscales importantes para captar esas inversiones en el sector manufacture- ro implica competir con otros países receptores

potenciales que también otorgan ventajas. Esto

puede ser problemático porque crea una espiral

impositiva descendente que reduce el espacio fis- cal de todos los países en cuestión, y las ventajas

iniciales debidas a la fiscalidad tienden a erosio- narse con el tiempo.

El fortalecimiento de la cooperación internacio-

nal en cuestiones fiscales podría ser útil para evitar

esa competencia tributaria y preservar al mismo

tiempo tanto el espacio fiscal de los gobiernos de los

países que compiten por la localización de la produc- ción como la ventaja relativa que puede obtenerse de

la IED gracias a las diferencias en el costo de la mano de obra (véase también el capítulo VI más abajo). Los

gobiernos de los países de origen de los inversores extranjeros podrían ayudar a evitar esa competencia

tributaria gravando las transferencias de beneficios de la IED con tipos más altos que los beneficios internos y deduciendo de la carga fiscal los impues- tos de sociedades ya pagados en el país receptor, que

normalmente son mucho más bajos. Teniendo en cuenta las grandes diferencias en los costos laborales

unitarios entre los países de origen y los países recep- tores, esas medidas podrían adoptarse de tal modo

que los beneficios obtenidos por

los inversores extranjeros por producir en países en desarrollo seguirían superando con creces los que conseguirían si produ- jeran los mismos bienes en su propio país.

También se requiere una

mayor cooperación fiscal inter- nacional para reducir la evasión

de impuestos. A tal efecto,

el actual Comité de Expertos

sobre Cooperación Internacional en Cuestiones de

Tributación de las Naciones Unidas podría conver- tirse en un verdadero órgano intergubernamental.

Un nuevo tratado basado en la Convención modelo de las Naciones Unidas sobre la doble tributación entre países desarrollados y países en desarrollo: Actualización de 201117 respondería mejor a los

intereses de los países en desarrollo que el basado en el modelo actual de la OCDE, ya que el primero con-

cede más derechos fiscales a los países en desarrollo. Convendría incrementar los ingresos públicos

con medidas como las examinadas más arriba, aun-

que ello no bastaría para potenciar los efectos de la política fiscal en la distribución de los ingresos; gran parte de los resultados dependerá también del

modo en que se invierta ese aumento de los ingre- sos, como se analiza en la siguiente sección.

En varios países de renta baja y menos ade-

lantados, podría ser difícil o imposible aplicar

rápidamente cualquiera de estas medidas para

aumentar el espacio fiscal debido a su capacidad

administrativa y recaudatoria limitada. En esos El fortalecimiento de la

cooperación internacional en cuestiones fiscales podría ser útil para evitar una espiral descendente en la competencia por la IED y reducir la evasión de impuestos.

casos, las instituciones financieras multilaterales

y los donantes bilaterales deberían aportar recur- sos adicionales para el gasto social y el apoyo

técnico y financiero oportuno a fin de reforzar esa

capacidad.

4. Gasto público para reducir la