1.4. Las emociones básicas, universales e innatas
1.4.1. El lenguaje no verbal de las emociones básicas
Las emociones se representan en el teatro del cuerpo.
(Spinoza, 1677, The Ethics, parte III)
Como se ha descrito anteriormente, la emoción es una reacción adaptativa ante situaciones relevantes que provoca cambios a distintos niveles: en la experiencia afectiva, en la activación fisiológica y en la conducta expresiva (Piqueras et al., 2009). Cuando expresamos algo con emoción utilizamos gestos, cambios posturales, comportamentales, movimiento corporal, metáforas verbales y tonos de voz concretos (Duncan, 2007), pero la predominancia de cada una de estas dimensiones varía en función de la emoción, la persona y la situación determinada (Chóliz, 2005).
La aportación más destacable de la teoría de Darwin a la expresión de las emociones, es la asunción de que los patrones de respuesta expresiva emocional son innatos, y que existen programas genéticos que determinan la forma de la respuesta de expresión emocional (Chóliz, 1995). Existen programas subcorticales innatos para la
expresión de cada una de las emociones básicas (Izard, 1991; Tomkins, 1962; Ekman, 2004, 2012; Chóliz, 1995; LeDoux, 1996). No obstante, el aprendizaje puede determinar que una reacción se presente en ciertas situaciones, o no, además de modificar el propio patrón de respuesta expresiva (Chóliz, 1995).
Desde el punto de vista de la psicología social, las emociones son nuestra forma de comunicación primaria, son más importantes que las palabras. Si las palabras no van acompañadas por emociones apropiadas, difícilmente se creen. Cada reacción emocional se caracteriza por una serie de gestos, o movimientos faciales específicos, que facilitan su reconocimiento por parte de observadores externos (Chóliz, 1995).De este modo, el lenguaje no verbal de las emociones cumple la función de comunicación social y también la de controlar la conducta del receptor, ya que le permite anticiparse, y adaptar su comportamiento a la situación.
Esta comunicación y exteriorización emocional tiene lugar a través de la expresión facial, la postura corporal y la prosodia del lenguaje -tono emocional del habla-.
En la expresión corporal de las emociones, el término afrontamiento se refiere a los cambios comportamentales provocados por la emoción. Es un proceso psicológico que se pone en marcha ante un EEC, y provoca impulsos que conducen a la acción, y que pueden reconocerse. Son involuntarios, universales e innatos, aunque mucho más fáciles de controlar que las señales vocales y determinados movimientos faciales.
Es más fácil impedir que se produzca una acción, que intentar borrar totalmente de la cara o de la voz cualquier signo de emoción, debido a que poseemos un control superior sobre los músculos del cuerpo y sobre las palabras, que sobre los músculos de la cara y el ajuste de nuestro aparato vocal. Además, una vez aprendidas las respuestas emocionales adquiridas, se transforman en movimientos involuntarios, tan involuntarias como las respuestas innatas. “Los patrones de comportamiento adquiridos en etapas tempranas de la vida o durante un episodio emocional muy intenso, resultarán más difíciles de modificar o eliminar”(Ekman, 2012, 2004, p. 101).
“El afrontamiento típico del miedo es la huida o evitación. En la ira, la agresión o la defensa. En la sorpresa, la vigilancia y la curiosidad. Para el asco y -el desprecio- la retirada y la evitación. Para la tristeza, la reflexión y la reintegración. Por último para la alegría su afrontamiento típico es el disfrute y el acercamiento” (Fernández- Abascal et al., 2010, p. 113).
En situaciones emocionales intensas, cuando el afrontamiento es incontrolable, aparecen los impulsos comportamentales característicos de cada una de las emociones básicas, que provocan la expresión corporal emocional: en la ira y en algunas formas de disfrute se da un impulso de aproximación al EEC. La diferencia del acercamiento provocado por la ira es la actitud agresiva y violenta de los movimientos, frente a la actitud de celebración provocada por la aproximación del disfrute.
Sin embargo, en el miedo aparece el impulso de estremecimiento o sobresalto – implica sobresalto, gritos y huida- que lleva a apartarse del EEC. Este impulso puede venir precedido de inmovilidad temporal y transitoria que puede durar unos segundos, es el reflejo de quedarse paralizado, si eso puede evitar que nos descubran (Fernández- Abascal et al., 2010).
En cuanto a la repugnancia –el asco y el desprecio-, existe un impulso -de evitación- semejante, aunque no tan intenso. Parece ser que la clave no es intentar huir, sino librarse del objeto que nos desagrada. Por ejemplo, uno puede girarse si el objeto ofensivo es visual, o quizás tener arcadas o incluso vomitar si es gustativo u olfativo (Fernández- Abascal et al., 2010).
Respecto a la tristeza, se da una pérdida general de tono muscular, la postura se hunde retrayéndose y no hay acción, lo que hace adoptar la postura de cabizbajo. En el desprecio aparece el impulso de mirar desde arriba hacia abajo, mientras que en la sorpresa se produce una atención fija al EEC (Fernández- Abascal et al., 2010).
En el lenguaje no verbal de las emociones, la prosodia o tono emocional, junto a la expresión facial, son los sistemas de señales emocionales más fidedignos y que más información ofrecen (Ekman, 2004, 2012).
