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El final del Plural de Paz (y del Excélsior de Scherer)

Paréntesis III ¿Qué es un intelectual?

5. Historia y caracterización de Plural (octubre de 1971-julio de 1976)

5.3 El final del Plural de Paz (y del Excélsior de Scherer)

El final del Plural de Paz (la revista con el mismo nombre, diferente en cuanto a su diseño y contenidos, siguió publicándose durante varios años más, hasta 1994, dirigida por Roberto Rodríguez Baños, Laszlo Moussong y luego por Jaime Labastida) está íntimamente asociado con la defenestración de Julio Scherer García como director de Excélsior, a principios de julio de 1976.

Unas palabras sobre Excélsior*: en ese momento de la década de los setenta

es el periódico más respetado por su línea editorial independiente, por su pluralidad política y por su capacidad para mantener una distancia crítica frente a los factores reales de poder (gobierno, cúpulas empresariales, iglesia, sindicatos, etc.); no es

*Ver el apartado 1.4 “Intelectuales a escena”

poco mérito que Excélsior haya sido el único periódico de la “gran prensa” (integrada por periódicos de línea editorial más bien conservadora, con todos los matices del caso: Novedades, El Universal, El Heraldo de México...) que informara sobre las consecuencias del 2 de octubre en la primera página al día siguiente de la tragedia; asimismo, en sus páginas editoriales Abel Quezada presentaría el célebre y lacónico cartón –una gran mancha negra y la pregunta “¿por qué?”– donde expresa su estupor por la matanza, por el trágico desenlace del movimiento estudiantil.

Excélsior albergó a buena parte de los escritores, intelectuales y

comentaristas políticos que tenían algo que decir sobre lo que cada vez con mayor insistencia y amplitud se denominaba “crisis del sistema político mexicano”, que en realidad, y más profundamente, podía entenderse como una crisis de Estado sin legitimidad y de una sociedad en proceso de articulación. Esta capacidad para mantener márgenes importantes de libertad de información frente al entonces casi omnímodo “Sistema” (término con el que entonces nos referíamos con pretendido afán científico a las prácticas concretas del régimen y al entramado que las hacía posibles), no derivaba de un respeto formal hacia la crítica ni de un clima público favorable al intercambio de ideas: era simple y llanamente producto de la habilidad de Julio Scherer García para mantener en pie un proyecto de comunicación libre y plural sin enfrentarse con el sistema, al el que por lo demás lo unían fuerte vínculos profesionales, ideológicos y personales.

Dichas habilidades estratégicas, tanto frente al régimen como ante los cooperativistas (el periódico es todavía una cooperativa integrada por grupos que defienden diversos intereses y actitudes políticas) hizo posible, en un momento dado, que Octavio Paz participara, a través de Plural, en la Compañía Editorial Excélsior, con garantías claras de libertad de expresión y de independencia para tomar decisiones de política editorial –garantías que pudieron ser cumplidas por la dirección del periódico durante los casi cinco años de colaboración, no sin conflictos, ante la hostilidad del gobierno y la renuencia de muchos cooperativistas hacia lo que se percibía, por diferentes razones, como un proyecto hostil a la estabilidad y al orden vigente, lo mismo que a la identidad cultural troquelada por el nacionalismo revolucionario.

El Excélsior se había transformado en una referencia significativa de la vida pública gracias a que su director, desde que se hizo cargo del diario en 1966, había renovado la línea editorial y abierto las secciones fijas a colaboradores provenientes de los más diversos ámbitos del quehacer político e intelectual; desde católicos progresistas (o tradicionalistas) hasta liberales y marxistas variopintos, demócratas, nacionalistas de izquierda, etc. Menciono algunos nombres para ejemplificar la valía de los colaboradores de aquel Excélsior –hombres de ciencia, filósofos, sacerdotes, escritores, críticos, artistas–, asiduos de sus páginas editoriales: José Antonio Alcaraz (musicólogo), Alejandro Avilés (periodista), Francisco Carmona Nenclares (periodista), Emilio García Riera (historiador del cine, crítico), Elvira Gascón (dibujante, ilustradora), Genaro María González (sacerdote y escritor), Juan José Hinojosa (abogado, panista conspicuo), Armando Labra (economista), Pablo Latapí (pedagogo), Vicente Leñero (escritor, periodista), Samuel Máynez Puente (profesor universitario), Rogelio Naranjo (cartonista), José Emilio Pacheco (poeta y periodista), Francisco J. Paoli Bolio (sociólogo, historiador, político), Carlos Pereyra (filósofo), Raúl Prieto (filólogo), Abelardo Villegas (filósofo), Jorge Ibargüengoitia (escritor), Abel Quezada (cartonista, pintor), Pedro Gringoire (pastor protestante), Adolfo Christlieb Ibarrola (abogado, presidente del P.A.N.), Daniel Cosío Villegas (historiador, ensayista, periodista), Heberto Castillo (ingeniero, fundador de diversas organizaciones de izquierda), Carlos Monsiváis (escritor, cronista), Miguel S. Wionczek (profesor universitario, científico), Enrique Maza (sacerdote jesuita, periodista), Froylán López Narváez (periodista), Ricardo Garibay (escritor, cronista), Gastón García Cantú (profesor universitario, politólogo), Jorge Hernández Campos (poeta, periodista), Luis Medina (historiador), Alfonso Aresti Liguori (sacerdote, periodista), Gutierre Tibón (antropólogo).

