4.2 La política en la prensa guayaquileña desde 1895 hasta 1912, lo que se decía
4.2.4 El ferrocarril, la obra pública y la corrupción
En esta época de cambios, de revoluciones, es fundamental fortalecer al Estado, volverlo protagonista, para esto se requieren ingentes recursos, mucho dinero, muchas inversiones. En primer lugar, hay que desarrollar una mínima infraestructura, para que el Estado pueda ejercer las funciones esperadas; se quiere que el Estado se haga cargo de la educación, entonces hay que invertir en escuelas, colegios,
universidades, profesores; se quiere que el Estado se haga cargo de la Salud, pues hay que invertir en clínicas, hospitales y médicos; se quiere que el Estado asuma el rol de promotor del desarrollo productivo, entonces se requiere de redes de comunicación, carreteras, etc. (Garrido, 1912).
La Revolución Liberal encontró en 1895, un estado tremendamente débil, que prácticamente, había que construirlo desde cero, había que cristalizar la idea del ferrocarril que venía desde hacía varios años, tenía que construir colegios y hospitales, requería entonces de mucho dinero, que había que recaudarlo de algún lado, en este punto no hay secretos, para obtener dinero el Estado cuenta con los impuestos y los empréstitos, a estas dos alternativas recurrió Alfaro y esto es lo que desencadena una furibunda ola de oposición que tiene en la prensa su expresión más externa (Garrido, 1912).
Parece comprensible, que en el marco de un régimen económico pro- liberal, cuando sectores más o menos postergados (liberales) asumen el control del Estado, requieran fortalecerse económicamente, frente a los grupos que antes tenían el poder y que tienen esa fortaleza acumulada durante décadas; no hay muchos mecanismos, rápidos y eficientes, para lograr esto, entre ellos: los contratos con el Estado, el direccionamiento de la economía, en función de los nuevos actores políticos, pero sobre todo está la capacidad de los nuevos funcionarios de meter mano a la caja fiscal, la corrupción; entonces, se convierte en un mecanismo de acumulación originaria de nuevos actores políticos, esto ocurre en la revolución liberal y sigue ocurriendo, cuando se dan estos relevos en la dirección del Estado Pro-liberal.
los que atacan, sean inmaculados e incorruptibles, sino porque, las políticas que están detrás, son contrarias a los intereses de estos opositores y de sus voceros periodísticos.
Alfaro y sus ministros y demás funcionarios se los acusa de ladrones, de manera permanente, desde algunas de las publicaciones periodísticas de la época, una de estas, Fray Garrido, afirma sin ambages:
Nos encontramos en una situación lastimosa, debido al cacique que consintió en que sus partidarios o descamisados se llenaran los bolsillos con los dineros del pueblo, porque ya se creyó un semidiós, pensando que toda su vida estaría de sultán y que sus súbditos estarían aplaudiendo todas sus bestialidades.(Garrido, 1912)
Se denuncia el endeudamiento agresivo, al que recurre el Estado, para financiar obras como el ferrocarril y se denuncia como “inaceptable” la carga de impuestos, que este gasto público genera, y no se reconoce la necesidad de estas cargas tributarias para el desarrollo nacional; más bien, se proclama que estos impuestos son para promover el gasto generado por la necesidad del gobierno de repartir el dinero entre amigos y partidarios, El diario El Comercio de Guayaquil, lo dice con las siguientes palabras:
No se crea que esto se ha hecho con el objeto de emplear en obras de utilidad pública, no señores, se ha sacado el kilo y grabado hasta el aire que se respira, para dar de comer a hambrientos, dar de beber a sedientos y vestir a desnudos. (El Comercio, 1902)
Pero, también, encontramos en la prensa guayaquileña aquellos que ven con claridad la importancia de esta política pública del nuevo Estado
liberal, en 1904, la publicación El predicador expone su defensa del ferrocarril en los siguientes términos:
Un ferrocarril que camina también es el progreso, porque como camina tan de prisa, hace en un minuto lo mismo que un burro o una mula en un tiempo cien veces mayor. El ferrocarril facilita los viajes y con los viajes aumenta el comercio y con el comercio las ideas, en suma, el progreso y la civilización. Por eso quien es enemigo de toda civilización es enemigo del ferrocarril, digo, de todo progreso. (El Predicador, 1904)
Aunque, no por eso dejan de reclamar contra la corrupción, aparentemente, generalizada del gobierno y en la misma página afirma su cuestionamiento a la corrupción, que está detrás del manejo del Estado y de los grandes contratos, El Predicador lo dice así:
Diez años de liberalismo, han preparado al país lo suficiente, para entrar de lleno en las vías de reales adelantos, de verdadera prosperidad. Pero, hay que limpiar la senda, hay la urgente necesidad de sanearla porque está infestada. Es preciso estar alerta con los falsos apóstoles del liberalismo, que con sus embustes nos tratan de engañar para explotar las arcas del tesoro público. (El Tribuno, 1906)
Algunos de los periodistas, ideólogos liberales de la época alfarista, tenían la intuición suficiente para separar, temas éticos que estaban relacionados con la contratación pública y la necesidad histórica de seguir impulsando dicha obra, que era inadecuado detener por esta causa, ética, el avance de este impulso constructor de la revolución Liberal; hoy sabemos con claridad, que la construcción del ferrocarril, como gran obra del liberalismo radical, era uno de los elementos fundamentales de ese proyecto liberal, que era la construcción del
Estado nacional mestizo, en palabras del historiador Enrique Ayala: Esta fue una etapa de consolidación del Estado Nacional en el Ecuador y de inicio de la vigencia de un proyecto nacional mestizo. Ello supuso, por una parte, un programa orientado a la integración económica de las regiones naturales mediante obras como el ferrocarril Guayaquil-Quito. (Ayala, Resumen de la Historia del Ecuador, 1998)