Globalmente, en la prosodia se aprecia una relación entre el ritmo y la valencia afectiva, de tal forma que las emociones positivas son expresadas con un ritmo más regular que las emociones negativas. Pero cada emoción primaria tiene sus propias características prosódicas, así en el caso de la sorpresa: son un tono medio mayor -tono alto, con frases y expresiones exclamativas- que el de la voz normal, una velocidad de habla igual a la normal y un rango amplio. Para el caso del asco: un tono medio bajo, un rango amplio y la velocidad de locución más baja, con grandes pausas.
En el caso de la alegría, se produce un incremento en el tono medio y en su rango, así como un incremento en la velocidad de locución y en la intensidad. Para el miedo, el tono medio es más elevado, presenta el mayor rango de todas las emociones, un gran número de cambios en la curva del tono y una velocidad de locución rápida (…) Para el caso de la ira, se aprecia un tono medio alto, un amplio rango de tono y una velocidad de locución rápida, (…) con un 32% de pausas. Por último, para el caso de la tristeza se presenta un tono medio más bajo que el normal, un estrecho rango y una velocidad de locución lenta. (Fernández- Abascal et al., 2010, p. 113).
En cuanto a las respuestas fisiológicas, la emoción también provoca numerosos cambios y alteraciones que se producen en el sistema nervioso central19, autónomo, periférico, endocrino y somático; que aunque son más difíciles de detectar a simple vista, generan indicadores visibles o audibles acerca de lo que está ocurriendo.
Rosen & Levenson (2009) y Ekman (2004, 2012) han descrito los cambios del sistema nervioso autónomo (SNA)20 que se produce durante la emoción. Indicadores visibles como la sudoración, la tensión muscular, el ritmo respiratorio, la actividad cardiaca o la temperatura y color de la piel son parte del lenguaje no verbal de las emociones.
El miedo ha protagonizado más investigaciones que el resto de emociones debido a que provoca una respuesta emocional más intensa e inconsciente. El SNA sufre una importante elevación del ritmo cardiaco, así como reducciones muy marcadas en el volumen sanguíneo y la temperatura corporal; lo que es evidente en la palidez de la cara, produciendo la típica reacción de quedarse helado.
A nivel somático, es perceptible la elevación de la tensión muscular en todo el cuerpo, sudoración y aumento e irregularidad de la frecuencia respiratoria; lo que provoca la sensación de paralización ante el EEC y proporciona seguidamente el tono muscular necesario para la huida o evitación. El miedo extremo puede desembocar en ataques de pánico: hiperventilación, temblores, mareos y taquicardias, así como sentimientos catastrofistas y de pérdida de control de la situación (Fernández-Abascal et al., 2010).
En menor grado que el miedo, la ira provoca elevación de la frecuencia cardíaca y de la presión arterial. Elevaciones en la conductancia de la piel, reducciones en el volumen sanguíneo, y en la temperatura periférica -vasoconstricción-. En el sistema somático, es visible el aumento de la tensión muscular general y la frecuencia respiratoria. También hay un aumento de secreciones hormonales -especialmente de noradrenalina-, lo que proporciona incremento de la energía y posibilita reacciones agresivas y violentas. La tristeza produce moderadas elevaciones de la frecuencia cardíaca y la presión arterial, elevaciones de la conductancia de la piel- mayores que en el miedo y la ira-, reducciones en la salida cardíaca, el volumen sanguíneo, y moderados descensos de la temperatura periférica por vasoconstricción. En el sistema somático, se puede apreciar la
20El SNA es una red de neuronas y fibras nerviosas localizadas en el cuerpo que controla la actividad de
elevación de la tensión muscular general y cambios en la amplitud de la respiración sin alteraciones en su frecuencia.
La sorpresa provoca en el SNA una desaceleración de frecuencia cardíaca, y un aumento brusco de la conductancia de la piel, vasoconstricción periférica y vasodilatación cefálica. En el sistema somático hay un aumento del tono muscular general de corta duración, y una interrupción puntual de la respiración, además de una alta amplitud respiratoria y una dilatación pupilar muy puntual en el tiempo.
La felicidad produce una disminución general del tono muscular y movimientos de exaltación extrema en el tronco y hombros debido a las alteraciones respiratorias. La risa provoca cambios en el ciclo de inspiración- espiración con mayor frecuencia respiratoria, ya que se da un aumento de aire inspirado. El carcajeo provoca movimientos sacádicos –muy rápidos- que tienen origen en las contracciones del diafragma y músculos abdominales. Aceleración de la frecuencia cardíaca y la elevación de presión sanguínea mientras dura la hilaridad. En ocasiones, cuando la risa se prolonga o es extrema, provoca relajación del esfínter uretral y secreción lagrimal.
El asco ante un estímulo olfativo o gustativo, provoca sensaciones gastrointestinales desagradables, náuseas, arcadas e incluso vómitos; además de la moderada elevación de la frecuencia cardíaca y del nivel de conductancia de la piel. En el sistema somático, además de la reactividad gastrointestinal, son destacables las elevaciones de tensión muscular general y en la frecuencia respiratoria con especial prolongación de las pausas entre inspiraciones, lo que también está presente en la reacción somática del desprecio.
Pero a pesar de todos los signos y formas de comunicación no verbal: fisiológicos, de afrontamiento y prosódicos; las expresiones faciales de la emoción son las señales más fiables y que más información ofrecen sobre estado emocional de otras personas (García- Rodríguez, Fusari y Ellgring, 2008).