histórica en la peligrosidad sísmica en Galicia
3.4. Sismicidad histórica en Galicia (entre los años 377 a.C y 1855)
3.4.4. El “Gran Terremoto de Lisboa” del 1 de noviembre de 1755
El terremoto del día primero de noviembre de 1755 es uno de los seísmos históricos más estudiados desde el mismo momento de producirse. Pocos días más tarde y ante la alarmante gravedad de los daños que los correos transmitían a la Corte, el ministro secretario del rey de España Fernando VI, Ricardo Wall, redacta un breve cuestionario que debía ser remitido a todas las jurisdicciones españolas por parte del Gobernador del Consejo Supremo de Castilla y obispo de Cartagena, Diego de Rojas y Contreras, en el que se solicitaba información sobre los efectos y consecuencias del terremoto sobre el territorio español. En Portugal, en enero de 1756, se ordenó la realización de una encuesta similar, conocida como Inquérito do Marqués de Pombal, que consistió en un cuestionario remitido por el primer ministro del rey portugués José I (Sebastião José de Carvalho e Mello, más conocido como marqués de Pombal, de ahí el nombre de la encuesta) a todas las parroquias de este país, en el que se les pedía información sobre los efectos del terremoto en sus feligresías, y del que se conservan 566 informes de respuesta (Rodríguez de la Torre, 1992).
El hecho de que se trate de uno de los terremotos más ampliamente documentados ha contribuido a que este estudio y análisis se haya prolongado durante siglos, complementando en cada ocasión la información ya conocida con nuevos datos inéditos que van modificando la
14
Dado que el Padre Feijoo firma el dictamen en Oviedo se puede suponer que este quinto terremoto al
Los efectos de seísmo de Lisboa de 1755 sobre el patrimonio monumental de Galicia
54 Volumen I: Los efectos del seísmo de Lisboa de 1755 sobre el patrimonio monumental de Galicia
percepción que de éste se tiene. Sus efectos, sin embargo, han sido estudiados de manera aislada
por nacionalidades (Portugal, España, Marruecos, efectos del tsunami sobre las costas
americanas, etc.), por intereses particulares (efectos sobre una determinada localidad, efectos
sociológicos, geológicos, religiosos, políticos…) o con diferentes niveles de profundidad, sin
aplicar criterios uniformes que permitan una comparación directa entre los distintos estudios,
por lo que todavía está pendiente un proceso integrador de todos estos hallazgos y análisis para
valorar su comportamiento en conjunto.
De acuerdo con la información sintetizada en la base de datos del European Archive of Historical
Earthquake Data (AHEAD), en la que integran los estudios realizados por el IGN sobre los efectos
del terremoto en España (Martínez Solares y Mezcua Rodríguez, 2002) y los datos procedentes
del territorio portugués,15 el terremoto se produjo a las nueve y media de la mañana, su foco
habría estado situado en el océano Atlántico, en algún punto al suroeste del cabo de San Vicente
(36.500,‐10.000), asignándosele a esta localización un grado de incertidumbre de un radio de 50
quilómetros. Su magnitud de momento (MW) estimada habría sido de 8,5. Y en las zonas costeras del sur de Portugal se habría alcanzado un nivel de intensidad X en la escala modificada de
Mercalli, mientras que en España la intensidad máxima percibida habría sido de VIII (escala EMS‐
98) en algunos puntos de la costa onubense.
Sin embargo, Muir‐Wood y Mignan (2009), quienes realizan una revisión de estos valores a partir
de un nuevo análisis de los datos disponibles, integrando también los correspondientes a
Marruecos, llegan a la conclusión de que ninguna de las localizaciones del epicentro propuestas
ha podido explicar todas las observaciones del terremoto documentadas. Así, por ejemplo,
aunque la mayor parte de los testimonios describen tres sacudidas interrumpidas por intervalos
de pausa, la naturaleza de las seiches generadas a largas distancias apuntaría a que se hubiese
tratado de un único episodio o ruptura de falla. A partir de este nuevo análisis plantean que el
terremoto hubiese consistido en una única ruptura de una falla de unos 450 a 600 km de longitud
orientada en un eje NNW‐SSE entre la costa marroquí y Lisboa, con una magnitud de momento
de valor 9, y que un nuevo desplazamiento en la zona del valle bajo del Tajo, desencadenado por
el terremoto principal, hubiese formado parte de la secuencia sísmica.
Tanto esta hipótesis como las planteadas por otros autores, en las que se habla de la formación
de una nueva área de subducción en el golfo de Cádiz,16 o de que los graves daños en la ciudad de
Lisboa hubiesen sido producidos en parte por un terremoto desencadenado por el principal y con
su epicentro en la falla del valle bajo del río Tajo,17 son objeto de discusión entre los diferentes
investigadores.
15
Extraídos de SOUSA MOREIRA, V.J. Sismicidade histórica de Portugal continental. Revista nacional de
meteorología e geofísica. 1984. 79 p.
16 Véanse, por ejemplo: BAPTISTA, M.A; MIRANDA, J.M.; GUTSCHER, M.A. A Subduction Source for the Great Lisbon Earthquake and Tsunami of 1755? American Geophysical Union, Fall Meeting 2002; DUARTE, Joao et al. Are subduction zones invading the Atlantic? Evidence from the southwest Iberia margin.
Geology. 2013; MARQUES, F.O. Are subduction zones invading the Atlantic? Evidence from the southwest Iberia margin: comment. Geology. 2014; DUARTE, Joao et al. Are subduction zones invading the Atlantic? Evidence from the southwest Iberia margin: reply. Geology. 2015.
