“Las ciudades no son sólo un fenómeno físico, un modo de ocupar el espacio, de aglomerarse, sino también lugares donde ocurren fenómenos expresivos que entran en tensión con la racionalización, con las pretensiones de ordenar la vida social” (García-Canclini, 2004: 40).
En el capítulo anterior vimos cómo el himno de Bogotá es un objeto cultural que se caracteriza por ser extremadamente conservador y tradicionalista, nostálgico del orden colonial y articulado por una matriz cultural específica: el hispanismo. Esto implica que se constituye como una narrativa excluyente, pues las representaciones históricas que lo habitan “silencian” o subordinan a sujetos históricos como las mujeres, los indígenas o los mestizos.
Ahora bien, cabe preguntarse ¿Por qué se oficializa este himno -que apela a la tradición de la ciudad pasada- en un momento tan avanzado del proceso de modernización, industrialización y urbanización de la ciudad como los años setenta del siglo XX? ¿Qué sucede en Bogotá hacia 1974 que mueva a la Alcaldía a realizar un concurso distrital que busca establecer y oficializar un himno? Como vimos en el capítulo 2, uno de los símbolos más importantes de las comunidades imaginadas modernas son los himnos, que tuvieron su edad de oro en el siglo XIX. ¿Por qué inventar una tradición-himno para la capital en 1974, casi 100 años después de la invención del himno nacional de Colombia?
En este Capítulo mostraré cómo la Bogotá de los años setenta es una ciudad que entra en crisis, lo cual se evidencia en por lo menos 4 problemas, todos ellos interrelacionados: 1) El problema demográfico. Se alcanza un punto máximo en el proceso de migración a la ciudad, miles de campesinos llegan de todas las regiones del país, especialmente del
altiplano cundiboyacense, generando un gran impacto en la demografía y el crecimiento urbano de Bogotá; 2) El problema de la vivienda. No hay cuarto pa’ tanta gente. Es un momento álgido en las luchas sociales y populares articuladas en torno al derecho a la tierra y la vivienda: invasiones de terrenos, configuración de barrios, el problema de los urbanizadores piratas, etc.; 3) El problema del planeación urbana. Se presenta el polémico debate de la construcción de la Avenida de los Cerros, que hace parte del Programa Integrado de Desarrollo Urbano Zona Oriental de Bogotá (PIDUZOB); 4) El problema del
gaminismo. Las elites capitalinas están preocupadas por el incremento de la inseguridad y la niñez callejera162.
Mi hipótesis es que en este momento de aparente caos y crecimiento desordenado de la urbe, la Alcaldía promueve el concurso de composición del himno de Bogotá en un intento de reafianzar una identidad bogotana y de crear un fuerte sentido de pertenencia entre sus ciudadanos por medio de un símbolo cohesionador, el himno. Es probable que el himno de Medina Avendaño y Pineda Duque haya sido seleccionado ganador y oficializado bajo el Decreto 1000 de 1974 porque su discurso apela a un pasado nostálgico, caracterizado por el silencio y la quietud de la ciudad colonial, que pretende conjurar la violencia y rapidez de los tiempos modernos. Se trató de prender una chispa que se convirtiera en luz en un tiempo de “tinieblas”.
Sin embargo, el modelo de ciudad que se promueve desde el himno, en un afán de construir identidad y sentido de pertenencia, no se corresponde con la realidad social. La ciudad letrada, diría Ángel Rama, siempre intenta diseñar unos moldes culturales en los cuáles constriñe a la ciudad real; pero la materialidad y contingencia histórica de la ciudad real siempre desborda, excede y rompe esos moldes. La ciudad letrada, pretende pero nunca
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La selección de estos problemas obedece a una decisión metodológica. Ningún estudio puede dar cuenta de la totalidad de la realidad social o histórica, por lo que me he enfocado en estos 4 problemas para tratar de reconstruir el contexto de la capital hacia 1974. Esto no quiere decir que éstos fueran los únicos problemas que afrontara la ciudad para este momento: importantes fenómenos como el colapso del sistema de transportes en la ciudad y los paros de trabajadores de este sector han quedado al margen de esta investigación por razones de espacio.
logra capturar a la ciudad real, que no se corresponde con la ciudad letrada163. Los miles de campesinos recién llegados a la ciudad, en medio de su búsqueda de vivienda y trabajo ¿se veían identificados con el himno de Bogotá, vertebrado por una matriz cultural muy específica? ¿Nos seguimos identificando los bogotanos con ese discurso en el siglo XXI?
Es importante tener en cuenta el contexto de emergencia del himno para entender su profundo descontexto. Siguiendo el método del contextualismo radical, es decir, tratando de dar cuenta del mayor número de relaciones y articulaciones que constituyen un problema (en este caso la aparición del objeto cultural himno)164, examinaré en este Capítulo la Bogotá de 1974 y algunos de los problemas sociales fundamentales que generaron la necesidad de producir y oficializar el himno de Bogotá. Abordaré cada uno de los problemas que constituyeron este momento “crítico” de nuestra historia.
Finalmente, en una especie de ejercicio genealógico, presentaré, por un lado, el caso de la celebración del IV Centenario de fundación de la ciudad y la publicación de la antología El Alma de Bogotá en 1938, pues representa un antecedente importante del himno de Bogotá; y por otro, evaluaré la pertinencia y efectividad del himno desde su creación hasta la actualidad, en el marco de su gestión desde la administración distrital.
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“La ciudad letrada quiere ser fija e intemporal como los signos, en oposición constante a la ciudad real
que solo existe en la historia y se pliega a las transformaciones de la sociedad. Los conflictos son, por lo tanto, previsibles” (Rama, 1998: 52).
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El contexto histórico no debe ser pensado como un escenario, como un telón de fondo en donde tienen lugar las relaciones sociales. El contexto es parte constitutiva de las relaciones sociales, de las relaciones de poder y del desenvolvimiento de la historia. Es el entramado de relaciones en sí mismo. El contextualismo radical es un método clave en los estudios culturales porque permite la aproximación a problemas culturales concretos, historizarlos y determinar las relaciones y articulaciones que los producen. “Un evento o práctica (inclusive un texto) no existe aparte de las fuerzas del contexto que lo constituyen como lo que es. Obviamente el contexto no es simplemente el background de algo sino sus mismísimas condiciones de posibilidad […] La articulación es la cara metodológica de la teoría del contextualismo radical. Describe la práctica expansiva no-lienal de dibujar líneas, de mapear conexiones. Estudios culturales se trata de entender las posibilidades de rehacer contextos a través de alianzas y aparatos culturales, cuyas estructuras (y las relaciones entre ellas) son producto de relaciones y luchas por el poder” (Grossberg, 1997: 255 y 260). La traducción es mía.