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El largo camino hacia la paz

4. MARCO CONTEXTUAL

4.3 El largo camino hacia la paz

Dentro del marco histórico que se envuelven en 67 años de guerra, se han clasificado y llevado a cabo once procesos de paz, unos que han sido catalogados como exitosos y otros que no tuvieron un final deseado.

El primero se dio poco tiempo después del Bogotazo. Según Mario Ramírez- Orozco (2013), este proceso fue emprendido por Mariano Ospina y Laureano Gómez tras el nacimiento de grupos que expresaban sus ideologías por medio de violencia, extendiéndose por los grandes departamentos. A raíz de ello surgen una serie de grupos paramilitares de parte del Estado para tratar de apaciguar los ataques entre conservadores y liberales, pero este intento terminó siendo fallido, explica el escritor debido a que “tanto Ospina como Gómez impusieron un régimen de terror encubierto a “sangre y fuego”, con la implantación del estado de emergencia nacional, la disolución del parlamento y la suspensión de las ya precarias libertades democráticas” (Ramírez-Orozco, pp. 63, 2013).

Uno de los factores que más influyó, según el escritor colombiano, en estos “imperios de terror”, fue el mismo hecho de que, quienes se inmiscuían en este conflicto, eran personas que vivían en espacios rurales y que defendían más una ideología religiosa que la del partido del que se hacían ‘matar o morir’ (2013). El segundo proceso de paz es nombrado por Ramírez-Orozco como La paz de la dictadura, periodo comandado por el general Gustavo Rojas Pinilla y que tendrían una duración de tres años (1953-1957). Dentro del gobierno militar se pretendió hacer promulgación de un plan de pacificación que, una vez implantado, permitiera la desmovilización de los grupos insurgentes (2013).

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A pesar de que hubo un acuerdo con un sector de las guerrillas liberales, que se entregaron y entregaron sus armas, varios grupos insistían en que la dictadura debía cumplir con una serie de exigencias. Así se produjo una de las desmovilizaciones más grandes del siglo XX.

En total, en todo el país, la desmovilización insurgente alcanzó a 6500 insurrectos. (…) Las guerrillas que no se desmovilizaron se vieron abocadas a dos opciones: el bandolerismo social para su sobrevivencia económica o su internación como colonos en las selvas del oriente y sur del país, rumbo definitivo de todas las guerrillas de tendencia izquierdista (Ramírez-Orozco, pp.65, 2013).

Mario Ramírez-Orozco llama al tercer proceso “La paz excluyente”, que se dio después de llegado el acuerdo bipartidista más grande del país; con el Frente Nacional y 16 años de gobiernos conservadores y liberales, también llegó la política de exterminio, con Guillermo León Valencia (1962-1966) al mando. Entonces, apoyados por Estados Unidos para evitar las repercusiones de lo que se estaba dando con la revolución cubana.

Así se realizan los ataques a los reductos guerrilleros que según el gobierno habían conformado “Repúblicas Independientes” en el territorio selvático al sur del país. Los insurgentes no fueron aniquilados y su resistencia sirve desde entonces como referencia para el nacimiento de las FARC-ep (Ramírez-Orozco, pp.67, 2013).

No obstante, en el nororiente del país también surgía un grupo llamado el ELN, conformado por jóvenes universitarios que seguían la ideología que se había implantado en Cuba, además de seguir la política guerrillera de Ernesto ‘Che’ Guevara. Entonces de nuevo, en su libro La paz sin engaños, Mario Ramírez- Orozco afirma que los últimos años del Frente Nacional fueron una constante represión a los grupos insurgentes (Ramírez-Orozco, 2013).

El cuarto proceso de paz vio la luz entre 1974 y 1982, periodo que el investigador y profesor nombra como “La paz represiva”. Los mandatos de Alfonso López Michelsen y Julio César Turbay recurrieron a la criminalización de la protesta cívica, que incluyó, de paso, la cárcel para miles de opositores del gobierno, lo que instauró la tortura y la desaparición de personas. (Ramírez-Orozco, 2013).

“La paz objetiva”, quinto intento de proceso de paz, se dio entre 1982 y 1986, cuando Belisario Betancourt creó la Ley de Amnistía que le permitía excarcelar a miembros de los diferentes grupos insurgentes con el fin de que empezaran los diálogos. Un cese bilateral del fuego se firmó, el gobierno se comprometió a tratar de promover una serie de leyes y se instaura un término llamado pedagogía para la paz, ya que “por primera vez hay conciencia nacional sobre la necesidad

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urgente de resolver los conflictos por canales pacíficos” (Ramírez-Orozco, pp.70- 72, 2013).

- “¿Por qué fracasó?

- El incumplimiento. Dentro de la jerarquía de poderes, dejaron solo a Belisario con su retórica y no hubo cambios. Hubo guerra sucia. Las Farc plantearon una movilización parcial y se creó la Unión Patriótica. Cuando entraban al escenario político, sucedió el exterminio” (Ramírez-Orozco, en entrevista para KienYKe, 2013).

En 1986 inicia un nuevo periodo presidencial y con él, un nuevo proceso de paz que permitió grandes avances en temas de paz. No sólo se crearon departamentos como la Consejería Presidencial para la Paz, también se dio un paso aún más importante; grupos insurgentes como el M-19, Quitín Lame, el EPL y el Partido Revolucionario de Trabajadores (PRT) firmaron un acuerdo de paz con el entonces presidente Virgilio Barco (Ramírez-Orozco, 2013).

Seguiría también un proceso de paz catalogado, en parte, como exitoso: “la paz constituyente”, el gobierno de César Gaviria, fue una inclusión de aquellos grupos que se habían desmovilizado y reintegrado a la vida civil y que querían igualdad y participación política en la Carta Magna, pero no todo fue un cuento de hadas:

Entramos en algo paradójico: Tuvimos una Constitución muy avanzada, que sirvió como carta de paz, pero que de inmediato continúan las modificaciones que la desvirtúan. En el papel, la constitución es linda, pero las reglamentaciones van quitándole y quitándole belleza (Ramírez-Orozco, pp.75-79, 2013).

Seguirían dos procesos que involucrarían a la misma persona. Mario Ramírez- Orozco (2013) catalogó al octavo intento como “La paz y el plan garrote”, que significaría un acuerdo entre Bogotá y Washington para acabar la guerra con más guerra, es decir, Andrés Pastrana pretendía atacar a las guerrillas no sólo por su violento accionar, sino porque habían dejado su ‘lucha política’ a un lado y se habían vuelto narcotraficantes. Sin embargo, el hijo del ex presidente Misael Pastrana Borrero entendería que la búsqueda formal de la paz era sentándose a dialogar.

Entonces surgiría un nuevo proceso, el cual es bien conocido por todo el país. Los diálogos de paz en El Caguán no pasaron a mayores, ya que no se vio el compromiso de ninguna de las dos partes y las FARC se convirtieron en un grupo terrorista en la mayoría del país. Los secuestros aumentaron y la tensión fue aún más notoria (Ramírez-Orozco, 2013)

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Mario Ramírez-Orozco habla del que podría ser el décimo proceso de paz. En 8 años de gobierno de Álvaro Uribe Vélez se dio la desmovilización y se puso fin a la Autodefensas Unidas de Colombia (AUC). “La paz entre amigos”, denominado así por el doctor en estudios latinoamericanos, explicando que las AUC nunca se declararon como enemigas del Estado y no se acogieron a un proceso de paz como tal (Ramírez-Orozco, 2013)

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