SIGLO XVII Revolución científica.
RECORRIDO HISTÓRICO DE LO GROTESCO (CUADRO SINÓPTICO I.5)
I.3. EL MONSTRUO MODERNO: MOMENTOS DE INFLEXIÓN
I.3.2. CRISIS DEL SIGLO X
I.3.2.2. El Individuo moderno en el arte: Romanticismo
En el siglo XVIII y como consecuencia de la Revolución Francesa (1789), se produce una desmitificación del mundo concebido en términos religiosos. A nivel de mercado, la iconografía religiosa se mercantiliza y con ella el arte literario y más tarde el plástico. Además, la diferencia entre oficios manuales e intelectuales está muy marcada; los artistas plásticos han ascendido de consideración social, dejando de ser anónimos. Se crean academias que sirven para formar maestros que desarrollarán géneros religiosos, mitológicos o retratos cortesanos.
A mitad del siglo XVIII la Revolución Industrial en Inglaterra y la influencia que esta tuvo en la difusión de la literatura como objeto de mercado libre, son fundamentales para la propagación de esta nueva idea del mundo procedende de la Reforma luterana del siglo XVI, surgiendo la prensa crítica al poder y con ella la caricatura.
David Hume (1711- 1778) es uno de los teóricos del Romanticismo, y resume la subjetividad del gusto de la siguiente forma: “La obra de arte apela a los sentimientos del ser humano a través de los sentidos, pero el juicio que se emite es variable según la circunstancia, época, lugar o condición social del individuo”. ANTAL, op.cit., p.41.
Así es como la búsqueda de la belleza, dirá Alonso Marín, se convierte en algo subjetivo. Además, hemos explicado que el siglo XVIII es visto por Tatarkiewickz como punto de inflexión en la “gran teoría de la Belleza”. Todo esto da lugar a una visión del arte subjetivo, que tendrá como consecuencia numerosas tendencias que conviven al mismo tiempo, como el Rococó, el Neoclasicismo o el Romanticismo.
Antal explica el nacimiento del Neoclasicismo como un bucle que surge en diferentes momentos a partir de la Edad Media, vinculado al surgimiento de mejoras económicas, sociales y políticas de la clase media. Por ello, durante la segunda mitad del siglo XVIII, las ideas revolucionarias de la burguesía, encaminan a los artistas hacia el clasicismo y el naturalismo.Con respecto al Romanticismo, Antal realiza un seguimiento de la historia explicando los cambios en el ámbito artístico.
• Periodo Prerrevolucionario. Se trata del culto a la emoción y los sentimientos, mezclado con un interés por lo extraordinario, que estaban conectadas con el subjetivismo de la clase media y vinculadas en más o menos medida a un pensamiento progresista. • Período Napoleónico. En 1808, con Napoleón, el sentimentalismo y el gusto por lo
extraño se fusionan con la religión. En este periodo, lo romántico viene vinculado a lo borbónico, hasta que los intelectuales se dieron cuenta que las ideas borbónicas eran más retrogradas todavía que las ideas napoleónicas.
• Período de la Restauración Borbónica. Para entender este período, es muy interesante la apreciación que realiza Argan al respecto de Géricault (1791-1824).
“(...) ha de resolverse con una síntesis que no se establece entre Clasicismo y Romanticismo sino entre Clasicismo y Realismo. (...) la antítesis justa, radical se da entre lo ideal y lo real; (...).” ARGAN, op.cit., p.25.
La cuestión que se plantea es cuál debe ser la postura del artista ante la rápida transformación de la sociedad. Alonso Marín diferencia entre dos grupos vinculados a dos burguesías claramente diferenciadas. “Frente al romanticismo, progresista, racionalista y laico, existe otro de tendencia cristiana, mística y nobiliaria. En la estética, esta confrontación se traduce en existencia de una estética popular directa, de intención didáctica y otra sublime que utiliza simbologías crípticas”. ALONSO MARÍN, op.cit., p.128.
Alonso Marín sitúa en el primer grupo como representante a William Hogarth (1697-1764), y en el segundo a William Blake (1757-1827). De estos dos autores, dado el tema que estudiamos, descartamos al segundo por considerar que el misticismo que envuelve su obra lo sitúa lejos de la realidad, y por tanto de la marginación y de lo grotesco-cómico. Además, es interesante destacar, que la indefinición entre el campo científico y estético en la percepción del mundo, consecuencia del Romanticismo, da lugar al desarrollo de la
pseudociencia fisiognómica, herramienta de creación de monstruos en esta época. Este tipo
de práctica vincula los rasgos físicos de una persona a los rasgos morales. El monstruo adquiere por tanto un carácter moral o social.
I.3.3. CRISIS DEL SIGLO XX
El siglo XX se caracteriza por el estallido de las dos grandes guerras mundiales. La Segunda Guerra Mundial y en especial el conocimiento de la existencia de los campos de exterminio nazis como Auschwitz, acaban con toda esperanza de encontrar un horizonte común. Las
vanguardias del siglo XX, como veremos con más profundidad en el capítulo IV de este estudio, suponen un estallido ante la incapacidad de percibir el monstruo humano. Esta idea de que el horror supera a la capacidad de percepción del ser humano, entendido este como parte de la naturaleza, la explica Günter Anders.
“Regla: Si aquello a lo que habría que reaccionar se torna desmesurado, también nuestra capacidad de sentir desfallece. Ya afecte esta desmesura a proyectos, logros productivos o acciones realizadas, el demasiado grande nos deja fríos o mejor dicho, ni siquiera fríos, pues la frialdad sería una forma de sentir, sino completamente indiferentes. nos convertimos en analfabetos emocionales, que enfrentados a textos demasiado grandes, son incapaces de reconocer que lo que tienen ante sí son textos (...). Pues nos hallamos verdaderamente ante las raíces de lo monstruoso”. ANDERS, op.cit., p.91. Este interesante fragmento filosófico explica muy bien cuáles son las repercusiones emocionales en un colectivo social que ya no es capaz de percibir tanto horror, porque el monstruo ha salido a la superficie, perdiendo su carácter ambiguo. Por todo ello, el siglo XX se constituye como el tercer punto de inflexión del nacimiento del monstruo moderno.