17 VILANOVA, Susana P.; NUNES, Catarina F.; FONSECA, Joao F.B.D. Lisbon 1755: A Case of Triggered Onshore Rupture? Bulletin of the Seismological Society of America. 2003, Vol. 93, n. 5, p. 2056–2068. ISSN: 0037‐1106.
Ribeiro et al. (2009: 416) contraargumentan esta hipótesis basándose en que las mediciones del movimiento de la falla del Bajo Tajo tendrían que ser en dicho caso superiores a las observadas entre la placa de Iberia y el Atlántico hacia el Oeste. Y atribuyen la mayor intensidad de los daños en Lisboa a efectos locales por las características sedimentarias del suelo.
A efectos de la presente tesis, en la que se analizan las consecuencias de este terremoto (y los
que le sucedieron) sobre el patrimonio construido gallego, las diferentes hipótesis propuestas no
suponen modificaciones relevantes, aunque sí podrían establecer las pautas de futuras
investigaciones para conocer los ciclos sísmicos de estos terremotos y para establecer, en
consecuencia, el riesgo y peligrosidad sísmica de la península Ibérica. En ese sentido se considera,
por ejemplo, que los movimientos entre las placas que provocaron el terremoto de 1755 (1‐
2mm/año) hacen que el período de “recarga” de tensiones o ciclo sísmico sea de entre 1000 y
2000 años, mientras que otros terremotos con epicentro en la misma zona pero de menor
magnitud (como el producido en 1969) se podrían producir aproximadamente cada 200 años
(Ribeiro et al., 2009). Por otra parte, en base a evidencias paleosismológicas, se estima que el
terremoto y tsunami sentidos en Cádiz hacia los años 216 ó 218 a.C. habrían sido de similares
características a los de 1755.
Tampoco existe consenso en cuanto al número de víctimas ocasionadas por el terremoto. Se
llega a hablar de 30.000 a 70.000 fallecidos, pero las estimaciones más realistas los reducen a
entre 10.000 y 15.000. Parte de ellas no habrían sido consecuencia directa de los colapsos de los
edificios, la caída de objetos o las inundaciones y maremotos, sino que se deberían a los
incendios desencadenados, a infartos por ataques de pánico y a estampidas en la huida del
interior de los edificios. En España se cuantificaron 1.275 víctimas (Martínez Solares, 2001). Se
habría tratado, en cualquier caso, de un terremoto de una magnitud excepcionalmente elevada y
cuyos efectos se extendieron por un gran número de países, bien por la percepción directa de las
ondas sísmicas sobre el terreno, bien por el movimiento inducido por éstas y por el
desplazamiento de las placas en las grandes masas de agua, lo que produjo un tsunami que cruzó
el océano Atlántico e impactó sobre las costas europeas, americanas y africanas. Como
consecuencia de este golpe de mar o maremoto sobre las riberas del norte de África y del
suroeste de la Península, algunas poblaciones resultaron arrasadas y fue precisamente el
maremoto desencadenado el responsable del mayor número de víctimas (1.214 en el caso de
España, según Martínez Solares, 2001: 32).
Fig. I.3.13. Efectos del terremoto de 1‐XI‐1755 en España y Galicia
Mapa de isosistas
(Martínez Solares y Mezcua Rodríguez, 2002: 171)
Mapa de intensidades por localidad
(Base de Datos Macrosísmica, IGN) El estudio y análisis de las consecuencias de este seísmo sobre España fue detallado por Martínez
Los efectos de seísmo de Lisboa de 1755 sobre el patrimonio monumental de Galicia
56 Volumen I: Los efectos del seísmo de Lisboa de 1755 sobre el patrimonio monumental de Galicia
remitieron a la Corte en cumplimiento de la carta orden del rey. Estos manuscritos, conservados fundamentalmente en el Archivo Histórico Nacional y en la Real Academia de la Historia, permitieron a este autor representar el impacto del terremoto en un mapa de isosistas de intensidades, en el que se puede apreciar que en Galicia el seísmo fue sentido mayoritariamente con un nivel V de intensidad.
Esta información, aportada por los informes procedentes de 535 localidades españolas, ha permitido establecer que el terremoto se desarrolló en tres fases, según la siguiente secuencia: primero se produce una sacudida menos violenta, de uno o dos minutos de duración, a la que sucede una corta pausa inferior a un minuto; la segunda sacudida, de mayor violencia, se prolonga por dos o tres minutos, y tras una breve pausa, se inicia la fase final, de tres o cuatro minutos de duración pero de menor violencia (Martínez Solares, 2001: 27‐28). Dependiendo del lugar del observador la secuencia resulta más o menos clara y evidente pero son varios los testimonios gallegos que también concuerdan con esta descripción. La duración total del fenómeno se extiende por seis a ocho minutos, el medio cuarto de hora al que se refieren las autoridades locales en sus informes. Esta prolongada duración pudo tener especial relevancia en la gravedad de los edificios.
En los días siguientes al terremoto se produce un gran número de réplicas. Martínez Solares (2001: 68‐73) contabiliza hasta el 31 de diciembre de 1756, basándose en los informes conservados en el Archivo Histórico Nacional y en la Real Academia de Historia, 38 réplicas y 18 seísmos independientes. El acaecimiento de estas réplicas y nuevos terremotos queda también reflejado en los informes que se remiten desde Galicia hasta enero de 1756 y otros testimonios de la comunidad, ya que en varias de estas poblaciones se mencionan, como mayor o menor precisión, los días y horas en los que se sintieron dichos temblores. Esta información, conservada mayoritariamente en los archivos históricos provinciales, no revela, en general, la existencia de nuevos seísmos respecto a los ya tenidos en cuenta por el Instituto Geográfico Nacional pero complementa los datos incorporados por este organismo en su Base de Datos Macrosísmica, tal y como se aborda en detalle en los siguientes capítulos.