* Arquitecto Universidad Católica de Córdoba 1989. Tesis de grado en el Politécnico de Milán. Desde 1987 a 1889 colabora en el estudio Albini, Helg e Piva, architetti associati en Milán, Italia. Desde 1989 hasta 1995 colabora en el estudio de Oswald Mathias Ungers en Francfort, Alemania como jefe de proyectos de concursos y project manager para la construcción de la Embajada Alemana en Washington y la Feria Internacional de Francfort. Desde 1994 es Arquitecto Federado en Alemania. Obtiene diversos premios y menciones en concursos como arquitecto asociado en Alemania. De 2003 a 2013 es socio fundador del estudio x-arquitectos con José Santillán, en la actualidad dirige Rovea Sargiotti Arquitectos en la ciudad de Córdoba. Ex Profesor Ordinario en la Universidad Torcuato Di Tella de Buenos Aires, y Coordinador del Programa de posgrado Arquitectura & Tecnología. Profesor Visitante del doctorado de la UNR y Profesor en las Maestrías en arquitectura de la UNL y de la UNC, integrante de Juries en la University of Texas in Austin, de la Washington University y de la Universidad de Karlsruhe. Desde 1999 es Profesor Titular de Diseño Arquitectónico en la Universidad Católica de Córdoba. Conferencista en distintas sedes de Argentina y Sudamérica y Miembro del Colectivo “America(no) del Sur”. Ha sido jurado de premios nacionales e internacionales, y de la beca para el Master de la Universidad de Navarra. Sus obras han sido premiadas y publicadas en diversas oportunidades. Escribe críticas de arquitectura publicadas en distintos medios especializados y en su Blog: ricardosargiotti.wordpress.com.
Si intentáramos ahora penetrar en el alma de Quasimodo a través de esa gruesa y dura corteza, si pudiéramos sondear
las profundidades de esa organización mal hecha... 1
Comenzamos asociando el detalle constructivo a esa pieza gráfica, usualmente un corte en escala 1:20, que iba siempre al final en los proyectos de la facultad, cuando hasta los renders estaban terminados. Probablemente por culpa de esa primera experiencia es que el detalle representaba el último eslabón en una cadena de sucesos (dibujos y pensamientos) que completaban el proyecto; y decir último, de alguna manera, era decir el menos importante, por eso, muchas veces se hacía a desgano y sin comprenderlo del todo.
El detalle, debo decir, tiene una relación aún más conflictiva y más compleja con el arquitecto que la que pudiera esbozar aquella primera experiencia de estudiantes que un terapeuta podría poner en vereda después de unas pocas sesiones.
Los arquitectos han llegado a poner a dios en ese lugar 2 para
después negarlo a falta de presupuesto 3. Entre estas dos versiones,
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Imagen 1: Andrea Palladio, 4to Libro, Cap. IX, Templo de Antoninus y Faustina: capitel y entablamento. https://www.classicist.org/interpretaciones y definiciones, que sitúan al detalle, tanto semántica como prácticamente, al centro de la escena del “hacer” arquitectura.
Por ejemplo, analicemos estos dos dibujos, ambos considerados “detalles” sin objeciones. El primero pertenece a Andrea Palladio y data del siglo XVI, no corresponde a una obra propia, es su relevamiento del templo de Antoninus y Faustina en Roma, como sabemos, por aquellos tiempos el aprendizaje de la arquitectura consistía, principalmente en eso: recolectar datos, medir, redibujar y describir las obras clásicas. El segundo, ya contemporáneo, es un corte de una de las fachadas del Pabellón del Vidrio, del Museo de Arte de Toledo de Sanaa, un detalle también, con sus descripciones... también. Los dos casos, abarcan la silueta de un edificio, desde la base hasta su coronamiento. Cada uno a su modo nos indica cómo se verá la obra, no cómo será la obra completa, para eso serían necesarios el resto de los planos, pero sí, muy claramente cuál es la intención del proyectista en cuanto al modo en que será percibido el edificio. Podemos inferir que mientras uno habla de rigurosos órdenes y cornisas, clasicismo y peso, el otro de inmaterialidad, transparencia o ligereza; o como biólogos, valernos de estos dibujos para reconstruir genéticamente los edificios ¿Podríamos? Quizás no el edificio, pero sí el modo en que ese edificio va a aparecer, es decir, cómo se comunicará, en otras palabras, cuál será su lenguaje, esa palabra tan temida...
De ambos detalles, aparentemente tan distintos, podemos deducir también una realidad común, tan común y tan a la vista que cuesta aceptar: el arquitecto queda en la línea que define la silueta, las entrañas son cosa de otros. Me explico:
En la época de Palladio (y en las anteriores aún más) el arquitecto no necesitaba describir cómo se iba a construir la osamenta del edificio, definía precisamente los órdenes y sus proporciones ya que los constructores sabían perfectamente cómo se debía ejecutar (el detalle nació cuando murió el artesanado, dice Edward Ford al referirse a esta mecánica de trabajo 4). Del detalle de Sanaa, pasado
ya el período heroico de la modernidad y sus innovaciones, podemos deducir que el arquitecto tampoco está a cargo de lo que sucede detrás del perfil de la línea que separa lo visible de lo invisible del dibujo: Los arquitectos definieron sutilmente en renders y maquetas aquella silueta y, aunque la complejidad de las entrañas no esté a cargo de experimentados picapedreros o estucadores como en los tiempos de Palladio, sino en manos de ingenieros especialistas que deben acomodar todos los requerimientos de aislaciones, seguridad,