El efecto de esta apertura a las corrientes más vivas del pensamiento y de la acción pública fue un fortalecimiento de la credibilidad del periódico, que supo ganar márgenes importantes para la discusión y la crítica, aun para la disidencia, cuando el resto de la “gran prensa”, otrora de talante tan hostil a los regímenes revolucionarios, mantenía un acuerdo tácito de neutralidad benevolente hacia el “Sistema”, sus prácticas y sus hombres. Excélsior se fue transformando, ante la ausencia de otras

alternativas editoriales no subordinadas a los criterios gubernamentales (si exceptuamos “La cultura en México”, publicada en la revista Siempre¡ y algunas otras publicaciones periódicas de vida efímera, como Política o El Espectador) en el espacio por excelencia de una reflexión plural sobre la vida mexicana no condicionada por la atmósfera conformista ni por los logros económicos y sociales del régimen, muy publicitados por los medios de aquella época.

Pasó Tlatelolco y luego llegaría el “sexenio de la apertura democrática”, años equívocos donde la acción presidencial de renovación no hizo sino poner en evidencia que el sistema político mexicano se sobrevivía a sí mismo, ante la desafección creciente de los sectores sociales que hasta entonces lo habían legitimado. En este clima confuso, Excélsior adquirió una visibilidad peligrosa por su persistente distancia frente a la política presidencial. El final de Scherer García y del proyecto editorial que con su sagacidad política hizo posible –final precipitado por querellas entre cooperativistas–, puso de manifiesto la notoriedad indeseable del periódico, percibido entonces como desafecto o francamente hostil a la política presidencial.

En julio de 1976, el director, el consejo de redacción y los principales colaboradores de Plural manifestaron su solidaridad con Julio Scherer García

–desplazado de la dirección del diario por un golpe de mano instrumentado en la sombra por el gobierno de Luis Echeverría Alvarez–, a través de un documento que apareció en Siempre¡ y en algunas otras pocas publicaciones mexicanas (la autocensura funcinó entonces a las mil maravillas), así como en periódicos y revistas latinoamericanas, norteamericanas y europeas. El documento señalaba que “...la salida de Julio Scherer García, Hero Rodríguez Toro y un numeroso y distinguido grupo de periodistas de Excélsior significa la transformación de ese diario en una bocina de amplificación de los aplausos y los elogios a los poderosos”. También establecía lo que la revista le debía al diario dirigido por Julio Scherer García: “...sólo un periódico independiente como Excélsior, hecho y escrito por hombres libres, podía publicar una revista con vocación crítica como Plural. De ahí nuestra indignación ante la forma en que se ha procedido contra Excélsior y sus dirigentes. Es indudable que este ataque no ha tenido otro objeto que acabar con una isla de

independencia crítica. ¿El monolitismo político quiere también convertirse en monolitismo ideológico?”. (A treinta años de Plural, 2001: 157)

La consecuencia inevitable ante los acontecimientos fue la renuncia de Paz y del equipo que durante un lustro había hecho Plural, por solidaridad con la dirección desplazada de Excélsior con medios ilegítimos El efecto de este alejamiento fue percibido entonces como un paso atrás en la clarificación de la vida política y cultural del país; sin embargo, al poco tiempo tendría consecuencias fecundas: los respectivos grupos de Scherer y Paz fundarían, desde muy distintas perspectivas políticas y culturales, dos publicaciones periódicas de vasta y perdurable influencia: el semario de actualidades políticas Proceso, y la revista mensual de arte y cultura

Vuelta, cuyo proyecto y realización tanto tuvieron que ver, en un contexto distinto,

con aquel Plural. Debo mencionar asimismo la aparición de los diarios UnomásUno y

La Jornada como sendos intentos por ocupar el lugar del Excélsior entre la opinión

pública más exigente en materia informativa.

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